Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

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¡Hasta pronto!

 

 

 

¿Un taller para mujeres?

RupiKaur
Rupi Kaur, Otras maneras de ussar la boca

Hace unos meses descubrí este artículo de Silvia López, y con él a Rupi Kaur. Leer sus poemas fue una revolución, porque me di cuenta de que muchas de las experiencias que yo había vivido eran universales. Son cosas que sabes, pero que no confirmas hasta que no las ves escritas: todas las mujeres hemos sufrido algún tipo de abuso verbal y/o físico; todas hemos sentido alguna vez que para ser escuchadas teníamos que alzar la voz, porque nos mandaron callar.

Las voces ocultas

Por Leyre Gil

Desde muy pequeña me imaginé que llegaría a ser una suerte de Indiana Jones mezclada con Livingston, Gerald Durrell  y otros aventureros-escritores que poblaban mi romántico imaginario.

Hija de viajeros empedernidos, pronto pude conocer otras culturas y gentes. La elección de estudiar filología árabe fue consecuencia de este romance infinito que me traigo con las letras y lo desconocido desde que tengo uso de razón.

He vivido en cuatro continentes, aprendido cinco lenguas, leído y escuchado a gentes de todos los rincones del mundo. He trabajado como profesora, cooperante, traductora, redactora.

Mi sueño de mochilera incansable parecía no tener fin.

Por el camino encontré a mi compañero, y juntos seguimos con nuestras andanzas por el planeta. Tralaralara.

Pero un buen día me convertí en mamá (mi hija mayor dio sus primeros pasos en la sabana angoleña, mi segunda entre las callejuelas de Jerusalén) y  la maternidad desbarató mi universo en todos los sentidos.

Descubrí que el mundo no era en absoluto lo que yo había visto hasta entonces, ya que a mi historia le faltaba algo esencial: La voz de las mujeres.

Mujeres que cuentan, que crían, que luchan, que cooperan, que educan, que resisten. Y cuyo relato no aparece en ningún libro de historia, en ninguna novela de aventuras, ni en los informativos, ni en los discursos de reyes y políticos.

De repente me di cuenta de que el mundo que me habían enseñado, y en el que yo había vivido, había sido el mundo de los hombres. Y que mis sueños de Indiana Jones eran prácticamente incompatibles con lo que la sociedad esperaba de mí como mujer y madre. ¿Quién se imagina a Indi terminando su aventura a las 4 porque le cierran la guarde?

El proceso de reestructuración vital sigue en curso.

Desde entonces vivo con el deseo de caminar junto a las mujeres para que recuperen, o simplemente “cuperen” (ya que nunca fue suyo) el espacio urbano, social, político, pero sobre todo, el espacio de la palabra.

Escuchar las historias de malabarismos vitales que la gran mayoría de mujeres deben hacer en su día a día, ya sea en la selva amazónica, una aldea bereber o en las calles de una gran ciudad europea se ha convertido en mi obsesión. Esos relatos de lo cotidiano, de las renuncias, de las elecciones impuestas o deseadas se merecen un espacio.

Merecen ser escritas.

Texto escrito por Leyre Gil para presentar el taller Disponer de la palabra. ¿Te animas a escribir con nosotras?

Contar tu propia historia (pájaro a pájaro)

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

¿Por qué escribo?

Sin pensar demasiado ponte a escribir sobre el deseo de hacerlo: sobre el deseo de escribir o el de contar, narrar…. Escribe y juega, trata de dejar a un lado la censura y la racionalidad. Además de explicaciones lógicas busca imágenes, metáforas, cosas a las que se parece tu escritura o tu deseo de escribir.

Puedes apoyarte en estas frases:

Escribo porque…
Escribo para…
Cuando escribo, a veces me pregunto si…
Cuando escribo, a veces me preocupa que…
Cuando escribo, me siento…

Trata de llegar a las verdaderas razones. No importa cómo de desbaratadas o incluso egoístas te parezcan.

