Escritura cotidiana V: las semillas de la escritura

PROPUESTA DE ESCRITURA V

Piensa en el último regalo que has recibido de otra persona. Para hacer este ejercicio es mejor que elijas un objeto o una prenda, algo que sea tangible; pero si no aparece nada puedes elegir un regalo emocional, simbólico. En el primer paso, obsérvalo e intenta describirlo con todo detalle y con todos los sentidos. En la medida de lo posible, utiliza la comparación con otro objeto o sensación: «su tacto es como…» «se parece a…»

En el segundo, intenta aplicar las mismas pautas a las sensaciones que has tenido al recibirlo: «con este regalo, me siento como si… o «me siento como cuando….» También puedes imaginar cómo sería ese regalo que has recibido si se materializara en algo físico.

En los ejercicios anteriores la pauta era escribir con total libertad, sin pensar en el resultado. En este caso, el objetivo de la propuesta es que el texto resulte comprensible y atractivo para cualquier persona, no solo para ti. En este caso escribimos para nosotras, para nosotros, pero tenemos también en cuenta a quien lee, incluso aunque no tengas intención de publicar tu texto, para facilitar la escritura.

Las semillas de las historias

Cuando hayas terminado con la propuesta de hoy, vuelve a leer todo lo que has escrito en estos días y anota tus impresiones. Recuerda que las preguntas que te propongo son orientativas, no tienes que responder como si fuera un cuestionario:

  • ¿Cómo ha cambiado mi forma de escribir y de observar?
  • ¿Cuáles son las cosas, emociones, fenómenos, que más me llaman la atención?
  • ¿Cuáles son las palabras que más se repiten en mis textos? ¿Qué dicen de mí? ¿De dónde vienen? ¿Puedo explorarlas por separado, escribir un pequeño texto para cada una de ellas o a partir de ellas?
  • ¿Cuáles son las semillas de mis historias, aquellas experiencias sobre las que me gustaría escribir un cuento o un poema?
  • Si comparto mis textos, ¿en qué cambia mi escritura? ¿para qué me sirve? ¿cómo valoro la experiencia?

Por último, escribe un texto en el que, si esto te resulta útil y atractivo, te comprometas a cuidar el hábito de la escritura, que ha estado contigo durante estos días. Gracias por tu tiempo, atención e intención. ¡Seguiremos!


ESCRITURA COTIDIANA

Este es el último artículo de la serie Escritura cotidiana; muchas gracias a todas las personas que habéis estado al otro lado. Si acabas de llegar y quieres empezar desde el principio, puedes hacerlo desde aquí:

Escritura cotidiana III. Los afectos: ¿qué cuidamos?

PROPUESTA DE ESCRITURA 3

A lo largo del día nos hacemos cargo de personas, plantas, animales, desafíos. De forma consciente o automática alimentamos, también, nuestros pensamientos y afectos. Para desarrollar la propuesta de escritura de hoy, voy a pedirte que observes en qué cosas pones atención e intención a lo largo del día, de forma consciente, porque te importan lo suficiente como para cuidar de ellas. Pueden ser tus sueños, o los sueños de otra persona. Puede ser una planta, un animal, un proyecto creativo; tu propio cuerpo, o el cuerpo de otra persona. Puede ser una huerta, un proyecto compartido, una tribu, una ilusión. O algo diminuto y tangible como un bizcocho, los libros en tu mesilla, el café que preparas a alguien cada mañana.

Es probable que, al hacer esta propuesta, percibas cómo ocupan tu tiempo y energía otras cuestiones. En la medida de lo posible, toma nota de todo lo que vaya surgiendo. Cuando sientas que has terminado, elige una de las «cosas» que cuidas de forma consciente, con atención e intención, con cariño; escribe un pequeño párrafo en el que describas esas acción de cuidado. Cómo es, cómo te sientes, por qué lo haces. O, simplemente, describe detalladamente el objeto de tu cuidado.


Entradas previas relacionadas con Escritura cotidiana:

Imagen destacada: Pedro Kummel

Escritura cotidiana II: el silencio

¿Qué es, para ti, el silencio? ¿Cómo te relacionas con él?

