Talleres de escritura y narrativas

Estoy haciendo una encuesta para diseñar nuevas actividades, y ya han llegado las primeras respuestas. Todas son muy enriquecedoras y sugerentes; estoy muy agradecida y ya voy recopiándolas, uniendo y amasando ideas.

Aparecen mucho el autocuidado y el autoconocimiento a través de la escritura; algo que está presente en todos los talleres, pero que tengo en cuenta para propuestas más específicas. Hay una tercera sugerencia que tiene mucho sentido: las herramientas literarias. Hace unos meses escribí un artículo en el que mencionaba este tema:

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Las personas se apuntan a los talleres porque ya tienen una relación con la escritura. Lo que intentamos, entonces, es que se convierta en un hábito, mediante la conexión con las vivencias y recuerdos y, también, enfrentándonos al miedo y a todas esas voces interiores que nos dicen que no es importante, no merece la pena, no lo hacemos bien. Creo que, para escribir, hay que disfrutar haciéndolo y liberar el deseo. Después habrá tiempo para la técnica.

Ahora que ya llevamos unas cuantas ediciones, aparece en las personas que los han hecho y siguen escribiendo la curiosidad por las herramientas literarias : ¿Qué narrador utilizo? ¿Cómo puedo hacer que mi historia entretenga desde el primer momento? ¿Cómo puedo convertir esto en un relato? Si escribo sobre lo que siento o sobre lo que he vivido, ¿tengo que decir siempre la verdad?

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Pensando en esto, he recordado algo. En el año 2003 o 2004 yo ya tenía muchas ganas de irme de Madrid, y una firme voluntad de hacerlo. Acababa de terminar un contrato de trabajo. Pero me ofrecieron la posibilidad de impartir un taller de creación literaria en un centro de rehabilitación psicosocial. Quería que mi profesión estuviera relacionada con la literatura y la escritura, así que me quedé y, finalmente, hice tres talleres.

Fue una actividad que disfruté mucho; leíamos un texto, lo comentábamos, y cada persona escribía un pequeño relato a partir de recuerdos del pasado e impresiones del día a día. Ya entonces intuía que el hilo de la escritura estaba ahí.

Cuando empecé con Narrativas y otras lunas, quería acompañar a cada persona para que encontrara ese hilo; uniendo los saberes que he ido recogiendo de la escritura, pero también de la psicología y la narración; mi experiencia como lectora, mi amor por la literatura y mi propia historia de vida. Pero no me sentía legitimada para abordar los talleres desde lo literario. La de vueltas que he dado para volver a sentir que podía hacerlo.

En realidad no son vueltas, es el camino, y está bien; he empezado la casa por el lugar por el que me habría gustado hacerlo a mí, cuando empecé a escribir. Pero hay algo en este tema que me parece importante, que está muy presente estos días en los talleres y en las conversaciones con amigas; algo sobre lo que escribiré otro artículo: el síndrome de la impostora. ¿A que te suena?

No voy a sacar los galones. Pero quería contar por qué esta propuesta tiene mucho sentido para mí. Catorce años después, aquí está: herramientas para la creación literaria. Por supuesto, puedes usarlas para la escritura personal. Dos talleres de semanas cada uno, que pueden cursarse de forma independiente. Y otras propuestas para abril. Si me ayudas a seguir pensando, puedes conseguir un descuento del 10% para cualquier actividad de Narrativas y otras lunas durante 2018. Muchas gracias por tu tiempo 🙂

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TALLERES DE ABRIL

CONTAR TU PROPIA HISTORIA

Taller de escritura autobiográfica online con una duración de 12 semanas para personas que quieran ordenar o escribir su historia de vida, utilizando los fundamentos de las prácticas narrativas y la escritura autobiográfica.

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu  propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

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Durante 12 semanas haremos un viaje desde nuestro interior a las personas y paisajes que nos rodean; desde el presente y lo pasado, hasta el porvenir. Nuestro recorrido no será lineal; nos moveremos creando espirales que nos permitirán salir de los círculos de pensamiento en los que nos enredamos cada día, para dibujar y habitar nuevos márgenes. Exploraremos nuestras identidades, las historias que otras personas nos han contado sobre ellas y las que sentimos que nos pertenecen.

