Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida (escritura autobiográfica), contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, conectar con nuestras fortalezas y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia.

Vivimos en un mundo donde es muy fácil perderse, perder el hilo. Nuestra forma de vida se basa en la desconexión con nuestra verdadera naturaleza, nos convierte en  piezas de un engranaje arrastradas por poderosas inercias que nos mantienen empobrecidos, por no hablar del ruido, las prisas y el trance adictivo de la tecnología y las compras. La práctica de escribir sobre lo que nos ocurre es una manera de parar, de lograr perspectiva y de despertar nuestra capacidad creativa en medio de nuestras circunstancias concretas.

Marisé Barreiro, Escribientes

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A VECES YO TAMBIÉN ESCRIBO COSAS

Por eso tengo un faro en la luna  😉