Repensar la muerte para celebrar la vida

Del 19 al 24 de abril tuve la suerte de acompañar a Silvia Melero, que presentó Luto en Colores en diferentes lugares de Galicia. Hace un par de años, antes de conocerla personalmente, leí por primera vez esta carta que escribió a su hermana:

Estas letras van firmadas, claro. Nacen desde una vivencia personal, única, propia del ser que somos cada cual. Al mío le tocó perder a su hermana en 2014. Mi hermana, tras luchar mucho contra un problema de salud mental, decidió irse. Decidió descansar, parar, pasar a otra cosa. Se tomó pastillas. Se ‘quitó la vida’. Se ‘suicidó’. No me gusta la palabra, quizá por todo el tabú social y mediático que la acompaña. Quizá porque simplifica, reduce injustamente la imagen de una persona a ese hecho final. Mi hermana se llamaba, se llama, Esther. Ayudó a muchos peques con dificultades porque trabajó mucho tiempo como psicóloga infantil. A ella le debo entender un poco mejor la complejidad del cerebro humano, entre otras muchas cosas.

Silvia Melero

De ella me llamaron la atención dos cosas, además de la belleza con la que está escrita: la capacidad de Silvia para respetar la decisión del Esther, y para rescatar todo los momentos vividos con su hermana; recuperar y celebrar la vida, para que la muerte no se lo llevara todo. Ella siempre dice que hay que atravesar el dolor; que es la única forma de crear belleza después de una pérdida, después de cualquier suceso que nos daña y nos tambalea. Aunque la respuesta más rápida, y la más aplaudida por la sociedad, es huir de él.

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Los encuentros de Luto en Colores están muy cerca de la muerte, y de la vida. Durante las jornadas y las charlas, muchas personas cuentan sus experiencias. Sentimos sus pérdidas, nos hablan de la culpa y de la tristeza; y recordamos, también, las nuestras, haciéndolas presentes. Poder hablar de ellas, incluso de lo inevitable de nuestra propia muerte, de la impermanencia, alivia y cura.

Luto en Colores crea un espacio, inexistente en lo cotidiano, para expresar estas emociones. Para nombrar a nuestros muertos; porque, como nos recuerda Silvia, la sociedad nos permite mencionarlos en las conversaciones durante un período de tiempo. Después nos instan a pasar página, continuar avanzando, no incomodar  a otras personas con nuestro dolor, nuestra tristeza. Y acabamos, a veces, hablando de los muertos sólo con los muertos; con sus fotografías, sus recorridos cotidianos, sus prendas de ropa, los objetos que quedaron perdidos en los bolsillos de sus abrigos.

En el tiempo que estuvimos juntas recorriendo Galicia Silvia y yo hablamos mucho; de la vida, de nuestros temores y deseos. Del deseo de las mujeres, algo que tampoco cabe en ningún sitio y sobre lo que me gustaría, también, hablar en otro artículo. Llegamos a San Andrés de Teixido, y agradecimos; fuimos hasta Herbeira, tan cerca de las nubes, y dejamos que el viento limpiara.  Intercambiamos la memoria de nuestras pérdidas y al hacerlo, convertimos las ausencias en presencias compartidas. Igual que sucede en los encuentros de Luto en Colores.

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Acercarnos a la muerte nos acerca, también, a la vida; nos recuerda qué es lo importante, que el futuro es incierto, que el amor siempre queda. Y crece. Después de cada charla, igual que me sucedió después de las jornadas, me sentí mucho más conectada con el presente, con la vida, más ligera. Pero fue una experiencia intensa y eché de menos tener unos días para descansar, colocar en el cuerpo lo vivido, escribir, tocar más a mis personas queridas.

Como dijo una mujer sabia en la charla de Pontevedra, la muerte (y la vida) necesitan tiempo; y tenemos cada vez menos. Poco tiempo para estar, para prepararnos, despedirnos, atravesar y nombrar el dolor. Me acordé, enseguida, de este fragmento de Momo. Y, a pesar de que he leído el libro muchas, muchas veces, quiero hacerlo de nuevo. Frente a los hombres grises, el tiempo de vida, consciente y compartido. Que sea, siempre, nuestro horizonte; aunque haya tantas tareas, algunas ineludibles, que nos impiden disfrutarlo.