Porque somos en comunidad, visitaremos los territorios físicos y sociales que ahora habitamos, para fortalecer los espacios colectivos que sostienen nuestras resistencias cotidianas. Para que nuestras raíces sean, de verdad, propias y sólidas pero también áreas, ligeras, móviles, compartidas.

Un viaja para desconocerte, contar tu propia historia, rehabitarte y habitar el mundo.

CONTAR TU PROPIA HISTORIA

LA VOZ DE LAS MUJERES

Taller online de escritura y narrativas de 8 semanas de duración, dirigido a mujeres que quieran contar su propia historia y recuperar la autoría de sus vidas. Las practicas narrativas te permiten ordenar tus vivencias, conectar con tus fortalezas, contemplar nuevas perspectivas. Gracias a la escritura puedes disponer de la palabra; recuperar el poder de nombrar, ordenar y manejar lo que te sucede.

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El taller se construye con las experiencias y recursos de cada persona mediante diferentes propuestas de escritura, materiales teóricos y lecturas de referencia. Algunos ejercicios se desarrollarán en un espacio grupal y otros los revisaremos de forma individual. Cada persona elige en cada caso lo que quiere compartir y comunicar.

HERRAMIENTAS PARA LA CREACIÓN LITERARIA I

Taller online con una duración de 6 semanas. Creación de ambientes, técnicas de creatividad y desbloqueo; perspectiva, narrador y punto de vista; redacción y estilo. Trabajaremos con lecturas (muchas lecturas), teoría y una propuesta de escritura semanal.

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Para cualquier persona interesada en conocer las herramientas para la creación literaria, pero sobre todo para quienes ya han hecho un taller con Narrativas y otras lunas y quieren experimentar con la técnica.

El taller se desarrollará en un aula virtual, en el que tendrás acceso a todos los materiales y en el que recibirás los comentarios a tus textos. Tendremos también un espacio compartido para el intercambio grupal. Cuando terminemos te llevarás una mochila con ejercicios y lecturas para que sigas escribiendo.

ESCRIBIR

Taller online con una duración de 6 semanas. Es para ti si te gusta escribir pero nunca encuentras el momento para hacerlo. A lo largo del taller conectaremos con tus motivos y recursos para instaurar o recuperar el hábito de la escritura, llenar cuadernos, contar tu propia historia.

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El taller se desarrollará en un aula virtual, en el que tendrás acceso a todos los materiales y en el que recibirás los comentarios a tus textos. Tendremos también un espacio compartido para el intercambio grupal. Cuando terminemos te llevarás una mochila con ejercicios y lecturas para que sigas escribiendo.

Si acabas de llegar a Narrativas y otras lunas, éste es un buen taller para comenzar.

ESCRIBIR

 

Lo contrario de ser víctima

El movimiento #MeToo ha confirmado que narrar y compartir lo vivido aumenta la resilliencia; es decir, lo contrario de ser víctima. Ayuda a dar un sentido a la experiencia, a integrarla en la narrativa. Fortalece las estrategias para detectar, manejar e incluso evitar futuros avisos a nivel individual y social. Ha creado un espacio emocional, físico y colectivo en el que expresar la verdad, reconocer el daño, aliviar el sufrimiento.

En las últimas semanas he leído artículos aparentemente bien argumentados afirmando que movimientos como éste o convocatorias como la del 8M victimizan. Siempre me queda la duda de si quien así opina lo hace sólo desde el desconocimiento, si son conscientes del daño que pueden infringir a las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia o abuso. Un porcentaje altísimo de la población.

Hay temas que atañen al bienestar de quienes han luchado y luchan por integrar sucesos traumáticos, por recuperar el sentido y la autoría de sus historias de vida.  Y, con ellas, profesionales investigando durante años, recogiendo saberes, hilvanándolos para suturar sus heridas y promover su resiliencia. Nuestra resiliencia, porque casi nunca estamos  libres de daño.

