Escritura cotidiana I: la luz

Escritura cotidiana es un minicurso gratuito que publicaré en el blog en forma de artículo los días 3, 4, 5 y 6 de septiembre. El curso completo consta de 5 propuestas basadas en la escritura personal, a partir de la experiencia y la observación de lo cotidiano. El único requisito es que escribas con total libertad. Después puedes decidir si quieres revisar tus textos antes de compartirlos; también puedes buscar en ellos las semillas de la ficción o de un poema.

Para seguirlo necesitarás:

  • Un soporte en el que escribir. Mejor si lo haces a mano en un cuaderno, pero puedes utilizar el formato que te resulte más cómodo.
  • 10 minutos diarios para plasmar tus impresiones en el papel o en la pantalla.
  • Muchas ganas de escribir y escribirte; de transformar la experiencia en palabras que consigan nombrarla, o que reflejen la imposibilidad de atraparla.
  • Recuperar el asombro; mirar alrededor como si fuera la primera vez, como si acabaras de llegar a tu universo cotidiano. Y, al mismo tiempo, permitir que las sensaciones te conmuevan conectando con tus emociones, anhelos, recuerdos.

Puedes escribir solo para ti, publicar tus textos en redes sociales o enviárselos a quien tú quieras. Si decides utilizar este espacio por favor, sé breve para que podamos disfrutar leyendo todas las aportaciones. Siempre puedes acompañar acompañar la escritura con la búsqueda de una fotografía que refleje lo que sientes y expresas.

Las personas que estén suscritas al boletín de noticias recibirán en los próximos días un correo en el que les ofreceré la posibilidad de compartir sus textos en un grupo privado de facebook. Ya lo hicimos en el reto Escritura o trueno y la experiencia fue muy positiva. Igual que sucede en los cursos y talleres, la escritura de otras personas nos sirve de espejo. Al mismo tiempo, la mirada de quienes también están escribiendo ayuda a atravesar los miedos, acompaña y es aliento.

Propuesta de escritura 1: la luz

Imagen: Matti Johnson

Observa la luz a lo largo del día; cómo interactúa y juega con los diferentes espacios. A través de la ventana o de la persiana, por debajo de una puerta, entre las sombras de los objetos y las personas. También puedes sentirla en forma de calor o de frío; explorar su relación con el alboroto, el silencio, la sombra, lo que muestra y lo que oculta. Las reacciones de tu cuerpo a las diferentes formas en las que va apareciendo. Elige una imagen de todas las que hayas visto o experimentado, y escribe a partir de ella. Puedes empezar describiéndola, narrar tus impresiones, intentar averiguar por qué te ha impactado, seguir los hilos de la memoria y los afectos para ver a qué te recuerda; a qué otras escenas internas o externas se parece. Puedes escribir durante diez minutos seguidos, sin parar, o recoger todo en una sola frase. Disfruta, siéntente libre, deja que llegue lo que tenga que llegar. Y, si te apetece, comparte.

¡Hasta pronto!

Escribir en verano (2019)

Siempre he sentido un amor inmenso por la literatura, y un deseo enorme de escribir. Aquella niña que se perdía en los cuadernos de verano y en los campos de trigo tenía todo el tiempo una o varias historias a la cabeza. Ella no las buscaba; aparecían. Se mezclaban con los poemas y las canciones que aprendía de memoria con facilidad. Pero nunca sintió que aquello fuera importante y valioso. De hecho, aquella niña tenía muy presente la historia de un hidalgo que se volvió loco por leer y soñar demasiado. Nunca pensó que aquello fuera un don; que fuera útil o importante.

Y, aun así, leía sin descanso; sigue leyendo y perdiéndose en esos otros mundos que son, a menudo, más reales que los que habitamos. Es cada personaje y, a la vez, la voz que cuenta la historia. Ama los cuentos, la poesía, el teatro, la palabra escrita y hablada, la fotografía, el cine y todas las formas en las que puede contarse una historia real o inventada, pero cargada de verdad.