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En los encuentros nos acompañó, también, La vida de Sira. Podéis conocerla en este cuento escrito por Silvia; está disponible en las librerías por las que pasamos  y en el enlace.

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Imagen de Thais Núñez y Tamara Vázquez (¡gracias!)

Y esto es todo, por ahora. Empecé con una carta, y termino con otra: la que Begoña Caamaño escribió a Uxía, siempre presente y siempre tan generosa, cuando supo que su muerte era inminente.

Eu levo xa tanto vivido, tanto aprendido, tanto amado e tanto amor recibido que non podo dicir que a miña morte sexa inxusta. Indesexada si, como todas…que me encantaría vivir outros 47 anos, tamén. Sempre temos apego a vida, sobre todo porque sabemos que, pese aos seus mil amargores, a vida compensa.

“Ter tido unha vida tan boa, tan rica, tan chea en coñecementos, curiosidades e, sobre todo afectos, é un regalo. Ter medo á morte cando a vida foi tan rica e intensa é normal, pero morrer tras unha vida así é, en realidade, unha sorte”..

Pero Uxi, non vou mentir dicindo que por veces non teña medo e rabia, pero é máis pola incerteza que pola morte en si mesma.

Putada, o que se di unha putada grande e real sería ter vivido unha vida de merda, estar dende os 6 anos furgando na basura dos vertedoiros de Antanaribo, ou dende os 8 turrando dunha vagoneta de carbón en Bolivia, ou dende os 11 pechada nun burdel de Bankog!. Ter unha vida tan miserable que che fai desexar a morte como un alivio.

 Iso é a gran putada…e hai millóns de persoas que sofren a vida, porque realmente a sofren, cada día. Ter tido unha vida tan boa, tan rica, tan chea en coñecementos, curiosidades e,sobre todo afectos, é un regalo. Ter medo á morte cando a vida foi tan rica e intensa é normal, pero morrer tras unha vida así é, en realidade, unha sorte…cánta xente morrería só por ter a metade do que eu tiven…

Begoña Caamaño

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Gracias a Silvia, que vino hasta aquí y lo llenó todo de luz. A los espacios que nos acogieron: Libraría Bahía de Foz, Livraría Suevia en Coruña, Escola de Pau (ACD Dorna) na Illa de Arousa, Espacio Arroelo en Pontevedra, Libraría Lila de Lilith en Santiago de Compostela. A las amigas y amigos que acogieron a Silvia como si fuera suya; ahora es nuestra. A quienes me acogieron a mí a mitad del camino; a todas las personas que se acercaron a los encuentros para escuchar y compartir sus experiencias.

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Artículos del blog relacionados:

 

Resistencias cotidianas

Tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía. Haz acopio de ellos: son los que mantienen limpio el río.

Clarissa Pinkola Estés

Las resistencias cotidianas son aquellas pequeñas cosas que, sin que nos demos cuenta, tejen la vida; las tareas creativas que dan sentido a la rutina diaria.  Las que nos ayudan a preservar la memoria y a potenciar la imaginación, el pensamiento crítico; a sabernos parte de algo -una comunidad, el entorno, un proyecto futuro- y a sentir que tenemos algo de control sobre nuestra existencia. Durante esos instantes, minutos u horas, el tiempo deja de escaparse entre nuestras manos como si el reloj si hubiera roto y quedara sólo la arena; se expande, nos pertenece.

Las resistencias cotidianas no nos distraen, sino que nos conectan con nuestra esencia; con lo que sentimos que somos de verdad y, por tanto, con nuestros deseos. Nos distraen, si acaso, de todos los reclamos que, a cada momento, nos instan a anhelar algo que no tenemos, a ser personas inagotablemente perfectas. Reposar en el presente para proyectarnos con más fuerza en el futuro; frente al deseo que vacía y seca, el que consuela y nutre.

