La escritura y el silencio

Cuuando alguien me pregunta qué hago, y continúa mirándome a los ojos después de contar Narrativas y otras lunas, me atrevo a decirlo en voz alta: “a veces, yo también escribo”. Tengo en la pared un diploma de Solidaridad Obrera que lo acredita: “XV Certamen de Relato Breve Raimundo Alonso. Primer finalista: Salida de emergencia.”

Le doy valor a la escritura; lo siento un don que me acompaña, me nutre y me consuela. Pero escribo como leo, por pura necesidad; quizá por eso no le atribuyo mucho mérito. Cuando intento hacerlo de otra forma —voy a terminar aquella novela, este poemario— se me van desvaneciendo las ideas, hasta desaparecer en el limbo de las historias que nunca se contaron.

Escribo, sobre todo, para hablar conmigo misma; con todas las partes de mí que me conforman. Para no escatimarme la verdad, ni atormentarme con mentiras cargadas de culpa. Para atrapar los momentos en los que la vida parece tener un orden; también para conjurar el caos de aquellos que me aturden.

Escribo porque me bailan los recuerdos en la piel, en la cabeza, mientras lo hacen los dedos en las teclas o el papel. Van llenándose de luz, sonidos, tacto y olores. Durante unos instantes, soy capaz de detener y atravesar el tiempo. Me convierto en memoria pura, en mis voces más antiguas; en aquellas, propias y ajenas, que me acompañaron en los inmensos campos de la infancia.

Escribo porque me fascina el vuelo de los pájaros, libélulas, polillas, mariposas; porque podría vivir a la orilla del mar, con los pies en el agua, y no me cansaría. Porque aún puedo descubrir nuevos territorios, dentro y fuera de mi cuerpo; para recorrer, con hormigas de palabras, el cuerpo que deseo.

Escribo porque solo al terminar sé del silencio, puedo habitarlo.

Tengo una amiga que quiere escribir

Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017

11 propuestas para escribir en verano

Verano es agosto con grillos, ventanas rebosando luz y mar mientras despiertas. Amanecer subiendo una montaña. Reir en el jardín. Que nada importe. Dormir sobre la vía láctea, buscar pueblos perdidos en el mapa, desayunar sin ropa y sin relojes. Pisar la arena, el mar, la luna, la prisa y la rutina. Una poza en un río helado. El roce de… Un pueblo de Castilla con soportales de piedra y trigo en los caminos. Bicicletas, verbenas, caminos, besos nuevos.

Hoy te propongo que a lo largo del verano dediques un rato cada día a leer, escribir, contar y escuchar historias. Aquí tienes mis sugerencias para empezar:

  1. Responde a la pregunta ¿Qué es, para mí, el verano?
  2. Escribe una lista con los mejores veranos de tu vida. Puedes seguir un orden cronológico o anotar las ideas a medida que surjan.
  3. Intenta recordar un momento significativo de cada uno de los veranos de tu vida.
  4. Si tuvieras que contar todos tus veranos con una lista de 12 canciones, ¿cuáles elegirías? Primero elabora la lista. Después, si es posible, escucha cada una de las canciones y escribe a partir de las imágenes y emociones que te evoca.
  5. Imagina un verano en un lugar en el que nunca hayas estado.
  6.  Escribe a partir de los siguientes disparaderos, pero teniendo en cuenta sólo el verano: besos, despedidas, trenes, playas, amistades, hospitales, carreteras, hogueras, deseos, bailes.
  7. Intenta recordar un cuento que alguien te contara en verano, el momento y las sensaciones. Por cierto, ¿sabes que hay un montón de gente contando cuentos por ahí? Si tienes ocasión, ve a escucharlos. Ellas y ellos, mientras cuentan, también estarán escuchándote a ti.
  8. Busca un cuento  te gustaría contar en verano de viva voz, e imagina el lugar. Haz todo lo posible por contarlo.
  9. Elige una persona a la que te gustaría escribir una carta como las de antes, con sello y postal. Empieza contando desde dónde escribes, cómo es ese lugar, con qué personas te encuentras… Como si fuera una crónica. Puedes escribir una sola carta o una cada día. Escribe con total libertad, después decide si las enviarás o no.
  10. Piensa, literalmente, en un verano de película. Imagina que eres el o la protagonista  y reescribe tu escena favorita.