Yo creo que el silencio es lo que sucede cuando nos paramos a escucharlo; que necesitamos materializarlo, darle un espacio. No solo en el exterior, sino también en nuestro interior. Suele ser el paso más dífícil por varias razones; la primera porque, incluso aunque practiques a diario la meditación, la tendencia natural de la especie humana es tener la cabezala cabeza llena de pensamientos que chocan unos contra otros. Casi todas las personas sabemos la teoría sobre la importancia de parar, respirar, volver a nuestro ser; y sin embargo, seguimos cayendo en la trampa de perseguir nuestras ideas de liana en liana, hasta que nos agotan.

La segunda, porque el silencio nos habla de nosotras, de nosotros. Eso es hermoso y, al mismo tiempo, puede doler. Hace un año escribí sobre esto. El silencio deja espacio para que lleguen nuestras palabras, nuestras emociones; para que entre el aire y seamos capaces de apreciar que ha cambiado la trayectoria de la luz. Iluminar las sombras, descubrir la belleza de lo cotidiano y lo pequeño.

Un hombre sabio me dijo que valoraba mucho el silencio en general pero, sobre todo, en las relaciones. Yo, cuando me asusto, hago mucho ruido; para espantar las nubes negras que se me amontonan en la cabeza y en el estómago y comprobar que aún hay vida, que la muerte no se ha colado por una rendija para llevárselo todo. Voy aprendiendo a calmarme, a dejar que se posen las nubes hasta disolverse en lluvia que limpia. Tengo siempre muy presente esta frase de Marina Garcés: «respetar el silencio, aceptar el vacío«. Cuando dejo espacio para el silencio del otro, de la incertidumbre, de lo que esté en juego en cada momento, lo dejo para mi propio silencio. Y solo entonces puedo escucharme, hablar conmigo; dejar de esconderme de mi misma y, al mismo tiempo, darme cobijo.

Así que hoy traigo esta propuesta porque creo que necesitamos ese silencio, esa escucha, para escribir; que está lleno de sorpresas, de recuerdos y sensaciones valiosísimas. De ocurrencias disparatadas que solo en él tienen espacio para materializarse en historias, expandirse, volar hacia otros tejados y abrigar a quien siente lo mismo que nosotras, que nosotros, pero aún no ha encontrado la forma de nombrarlo.

Si tienes dificultades materiales para encontrar un espacio en el que hacer silencio, puedes escuchar los audios de Escritura y autocuidado. En cualquier caso, para esta propuesta de escritura solo necesitas una pizquita de silencio, de ese que ya hay en tu día a día. Quizá esté en el instante en que te miras al espejo, o al traspasar el umbral de una puerta a otra. En los ojos de otra persona, en el tacto de otras manos; en la ventanilla del autobús.

PROPUESTA DE ESCRITURA 2

A continuación tienes una serie de preguntas, formuladas para que te ayuden a seguir los hilos de tu relación con el silencio. No tienes por qué contestarlas todas como si fuera un cuestionario; si estás escribiendo en el grupo, tampoco es necesario que compartas todo lo que escribas. Recuerda que en un primer momento la única pauta es hacerlo con total libertad; después habrá tiempo para revisar, sintentizar.

¿Qué es para ti, el silencio? ¿cómo te relacionas con él? ¿dónde lo buscas, cómo lo evitas? A lo largo de un día, de una semana, ¿cuáles son tus espacios de silencio deseado, y cuáles los impuestos? ¿hay algo que te gustaría cambiar en ese sentido?

Cuando llega el silencio, ¿qué escuchas en él? ¿de qué te habla tu cuerpo? ¿qué te gustaría contar, que merezca tanto la pena como para romperlo? ¿qué paisaje representa tu interior en ese momento? ¿Cómo se refleja el silencio en los espacios y objetos cotidianos?

Cuando sientas que hayas terminado de explorarlo, escribe un párrafo o una frase. Puede estar basada en tus reflexiones, ser un resumen o un extracto, o la descripción de un instante de silencio (deseado o impuesto) que hayas observado a lo largo del día.