Aquella niña que siempre quiso escribir hace solo unos pocos años que se siente capaz de hacerlo con total libertad. Para lograrlo ha necesitado acompañarse a sí misma, enfrentar todos sus monstruos, invitarlos a tomar café. Acallar las voces que hablaban de problemas, vergüenza, fantasmas, heridas. La niña, ahora, escribe. Y por eso yo, que la conozco bien, quiero empezar a contarte cómo lo ha conseguido; para que tú también puedas recorrer ese sendero tantas veces como quieras.

La escritura es un camino largo, que no termina nunca; quizá como la vida. Cada vez que aprendemos algo, nos damos cuenta de cuánto ignoramos; ahora, y en el pasado. Y sin embargo, porque somos criaturas increíblemente resilientes, seguimos adelante.

Si solo pudiera darte un consejo, sería este: si quieres escribir, escribe. No esperes a mañana; empieza hoy, ahora. Coge lo que tengas más a mano: el móvil, tu cuaderno, un ordenador, el ticket de la compra, y escribe. Sin pensar en el resultado, pero sin perder de vista qué es lo que quieres contar; cuál es tu historia. Y si quieres un poco de ayuda, quizá esta sea una buena ocasión para empezar:

Empezar a escribir

Estos días, al compartir la nueva sección de recursos de la web, he leído muchas veces esta pregunta: «Quiero contar mi propia historia, ¿por dónde empiezo?»

Pasé mi infancia entre carretes de hilo y madejas de lana; supongo que, por ese motivo, recurro siempre a imágenes que tienen que ver con la costura para explicar cómo entiendo la escritura. Seguir el hilo hasta encontrar el comienzo de la bovina para que mi abuela pudiera remendarme los agujeros de los pantalones a la altura de las rodillas, después de una caída; acompañar a mi bisabuela a la tienda de lanas (me hipnotizaban los colores) y comprar lana al peso. Al llegar a casa, sostener la madeja entre los brazos para transformarla en un ovillo.

Quiero contar mi propia historia, ¿por dónde empiezo?

Esa pregunta inicial contiene un deseo, que es el motor para escribir. Necesitamos, entonces, seguir el hilo para ver dónde empieza . A veces es muy evidente; otras, nos llevará un poco más de tiempo. No importa porque, en ese camino, también aprenderemos. Se abrirán nuevos senderos. No tengas miedo a comenzar tantas veces como sea necesario; a medida que vayas avanzando, podrás volver atrás y decidir cuáles serán las primeras líneas de tu narración.

Así que, si quieres contar tu propia historia, empieza ahora:

  • Formula tu deseo en un cuaderno, tal como te venga a la cabeza. Escribe, por ejemplo: «quiero contar mi propia historia»; «me gustaría escribir mi historia de vida».
  • Si aparece algún miedo, algún temor, alguna objeción, escríbela a continuación: «me gustaría contar mi propia historia, pero siento que…»
  • Continúa escribiendo sin pensar demasiado. Si aparecen recuerdos, escríbelos. Haz este ejercicio tantas veces como sea necesario, hasta que sientas que has encontrado el comienzo del hilo.
  • Una vez que lo tengas, intenta escribir siempre que tengas ocasión. No es necesario que lo hagas a diario, pero sí que lo tengas presente; lleva siempre contigo el deseo de hacerte palabra, deja que te susurre al oído. Que sea él, y no tú, quien negocie y pacte con el miedo.
  • Lee todo lo que puedas, y más. Vuelve a los libros que fueron alimento en el pasado; llénate de versos. Busca historias que se parezca a la tuya en el fondo o en la forma. Investiga la técnica que hace del relato una obra de ingeniería literaria, donde todo está en el lugar que le corresponde.

Lo más importante de este ejercicio es que no te quedes en la idea; que plasmes tus palabras en un cuaderno. A diferencia del pensamiento, que tiende a dar vueltas sobre sí mismo y volver a los lugares que conoce, la escritura siempre nos descubre nuevos senderos. Pero hay que alimentarla con paciencia, con calma y con mucho mimo.