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11. Lee mucho. Lee libros que te inspiren a imaginar finales, a volar libre, a robar una alfombra mágica que te lleve a lugares perdidos o imposibles, a correr en busca de alguien para decirle aquello que te muerdes debajo de la lengua. Mi libro favorito para el verano es Memorias de África, ¿cuál es el tuyo?

Por úlitmo, te propongo tres condiciones para escribir. Úsalas sólo como una ayuda, nunca como un estorbo para la creatividad:

a) En un primer momento escribe todo lo que se te ocurra, sin pensar demasiado y sin censura.

b) Después revisa el texto intentando que, si otra persona lo lee, pueda llegar a sentir lo que estás contando. Para lograrlo rescata emociones, escenas que sean significativas para ti. A continuación intenta capturar los aspectos sensoriales imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olores y transmitir, con ellos, esas emociones.

c) Escribe siempre desde la honestidad, expresando lo que de verdad sientes. Esto no implica que escribas todo lo que piensas, ni que tengas que contarlo todo; ni siquiera que no puedas inventar historias. Significa que no mientes ni ocultas nada. La principal condición para escribir no es la veracidad, sino la verosimilitud: que lo cuentas sea creíble. La verosimilitud no aparece si tú no estás convencida o convencido de lo que escribes, si no lo defenderías incluso ante la amenaza de arder en una pira. Ray Bradbury, Natalie Goldberg y Anne Lammot saben mucho de esto.

Estaré por aquí si quieres contarme algo…

¡Feliz verano!

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Narrativas de autocuidado en cooperación: taller online

Acabo de terminar uno de los talleres que más he disfrutado: la primera edición online de Narrativas de cuidado y autocuidado en cooperación. A dos de las personas que estaban al otro lado las conocía de un curso anterior; a las otras dos, porque hemos compartido espacios de trabajo o voluntariado. Me he emocionado leyendo sus textos, y como todas querían escribir y lo hacen muy bien nos hemos centrado en la escritura, teniendo en cuenta lo que dijo una alumna en el taller presencial: “me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”. Conocernos, ordenar lo que nos ha sucedido,  volver a algunos instantes y mirar desde otro punto de vista. Descubrirnos, de repente, en el espejo; entonces sonreir porque vemos que somos lo que un día soñamos. Recuperar los regalos que nos hicieron, los que elejimos, las miradas y sonrisas de complicidad o de temor que nos recuerdan, una vez más, lo parecidas que somos todas las personas en cualquier lugar del mundo. Descubrir que los recuerdos pueden ser cuentos, los cuentos memoria, la memoria un abrazo.

También han surgido proyectos para seguir tejiendo, enredando, contando y creciendo. Pero, sobre todo, me quedo con su tenacidad para intentar ser cada día lo mejor que puedan ser, para hacer de este mundo raro un lugar más habitable, sin perder la ilusión ni la alegría. Escribió Gastón Bachelard:

Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un tiempo en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírica, en que cada manufactura tenga su oficina poética!

Cada una de estas mujeres es una oficina poética. Muchas gracias a todas.


