La voz y la memoria

Si pienso en un momento feliz de mi infancia me veo recorriendo un camino entre dos pueblos, rodeada de amapolas y cardos borriqueros; campos de trigo y cielos azules, horizontes interminables. O un bosque lleno de árboles, y una hilera de afanosas hormigas que observo desde arriba, con admiración y respeto.

El disfrute de la naturaleza representa, para mí, la libertad; aun hoy en día, es en ella donde encuentro refugio y consuelo, donde soy capaz de parar el torbellino de pensamientos que a veces se arromolinan en mi cabeza por las exigencias del día a día.

En los talleres casi siempre dedico al menos una propuesta de escritura a la conexión con los recuerdos de la niñez; un tiempo que casi nunca fue del todo placentero, un territorio al que no todo el mundo quiere o puede volver. Lo que busco en ese viaje hacia el pasado no es la felicidad perdida, sino la libertad para ver y sentir; a nosotras y a nosotros mismos, y al mundo que nos rodea. La mirada capaz de asombrarse y maravillarse, de descubrir algo por primera vez. De desear  y soñar, pero también de conectar con el miedo y la tristeza cuando aparecen; para buscar consuelo, pero sin espantarlos en cuanto asoman por la puerta.

Esa mirada y esa capacidad para sentir las emociones tal como llegan son, en mi experiencia, uno de los pilares para encontrar la propia voz; para crear y contar historias capaces de conmover, también, a quien lee o escucha.

El próximo viernes 15 de febrero comenzamos en la librería Bahía de Foz un taller presencial que se llama La voz y la memoria. En él exploraremos la creación de historias a partir de nuestros recuerdos y de otros dos aspectos muy valiosos para potenciar la imaginación y la capacidad narrativa de cada persona: nuestra experiencia cotidiana y la memoria de los lugares que habitamos.

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Me dijeron:
—O te subes al carro
o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.
Gloria Fuertes

El hábito de la escritura

El objetivo de todos los talleres es iniciar o mantener el hábito de la escritura.

Hay dos motores para poner en marcha cualquier acción: la necesidad, y el deseo. Y al menos dos frenos potentes: sentir que nos faltan recursos -tiempo, dinero, energía, técnica- y el miedo. El que llevamos cosido bajo la piel porque hemos interiorizado durante toda nuestra vida que no valíamos para las tareas artísticas, o que eran una pérdida de tiempo; el miedo a llamar la atención, ponernos en evidencia, exponernos, hacer demasiado ruido, no ser lo suficientemente buenas, no tener algo original que decir, etc.

Cuando decidimos hacer todo lo posible para tener dedicar tiempo y energía a la escritura es porque, de alguna forma, se ha convertido en una necesidad. Podríamos vivir sin ella, pero nuestra vida sería un poco más pobre, menos consciente. Nos faltaría una herramienta que nos ayuda a conocernos y cuidarnos mejor; que nos hace transitar otros mundos, detener el tiempo mientras los creamos, disfrutar compartiendo con otras personas o con nosotras mismas lo que sentimos, percibimos, soñamos, tememos.

En ese momento, el deseo es una semilla que alimentar; y eso es lo que intento hacer en los talleres. También porque creo que el deseo, en general, es lo que nos mantiene con vida y con unos niveles aceptables de cordura/locura -elige la palabra que mejor te represente- para vivir en una sociedad cada vez más desconectada de lo humano, de lo lúdico y de la naturaleza.

El ejercicio que suelo proponer para conectar con el deseo es por qué escribo. A continuación, además de los ejercicios de las unidades didácticas, recomiendo empezar el cuaderno de todo. Y, un poco más adelante, hacemos una pequeña excursión para conocer a nuestros miedos y tomar un café con ellos; pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

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Así que, si tienes ganas de escribir pero no sabes por dónde empezar, éstas son mis recomendaciones:
Y, si crees que podría venirte bien un poco de ayuda, esto es lo que puedo ofrecerte en estos momentos:
Que escribas mucho, tanto como desees.
¡Hasta pronto!

Imágenes: Marisa Franco, Simon Matzinger

Agradecimientos, propósitos, deseos

Estos días ha salido el sol; un sol de verdad, que calienta la piel y seca los huesos. He vuelto a pasear descalza por la orilla del mar, y  me he atrevido a formular mis deseos en voz alta.