Empezar a escribir

En la sección de recursos de la web encontrarás la hoja de ruta para empezar a escribir. También puedes buscar otras propuestas de escritura en el blog. Y, si quieres algo más estructurado, echa un vistazo a los cursos y talleres; Palabras a volar es un buen lugar para empezar. Si tienes claro que lo tuyo es la escritura autobiográfica, puedes ir directamente a Contar tu propia historia.

El hábito de la escritura

El objetivo de todos los talleres es iniciar o mantener el hábito de la escritura.

Hay dos motores para poner en marcha cualquier acción: la necesidad, y el deseo. Y al menos dos frenos potentes: sentir que nos faltan recursos -tiempo, dinero, energía, técnica- y el miedo. El que llevamos cosido bajo la piel porque hemos interiorizado durante toda nuestra vida que no valíamos para las tareas artísticas, o que eran una pérdida de tiempo; el miedo a llamar la atención, ponernos en evidencia, exponernos, hacer demasiado ruido, no ser lo suficientemente buenas, no tener algo original que decir, etc.

Cuando decidimos hacer todo lo posible para tener dedicar tiempo y energía a la escritura es porque, de alguna forma, se ha convertido en una necesidad. Podríamos vivir sin ella, pero nuestra vida sería un poco más pobre, menos consciente. Nos faltaría una herramienta que nos ayuda a conocernos y cuidarnos mejor; que nos hace transitar otros mundos, detener el tiempo mientras los creamos, disfrutar compartiendo con otras personas o con nosotras mismas lo que sentimos, percibimos, soñamos, tememos.

En ese momento, el deseo es una semilla que alimentar; y eso es lo que intento hacer en los cursos y talleres. También porque creo que el deseo, en general, es lo que nos mantiene con vida y con unos niveles aceptables de cordura/locura -elige la palabra que mejor te represente- para vivir en una sociedad cada vez más desconectada de lo humano, de lo lúdico y de la naturaleza.

El ejercicio que suelo proponer para conectar con el deseo es por qué escribo. A continuación, además de los ejercicios de las unidades didácticas, recomiendo empezar el cuaderno de todo. Y, un poco más adelante, hacemos una pequeña excursión para conocer a nuestros miedos y tomar un café con ellos; pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

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Así que, si tienes ganas de escribir pero no sabes por dónde empezar, éstas son mis recomendaciones:
    • Desarrolla la propuesta por qué escribo y, cuando hayas terminado, manten el resultado a la vista, en un lugar donde puedas verlo cuando sientas el deseo de escribir pero no sepas por dónde empezar. Aquí tienes dos ejemplos, por si te inspiran:
Y, si crees que podría venirte bien un poco de ayuda, esto es lo que puedo ofrecerte en estos momentos:
Que escribas mucho, tanto como desees.
¡Hasta pronto!

Imágenes: Marisa Franco, Simon Matzinger

La escritura y el silencio

Cuuando alguien me pregunta qué hago, y continúa mirándome a los ojos después de contar Narrativas y otras lunas, me atrevo a decirlo en voz alta: «a veces, yo también escribo». Tengo en la pared un diploma de Solidaridad Obrera que lo acredita: «XV Certamen de Relato Breve Raimundo Alonso. Primer finalista: Salida de emergencia

Le doy valor a la escritura; lo siento un don que me acompaña, me nutre y me consuela. Pero escribo como leo, por pura necesidad; quizá por eso no le atribuyo mucho mérito. Cuando intento hacerlo de otra forma —voy a terminar aquella novela, este poemario— se me van desvaneciendo las ideas, hasta desaparecer en el limbo de las historias que nunca se contaron.

Escribo, sobre todo, para hablar conmigo misma; con todas las partes de mí que me conforman. Para no escatimarme la verdad, ni atormentarme con mentiras cargadas de culpa. Para atrapar los momentos en los que la vida parece tener un orden; también para conjurar el caos de aquellos que me aturden.