Para seguirlo necesitarás:

  • Un soporte en el que escribir. Mejor si lo haces a mano en un cuaderno, pero puedes utilizar el formato que te resulte más cómodo.
  • 10 minutos diarios para plasmar tus impresiones en el papel o en la pantalla.
  • Muchas ganas de escribir y escribirte; de transformar la experiencia en palabras que consigan nombrarla, o que reflejen la imposibilidad de atraparla.
  • Recuperar el asombro; mirar alrededor como si fuera la primera vez, como si acabaras de llegar a tu universo cotidiano. Y, al mismo tiempo, permitir que las sensaciones thttps://narrativasyotraslunas.com/2019/08/27/escritura-cotidiana-i-la-luz/e conmuevan conectando con tus emociones, anhelos, recuerdos.

En este enlace encontrarás la descripción del curso y la primera propuesta de escritura:

A diferencia de otras propuestas, Escritura cotidiana es un curso sin un plazo determinado; puedes comenzar cuando quieras e incluso escribir varios textos para cada propuesta, en diferentes momentos del año. Mi deseo es que te sirva para impulsar la escritura, que te acompañe en el día a día; que te ayude a ordenar y entenderte o, si lo prefieres, a ponerlo todo patas arriba.

Si quieres sumarte a la escritura en comunidad, cuando te hayas suscrito al boletín de noticias escríbeme a esa misma dirección de correo electrónico y te enviaré el enlace al grupo de facebook. Es un espacio reservado para las personas que han hecho o están haciendo un curso o taller con Narrativas y otras lunas.

El hábito de la escritura

El objetivo de todos los talleres es iniciar o mantener el hábito de la escritura.

Hay dos motores para poner en marcha cualquier acción: la necesidad, y el deseo. Y al menos dos frenos potentes: sentir que nos faltan recursos -tiempo, dinero, energía, técnica- y el miedo. El que llevamos cosido bajo la piel porque hemos interiorizado durante toda nuestra vida que no valíamos para las tareas artísticas, o que eran una pérdida de tiempo; el miedo a llamar la atención, ponernos en evidencia, exponernos, hacer demasiado ruido, no ser lo suficientemente buenas, no tener algo original que decir, etc.

Cuando decidimos hacer todo lo posible para tener dedicar tiempo y energía a la escritura es porque, de alguna forma, se ha convertido en una necesidad. Podríamos vivir sin ella, pero nuestra vida sería un poco más pobre, menos consciente. Nos faltaría una herramienta que nos ayuda a conocernos y cuidarnos mejor; que nos hace transitar otros mundos, detener el tiempo mientras los creamos, disfrutar compartiendo con otras personas o con nosotras mismas lo que sentimos, percibimos, soñamos, tememos.

En ese momento, el deseo es una semilla que alimentar; y eso es lo que intento hacer en los cursos y talleres. También porque creo que el deseo, en general, es lo que nos mantiene con vida y con unos niveles aceptables de cordura/locura -elige la palabra que mejor te represente- para vivir en una sociedad cada vez más desconectada de lo humano, de lo lúdico y de la naturaleza.

El ejercicio que suelo proponer para conectar con el deseo es por qué escribo. A continuación, además de los ejercicios de las unidades didácticas, recomiendo empezar el cuaderno de todo. Y, un poco más adelante, hacemos una pequeña excursión para conocer a nuestros miedos y tomar un café con ellos; pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

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Así que, si tienes ganas de escribir pero no sabes por dónde empezar, éstas son mis recomendaciones:
    • Desarrolla la propuesta por qué escribo y, cuando hayas terminado, manten el resultado a la vista, en un lugar donde puedas verlo cuando sientas el deseo de escribir pero no sepas por dónde empezar. Aquí tienes dos ejemplos, por si te inspiran:
Y, si crees que podría venirte bien un poco de ayuda, esto es lo que puedo ofrecerte en estos momentos:
Que escribas mucho, tanto como desees.
¡Hasta pronto!

Imágenes: Marisa Franco, Simon Matzinger

Escritura y autocuidado: 8 razones para escribir un diario

La escritura como mapa

1. Cuando estamos en un proceso de cambio, a veces nos sentimos como malabaristas sobre una cuerda en medio de un espacio oscuro; hay instantes en los que no logramos recordar de dónde venimos, y resulta difícil visualizar el lugar al que nos dirigimos. El diario puede ser un espacio de transición, que nos recuerda nuestros objetivos y avances y, también, el lugar que estamos dejando atrás.