Algunas de estas tareas necesitan la soledad y el silencio para recuperarnos de la velocidad de los días; el resto son espacios que compartimos física o emocionalmente con otras personas. Leemos y escribimos en soledad; pero, a menudo, nos representamos a personas queridas mientras lo hacemos; establecemos con ellas diálogos imaginarios. Escuchamos su voz y su consuelo, a veces no pueden llegarnos de ninguna otra forma.

Paseos, charlas, bailes, llamadas de teléfono, mensajes de aliento mutuo. Cuentos, poemas, libros, un Cuaderno de todo y las fases de la luna; anochecer con Orión en el cielo, despertar con Escorpio y esperar al sol. El recuerdo de mi bisabuela tejiendo ganchillo, mi abuela cepillándome el pelo. Su mano, ahora. Las orillas, los cuidados, quienes me hacen reír y soñar. Acariciar un cuerpo con las manos; hacerlo, también, con mi deseo, mientras afilo los versos que serán capaces de nombrarlo. Invocarlo. Danzar para escuchar, en el mío, los ecos y las huellas del juego y el placer compartidos.

Todo lo que me pertenece sin que pueda ni quiera retenerlo, aquello a lo que pertenezco; tierra, mar, hogueras, horizonte.

¿Cuáles son las tuyas?

Fotografía: Mi muy querida amiga Cata cazando olas. IMG-20180201-WA0012Resistencias cotidianas, hogares nómadas. Gracias 🙂

La voz de las mujeres (incluye artículo)

“Todas las células de nuestro cuerpo responden a nuestros sueños. Estos son necesarios para nuestra salud y para la salud de nuestro planeta. Los sueños que sueña la Tierra a través de ti son distintos de los que sueña a través de mí. Pero yo necesito oír tus sueños y tú necesitas oír los sueños de las demás mujeres; si no, no tenemos la historia completa”

Christiane Northrup: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer

Los días 17 y 18 de noviembre compartimos en Santiago de Compostela experiencias de lucha por los derechos de las mujeres, arte y emprendimientos en el #EncuentroPeriféricas1. Aquí podéis descargar el artículo que preparé para contar nuestra experiencia con el taller La voz de las mujeres. Es un artículo que irá cambiando con cada edición y aprendizaje; con nuestras lecturas y vuestros comentarios.

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NOTA: La foto de cabecera es de Iris Serrano. Cuando publiqué el post la semana pasada el artículo no estaba disponible, perdonad las molestias. 

Contar tu propia historia (pájaro a pájaro)

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

El desorden no es lo contrario del amor

Una de las tareas más difíciles de mi vida ha sido aprender a darme consuelo, recordar que existe un lugar dentro de mí al que puedo volver cuando quiera. A veces el camino de regreso es largo y necesito preguntar a la gente que me quiere; pero existe. Es una cabaña en la que duermo cada día, en la que puedo charlar con quien yo quiera; incluso conmigo misma. En una de las paredes está escrita esta frase:

El desorden no es lo contrario del amor

Me recuerda que soy humana, falible y, aun así, digna de recibir amor; que cuando el orden de los objetos, los espacios o las rutinas se convierten en prioridad por encima del cuidado de nuestros afectos tengo, tenemos, la necesidad y el derecho de alborotarlos, como sucede en la película Un monstruo viene a verme. El mandato de mantener el orden es una tarea inagotable que no termina nunca; siempre hay algo que se rompe o se descoloca. Ese movimiento es la vida, no existe el orden perfecto a pesar de que luchemos a cada instante por mantenerlo.

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© Tsoku Maela

A veces el desorden exterior refleja y sostiene nuestro desorden interior, el que nos habla de las historias rotas o que no podemos contar; de emociones tan dolorosas, desconocidas o contradictorias que no sabemos cómo hacernos cargo de ellas. Nos está gritando que para recomponernos tenemos que soltar primero los pedazos, verlos caer, tolerar el dolor y el vacío de las piezas rotas, recogerlas con mimo; pegarlas con confianza hasta recuperar una integridad fortalecida porque, en el proceso de reconstrucción, nos habremos apropiado de nuestras heridas.

Durante los primeros años de nuestra vida necesitamos de nuestras figuras de apego dos mensajes:

  • “Veo lo que eres, lo acepto y reconozco tu derecho a recibir amor; estoy aquí, no voy a irme” y
  • “Sea lo que sea, tienes derecho a sentirlo y expresarlo”.