Escribo porque me bailan los recuerdos en la piel, en la cabeza, mientras lo hacen los dedos en las teclas o el papel. Van llenándose de luz, sonidos, tacto y olores. Durante unos instantes, soy capaz de detener y atravesar el tiempo. Me convierto en memoria pura, en mis voces más antiguas; en aquellas, propias y ajenas, que me acompañaron en los inmensos campos de la infancia.

Escribo porque me fascina el vuelo de los pájaros, libélulas, polillas, mariposas; porque podría vivir a la orilla del mar, con los pies en el agua, y no me cansaría. Porque aún puedo descubrir nuevos territorios, dentro y fuera de mi cuerpo; para recorrer, con hormigas de palabras, el cuerpo que deseo.

Escribo porque solo al terminar sé del silencio, puedo habitarlo.

Tengo una amiga que quiere escribir

Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017

11 propuestas para escribir en verano

Verano es agosto con grillos, ventanas rebosando luz y mar mientras despiertas. Amanecer subiendo una montaña. Reir en el jardín. Que nada importe. Dormir sobre la vía láctea, buscar pueblos perdidos en el mapa, desayunar sin ropa y sin relojes. Pisar la arena, el mar, la luna, la prisa y la rutina. Una poza en un río helado. El roce de… Un pueblo de Castilla con soportales de piedra y trigo en los caminos. Bicicletas, verbenas, caminos, besos nuevos.

Hoy te propongo que a lo largo del verano dediques un rato cada día a leer, escribir, contar y escuchar historias. Aquí tienes mis sugerencias para empezar:

  1. Responde a la pregunta ¿Qué es, para mí, el verano?
  2. Escribe una lista con los mejores veranos de tu vida. Puedes seguir un orden cronológico o anotar las ideas a medida que surjan.
  3. Intenta recordar un momento significativo de cada uno de los veranos de tu vida.
  4. Si tuvieras que contar todos tus veranos con una lista de 12 canciones, ¿cuáles elegirías? Primero elabora la lista. Después, si es posible, escucha cada una de las canciones y escribe a partir de las imágenes y emociones que te evoca.
  5. Imagina un verano en un lugar en el que nunca hayas estado.
  6.  Escribe a partir de los siguientes disparaderos, pero teniendo en cuenta sólo el verano: besos, despedidas, trenes, playas, amistades, hospitales, carreteras, hogueras, deseos, bailes.
  7. Intenta recordar un cuento que alguien te contara en verano, el momento y las sensaciones. Por cierto, ¿sabes que hay un montón de gente contando cuentos por ahí? Si tienes ocasión, ve a escucharlos. Ellas y ellos, mientras cuentan, también estarán escuchándote a ti.
  8. Busca un cuento  te gustaría contar en verano de viva voz, e imagina el lugar. Haz todo lo posible por contarlo.
  9. Elige una persona a la que te gustaría escribir una carta como las de antes, con sello y postal. Empieza contando desde dónde escribes, cómo es ese lugar, con qué personas te encuentras… Como si fuera una crónica. Puedes escribir una sola carta o una cada día. Escribe con total libertad, después decide si las enviarás o no.
  10. Piensa, literalmente, en un verano de película. Imagina que eres el o la protagonista  y reescribe tu escena favorita.

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11. Lee mucho. Lee libros que te inspiren a imaginar finales, a volar libre, a robar una alfombra mágica que te lleve a lugares perdidos o imposibles, a correr en busca de alguien para decirle aquello que te muerdes debajo de la lengua. Mi libro favorito para el verano es Memorias de África, ¿cuál es el tuyo?

Por úlitmo, te propongo tres condiciones para escribir. Úsalas sólo como una ayuda, nunca como un estorbo para la creatividad:

a) En un primer momento escribe todo lo que se te ocurra, sin pensar demasiado y sin censura.

b) Después revisa el texto intentando que, si otra persona lo lee, pueda llegar a sentir lo que estás contando. Para lograrlo rescata emociones, escenas que sean significativas para ti. A continuación intenta capturar los aspectos sensoriales imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olores y transmitir, con ellos, esas emociones.

c) Escribe siempre desde la honestidad, expresando lo que de verdad sientes. Esto no implica que escribas todo lo que piensas, ni que tengas que contarlo todo; ni siquiera que no puedas inventar historias. Significa que no mientes ni ocultas nada. La principal condición para escribir no es la veracidad, sino la verosimilitud: que lo cuentas sea creíble. La verosimilitud no aparece si tú no estás convencida o convencido de lo que escribes, si no lo defenderías incluso ante la amenaza de arder en una pira. Ray Bradbury, Natalie Goldberg y Anne Lammot saben mucho de esto.