Este es el primer ejercicio que propongo en los talleres de narrativas. Está adaptado de una consigna de María Tena en el curso online de Escritura autobiográfica de Fuentetaja. A María Tena le debo también la delicadeza con que recibía nuestros textos, la sensibilidad con la que fue capaz de mostrarme a mi bisabuela susurrando entre mis recuerdos, pidiéndome que contara su historia. Abandoné el taller porque, cuando compartíamos los textos en los foros, una de las alumnas señaló varias veces mi leísmo. Yo me sentía incapaz de dominarlo, y pensaba que si no manejaba algo tan simple jamás podría escribir nada que mereciera la pena. Por eso el segundo ejercicio que planteo tiene que ver con la libertad para contar.

Otro de los talleres que recuerdo con cariño y agradecimiento es Escribir una novela, en el Taller de escritura de Madrid, con Alfonso Fernánez Burgos. Gracias a él descubrí El desierto de los tártaros, Algún amor que no mate, los relatos de Medardo Fraile y muchos otros tesoros que me siguen acompañando; fui capaz de vislumbrar la ingeniería que hay detrás de la ficción. Pero, si le menciono en ese artículo, es porque me ayudó a ver que la escritura era, para mí, una necesidad vital. Tan vital como respirar, comer, dormir y relacionarme con otros seres humanos que tengan taras similares a las mías, que justo por eso sean capaces de ver la luz que brilla entre las costuras de mis remiendos. Saber lo importante que es para mí escribir sigue ayudándome a intentarlo cada día, a pelear este proyecto, a sumergirme con otras personas en el fondo de sus razones para seguir escribiendo a pesar de los miedos, inseguridades, autocríticas y demás zarandajas.

…cuando escribo historias soy como alguien que está en su tierra, en calles que conoce desde la infancia, y entre muros y árboles que son suyos. Mi oficio es escribir historias, cosas inventadas o cosas que recuerdo de mi vida, pero, en cualquier caso, historias, cosas en las que no tiene nada que ver la cultura, sino sólo la memoria y la fantasía. Este es mi oficio, y lo haré hasta mi muerte.

María Tena

Y tú, ¿por qué escribes? Si te animas, cuéntanos tus razones en los comentarios. Gracias 🙂

Memoria actividades 2016

¡Por fin! Aquí está la memoria de las actividades realizadas en 2016. Quería terminarla para compartirla con todas las personas que estáis al otro lado y para recordarme a mí misma que, aunque a veces tenga la sensación de avanzar con el movimiento aparente de los planetas, voy dirigiendo y ampliando mi órbita.

La foto la hizo mi amigo y fotógrafo Miguel Muñiz en Rinlo, el 7 de enero.

Gracias 🙂

Storytelling

Storytelling es la acción de contar o escribir historias, algo que las personas hacemos cientos de veces a lo largo del día. En marketing designa una técnica que consiste en utilizar como estrategia de persuasión nuestra capacidad narrativa para identificarnos con las historias y emocionarnos con ellas; lo cuenta muy bien este clip que lleva Virgina Moraleda en su chistera. Christian Shalom analiza algunos ejemplos  en su libro Storytelling, la máquina de fabricar historias.

En el sector social la narración de historias también puede usarse con el objetivo de provocar una emoción y persuadir a la ciudadanía de que apoye una causa o se haga socia de una ong; pero, sobre todo, es una herramienta eficaz cuando se utiliza para contar historias de vida, para acercarnos a las realidades que pretende transformar. En este post de SocialCo hay una revisión de los diferentes formatos, ejemplos y consejos prácticos.  Otro día os contaré más detalles sobre cómo utilizar el storytelling en entidades sociales. Si queréis profundizar en este tema podéis apuntaros al curso que empieza en febrero 😉

Contar historias: ¿Por dónde empezar?

Aprendí a conducir en una autoescuela que se llamaba Avelino, para conducir como un felino. Tenía 20 años y, en realidad, ya había aprendido a conducir. Pero pasé mi primera hora de clase sentada en el coche con Avelino, quien me enseñó a mirar a menudo los espejos retrovisores para saber en todo momento dónde estaban los demás vehículos y cuáles eran sus potenciales movimientos. En mi primera clase sobre narración oral aprendí lo mismo: la escucha es fundamental. De hecho, la experiencia me va demostrando que es difícil, casi imposible, separar las acciones de contar y escuchar.