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Como nos recuerda Alice Miller, a la que conocí leyendo a Erika Irusta, el cuerpo nunca miente; todo lo que vivimos se queda grabado en él. La curación nunca puede pasar por negar las heridas; siempre reconocerlas, aceptarlas, integrarlas. Por eso me produjo mucho dolor leer este artículo, que forma parte del manifiesto de algunas mujeres contra el movimiento #MeToo:

Si me hubiera visto forzada brutalmente a mantener una relación sexual con un agresor o varios agresores, no habría opuesto resistencia, pensando en que la satisfacción del impulso aplacaría el instinto violento. Por más repugnancia que sintiera, o miedo a otro tipo de violencia —la amenaza de un arma—, me atrevo a pensar que habría aceptado que mi cuerpo se sometiera, consciente de que mi espíritu seguiría siendo independiente, que mantendría su integridad y me ayudaría a relativizar la posesión de mi cuerpo. ¿Acaso no es el mismo tipo de protección mental al que recurren las prostitutas, que no escogen a sus clientes?

Siempre se puede disfrutar de una violación”. Enthoven recordó que, en efecto, “técnicamente, se puede experimentar un orgasmo durante una violación, lo cual no significa que la víctima dé su consentimiento”, y que es un error ocultar esa realidad, porque el trauma puede agravarse por el sentimiento de culpa. También dio la razón a otra frase de Lahaie: que “el cuerpo y el espíritu no siempre coinciden”. Dicen que es frecuente que las víctimas de violación tarden en denunciar la agresión por vergüenza. Esta disociación podría ayudarlas a superarla.

Catherine Millet https://elpais.com/elpais/2018/02/06/opinion/1517922099_385720.html

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Ninguna mujer que haya sufrido una agresión sexual diría que técnicamente se puede tener un orgasmo. También es perversa la postura que defiende la autora; que se pueden tener relaciones sexuales de las que una está totalmente ausente, y que la desconexión del cuerpo puede ser un mecanismo de protección. Claro que puede suceder la disociación, pero no puede esgrimirse nunca como algo deseable; son muchas las razones; Si disocias después de una agresión, ¿cómo puedes volver a conectar con tu cuerpo para volver a disfrutar de todo el placer que encierra?

Eve Ensler cuenta en esta charla TED el camino inverso, el que la llevó a estar en su cuerpo. Tarea dificil e imprescindible. Una vez más, en lo personal y en lo colectivo; para que no tengamos que recorrer, una y otra vez, los mismos caminos de sufrimiento. Así que me quedo con las voces que nos quieren unidas, fuertes; nunca víctimas ni sumisas.

 

¿Cuántas heridas secretas nos acompañan? Aunque no siempre son experiencias traumáticas, a veces vienen con nosotras simplemente como parte de la experiencia de ser mujer. Si conseguimos darles una dimensión social, es decir, política, si conseguimos convertirlas en experiencias que se pueden procesar juntas en espacios colectivos podemos zafarnos de tener que arrastrarlas como un peso. Para eso también sirven los colectivos feministas. Sin embargo, a veces las tonalidades de la culpa son infinitas, y encima hay que lidiar con esa culpa en soledad, porque en ocasiones también callamos para no hacer sufrir a los que queremos, por sentido de la responsabilidad hacia el entorno, porque así nos han educado. Contradicciones: a veces dolería más contarlo por las consecuencias sociales que lo que duele el hecho en sí. Y bueno, no siempre somos heroínas. Tampoco víctimas: reconocer las agresiones no nos deja impotentes. Es un acto de afirmación. En la medida que más y más mujeres nos atrevamos a explicar lo que nos ha sucedido será más difícil cuestionar la realidad. Hablar es conjurar la culpa, es estampar la violencia sufrida en la arena social.
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NOTA: Imágenes de Ana Mendieta y su obra. Si no la conoces, echa un vistazo a internet y a tu biblioteca. Merece la pena 🙂

La voz de las mujeres (Pontevedra)

El martes comenzamos el taller La voz de las mujeres en la librería Paz de Pontenvedra. Es la primera vez que tengo un grupo regular, y es una alegría empezar un taller sabiendo que volveremos a encontrarnos en una semana; con tiempo para sembrar preguntas y recoger historias pequeñas, humanas, cotidianas. No tener que comprimirlo todo y despedirnos a finalizar. Reivindicar la lentitud, el asombro, la palabra. Rodeadas de libros por todas partes, menos por una escalera que durante 2 horas nos une y nos separa del resto del mundo.

Quiero más, muchas más tardes así.

Las historias y la muerte

Ver que tu vida es una historia mientras estás ahí en medio viviéndola puede ayudarte a vivirla bien. Sin embargo, no conviene creer que sabes cómo te irá, o cómo acabará. Eso sólo debe saberse cuando ha terminado.