Algunos textos del taller:


Imagen: Sofía Sforza

Escritura autobiográfica

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https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ANoel_Olivier%3B_Maitland_Radford%3B_Virginia_Woolf_(n%C3%A9e_Stephen)%3B_Rupert_Brooke_from_NPG.jpg
Virginia Woolf, Noel Olivier, Maitland Radford, Rupert Brooke

Sólo la autobiografía es literatura, las novelas son su cáscara y, al final, se llega al meollo: o tú o yo

Virginia Woolf

Este artículo es la continuación de ¿Es terapéutica la escritura? Lo he terminado gracias a un amigo que tiene una chistera mágica: cada vez que susurra tu nombre cerca de ella aparece dentro un papel doblado en cuatro y cuando lo abres lees en él justo lo que necesitas, incluso cuando no sabías que lo estabas buscando. Lo que yo necesitaba para completar estas líneas era el libro Poseo mi alma, al que llegué gracias a que la chistera me regaló este texto de Maite Larrauri: Virginia Woolf no era una personaPoseo mi alma es un recorrido por la vida de Virginia a través de sus escritos —”cuadernos, diarios, novelas, cartas, artículos” estructurado a partir de su biografía y de sus obras. Refleja la lucha de Virgnia por continuar escribiendo y creyendo en sus libros a partir de los acontecimientos y vivencias de cada etapa. Durante los últimos meses de su vida se suman a las consecuencias de dos años de guerra otros acontecimientos, “hasta llegar al punto en el que Virginia deja de escribir porque ya no sabe lo que tiene que escribir”.

La escritura no hace que desaparezcan los delirios ni la depresión pero es uno de los motores que mantiene con vida a Virginia; que le da un sentido, una razón, una alternativa a la realidad cuando ésta es demasiado áspera. Al escribir novelas o relatos Virginia puede utilizar sus recuerdos para recrear a las personas queridas que han muerto, así como trasladar a los personajes sus heridas y preguntas. No para que desaparezcan, sino para poder leerlas ella también, saber que existen, que tienen una razón de ser. Lo mismo les sucede a Unica Zürn, Helène Cixous, Marguerite Duras… Autoras con las que he podido conversar gracias a las recomendaciones de Apiario. Su vulnerabilidad y su honestidad nos ayudan a conectar con nuestras emociones. El mayor sufrimiento lo provoca negar, no saber, tal como defiendo en este artículo sobre la tristeza.  Saber sigue siendo doloroso pero trae serenidad; escribir a partir de lo que nos ha sucedido no cura pero calma, ordena, permite entender.

Recursos para practicar la escritura autobiográfica

(Algunas) lecturas

  • Visión desde el fondo del mar, Rafael Argullol
  • Bélgica, Chantal Maillard
  • Primavera sombría, Unica Zürn
  • La llegada a la escritura, Hélène Cixous
  • El amante, Marguerite Duras
  • La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

(Algunas) películas

  • Stories we tell
  • Mapa, de León Siminiani: documental que tiene como valor su vocación autobiográfica
  • The eternal sunshine of the spotless mind

Textos prácticos

  • El gozo de escribir, Natalie Goldberg
  • Pájaro a pájaro, Anne Lamot
  • La escritura autobiográfica, Silvia Adela Kohan

¿Utilizas otras referencias para la escritura autobiográfica? ¿Te animas a compartirlas en los comentarios? Me encantaría conocerlas.

Propuestas para empezar a organizar el material autobiográfico

Lasa encontrarás en este archivo: Escritura autobiográfica. Para terminar: si quieres escribir, escribe.

Los que esperan ayuda para escribir: una casa, tranquilidad, tener tiempo… Es mentira. Son excusas.

Marguerite Duras

Marguerite Duras
Marguerite Duras au bord de la Seine au Poudreux, Honfleur. 1990 (c) Hélène Bamberger

NOTA: Esta fotografía es de Hélène Bamberger y esta es la fuente: http://www.loeildelaphotographie.com/2014/03/21/article/24461/helene-bamberger-25-years-with-marguerite-duras/.  Soy muy cuidadosa con las imágenes, respeto siempre los derechos de autor y no las reproduzco si no son de acceso libre. Hago una excepción con esta imagen de Marguerite Duras porque es bellísima y porque está llena de luz.