Una de las cosas que  me gustaría hacer en 2019 es compartir más archivos de voz en el blog. Es algo que disfruto mucho pero, a la vez, siento vergüenza y pudor; siempre pienso que no son lo suficientemente buenos. De hecho, no lo son; queda mucho por mejorar. No tengo un equipo profesional y, además, tengo que repetirlos una y otra vez, hasta que consigo hacerlo de un tirón. Aun así, me gusta compartirlos porque creo que, a veces, la voz es necesaria para que la meditación introductoria sea más eficaz; para estar un poco más cerca a pesar de las pantallas y los kilómetros que nos separan.

Una mujer valiente a la que acompañé durante un tiempo me dijo, ya lo he contado antes, que lo que yo hacía era unir “escritura y consciencia”. Leyendo estos días los textos de la comunidad me doy cuenta, una vez más, de hasta qué punto la consciencia es importante en mi trabajo; tiene sentido porque, para mí, ha sido el mayor descubrimiento de los últimos años.

No importa que no tengamos claro dónde nos gustaría estar; saber que estamos en movimiento, que dibujamos el mapa a medida que caminamos, es el sendero y también la brújula. Lo demás  se irá perfilando; y, para sentir que el viaje y las paradas intermedias nos pertenecen, nos conectan y nos nutren, necesitamos la consciencia, aun cuando duela. Esa es, al menos, mi experiencia.

En este audio está mi propuesta para terminar y empezar el año sabiendo dónde estamos, hacer acopio de todo lo que hemos recibido, y sentir hacia dónde nos gustaría dirigirnos. La vida, después, hará su parte. Pero creo que, si nos pilla con los pies en la tierra y la mirada en el horizonte, será más fácil transitar los cambios, disfrutar los instantes de luz, compartir la belleza, acoger las lágrimas.

Con mis mejores deseos,

Lidia Luna

Llenar cuadernos

Hace ya cinco años que la idea de este proyecto empezó a pasear por mi cabeza como algo concreto, que intentaba atrapar en palabras para darle forma; lo que no nombramos, no puede existir.

Una de las opciones que estuvo muy presente fue llenar cuadernos, que era lo que yo quería que consiguieran las personas que se apuntaran a los talleres; aunque no fue el título definitivo, esa intención sigue guiándome.

Como a casi todas las personas que tienen la costumbre y la necesidad de escribir, siempre me han gustado los cuadernos; cuando viajaba los llevaba conmigo, y me traía uno nuevo del lugar que visitaba.

Estos días he cumplido un sueño: diseñar y elaborar de forma artesanal mis propias libretas, con la guía y la ayuda de La Platanera. Estar en el taller me ha hecho conectar con la magia de la creatividad; destapar los botes de pintura me transportó a la infancia. A las horas que volaban rodeada de pinceles, óleos y acuarelas; a los juegos con tijera, papel y pegamento en casa de mi abuela. Al primer cuento que recuerdo haber escrito y encuadernado, y que todavía debe estar en casa de mis padres.

También he conectado con la autoexigencia y la crítica interna, esa que nos persigue cuando escribimos. Me he sentido como la niña que desea y a la vez teme; la que quiere crear pero no equivocarse, no fallar, no estropear nada. Menos mal que estaba cerca Andrea, como un espejo, para devolverme una mirada compasiva; para lanzar las preguntas y los apoyos que sacaran lo mejor de mí en la tarea creativa. Escuchándola, me di cuenta de que eso es, también, lo que intento hacer en los talleres; sacar a la luz las voces críticas, conectar con el deseo creativo de cada persona, visibilizar y alumbrar las fortalezas.

Los cuadernos están diseñados como una colección, pero puedes usarlos de forma individual:

SEMENTE: palabras semilla

semente

Para todo aquello que queremos cultivar: las ideas y sensaciones que captamos en el día a día, los versos sueltos, el comienzo de un relato, lo que nos conecta con la escritura:

  • Lo que cultivamos
  • Lo que comienza
  • Lo que crece

PAXARO: palabras pájaro

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  • Lo que deseamos
  • Las palabras que están listas para volar

CARTA: palabras mapa

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Para la escritura más personal:

    • Palabras luz: las que nombran nuestras fortalezas, lo que nos alimenta cada día.
    • Palabras sombra: todo aquello que nos molesta o nos persigue, lo que no nos gusta, lo que necesitamos conjurar con palabras para saber qué forma tiene. Así, a veces los dragones más fieros se transforman en tiernas gominolas.
    • Palabras refugio: los lugares interiores y exteriores donde nos encontramos con nosotras mismas o con las personas a las que queremos.
    • Cualquier otra cosa que te sirva para orientarte y explorar nuevos caminos.

Aquí tienes el enlace, por si quieres echar un vistazo:

Ojalá los llenes de palabras.

