Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017

2 comentarios

  1. ¡Hola Lidia!

    Me gustaría compartir un texto que escribí el 07/01/2016, donde expongo para y por qué escribo. Gracias, siempre, por traernos cosas tan bonitas e interesantes. 🙂

    Escribo para poder vivir, para no sucumbir al ritmo trepidante de la vida.
    Escribo para que mis palabras sean aliento para mí y para otras personas.
    Escribo para compartir mis experiencias y las reflexiones que me suscitan.
    Escribo para que algo de mí permanezca y no acabe convertida en cenizas perdidas en el viento.
    Escribo para hacer visibles mis emociones.
    Escribo para cantarle al mundo en el que vivo, a los árboles que me cobijan, a los pájaros que en ellos anidan, a las mañanas y a los atardeceres.
    Escribo para poder resistir el dolor que me producen tantas cosas.
    Escribo porque amo escribir, porque amo la desobediencia y la rebelión.

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