Mirar fuera, ver dentro

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Vivian Mayer, self-portrait, 1954 © 2014 Maloof Collection

Vivian Maier nació en New York en 1926, trabajó toda su vida como niñera y cuidadora y nunca publicó sus fotografías. En 2007 John Maloof descubrió su trabajo en una subasta, pero cuando consiguió localizar a la autora ella acaba de morir. Puedes encontrar la historia completa de este autorretrato en el blog de Rubixephoto.

Durante unos meses, justo antes de empezar con este proyecto, fui incapaz de escribir una sola línea, de encontrar la primera palabra para ordenar lo que sentía. La cámara de fotos me permitió mirar fuera de tal forma que, al hacerlo, podía ver dentro de mi. Así, poco a poco, fui juntando todas las piezas que hacen falta para recomponer una narrativa: lo que había sido, lo que era, lo que me gustaría ser.

Si no puedes escribir, coge una cámara de fotos y sal a la calle, o persigue tu propia imagen en todos los espejos hasta que seas capaz de mirarte a los ojos. Si no tienes una cámara de fotos, consigue unos lápices de colores y empieza a llenar lo que tengas más a mano, incluso los márgenes de los periódicos. Un día te sorprenderán unas nubes o un par de trazos azules que hablan de ti, y podrás usarlos para empezar a ordenar tu propia historia…. Y después contarla. Cuando vuelvas a escribir recuerda que lo que te ha llevado hasta allí es la emoción, la vivencia de un momento único en el que todo cambió, la posibilidad de expresar cómo te sientes ahora. Algo que se parece mucho a la verdad, aunque sea una verdad que cambia y no puede atraparse.

 

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
© 2015 The M.C. Escher Company – Baarn, The Netherlands. All rights reserved

Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.

 


Escribir desde terreno: experiencias en cooperación y acción humanitaria

FranjaGaza_Escribirdesdeterreno
Gaza, 2010

Quienes tenemos la manía y la necesidad de escribir custodiamos siempre una historia que no sabemos contar. Quizá porque no encontramos las palabras para atrapar todo lo que sentimos en un instante; quizá porque forma parte de la magia o del impulso para seguir escribiendo, aprendiendo, haciéndonos preguntas.

Nuestro imaginario lo forman las historias que escuchamos y leimos durante nuestra infancia, aquellas con las que nos identificamos, las que nos hicieron pasar miedo y las que nos ofrecieron consuelo. Los lugares que visitaban las personas a las que admirábamos, a las que queríamos parecernos; los olores y sabores que nos atrapaban sin haberlos sentido nunca. Intuyo que esa historia no contada está enraizada en el fondo de nuestro imaginario; por eso cada vez que intentamos invocar una sola palabra para comenzar aparece un batallón de imágenes. Y tendríamos que escribir, al menos, durante mil y una noches.

Mi historia se quedó en Jericho y en Acre. Me espera a las puertas de Damasco. Está escrita en los ojos inmensamente azules del hombre que se ofreció a llevar mi equipaje cuando crucé por primera vez el paso de Erez y vi Gaza frente a mí, la ciudad que soñé tantas veces. Duerme en la playa de la foto, frente a un hotel que destruyeron las bombas.

Mi historia es, también, la historia de todas las personas que pisaron antes la tierra en que nací; una tierra que, aunque algunos llamen patria, no es mía, ni es nuestra, ni es de nadie. Es sólo tierra: tierra que pisamos y habitamos y a la que mañana volveremos, de un modo u otro.

Cada una de esas historias pequeñas, no contadas, forma una historia más grande: la de aquellas personas que tampoco dicen patria porque habitan el mundo buscando lo que nos hace iguales unas a otras, y no lo que nos separa: sonrisas, miradas, manos. Manos pintadas en una puerta. Batallas pequeñas ganadas cada día a la indiferencia.

En el blog escribirdesdeterreno.wordpress.com irán publicando sus experiencias en cooperación y acción humanitaria, o la extrañeza de volver a casa cuando terminan, las personas que participan en el taller Escribir desde terreno. Espero que los disfrutéis y aprendáis con ellos tanto como yo. También podéis escucharnos en el programa 5 minutos para la Cooperación, de Radio 5.