Estos mensajes a menudo nos llegan de forma contradictoria o poco constante, de modo que no llegamos a interiorizarlos y no tenemos una base segura desde la que explorar las relaciones interpersonales; los vínculos de afecto con otra persona pueden resultar amenazantes o difíciles de manejar. Así, el desorden se convierte en una trinchera contra algo que nos hace sentir muy vulnerables: la posibilidad de que alguien llegue a amarnos a pesar del caos que llevamos dentro, vea más allá, encuentre la estrella danzante y quiera acompañarnos.

A pesar de todas las narrativas dominantes que nos instan a no depender de nadie, somos criaturas sociales hechas de apegos; estamos todas en la misma lucha con mayor o menor intensidad. Necesitamos honrar nuestro propio desorden interno y externo, reconocernos en el amor de otras personas, compartir nuestras historias rotas para recuperar la integridad.

Cada vez que encuentres a alguien capaz de ver la estrella danzante que habita en tu interior cierra los ojos, reconoce tu miedo, escucha la música y empieza a bailar. Merece la pena.

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Fisuras, ©Sol Salama

Gracias a Nacho Serván que me regaló el cartel de la cabaña; A Sol y Donna Salama, por la valentía y la belleza con que comparten sus fisuras; a todas las personas que abrazan mi desorden y comparten el suyo: ellas saben. Gracias.

Imagen destacada ©Jim Kay, A monster calls

Nadie quiere la noche

https://unsplash.com/photos/47af9f2kJ08

AVISO: Este artículo contiene información sobre el contenido de la película Nadie quiere la noche, aunque no desvela el final.

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Imagen de Paul Itkin

Nadie quiere la noche, mucho menos una noche de 6 meses. Pero la noche siempre llega. Sobre todo cuando nos arriesgamos a salir ahí fuera, a perseguir lo que soñamos, a buscar aquello en lo que creemos. Ésa es la razón por la que el personaje de Juliette Binoche en Nadie quiere la noche, la última película de Isabel Coixet, no me resulta antipático en ningún momento, como señalan algunas reseñas de la película. Representa a una mujer que persigue firmemente aquello en lo que cree y logra alcanzarlo, aunque no de la forma que había soñado. Porque el amor que perseguía era una quimera, y lo que encuentra el amor verdadero: el vínculo que construyen dos personas cuando a medida que se conocen son capaces de verse como son y no como esperan o creen que deberían ser, se reconocen como iguales y cuidan la una de la otra.

Desde mi punto de vista a la película le falta unidad narrativa porque intenta contar demasiadas historias a la vez. Coixet, la directora, cuenta una que tiene que ver con la búsqueda del amor; Matt Salinger habla de la soberbia de la especie humana al sentirse superior y de sus opuestos, la sobriedad y la conexión con la naturaleza. Binoche cuenta esas historias e incluye otra que tiene que ver con la justicia social. Me resultan mucho más verosímiles y atractivas las escenas en las que coinciden estos dos actores (me recuerdan algunos momentos de  Memorias de África) que la mayoría de las que comparte Binoche con la japonesa Rinko Kikuchi, al menos en los dos primeros tercios de la película. Mi impresión es que el personaje inuit recrea demasiados tópicos y los diálogos entre ambas no son creíbles.

 