E incluso cuando ha terminado, incluso cuando se trata de la vida de otra persona, de alguien que vivió hace cien años y cuya historia he oído una y otra vez, mientras la oigo espero y temo como si no supiera cómo va a terminar; por eso vivo la historia y la historia vive en mí. Es la mejor manera que conozco de tratar con la muerte. Las historias son aquello a lo que la muerte cree que pone un final. No puede comprender que son las historias las que le ponen un final a ella, aunque no acaben con ella.

Texto: Ursula K. Le Guin
Imagen: Maruja Mallo

Muchas gracias a la personita linda que me regaló este texto 🙂

Resistencias cotidianas

Tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía. Haz acopio de ellos: son los que mantienen limpio el río.

Clarissa Pinkola Estés

Las resistencias cotidianas son aquellas pequeñas cosas que, sin que nos demos cuenta, tejen la vida; las tareas creativas que dan sentido a la rutina diaria.  Las que nos ayudan a preservar la memoria y a potenciar la imaginación, el pensamiento crítico; a sabernos parte de algo -una comunidad, el entorno, un proyecto futuro- y a sentir que tenemos algo de control sobre nuestra existencia. Durante esos instantes, minutos u horas, el tiempo deja de escaparse entre nuestras manos como si el reloj si hubiera roto y quedara sólo la arena; se expande, nos pertenece.

Las resistencias cotidianas no nos distraen, sino que nos conectan con nuestra esencia; con lo que sentimos que somos de verdad y, por tanto, con nuestros deseos. Nos distraen, si acaso, de todos los reclamos que, a cada momento, nos instan a anhelar algo que no tenemos, a ser personas inagotablemente perfectas. Reposar en el presente para proyectarnos con más fuerza en el futuro; frente al deseo que vacía y seca, el que consuela y nutre.

Algunas de estas tareas necesitan la soledad y el silencio para recuperarnos de la velocidad de los días; el resto son espacios que compartimos física o emocionalmente con otras personas. Leemos y escribimos en soledad; pero, a menudo, nos representamos a personas queridas mientras lo hacemos; establecemos con ellas diálogos imaginarios. Escuchamos su voz y su consuelo, a veces no pueden llegarnos de ninguna otra forma.

Paseos, charlas, bailes, llamadas de teléfono, mensajes de aliento mutuo. Cuentos, poemas, libros, un Cuaderno de todo y las fases de la luna; anochecer con Orión en el cielo, despertar con Escorpio y esperar al sol. El recuerdo de mi bisabuela tejiendo ganchillo, mi abuela cepillándome el pelo. Su mano, ahora. Las orillas, los cuidados, quienes me hacen reír y soñar. Acariciar un cuerpo con las manos; hacerlo, también, con mi deseo, mientras afilo los versos que serán capaces de nombrarlo. Invocarlo. Danzar para escuchar, en el mío, los ecos y las huellas del juego y el placer compartidos.

Todo lo que me pertenece sin que pueda ni quiera retenerlo, aquello a lo que pertenezco; tierra, mar, hogueras, horizonte.

¿Cuáles son las tuyas?

Fotografía: Mi muy querida amiga Cata cazando olas. IMG-20180201-WA0012Resistencias cotidianas, hogares nómadas. Gracias 🙂

Cerrar círculos, abrir espirales

Siempre me ha resultado áspera y ajena la representación del tiempo como una línea recta por la que avanzamos, que no permite volver atrás ni dar un salto hacia el futuro. En mi experiencia, los acontecimientos vividos se parecen más a una espiral en la que a veces los círculos del presente se acercan a los del pasado hasta casi tocarse, para tomar impulso y proyectarse en posibilidades futuras. Es un poco difícil de explicar, pero si alguna vez has tenido la sensación de que el tiempo no existía y que, de alguna forma, todo estaba relacionado y condensado en un instante, entenderás de qué hablo.

Cuando llega esta época del año tengo la sensación de que algo se termina, me pongo un poco triste y tengo que obligarme a pensar que es una forma de deshacernos de formas de entendernos y vivirnos antiguas, gastadas, que nos han ayudado a llegar hasta aquí pero ya no sirven; una manera de cerrar etapas y poner intención y energía en lo futuro, el por-venir. También de tolerar el frío, la falta de luz, la escasez en la naturaleza, entender y aceptar los ciclos.  Por eso me gusta pensar que cerramos círculos para abrir espirales.