Sacudir el polvo de mis alas

LidiaLuna_Pirineo2015

Cuando empecé a pensar en este proyecto surgió una idea que he repetido muchas veces: de los diferentes ámbitos en los que he trabajado lo que más me gusta es contar y ayudar a otras personas a contar. En mi cabeza, a esta frase siempre le sigue otra: soñar… y ayudar a otras personas a soñar. Hasta ahora no había llegado a escribirla porque me resulta pretenciosa. Porque vuelve acompañada de una pregunta antigua: ¿Soñar? ¿Te parece justo pedirle a la gente que sueñe? Antes de hacerlo hay que tener cubiertas las necesidades básicas. Así que, cuando hay tanta gente que no las tiene, ¿para qué sirve todo esto? ¿Para qué crear?

Sé la respuesta. Sé que el mundo necesita el arte, las ilusiones y los sueños siempre que no sean ajenos, estandarizados, productos de consumo. Necesitamos las centellas de Batania, la música de las orquestas, la sangre con tierra de Ana Mendieta. Los alalás y las Begonhas. Las fotografías, la improvisación y los cuentos de hadas. Los carteles de colores que nos devolvieron, el 15 de mayo de 2011, la voluntad y la posibilidad de transformar el mundo.

LidiaLuna_15M_2015
Madrid, Puerta del Sol, #15M 2015

Sé, por experiencia propia, que seremos personas más felices y ligeras cuando consigamos contarnos nuestra propia historia a nosotras mismas, sin miedos ni defensas. Sé que todos los mensajes que nos paralizan vienen de un sistema articulado en torno a lo productivo y la insatisfacción permanente; un sistema que nos quiere alejadas y alejados de nuestro núcleo, de las cosas que de verdad nos importan. No hay que negar estos mensajes, porque siempre aparecen, sino neutralizarlos. Revinidicar la vida, hoy. Aun cuando duela. Porque es lo único que tenemos, lo mejor que tenemos, y no es poco. Como dice Irving Yalom (gracias, compañero, por la cita):

Somos criaturas de un día, tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero, tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado.

Empecé este proyecto con la voluntad de desarrollar un trabajo del corazón; convencida de que crear, soñar, imaginar (cuando podamos) nos ayuda a transformar la realidad, a ser mejores personas, a cuidar(nos) más y mejor.

Han pasado ya siete meses y, lo que más agradezco, lo que más me ha soprendido, es la posibilidad de tejer cada día nuevas redes y complicidades. Porque arriesgué, y fui capaz de mostrarme, mi mundo es cada vez más grande, lleno de personas que también se comparten aunque dé, a veces, tanto susto. Formo parte de una  colmena de laboriosas abejas, vivo en una casa habitada por incansables y hermosas arañas (ellas saben).

Y aun así, tan cuidada, tan cuidando, a veces tengo miedo. A veces, aún, me paralizo buscando el difícil equilibrio entre la sensatez y la necesidad de perder un poco el norte para llegar a nuevos territorios fuera de la ruta.  Cuando esto sucede me paro un instante, abro los ojos, miro alrededor. Vuelvo a cerrarlos. Dejo que entren el aire y las punzadas de incertidumbre; que vuelvan las preguntas, los nudos de la culpa en el centro del estómago. Vuelvo a leer esta frase de Rosa Montero (La ridícula idea de no volver a verte):

Cuando era más joven, de hecho hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza; a elevarme como un águila y escribir el gran libro sobre la condición humana. Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad; si consiguiera ser verdaderamente libre escribiendo, libre del yo consciente, de los mandatos heredados, de la supeditación a la mirada de los otros, de la propia ambición, del deseo de elevarme como un águila, de mis miedos y mis dudas y mis deudas y mis mezquindades, entonces quizá lograría descender hasta el fondo de mi inconsciente y quizá pudiera escuchar por un instante la canción colectiva. Porque muy dentro de mí estamos todos. Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien. Actividades todas ellas importantísimas.

