Ha nacido un podcast 🙂

Es el primero y hay muchas cosas que mejorar, entre ellas mi voz que no está estos días en su mejor momento; pero como el movimiento se demuestra andando, comparto la primera entrega. Deseando leer vuestros comentarios y sugerencias.

¡Hasta pronto!

Hay muchas personas a las que nos ha resultado difícil leer y escribir, durante el confinamiento. Yo hice un ejercicio al principio que me ayudó bastante; os lo cuento después. Creo que para romper este bloqueo, y en general para romper cualquier bloqueo cuando nos enfrentamos a la primera página, nos puede ayudar diferenciar  entre la escritura personal, la escritura autobiográfica y la escritura creativa. 

Tipos de escritura


Esta es una distinción que yo propongo a partir de mi experiencia con ellas tanto en los talleres como en la elaboración de mis textos. La escritura personal  es la que escribimos para conocernos mejor,  para entendernos… en la que volvamos directamente lo que vemos, lo que sentimos, lo que nos pasa, y que no está pensada para compartir con nadie más; simplemente es una forma de expresión, de autoconocimiento y muchas veces de autocuidado; por eso hay quien la llama escritura terapéutica. 


Yo prefiero hablar de escritura personal, hay quien la llama también expresiva (como Marisé Barreiro, de la que os hablaré al final). Yo prefiero llamarla escritura personal porque creo que el hecho de hablar con nosotras o nosotros mismos no tiene por qué tener un objetivo terapéutico. Que la creatividad, de hecho, no tiene por qué tener un objetivo concreto, sino que es un fin en sí misma. También porque, aunque nos acompaña en todos los estados emocionales y puede ser muy útil durante un proceso de cambio, me gusta asociarla también al disfrute, la libertad y el gozo creativo. Todas las denominaciones son válidas; depende de cuál sea el objetivo de quien propone o acompaña. 

Escritura personal


Creo que esta escritura personal es la base de todas las demás; ahí surge lo que yo llamo las semillas de la escritura. Esos hilos de los que después vamos a tirar; esas palabras y temas que nos llaman la atención, que se repiten en nuestros escritos. Después podemos convertirlas en un poema, en un texto que compartimos en redes sociales, en un cuento…  A veces aparece también aquí la escritura autobiográfica, que son los recuerdos. La diferencia con la escritura personal es que esta última normalmente tiene forma de diario; escribimos todos los días, o un día a la semana; pero escribimos de lo que está sucediendo en el presente,  en el aquí y el ahora; lo que estamos experimentando. A veces en esta escritura se cuelan también los recuerdos; pero su intención no es revisar y ordenar lo vivido. 

Escritura autobiográfica


La escritura autobiográfica siempre tiene la intención de revisar, entender y ordenar lo que nos ha pasado en nuestras historia de vida; a veces por el mero hecho de recordar, que puede ser muy placentero por ejemplo cuando estamos trayendo a nuestra vida personas qrue ya no están porque han fallecido; es una forma de recordar lo vivido. 


Muchas personas utilizan la escritura autobiográfica como base por ejemplo en la narración oral, para crear un repertorio de cuentos; como base para crear relatos e historias de ficción. Puede servir también para entendernos mejor; si ha habido una ruptura en la trama narrativa podemos volver a darle orden, continuidad, sentido. 


Ambas, la escritura personal y autobiográfica son muy libres; el objetivo no es que otra persona nos lea, aunque después podemos transformar esto en algo que compartimos; el objetivo es llegar a lo que recordamos, sentimos, deseamos. 

Escritura creativa


La escritura creativa sí que tiene la intención de crear belleza, ser agradable de leer; que se entienda, que esté bien construído. Que sea verosímil, creíble; que haya un ritmo, un equilibrio, una estructura y unidad… Un texto más trabajado, que tiene en cuenta los aspectos técnicos y formales. 


A veces, aunque practiquemos habitualmente la escritura creativa, puede ayudarnos pasar por la escritura personal primero para volcar algo que hemos vivido y nos está perturbando; o entender algo que nos ha sucedido. Hay momentos en los que se suspende un poco la continuidad narrativa, el hilo de la existencia y de nuestra propia historia, como ha podido suceder en las últimas semanas. 

Volver a conectar con la escritura


El ejercicio que a mí me ha servido para volver a conectar con la escritura creativa y autobiográfica es empezar un cuaderno aparte para todo lo que tenía que ver con el confinamiento, los cambios que estábamos viviendo; quería escribir sobre otros temas, pero esto estaba tan presente en el día a día (el miedo, la incertidumbre, las ilusiones que se mantenían… ) que necesitaba darle un espacio; así que escribí sobre todo esto, dejé que saliera lo que me estaba rondando la cabeza; después sabía que podía volver a ese cuaderno y escribir durante al menos cinco minutos seguidos sin pararme, sin pensar; simplemente escribir, para limpiar y dejar sitio a otros temas. 


¿Por qué este podcast se llama el hilo de la escritura? 


Los recuerdos de mi infancia están muy vinculados al punto, la costura, el ganchillo; yo recuerdo a mi bisabuela – que había sido niñera, cocinera y costurera- siempre tejiendo sin parar. Recuerdo acompañarla a comprar el hilo, aquellas tiendas desbordantes de color. Comprábamos la madeja, y teníamos que transformarla en un ovillo; a veces lo hacía utilizando una silla, pero siempre que podíamos se convertía en una tarea colaborativa; yo tenía que poner las dos manos extendidas, ella ponía ahí la madeja y después iba desmadejando y ovillando. 