Josphine Peary
Josephine Peary
Y aun así estoy deseando volver a verla para saborear algunas escenas. Sin haberlos pisado nunca entiendo y comparto esa pasión por los paisajes polares. Como dicen en algún diálogo esas llanuras heladas donde el horizonte es a menudo una línea imaginaria representan lo inconmesurable, la auténtica nada. El guía que lleva a Josephine Peary hacia el reencuentro con su marido Robert Peary está muy cerca de su núcleo y de la naturaleza; es consciente de su levedad y fugacidad. Josephine está enamorada del amor, de la ilusión de amar a un marido con el que apenas ha compartido unos meses de su vida; tanto que se aferra a un vestido vacío, hueco, reconoce haberse olvidado incluso de su propia hija. Aun así la película habla de la lucha, la tenacidad  y la fortaleza de dos mujeres. Como dijo en unas jornadas sobre Mujer y narración oral la narradora Magda Labarga: nosotras también necesitamos historias épicas que nos alienten y nos recuerden que somos capaces de llegar a los mismos lugares que los hombres.
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Roby Davidson
Siendo una adolescente me habría gustado que alguien me contara la historia real de Roby Davidson, la mujer que atravesó sola el desierto de Australia con su perro y unos camellos, llevada al cine en El viaje de tu vida. Hoy me siento reflejada en las mujeres de Coixet, me acompañan desde que las descubrí en Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. Me recuerdan que aunque nadie quiere la noche, la noche siempre llega y cuando tenemos la fea costumbre de salir a perseguir aquello en lo que creemos es posible que nos pille en el bosque; pero si conseguimos conservar un rescoldo de calor en nuestros corazones alcanzaremos a ver de nuevo el sol.

 

 

Un mapa de las emociones: la tristeza

A veces me siento transparente, y las cosas suceden a través de mí. Cuando salgo a pasear el viento me atraviesa, limpiando cada uno de mis huesos sin que duela. Me contagian sonrisas y canciones ajenas, soy una partícula más de lo que existe. Conecto, comparto, me reparto.

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Otras veces despierto con el cuerpo pesado, como si atrajera la gravedad de todo planeta. Me cuesta invocar la intención de moverme y, aunque lo logre, soy una masa densa, pastosa, opaca. Camino atrapada entre las paredes negras de mis temores. Si pudiera elegir sólo entre dos opciones, no dudaría: prefiero la tristeza a este pesar sin forma.

La tristeza como emoción primaria —igual que la alegría, el miedo, el enfado o la vergüenza— nos da información valiosa sobre lo que es bueno o no para nosotros, sobre qué relaciones suman y cuáles restan, sobre los objetivos hacia los que deberíamos dirigir nuestra energía. Las emociones primarias también proporcionan a los demás información acerca de lo que necesitamos. Si conseguimos conocerlas, limpiarlas de miedos y ansiedades, son nuestra mejor brújula. El mapa de nuestras emociones es un boceto vivo, dinámico y cambiante, que no evitará el dolor; pero sí puede ayudarnos cuando volvamos a perdernos a recordar que, aunque no sepamos bien cómo llegar, existe un lugar en el que nos gustaría estar.

Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)
Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)

 Los cambios inesperados y no deseados vienen acompañados de pérdidas: perdemos personas, esperanzas, anhelos, horizontes o capacidades. Y con ellas la visión que teníamos del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Estas situaciones nos obligan a aguantar la tristeza durante un tiempo que no sabemos cuánto durará. Aguantar la tristeza implica conectar con ella como emoción primaria, limpia de culpa y ansiedad. Sabemos que hemos conectado porque la sensación es, de algún modo, agradable: allí ya no hay angustia, no hay que luchar, nada más que  averiguar: sólo estar. Lo explica Leslie Greenberg:

Los sentimientos primarios son agradables. Uno siente que son correctos, aun cuando sean doloroso. Incluso cuando no son saludables te ayudan a sentirte más sólido. Son, con claridad, lo que tú sientes. Puedes decir “siento que he fallado o “me siento destrozado o asustado de estar solo”. Esto se dice sin pánico. En vez de dejarte confundido o ansioso, te proporciona una base sólida. Serás capaz de admitir: “sí, esto es lo que siento”.

Aguantamos la tristeza como se aguanta un muro que está a punto de derrumbarse, sin saber si podremos apartarnos a tiempo. Reunimos el coraje necesario para darle los buenos días y las buenas noches; bajamos con ella a un lugar oscuro y sin luz cada vez que nos reclama. Deshacemos con nuestras manos cada una de las ilusiones que teníamos antes. Nos agotamos tratando de continuar por el camino antiguo hasta aceptar, por fin, que es imposible seguirlo. Y entonces, cuando empezábamos a sentirnos cómodas en compañía de la tristeza, hay que dar un paso más para no recrearnos en ella, para no dejarnos arrastrar.