Escribir en otoño

Mural pintado en una pared: árbol con pájaros

Aunque el título de esta entrada es escribir en otoño, a Galicia nos llegó el invierno de golpe. Tanto, que a finales de octubre pasé de la orilla del mar, con 17 grados y un  sol cálido, a la nieve inesperada en lo alto de un puerto de montaña, dos días después.

Estos días ha vuelto el sol, y las hojas de los árboles exhiben sus colores. Incluso cuando llueve, hay mucha luz detrás del blanco y el gris, que predominan; pero todo es más frío. Cuando sale el sol, en cambio, el ambiente es como los árboles; marrón, cálido, acogedor. Azul, incluso, en las horas centrales del día y al lado del mar.

Siempre me ha gustado sentir las estaciones. Hace un par de semanas, escuché al antropólogo Rafa Quintía hablar sobre la antigüedad de algunas tradiciones que perviven en Galicia para renovar la vida y permitir, al mismo tiempo, la presencia y naturalización de la muerte, la conexión con los ancestros. Y me di cuenta de que, desde que estoy aquí, he aprendido a sentir los ciclos.

Estos días alborotan el cielo las bandadas de pájaros migratorios. En invierno, después de algunos temporales, aparecen en la orilla los cadáveres de algunos arroaces, garzas, gaviotas; los cuervos resisten y observan. La vida siempre está presente, pero hay destrucción en el invierno. El 2 de febrero, la Candelaria, anticipa la primavera; vuelven algunos pájaros, las plantas empiezan a moverse debajo de la escarcha.

Voy asimilando la paradoja de que el comienzo del verano lo sea, también, del descenso en el número de horas de luz de un día. Todo comienzo es el final, porque nada permanece; pero tampoco se agota, porque se renueva. Crecer y menguar, cumplir los ciclos.

Durante el otoño y el invierno podemos seguir celebrando la vida con las personas a las que queremos; fortalecer esas redes de afecto mutuo que nos sostienen y nos nutren. Son, también, meses propicios para pararnos a pensar dónde estamos, escucharnos, sentir hacia dónde queremos ir.

Desde Narrativas y otras lunas, éstas son las actividades que te propongo para escribir en otoño:

ONLIINE: Taller Escribir el cuerpo

En Galicia: comunidad de escritura Palabras a volar

Y si por casualidad estás en Barcelona, no te pierdas estas jornadas de Luto en Colores, un espacio en el que repensar la muerte para celebrar la vida.

Cartel Jornadas Luto en Colores Barcelona 24 noviembre

Como dice Silvia Melero, vivir un duelo nos pone ante el espejo de nuestra propia muerte y pensar, tomar conciencia, es lo único que nos ayuda a poner el foco en lo esencial. “Nuestra única defensa contra la muerte es el amor”, que decía el gran Saramago. Va serio.


Montse Santolino, Iba en serio

 


Com diu la Silvia, viure un dol ens posa davant el mirall de la nostra pròpia mort i pensar-hi, prendre consciència, és l’únic que ens ajuda a posar el focus en l’essencial. “La nostra única defensa contra la mort, és l’amor” que deia el gran Saramago. Va en serio.


Montse Santolino, Iba en serio

Dentro de poco estarán disponibles los talleres que comienzan en enero. Si quieres estar al tanto de las novedades, puedes suscribirte al boletín de noticias.

¡Hasta pronto!

La escritura y el silencio

Cuuando alguien me pregunta qué hago, y continúa mirándome a los ojos después de contar Narrativas y otras lunas, me atrevo a decirlo en voz alta: “a veces, yo también escribo”. Tengo en la pared un diploma de Solidaridad Obrera que lo acredita: “XV Certamen de Relato Breve Raimundo Alonso. Primer finalista: Salida de emergencia.”

Le doy valor a la escritura; lo siento un don que me acompaña, me nutre y me consuela. Pero escribo como leo, por pura necesidad; quizá por eso no le atribuyo mucho mérito. Cuando intento hacerlo de otra forma —voy a terminar aquella novela, este poemario— se me van desvaneciendo las ideas, hasta desaparecer en el limbo de las historias que nunca se contaron.

Escribo, sobre todo, para hablar conmigo misma; con todas las partes de mí que me conforman. Para no escatimarme la verdad, ni atormentarme con mentiras cargadas de culpa. Para atrapar los momentos en los que la vida parece tener un orden; también para conjurar el caos de aquellos que me aturden.