Y tú, ¿cómo cierras el año? ¿Cuáles son tus rituales? Aquí te dejo mi propuesta de escritura para estos días, espero que te resulte útil. Ya me contarás lo que quieras, cuando quieras, en los comentarios. Si no hablamos antes, ¡feliz año nuevo!

  • ¿Cómo representarías el tiempo?
  • ¿Cuáles son los círculos que te gustaría cerrar este año?
  • Haz una lista de todas las cosas por las que te sientes agradecida, agradecido.
  • Haz una lista de todas las cosas que te gustaría dejar atrás.
  • Si has hecho un taller conmigo este año, revisa y actuliza tu lista de 100 deseos; si no, escribe una lista de 100 deseos para el 2018 siguiendo las instrucciones de esta otra lista.
  • Escribe en un cuaderno o en un documento un deseo que tenga que ver con la escritura. ¿Qué necesitas para que se haga realidad? De aquí al 31 de diciembre, escribe una hoja de ruta para cumplirlo y tenlo a mano para verlo todos los días. Intenta dedicarle al menos 5 minutos diarios y, si no fuera posible, no dejes de revisarlo cada semana.
Imagen: Rosie Kerr en Unsplash

Tengo una amiga que quiere escribir

Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017

La voz de las mujeres (incluye artículo)

“Todas las células de nuestro cuerpo responden a nuestros sueños. Estos son necesarios para nuestra salud y para la salud de nuestro planeta. Los sueños que sueña la Tierra a través de ti son distintos de los que sueña a través de mí. Pero yo necesito oír tus sueños y tú necesitas oír los sueños de las demás mujeres; si no, no tenemos la historia completa”

Christiane Northrup: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer

Los días 17 y 18 de noviembre compartimos en Santiago de Compostela experiencias de lucha por los derechos de las mujeres, arte y emprendimientos en el #EncuentroPeriféricas1. Aquí podéis descargar el artículo que preparé para contar nuestra experiencia con el taller La voz de las mujeres. Es un artículo que irá cambiando con cada edición y aprendizaje; con nuestras lecturas y vuestros comentarios.

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NOTA: La foto de cabecera es de Iris Serrano. Cuando publiqué el post la semana pasada el artículo no estaba disponible, perdonad las molestias. 

Cartografiar el cuerpo

Imagina tu cuerpo como si fuera un mapa.  Haz un recorrido por las diferentes partes que lo forman y escribe un pequeño texto para cada una de ellas, contando lo que vas encontrando en tu viaje: ¿Qué paisajes hay? ¿Qué huellas? ¿Qué ecos? ¿Qué maravillas naturales? No hace falta que respondas a estas cuatro preguntas como si fuera un cuestionario; úsalas como guía, en la medida en que te inspiren. Si quieres, puedes añadir dibujos a tu texto.

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Esta propuesta forma parte del taller La voz de las mujeres. Escribe o dibuja con total libertad, llegando hasta donde sientas que puedes y quieres hacerlo. Puedes contarnos cómo te ha ido o compartir tus dudas en los comentarios. Gracias 🙂

Imagen: Annie Spratt

Lo (poco) que sé sobre la muerte

Dicen que es bueno meditar, de vez en cuando, imaginando que la muerte está sentada a tu lado; pensando en lo que ella te diría, en cómo respondería a tus preguntas. Durante muchos, muchos años, ella ha estado ahí casi todo el tiempo sin que yo la invitara.

La primera vez que nos vimos yo era una niña que, sentada en la parte de atrás del coche, recuerdo ese instante con claridad, tuvo la certeza de que un día iba a morir. No recuerdo un desencadenante, pero sí la clarividencia que me acompañó desde ese momento. Siendo una adolescente busqué respuestas en varios libros. El que más me calmaba era Secretum, de Antonio Prieto. Contaba la historia de un profesor que elige morir en una sociedad que ha alcanzado la inmortalidad, a cambio de que no nazcan más personas. Entre sus argumentos, el protagonista afirma que no se puede amar un instante sin saber que se escapará de nuestras vidas. No lo comparto, pero he conseguido entender que no tenemos elección; sucederá.