Así, mi primera recomendación para aprender a contar historias es aprender a escucharlas con el respeto y la delicadeza suficientes para saber cuánto tiempo más necesitará una persona para contarnos su verdadera historia; cuánto tiempo más debemos permanecer inmóviles y atentos para que las cosas sucedan. Escuchar, también, mientras contamos; para saber lo que pide cada historia, para acompasar la emoción; escuchar lo que dice la voz, pero también el cuerpo.

Mi segunda propuesta es conectar con la niña o el niño que fuimos; con la personita que, durante su infancia, escuchó historias, se asustó, encontró consuelo en ellas. Recordar estas historias, quién nos las contó, qué sentimos en aquel momento. A partir de ahí propongo ejercitar la memoria, siguiendo la propuesta de Estrella Ortiz:

Merece la pena aprender cosas de memoria. Imaginaos un recuerdo de alguien, cuando érais pequeños o pequeñas, que os contaba una historia. Esa persona se detenía y os contaba cosas de su vida, del pueblo, lo que fuera. Ese recuerdo que ahora nos viene, de cuando nos contaban, está teñido de emoción, de sentimiento, de aromas. Eso es algo nuestro: todo lo demás es ajeno, es una nube externa a nosotros. la memoria es una comunicación y una entrega de cuerpo a cuerpo. Por eso yo os propongo que hagáis la hermosura de crear vuestra propia nube. Haciendo acopio de todas las cosas que nos gustan: que leemos, que escuchamos, que nos inventamos. Cuentos, poemas, tradicionales o de autor, leyendas, anécdotas de la historia, mitos… Incluso una novela resumida. Lo importante es que sea algo que nos guste, porque eso nos va a despertar muchísimas ganas de comunicarlo.

Cuando encontréis algo que de verdad os gusta, cuando alguien os quiere contar algo, cuando os venga el recuerdo de algo remoto, cuando acabais de inventar algo, paraos. No sigáis comiendo información. Saboread las palabras, disfrutad de ello en ese instante. Porque si no nos vamos a llenar de otros sabores y ese no vamos a poder saborearlo. El afecto es muy importante. Dice un proverbio chino que de lo que rebosa el corazón, habla la boca. Paraos y después compartid de cuerpo a cuerpo.

Estrella Ortiz: la nube de tu memoria (charla TED)

Porque, como muy bien cuenta Isabel Bolívar en este post yo estaba allí y doy fe de que su narración fue bellísima— las historias no se repiten de memoria, se cuentan desde el recuerdo. En esa acción de recordar y volver a contar «Re (de nuevo) – cordis (corazón)» es donde sentimos y por tanto transmitimos la verdadera emoción, la que nos ha conmovido y podría, así conmover a otra persona. La emoción compartida, no impostada ni manipulada.

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Otros recursos que propongo para fortalecer la capacidad narrativa de cada persona son:

  • Imaginación y libertad: borra los límites para dibujarlos de nuevo donde quieras, con tu imaginación. Ten en cuenta todas las alternativas posibles, no sólo las más evidentes. Piensa cómo te gustaría que fueran las cosas, qué pasaría si la realidad fuera otra; visualízala como si estuvieras rondando una película de cine y pudieras verla desde diferentes ángulos, perspectivas y puntos de vista. A mí me ayuda mucho dibujar mapas mentales en una cartulina grande.
  • Honestidad: Di «tu historia, tu verdad«, aquello que de verdad te emociona; pero, en la medida de lo posible, hazlo sin estar muy presente en la narración; como también nos recuerda Isabel en su post, como saben quienes escriben las mejores crónicas, el protagonismo es de la historias, de las personas que las habitan. Muéstralas, pero no te exhibas. Si quieres contar la historia de algo o de alguien no inventes, no escribas ficción; en este caso lo importante no son tus recursos para la escritura creativa, sino para sentir y transmitir lo que sucede.

Y no olvides, nunca, divertirte. Si lo haces con intención, atención y cariño, todo lo demás sucede.