Siempre utilizo esta metáfora, el hilo de la escritura; hablo mucho también del hilo de la memoria. Hay, además, otras dos referencias que me han acompañado en esta tarea: El hilo azul, un libro de Gustavo Martín Garzo; es el hilo de la lectura y la escritura; la pasión por los libros y el amor por las historias. Puede ser un punto de partida para volver a conectar con el deseo de escribir, que al final es lo que nos mueve y nos impulsa a quienes estamos en este oficio, en esta labor de la escritura.  


El don de la imaginación

En uno de los capítulos cuenta la historia del emperador y el anillo, recogida por Italo Calvino en uno de sus libros; no os la voy a desvelar ahora. Para terminar, escribe: 

«Leer es recibir ese anillo. Descubrirlo en los lugares más inesperados y prolongar por él la cadena de la vida, una cadena en la que todo cabe, porque la vida no sería nada sin la posibilidad del prodigio. No es difícil entender a qué quiero referirme cuando hablo de lo prodigioso. A que el mundo tal vez no sea un lugar justo, pero que hasta en los instantes en que mayor es el dolor nos basta con extender las manos para alcanzar una brizna de su belleza inagotable. El anillo, que es el símbolo de la imaginación, pone en nuestras manos esa belleza. Tal vez no nos promete la felicidad, pero sí nos enseña que la vida es un don demasiado precioso, y que basta con que aprendamos a hacernos dignos de recibirla para hacer de ella el reino de la infinita posibilidad.»

Gustavo Martín Garzo, El hilo azul


El hilo y la escritura

Por último quiero citar a Marisé Barreiro, que también acompaña y alumbra la escritura; podéis leerla en su blog escribientes.es.


“Hay un hilo que tú vas siguiendo –afirma el poeta William Stafford- serpentea entre las cosas que cambian, pero él no cambia. La gente te pregunta cuál es tu propósito, y tú les hablas de tu hilo, pero no es fácil para los demás percibirlo. Mientras lo sostienes, no puedes perderte.”

Vivimos en un mundo donde es muy fácil perderse, perder el hilo. Nuestra forma de vida se basa en la desconexión con nuestra verdadera naturaleza, nos convierte en  piezas de un engranaje arrastradas por poderosas inercias que nos mantienen empobrecidos, por no hablar del ruido, las prisas y el trance adictivo de la tecnología y las compras. La práctica de escribir sobre lo que nos ocurre es una manera de parar, de lograr perspectiva y de despertar nuestra capacidad creativa en medio de nuestras circunstancias concretas.Escribir es mi práctica habitual. Ir desgranando mis experiencias cotidianas sobre el papel me permite atravesar mis pensamientos negativos, ésos que me arrinconan en escenarios donde no hay salida ni perdón y apenas se puede respirar. Con ayuda del bolígrafo descubro caminos que me llevan a lugares más amplios y amables de mi mundo interno. Voy siguiendo la pista del alivio, de las lágrimas que se asoman a mis ojos, o tal vez de la carcajada que libera mi garganta, o del calor que irradia de mi pecho a todo el cuerpo y lo hace vibrar. El cuerpo habla a través de mi caligrafía, firme o temblorosa, siempre vehemente.

Marisé Barreiro

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9 comentarios

  1. Lidia, ¡enhorabuena!

    Larga vida a El hilo de la escritura 😉

    Qué bonito lo cuentas. Precioso el texto y cómo hilas las palabras.
    No te preocupes por la voz, así es la naturalidad. A mí todavía se me hace raro grabarme. Pero como dirían otras hilanderas e hilanderos: el primer punto sale regular; el segundo, mejor; el tercero, se endereza y el cuarto ya va hilando solo.

    Voy a escucharte ahora mismo.

    ¡Un abrazo muy fuerte!

  2. Hola Lidia, interrumpí el escribir por la carga de trabajo del estado de alarma, y tu voz me recuerda que tengo que retomarlo. Me encanta leerte y ahora, escucharte. Mil gracias

  3. Gracias Lidia!, me encantó leerte nuevamente. Recordar en tu relato de tu abuela, a mi madre con quien también compartimos muchos momentos devanando madejas, sonreirme al recordar a mi hija menor que acaba de terminar su primera batita al crochet para su bebé, los primeros puntos despatarrados y torcidos, como las primeras letras de mi nieta de 7 años, que poco a poco fueron ganando su forma propia, su eje. Sentí la toma de conciencia de este caparazón al que muchos hemos regresado, la necesidad de liberarme de él nuevamente, y el miedo a hacerlo. Y aquí me encuentro, escribiendo y sintiendo el gusto de hacerlo … terapeutica, personal, compartida…. Gracias!

  4. Hola Lidia, me ha encantado y como siempre, me animas a bucear, a investigar y a escribir sin miedo.
    Poder entender cómo ha influido este tiempo que estamos viviendo para comprenderme también mejor y escucharme. Muchas gracias por hacerlo, por abrime un camino tan bonito.
    Un abrazo enorme Lidia.

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