Escribo porque me bailan los recuerdos en la piel, en la cabeza, mientras lo hacen los dedos en las teclas o el papel. Van llenándose de luz, sonidos, tacto y olores. Durante unos instantes, soy capaz de detener y atravesar el tiempo. Me convierto en memoria pura, en mis voces más antiguas; en aquellas, propias y ajenas, que me acompañaron en los inmensos campos de la infancia.

Escribo porque me fascina el vuelo de los pájaros, libélulas, polillas, mariposas; porque podría vivir a la orilla del mar, con los pies en el agua, y no me cansaría. Porque aún puedo descubrir nuevos territorios, dentro y fuera de mi cuerpo; para recorrer, con hormigas de palabras, el cuerpo que deseo.

Escribo porque solo al terminar sé del silencio, puedo habitarlo.

Escritura y autocuidado: 8 razones para escribir un diario

 1. Cuando estamos en un proceso de cambio, a veces nos sentimos como malabaristas sobre una cuerda en medio de un espacio oscuro; hay instantes en los que no logramos recordar de dónde venimos, y resulta difícil visualizar el lugar al que nos dirigimos. El diario puede ser un espacio de transición, que nos recuerda nuestros objetivos y avances y, también, el lugar que estamos dejando atrás.

2. Tenemos la mala costumbre de dejar demasiado espacio a lo racional, a los pensamientos, como si dándole mil vueltas a la cabeza hasta que echara humo pudiéramos solucionarlo todo. El diario nos pone en contacto con nuestra sabiduría emocional, con nuestra esencia.

3. El diario nos permite tener una perspectiva más amplia de nuestras vidas; nos permite ver el conjunto, alejarnos y sobrevolar a vista de pájaro. Solo de esta forma conseguiremos salir de los círculos de pensamiento habituales, para movernos en espirales más amplias.

4. Cuando practicamos la escritura de forma cotidiana y estructurada el propio proceso de escribir va autorregulándose, de tal forma que nos ayuda a manejar nuestras emociones y pensamientos. Poco a poco, nos iremos dando cuenta de cuándo estamos entrando en bucles o caminando en círculos, y seremos capaces de salir de ellos por nuestro propio pie. Escucharemos una voz interior que nos dirá “ya estás otra vez con esto” con amabilidad y compasión, como lo haríamos nosotras, nosotros, con cualquier otra persona. Y nos moveremos hacia nuevos horizontes más amplios y cómodos, más nuestros.

5. El hábito de la escritura también nos ayuda a manejar la frustración y la incertidumbre, dos aspectos con los que acostumbramos a llevarnos bastante mal. Desde la seguridad de nuestros cuadernos, podemos explorar y abrazar nuestras contradicciones, inseguridades, sombras, temores. Y, al mismo tiempo, recordar que esto también pasará.

6. Nos proporciona, además, un espacio seguro en el que barajar las distintas formas de abordar una situación conflictiva: preparar una entrevista, comunicar una situación difícil en el ámbito personal o laboral; anticipar las situaciones temidas, y conectar con nuestros recursos para afrontarlas.

7. La práctica cotidiana de la escritura hará que conectemos, también, con nuestra propia voz; con nuestra forma única de ver el mundo, y la manera en que somos capaces de transmitir esa emoción a otras personas; algo que nos resultará muy útil y gratificante para cualquier proyecto creativo en el ámbito personal, como por ejemplo la escritura creativa o la comunicación de nuestros proyectos.

8. El diario es nuestro mapa y la hoja de ruta: todo lo que registremos nos servirá para visualizar y explorar los cambios, fortalezas, avances, objetivos. También nos permitirá revivir, desde la lectura, los instantes de felicidad y gozo; aquellos que construyen la vida y a menudo pasamos por alto. Esto, a su vez, nos ayudará a prestarles más atención en el día a día.

~Adaptado para el taller Escritura y autocuidado a partir de un texto de Kathleen Adams recogido en Journal to the Self  y Journal Therapy: Writing for Healing and Change (Center for Journal Therapy)~

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NOTA: Utilizo el término diario porque es el que aparece en el texto original, pero sirve cualquier otro formato que te ayude a mantener el hábito de la escritura. En los talleres de Narrativas y otras lunas siempre tiene buena acogida el cuaderno de todo.

También me resulta complicado entender la escritura como algo que tiene una utilidad, o ponerle la etiqueta “terapéutica“. Pero, al mismo tiempo, he comprobado que la práctica de la escritura personal es una gran herramienta para conocernos mejor; para poner consciencia sobre lo que nos hace bien y lo que nos daña.