 

Escribir un diario

Cuando era pequeña tuve un diario con candado, cuadernos, servilletas de papel y agendas en las que iba escribiendo con minuciosidad científica lo que pasaba a lo largo del día. Siendo más mayor, si no llevaba una libreta, escribía en los tickets de la compra. Durante muchos años busqué, sin éxito, talleres y manuales que dieran pautas sobre cómo escribir un diario, hasta que llegué a este artículo sobre el método de Carmen Martín Gaite, que utilizo en los talleres de narrativas: El cuaderno de todo [abre pdf]. Según María Victoria Calvi, autora del artículo,  Carmen Martín Gaite explica cómo el afortunado sintagma fue creado por su hija de cinco años quien, al regalarle un cuaderno para su cumpleaños, se lo dedicó con esas palabras, dándole así permiso para «meterlo todo desordenado y revuelto». En el mismo ensayo, la escritora aclara la naturaleza de estos cuadernos, que constituyen la trastienda de su obra narrativa y ensayística, y se relacionan con su concepción de la literatura:

A partir de entonces, todos mis cuadernos posteriores los fui bautizando con ese mismo título, que me acogía y resultaba de fiar por no obligar a nada, a ninguna estructura preconcebida. De hecho, venciendo una tendencia al ostracismo que por entonces me apuntaba, empecé a escribir más y se configuró en gran medida el tono nuevo de mis escritos, que derivaron a reflexionar no sólo sobre la relación que tienen entre sí todos los
asuntos, sino también sobre el carácter relativo y provisionalde aquello mismo que iba dejando anotado.
Carmen Martín Gaite
Hasta ese momento una de las cosas que más me preocupaba era seleccionar los contenidos para el diaro: ¿Debía repasar todo lo que había hecho o dicho durante el día para decidir qué anotar? ¿Registrar mis actividades? A partir de entonces mi relación con los diarios cambió; dejaron de ser una hoja en blanco, una exigencia más que cumplir, para convertirse en un refugio. Cuando alguien me dice que quiere instaurar o recuperar la rutina de escribir, recomiendo el método de Carmen Martín Gaite o, más bien, de su hija: tener un cuaderno en el que «meterlo todo desordenado y revuelto». Reflexiones sobre lo que ha sucedido, sobre el libro que estamos leyendo, los recuerdos que nos asaltan, lo que nos da miedo y lo que deseamos (en el caso improbable de que estas dos cosas puedan separarse). Las dificultades que tenemos para escribir, los bloqueos, dudas, voces críticas. Borradores de cuentos o poemas, frases sueltas, espirales y números de teléfono; la única norma es intentar reservar al menos diez minutos diarios para la escritura y tener a la vista estas palabras de Hélène Cixous (u otras que te sirvan de inspiración):
Escribir: para no dejarle el lugar al muerto, para hacer retroceder al olvido, para no dejarse sorprender jamás por el abismo. Para no resignarse ni consolarse nunca, para no volverse nunca hacia la pared en la cama y dormirse como si nada hubiera pasado; nada podía pasar.
¿Cuándo vas a empezar tu cuaderno de todo?

Narrativas de autocuidado en cooperación: taller online

Acabo de terminar uno de los talleres que más he disfrutado: la primera edición online de Narrativas de cuidado y autocuidado en cooperación. A dos de las personas que estaban al otro lado las conocía de un curso anterior; a las otras dos, porque hemos compartido espacios de trabajo o voluntariado. Me he emocionado leyendo sus textos, y como todas querían escribir y lo hacen muy bien nos hemos centrado en la escritura, teniendo en cuenta lo que dijo una alumna en el taller presencial: «me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa». Conocernos, ordenar lo que nos ha sucedido,  volver a algunos instantes y mirar desde otro punto de vista. Descubrirnos, de repente, en el espejo; entonces sonreir porque vemos que somos lo que un día soñamos. Recuperar los regalos que nos hicieron, los que elejimos, las miradas y sonrisas de complicidad o de temor que nos recuerdan, una vez más, lo parecidas que somos todas las personas en cualquier lugar del mundo. Descubrir que los recuerdos pueden ser cuentos, los cuentos memoria, la memoria un abrazo.

También han surgido proyectos para seguir tejiendo, enredando, contando y creciendo. Pero, sobre todo, me quedo con su tenacidad para intentar ser cada día lo mejor que puedan ser, para hacer de este mundo raro un lugar más habitable, sin perder la ilusión ni la alegría. Escribió Gastón Bachelard:

Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un tiempo en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírica, en que cada manufactura tenga su oficina poética!

Cada una de estas mujeres es una oficina poética. Muchas gracias a todas.


Algunos textos del taller:


Imagen: Sofía Sforza