Estaré por aquí si quieres contarme algo…

¡Feliz verano!

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Narrativas de autocuidado en cooperación: taller online

Acabo de terminar uno de los talleres que más he disfrutado: la primera edición online de Narrativas de cuidado y autocuidado en cooperación. A dos de las personas que estaban al otro lado las conocía de un curso anterior; a las otras dos, porque hemos compartido espacios de trabajo o voluntariado. Me he emocionado leyendo sus textos, y como todas querían escribir y lo hacen muy bien nos hemos centrado en la escritura, teniendo en cuenta lo que dijo una alumna en el taller presencial: «me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa». Conocernos, ordenar lo que nos ha sucedido,  volver a algunos instantes y mirar desde otro punto de vista. Descubrirnos, de repente, en el espejo; entonces sonreir porque vemos que somos lo que un día soñamos. Recuperar los regalos que nos hicieron, los que elejimos, las miradas y sonrisas de complicidad o de temor que nos recuerdan, una vez más, lo parecidas que somos todas las personas en cualquier lugar del mundo. Descubrir que los recuerdos pueden ser cuentos, los cuentos memoria, la memoria un abrazo.

También han surgido proyectos para seguir tejiendo, enredando, contando y creciendo. Pero, sobre todo, me quedo con su tenacidad para intentar ser cada día lo mejor que puedan ser, para hacer de este mundo raro un lugar más habitable, sin perder la ilusión ni la alegría. Escribió Gastón Bachelard:

Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un tiempo en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírica, en que cada manufactura tenga su oficina poética!

Cada una de estas mujeres es una oficina poética. Muchas gracias a todas.


Algunos textos del taller:


Imagen: Sofía Sforza

Escritura autobiográfica

https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ANoel_Olivier%3B_Maitland_Radford%3B_Virginia_Woolf_(n%C3%A9e_Stephen)%3B_Rupert_Brooke_from_NPG.jpg

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Virginia Woolf, Noel Olivier, Maitland Radford, Rupert Brooke

Sólo la autobiografía es literatura, las novelas son su cáscara y, al final, se llega al meollo: o tú o yo

Virginia Woolf

ENCONTRARÁS UNA REVISIÓN ACTUALIZADA SOBRE LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA AQUÍ: ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA: VIVIR PARA CONTARNOS

Este artículo es la continuación de ¿Es terapéutica la escritura? Lo he terminado gracias a un amigo que tiene una chistera mágica: cada vez que susurra tu nombre cerca de ella aparece dentro un papel doblado en cuatro y cuando lo abres lees en él justo lo que necesitas, incluso cuando no sabías que lo estabas buscando. Lo que yo necesitaba para completar estas líneas era el libro Poseo mi alma, al que llegué gracias a que la chistera me regaló este texto de Maite Larrauri: Virginia Woolf no era una persona.

Poseo mi alma es un recorrido por la vida de Virginia a través de sus escritos —»cuadernos, diarios, novelas, cartas, artículos» estructurado a partir de su biografía y de sus obras. Refleja la lucha de Virgnia por continuar escribiendo y creyendo en sus libros a partir de los acontecimientos y vivencias de cada etapa. Durante los últimos meses de su vida se suman a las consecuencias de dos años de guerra otros acontecimientos, «hasta llegar al punto en el que Virginia deja de escribir porque ya no sabe lo que tiene que escribir».

La escritura no hace que desaparezcan los delirios ni la depresión pero es uno de los motores que mantiene con vida a Virginia; que le da un sentido, una razón, una alternativa a la realidad cuando ésta es demasiado áspera. Al escribir novelas o relatos Virginia puede utilizar sus recuerdos para recrear a las personas queridas que han muerto, así como trasladar a los personajes sus heridas y preguntas. No para que desaparezcan, sino para poder leerlas ella también, saber que existen, que tienen una razón de ser.