A veces encontramos tareas creativas que nos producen bienestar y, al mismo tiempo, mil excusas para posponerlas. Por ese motivo, sobre todo, comparto esta entrada. Espero que te ayude a dedicarle tiempo y energía a la escritura. Ya me contarás, cuándo y como quieras, cuál es tu relación con este hábito de autoconocimiento y autocuidado que alimenta, además, la hoguera de la creatividad.

Imagen: Jordan Madrid

Escribir en verano

Cuando era una niña, me encantaban los cuadernos de vacaciones. Recuerdo ir al colegio cuando ya habían terminado las clases para recogerlos. Me costaba mucho hojear solo la primera unidad, pero quería descubrirlos poco a poco, cada semana. La oportunidad para aprender e investigar a mi ritmo, con ejercicios mucho más lúdicos y experimentales que los que teníamos en las clases.

En verano, normalmente, tenemos más tiempo para conectar con nuestros deseos, compartir con otras personas, experimentar cosas nuevas. Por eso el año pasado lancé por primera vez el taller online Escribir en verano; tuvo buena acogida, y fue una experiencia muy enriquecedora para mí.

Este manual es el resultado de ese taller, de mi amor por los cuadernos de vacaciones; de lo que he aprendido en este tiempo con Narrativas y otras lunas, preparando y tutorizando talleres pero, sobre todo, hablando con la gente que los ha hecho.

12 propuestas de escritura, una para cada semana. Está diseñado para ayudarte a iniciar o mantener el hábito de la escritura. No puedo garantizarte que vayas a seguir escribiendo cuando lo termines, porque eso no depende de mí. Pero me atrevo a asegurarte que, si haces todos los ejercicios que te propongo, conseguirás disfrutar de la escritura, y encontrarás muchos hilos de los que tirar para contar tu propia historia.

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En este enlace ESCRIBIR EN VERANO puedes encargar tu copia impresa hasta el 17 22 de junio (ampliado), o adquirir la versión digital en cualquier momento.

Si decides leerlo espero que lo disfrutes, que escribas mucho. Y que me lo cuentes después, para que podamos saborear el verano hasta que vuelva el tiempo de las hojas secas, del frío y las castañas.

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Ilustración de Mery Mountain

ACTUALIZACIÓN: Obradoiro-presentación na Lila de Lilith (Santiago de Compostela) o 28 de xuño

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Cerrar círculos, abrir espirales

Siempre me ha resultado áspera y ajena la representación del tiempo como una línea recta por la que avanzamos, que no permite volver atrás ni dar un salto hacia el futuro. En mi experiencia, los acontecimientos vividos se parecen más a una espiral en la que a veces los círculos del presente se acercan a los del pasado hasta casi tocarse, para tomar impulso y proyectarse en posibilidades futuras. Es un poco difícil de explicar, pero si alguna vez has tenido la sensación de que el tiempo no existía y que, de alguna forma, todo estaba relacionado y condensado en un instante, entenderás de qué hablo.

Cuando llega esta época del año tengo la sensación de que algo se termina, me pongo un poco triste y tengo que obligarme a pensar que es una forma de deshacernos de formas de entendernos y vivirnos antiguas, gastadas, que nos han ayudado a llegar hasta aquí pero ya no sirven; una manera de cerrar etapas y poner intención y energía en lo futuro, el por-venir. También de tolerar el frío, la falta de luz, la escasez en la naturaleza, entender y aceptar los ciclos.  Por eso me gusta pensar que cerramos círculos para abrir espirales.

Y tú, ¿cómo cierras el año? ¿Cuáles son tus rituales? Aquí te dejo mi propuesta de escritura para estos días, espero que te resulte útil. Ya me contarás lo que quieras, cuando quieras, en los comentarios. Si no hablamos antes, ¡feliz año nuevo!

  • ¿Cómo representarías el tiempo?
  • ¿Cuáles son los círculos que te gustaría cerrar este año?
  • Haz una lista de todas las cosas por las que te sientes agradecida, agradecido.
  • Haz una lista de todas las cosas que te gustaría dejar atrás.
  • Si has hecho un taller conmigo este año, revisa y actuliza tu lista de 100 deseos; si no, escribe una lista de 100 deseos para el 2018 siguiendo las instrucciones de esta otra lista.
  • Escribe en un cuaderno o en un documento un deseo que tenga que ver con la escritura. ¿Qué necesitas para que se haga realidad? De aquí al 31 de diciembre, escribe una hoja de ruta para cumplirlo y tenlo a mano para verlo todos los días. Intenta dedicarle al menos 5 minutos diarios y, si no fuera posible, no dejes de revisarlo cada semana.
Imagen: Rosie Kerr en Unsplash

Tengo una amiga que quiere escribir

Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017