Conectar con nuestra intuición

2. Tenemos la mala costumbre de dejar demasiado espacio a lo racional, a los pensamientos, como si dándole mil vueltas a la cabeza hasta que echara humo pudiéramos solucionarlo todo. El diario nos pone en contacto con nuestra sabiduría emocional, con nuestra esencia.

Ampliar la perspectiva

3. El diario nos permite tener una perspectiva más amplia de nuestras vidas; nos permite ver el conjunto, alejarnos y sobrevolar a vista de pájaro. Solo de esta forma conseguiremos salir de los círculos de pensamiento habituales, para movernos en espirales más amplias.

Manejar emociones y pensamientos

4. Cuando practicamos la escritura de forma cotidiana y estructurada el propio proceso de escribir va autorregulándose, de tal forma que nos ayuda a manejar nuestras emociones y pensamientos. Poco a poco, nos iremos dando cuenta de cuándo estamos entrando en bucles o caminando en círculos, y seremos capaces de salir de ellos por nuestro propio pie. Escucharemos una voz interior que nos dirá “ya estás otra vez con esto” con amabilidad y compasión, como lo haríamos nosotras, nosotros, con cualquier otra persona. Y nos moveremos hacia nuevos horizontes más amplios y cómodos, más nuestros.

Manejar la incertidumbre

5. El hábito de la escritura también nos ayuda a manejar la frustración y la incertidumbre, dos aspectos con los que acostumbramos a llevarnos bastante mal. Desde la seguridad de nuestros cuadernos, podemos explorar y abrazar nuestras contradicciones, inseguridades, sombras, temores. Y, al mismo tiempo, recordar que esto también pasará.

Mejorar la comunicación

6. Nos proporciona, además, un espacio seguro en el que barajar las distintas formas de abordar una situación conflictiva: preparar una entrevista, comunicar una situación difícil en el ámbito personal o laboral; anticipar las situaciones temidas, y conectar con nuestros recursos para afrontarlas.

Nuestra forma única de ver el mundo

7. La práctica cotidiana de la escritura hará que conectemos, también, con nuestra propia voz; con nuestra forma única de ver el mundo, y la manera en que somos capaces de transmitir esa emoción a otras personas; algo que nos resultará muy útil y gratificante para cualquier proyecto creativo en el ámbito personal, como por ejemplo la escritura creativa o la comunicación de nuestros proyectos.

Autoconocimiento

8. El diario es nuestro mapa y la hoja de ruta: todo lo que registremos nos servirá para visualizar y explorar los cambios, fortalezas, avances, objetivos. También nos permitirá revivir, desde la lectura, los instantes de felicidad y gozo; aquellos que construyen la vida y a menudo pasamos por alto. Esto, a su vez, nos ayudará a prestarles más atención en el día a día.

~Adaptado para el taller Escritura y autocuidado a partir de un texto de Kathleen Adams recogido en Journal to the Self  y Journal Therapy: Writing for Healing and Change (Center for Journal Therapy)~

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NOTA: Utilizo el término diario porque es el que aparece en el texto original, pero sirve cualquier otro formato que te ayude a mantener el hábito de la escritura. En los talleres de Narrativas y otras lunas siempre tiene buena acogida el cuaderno de todo.

También me resulta complicado entender la escritura como algo que tiene una utilidad, o ponerle la etiqueta «terapéutica«. Pero, al mismo tiempo, he comprobado que la práctica de la escritura personal es una gran herramienta para conocernos mejor; para poner consciencia sobre lo que nos hace bien y lo que nos daña.

A veces encontramos tareas creativas que nos producen bienestar y, al mismo tiempo, mil excusas para posponerlas. Por ese motivo, sobre todo, comparto esta entrada. Espero que te ayude a dedicarle tiempo y energía a la escritura. Ya me contarás, cuándo y como quieras, cuál es tu relación con este hábito de autoconocimiento y autocuidado que alimenta, además, la hoguera de la creatividad.

Imagen: Jordan Madrid