Mientras estamos inmersas en el dolor no concebimos un nuevo cambio; sin embargo conectar con la tristeza es un proceso que nos obliga a pararnos y soltar lastre. Las pérdidas se han llevado una parte de nosotras mismas: de nuestras rutinas, nuestro sentimiento de amor, nuestros apoyos. Tenemos que raspar los huecos vacíos para empezar a llenar de nuevo nuestra vida con actividades que nos ayuden a construir nuevos significados, con personas que también tengan la valentía de conectar con sus emociones. No vale cualquier cosa, no queda mucho espacio para lo irrelevante. Hasta que un día, sin que nos demos cuenta, comenzamos a transitar nuevos lugares que reflejan lo que de verdad somos, lo que queremos, lo que sentimos.

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Estas palabras están dedicadas a todas las personas que aguantan o aguantaron su tristeza; con el deseo de que los próximos meses estén llenos de consuelo, esperanza y nuevos afectos. 

El mito de la llegada

Santiago Matás - Calua Navegación (mayo 2006)
Santiago Matás – Calua Navegación (mayo 2006)

<< El mito de la llegada es un tema básico en las leyendas y cuentos de muchas culturas y en diferentes épocas. Son historias que fomentan la esperanza y la perseverancia frente a la adversidad y la maldad. Han tenido un papel importante en nuestra supervivencia. En el corazón del mito de la llegada hay un punto de inflexión o momento de llegada después del cual ya pasó lo peor, el sufrimiento ha terminado y la dicha nos recompensa. En el formato más frecuente de la historia, el personaje principal —gracias a la bondad, al valor, a la inteligencia, a la fortuna, a la intervención de lo sobrenatural, o de alguna otra forma— alcanza finalmente la felicidad eterna. Ha superado la principal dificultad que había en su vida y puede permanecer triunfante en la cima de ese éxito. Sin duda, enraizado en el corazón del mito de la llegada hay un mensaje para cada uno de nosotros. En concreto, que para nosotros también llegará un día en el que nuestros esfuerzos y nuestro sufrimiento terminarán. La depresión, la ansiedad, la ira y todas las formas de mal-estar (de des-contento) finalmente acabarán. Nos levantaremos una mañana y veremos claramente que hemos llegado: hemos puesto orden en nosotros mismos y en nuestra vida de forma que nunca pueda ser alterada. Estamos sanos y felices. Tendremos el trabajo, la casa y la relación que siempre habíamos querido, holgados económicamente y, sobre todo, en paz con nosotros mismos. A partir de entonces, disfrutaremos de un mar en calma y de una navegación tranquila. Las pruebas más arriesgadas y dolorosas serán superadas y podremos, desde entonces, navegar tranquilamente durante el resto de nuestra vida feliz.

Es un mito atractivo y no necesariamente malintencionado. Proporciona esperanza, que es esencial en la vida. El mito de la llegada puede resultar más tentador en los momentos en que soportamos las situaciones vitales más difíciles. Sin embargo, este mito también tiene consecuencias negativas, porque promueve que la persona se aferre de una forma impaciente y poco práctica a una meta que resulta inalcanzable. Fomenta la esperanza de una llegada, por lo que hay un sentimiento de frustración y fracaso hasta que se alcanza ese destino mítico. En parte por la fe en su mensaje, podemos esforzarnos para llegar a ser impecables: perfectos, instruidos y, de otra forma, viviendo por conseguirlo.

El mito de la llegada promueve la negación de que “el siguiente problema está siempre en el correo”. Tanto si es una rueda pinchada, como si son los impuestos, un bulto en el pecho o en la próstata, o la enfermedad o la muerte de un ser querido, siempre habrá un nuevo desafío. La vida nos asalta continuamente. No hay camino sin dolor, No hay vida sin sufrimiento. Este mensaje es un aspecto central en las enseñanzas de las principales religiones. La senda de la iluminación espiritual no evita ni niega ese dolor. De hecho, suelen aceptarlo como un instrumento muy potente para el desarrollo personal. Parafraseando a Thomas Merton, una persona no se hace monje para sufrir más o menos que las otras personas, sino para sufrir de una forma más eficiente.