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Recuerdo otro fogonazo en el coche, hace unos años, en el que de repente fui consciente de que un día dejaría de tener consciencia. Me contó hace unos meses un hombre de corazón gigante que él también lo sentía a veces. Que esa certeza es una sensación casi física, dolorosa. Para mí fue como traspasarme los huesos, llenarlos de arena, clavarme en el suelo. Era una sensación que me invadía, de la que no podía escapar. Dolorosa, sí, de una forma extraña y desconocida. La dejé estar hasta que se fue diluyendo, poco a poco. Regresó a menudo. Cuatro años y muchas emociones después, ha dejado de doler; no puedo invocarla, aunque quiera. Soy consciente de mi fugacidad, transitoriedad, levedad, incertidumbre; pero no me atraviesa.

Aquellos días tuve un sueño que me ayudó mucho. Veía cómo otras personas desenterraban una cápsula del tiempo; las veía desde fuera, desde otro plano, pero yo ya no estaba allí; no existía. Al despertar sentí que esas personas eran una generación futura, muchos años después de mi muerte. Que mi tiempo era ahora, igual que hace cien años fue el de otras personas. Me sirvió para entender; una vez más, es lo que sucederá.

La muerte me ha visitado muchas veces desde que era una niña; no quiero enumerarlas. Familia, amistades, conocidos, personas queridas de personas muy queridas. Cada vez que llegaba lo inundaba todo; cada vez que se iba yo entendía un poco más pero seguía doliendo tanto, seguirá doliendo tanto. Nos hace sentir más vivas, más presentes, más cerca de las cosas y las personas importantes. Pero, a la vez, nos recuerda que todo puede romperse en cualquier momento.

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Una vez me dijo un gran psiquiatra, acostumbrado a trabajar en situaciones muy difíciles, que lo que nos cuesta es aceptar que la vida (y la muerte) tienen un componente muy grande de azar. Es posible. Cuando acumulamos pérdidas sentimos que no hay azar, sino fatalidad. Como si todo lo que amamos estuviera en el ojo de un huracán y pudiera ser arrastrado al centro en cualquier momento, incluyéndolos a nosotras mismas.

Hace un año vi una película que mostraba ese temor, esa sensación de que el suelo puede abrirse bajo tus pies en cualquier momento y arrrastrarte, arrastrar a quien amas. Nunca he visto la pérdida reflejada con tanta precisión. Fue como si alguien me regalara un lienzo, un pincel y el primer trazo; desde entonces hasta hoy la pérdida tiene forma, nombre, colores. Aún me mareo un poco y me agarro el estómago mientras escribo, pero puedo acotarla; no es una sensación difusa que lo invade todo, que no puedo identificar ni manejar, que provoca miedo al miedo. Nos conocemos, nos hablamos, nos respetamos.

Unos días después de ver aquella película me reuní por primera vez frente a Silvia Melero Abascal para que me contara Luto en Colores; para formar parte del proyecto. Repensar la muerte para celebrar la vida.

Desde entonces, poco a poco, ella se ha ido. Sé que volverá, pero ya no está sentada a mi lado. En estos últimos meses soy tan consciente de lo que soy y siento que, a menudo, deseo que algunas sensaciones, algunos momentos, no se acaben nunca. Me gustaría estar siempre paseando esta orilla, escuchando a, abrazando, bailando, mirándome en los ojos de, contando cuentos, escribiendo, luchando… Muchas veces muchos puntos suspensivos. Saber que no puedo, tener un lienzo y recibir colores de la gente que quiero y me quiere, ha hecho que sea capaz de disfrutar esos instantes; no porque vayan a escaparse de mis manos, sino porque son eternos mientras los sostengo entre ellas (como la criatura efímera y afortunada que soy).

Para Mila, Bego, Fran; para Ester, que nos ha juntado. Para todos los corazones que se fueron antes de tiempo; para los que se quedaron, rotos y remendados. No enumero; ellas y ellos saben.

Nos vemos los días 25 y 26 de octubre en las I Jornadas de Luto en Colores, en Madrid.

CartelJornadas

Soy la Muerte.

(..)

La vida y yo

habitamos juntas

en todos los cuerpos.

(…)

El amor no muere,

aunque se encuentre conmigo.

Soy la Muerte, Elisabeth Helland Larsen & Marine Schneider