Después sacudo el polvo de mis alas y vuelvo a reir o llorar, escribir, bailar, luchar… como la criatura efímera y afortunada que soy.

¿Cuánto hace que no escribes una carta?

LidiaLunaLisboa2013
Lisboa, 2013

Uno de los manuales que utilizo en los talleres y en la vida es el libro de Gabriel Roth Mapas para el éxtasis. He seleccionado este fragmento que habla de la importancia de escribir nuestra historia y de algunas herramientas para hacerlo:

Es bueno y agradable llevar un diario y llenarlo con tus cosas, con tu ser: poemas, sueños, diálogos, retratos, cartas, recuerdos, observaciones, reflexiones, percepciones, intuiciones, confesiones, dibujos, citas. Significa que te tomas en serio tu vida y te importa lo bastante para verla sinceramente, verla y decir la verdad.

Debería ser un ejercicio esencia y continuado de autodescubrimiento: encontrar gradualmente tu voz, tus verdades, tu historia. Un par de maneras fáciles de comenzar es con cartas y recuerdos. La escritura epistolar es un arte que se está perdiendo en esta era de teléfonos y aviones, así que las cartas son cada vez más apreciadas y constituyen formas potentes de comunicarse. Y en un tiempo en que la verdadera intimidad es cada vez más difícil, las cartas nos ofrecen una manera fácil de superar el miedo a expresar nuestros sentimientos y la verdad de nuestra vida, y por lo tanto son una ruta hacia comunicaciones verdaderamente íntimas. Así pues escribe cartas, no sólo a las personas que están lejos sino a aquellas que viven contigo, hablándoles de tus sentimientos, experiencias, recuerdos e ideas.

Leyendo este fragmento me he acordado de aquellos intercambios epistolares que promovían en el colegio con personas de otros países a las que no conociamos. Escribíamos hablando de nuestras costumbres, familias, aficciones… Y esperábamos, durante días, a que llegaran las respuestas; sobre todo si traían la promesa de una fotografía.

He recordado también este libro bellísimo de Begonha Caamanho, Circe ou o prazer do azul, que teje la amistad de Penélope y Circe a través de su correspondencia.

Y, por último, he anotado que tengo una carta pendiente de enviar.  Por suerte todavía quedan personas en este mundo en el que predomina lo virtual dispuestas a intercambiar correspondencia escrita. Las cartas enviadas son hojas de nuestro diario que echamos a volar con la esperanza de que alguien recibirá nuestros sueños, dudas, temores o ilusiones y se tomará el tiempo para alimentarlos o consolarlos, según el caso, escribiéndonos de nuevo.

No todas las cartas que escribimos acaban en el buzón; podemos elegir como interlocutoras a personas con las que, por cualquier motivo, no podemos comunicarnos de una forma tan íntima. Porque se fueron para siempre, porque no sabemos dónde encontrarlas o, simplemente, porque no nos parece oportuno. En cualquiera de estos casos puede ser beneficioso y clarificador ordenar y expresar nuestros sentimientos como si nos dirigiéramos a ellas. Michael Mahoney propone este ejercicio en tres pasos:

  • Fase 1: escribe a mano una carta para esa persona, expresando tus sentimientos en torno a ella, a la relación y a los episodios importantes para ti, de una forma auténtica y sin censuras. Recuerda que nunca enviarás la carta, por lo que no dudes en ser tan sincero como puedas.
  •  Fase 2: cambia ahora de perspectiva e imagina que eres, por un momento, la persona a la que has escrito la carta no enviada. Escribe la carta que esa persona te escribiría a ti; deja fluir la carta como si realmente la estuviera escribiendo esa persona.
  •  Fase 3: Escribe una carta dirigida a ti por esa persona, pero teniendo en cuenta cualidades más humanas de esta persona. Es la carta que tú desearías recibir.

¿Cuánto hace que no escribís una carta? ¿Os animáis a probar de nuevo?