Lo mismo les sucede a Unica Zürn, Helène Cixous, Marguerite Duras… Autoras con las que he podido conversar gracias a las recomendaciones de Apiario. Su vulnerabilidad y su honestidad nos ayudan a conectar con nuestras emociones. El mayor sufrimiento lo provoca negar, no saber, tal como defiendo en este artículo sobre la tristeza.  Saber sigue siendo doloroso pero trae serenidad; escribir a partir de lo que nos ha sucedido no cura pero calma, ordena, permite entender.

Recursos para practicar la escritura autobiográfica

[ACTUALIZACIÓN SEPTIEMBRE 2019]

(Algunas) lecturas

  • Visión desde el fondo del mar, Rafael Argullol
  • Bélgica, Chantal Maillard
  • Primavera sombría, Unica Zürn
  • La llegada a la escritura, Hélène Cixous
  • El amante, Marguerite Duras
  • La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

(Algunas) películas

  • Stories we tell
  • Mapa, de León Siminiani: documental que tiene como valor su vocación autobiográfica
  • The eternal sunshine of the spotless mind

Textos prácticos

  • El gozo de escribir, Natalie Goldberg
  • Pájaro a pájaro, Anne Lamot
  • La escritura autobiográfica, Silvia Adela Kohan

¿Utilizas otras referencias para la escritura autobiográfica? ¿Te animas a compartirlas en los comentarios? Me encantaría conocerlas.

Para terminar: si quieres escribir, escribe.

Los que esperan ayuda para escribir: una casa, tranquilidad, tener tiempo… Es mentira. Son excusas.

Marguerite Duras

Marguerite Duras
Marguerite Duras au bord de la Seine au Poudreux, Honfleur. 1990 (c) Hélène Bamberger

NOTA: Esta fotografía es de Hélène Bamberger y esta es la fuente: http://www.loeildelaphotographie.com/2014/03/21/article/24461/helene-bamberger-25-years-with-marguerite-duras/.  Soy muy cuidadosa con las imágenes, respeto siempre los derechos de autor y no las reproduzco si no son de acceso libre. Hago una excepción con esta imagen de Marguerite Duras porque es bellísima y porque está llena de luz.

Mirar fuera, ver dentro

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Vivian Mayer, self-portrait, 1954 © 2014 Maloof Collection

Vivian Maier nació en New York en 1926, trabajó toda su vida como niñera y cuidadora y nunca publicó sus fotografías. En 2007 John Maloof descubrió su trabajo en una subasta, pero cuando consiguió localizar a la autora ella acaba de morir. Puedes encontrar la historia completa de este autorretrato en el blog de Rubixephoto.

Durante unos meses, justo antes de empezar con este proyecto, fui incapaz de escribir una sola línea, de encontrar la primera palabra para ordenar lo que sentía. La cámara de fotos me permitió mirar fuera de tal forma que, al hacerlo, podía ver dentro de mi. Así, poco a poco, fui juntando todas las piezas que hacen falta para recomponer una narrativa: lo que había sido, lo que era, lo que me gustaría ser.

Si no puedes escribir, coge una cámara de fotos y sal a la calle, o persigue tu propia imagen en todos los espejos hasta que seas capaz de mirarte a los ojos. Si no tienes una cámara de fotos, consigue unos lápices de colores y empieza a llenar lo que tengas más a mano, incluso los márgenes de los periódicos. Un día te sorprenderán unas nubes o un par de trazos azules que hablan de ti, y podrás usarlos para empezar a ordenar tu propia historia…. Y después contarla. Cuando vuelvas a escribir recuerda que lo que te ha llevado hasta allí es la emoción, la vivencia de un momento único en el que todo cambió, la posibilidad de expresar cómo te sientes ahora. Algo que se parece mucho a la verdad, aunque sea una verdad que cambia y no puede atraparse.