La llamada buena vida no es lo mismo que sentirse bien todo el tiempo, como algunos libros de autoayuda pueden insinuar. La buena vida es aquella que reconoce el dolor de forma que lo hace más significativo. El objetivo de esta vida es mantenerse abierta, comprometida y en desarrollo en todo lo que supone la vida. Al menos en este sentido, una persona ya está ahí cuando está comprometida al máximo. Hasta que una se para a apreciarlo, este compromiso se puede vivir como un intento desesperado por alcanzar otro lugar. El destino se trasforma en un trayecto. Estar presente se transforma en un logro muy valioso.>>

Michael J. Mahoney

Gran Canaria (mayo 2007)

Cuídate mucho, amigo, y escucha los susurros de tu corazón

mientras late con su valioso ritmo a lo largo de tus días;

mis cálidos pensamientos y mis esperanzas están contigo en tus viajes a través de todo…

Y las sendas de la vida, siempre en proceso, encuentran sus caminos.

Ten una existencia amable, peregrino en proceso; aprende a confiar en que la confianza es valiosa,

lo mismo ocurre con la risa y el descanso;

recuerda que vivir es un acto de amor en sí mismo,

y el secreto es permanecer siempre a la búsqueda…

Fragmento del poema Pilgrim in process de Michael J. Mahoney. Adaptado de la traducción publicada en Psicoterapia constructiva, editorial Paidos (2005) al que pertenece también el primer texto.

Otra referencia al autor en este blog: Un trabajo del corazón.

La niña que fuimos

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Esta entrada habla de mujeres. Mujeres que, aunque carguen con culpa y vergüenza, son portadoras de luz. Mujeres que luchan, cantan y cuentan: al mundo entero o a quien se pare a escuchar. Mujeres que abrazan y que tienen el valor de abrazarse a sí mismas.

En esta entrada habla sobre todo una mujer: Amparo Sánchez, cantante y compositora, a la que entrevistó el domingo 14 de diciembre María José Parejo en el programa de Radio 3 El Bosque Habitado. Amparo cuenta cómo el proceso de revisar y escribir su experiencia en una relación de violencia machista la liberó de la culpa y la vergüenza. Creo que merece la pena escuchar sus palabras y su música porque transmiten la fuerza inmensa de las personas que son capaces de enfrentarse a todos sus fantasmas, dormir con ellos tantas noches como sea necesario y volver para contarlo:

“Escribir este libro para mí ha sido una terapia, una sanación. He llorado mucho, me he emocionado mucho. Me he sentido muy frágil, muy vulnerable, muy desnuda; pero me ha liberado muchísimo (…). La culpa hace que pese más la mochila de los recuerdos. Libérate de la culpa. Todo aquello que te duela o te haga sentir culpable libératelo.”

El libro se llama El sol, la niña y el lobo. En este enlace puedes leer otra entrevista: http://www.feminicidio.net/articulo/amparo-s%C3%A1nchez-la-mujer-maltratada-debe-sentir-sobre-todo-el-abrazo-de-la-sociedad.

Mi fragmento favorito del programa de radio es en el que Amparo habla de su reencuentro con la niña que ella fue, una niña a la que durante mucho tiempo evita recordar para ver si así desaparece. Pero la niña reclama atención hasta que ella consigue reconocerla y honrarla:

“… y sobre todo abrazar a esa niña que se había quedado allí solita y yo ya no la quería ni quería decirle nada, de pronto tener a partir de los recuerdos y de la escritura la posibilidad de abrazarla, de decirle que no merecía lo que pasó, que ella no tenía culpa de lo que pasó y que no tenía que sentir más vergüenza; que hoy era una gran mujer y que tenía que estar muy contenta por todo lo que habíamos hecho juntas. Y esa niña ahora viaja conmigo y está conmigo todo el tiempo y no dejo de hablarle.”

Creo que todas llevamos dentro a una niña a la que antes o después tendremos que escuchar, honrar y abrazar. Pero no sólo porque quizá guarde recuerdos dolorosos que sólo pueden callarse después de escucharlos: también porque, como dice Amparo, las niñas y los niños no cargan aún con la pesada mochila de la culpa. Tienen una mirada llena de luz, intuición y sabiduría. Custodian sueños que tal vez hemos olvidado y debemos recuperar.