La niña que fuimos

LidiaLunaLisboa7

Esta entrada habla de mujeres. Mujeres que, aunque carguen con culpa y vergüenza, son portadoras de luz. Mujeres que luchan, cantan y cuentan: al mundo entero o a quien se pare a escuchar. Mujeres que abrazan y que tienen el valor de abrazarse a sí mismas.

En esta entrada habla sobre todo una mujer: Amparo Sánchez, cantante y compositora, a la que entrevistó el domingo 14 de diciembre María José Parejo en el programa de Radio 3 El Bosque Habitado. Amparo cuenta cómo el proceso de revisar y escribir su experiencia en una relación de violencia machista la liberó de la culpa y la vergüenza. Creo que merece la pena escuchar sus palabras y su música porque transmiten la fuerza inmensa de las personas que son capaces de enfrentarse a todos sus fantasmas, dormir con ellos tantas noches como sea necesario y volver para contarlo:

“Escribir este libro para mí ha sido una terapia, una sanación. He llorado mucho, me he emocionado mucho. Me he sentido muy frágil, muy vulnerable, muy desnuda; pero me ha liberado muchísimo (…). La culpa hace que pese más la mochila de los recuerdos. Libérate de la culpa. Todo aquello que te duela o te haga sentir culpable libératelo.”

El libro se llama El sol, la niña y el lobo. En este enlace puedes leer otra entrevista: http://www.feminicidio.net/articulo/amparo-s%C3%A1nchez-la-mujer-maltratada-debe-sentir-sobre-todo-el-abrazo-de-la-sociedad.

Mi fragmento favorito del programa de radio es en el que Amparo habla de su reencuentro con la niña que ella fue, una niña a la que durante mucho tiempo evita recordar para ver si así desaparece. Pero la niña reclama atención hasta que ella consigue reconocerla y honrarla:

«… y sobre todo abrazar a esa niña que se había quedado allí solita y yo ya no la quería ni quería decirle nada, de pronto tener a partir de los recuerdos y de la escritura la posibilidad de abrazarla, de decirle que no merecía lo que pasó, que ella no tenía culpa de lo que pasó y que no tenía que sentir más vergüenza; que hoy era una gran mujer y que tenía que estar muy contenta por todo lo que habíamos hecho juntas. Y esa niña ahora viaja conmigo y está conmigo todo el tiempo y no dejo de hablarle.”

Creo que todas llevamos dentro a una niña a la que antes o después tendremos que escuchar, honrar y abrazar. Pero no sólo porque quizá guarde recuerdos dolorosos que sólo pueden callarse después de escucharlos: también porque, como dice Amparo, las niñas y los niños no cargan aún con la pesada mochila de la culpa. Tienen una mirada llena de luz, intuición y sabiduría. Custodian sueños que tal vez hemos olvidado y debemos recuperar.

La curiosidad hizo al gato más sabio

Barba Azul es un relato tradicional adaptado por Charles Perrault. El añil de su barba y el hecho de que sus esposas desaparezcan sin dejar rastro despierta temor en las mujeres; pero él se muestra amable y detallista con tres hermanas, hasta que la menor accede a casarse con él. Viven en un castillo inmenso, en el que él sigue mostrándose atento. Un día anuncia a su mujer que va a salir de viaje, entregándola un manojo de llaves que abren todas las estancias: podrá recorrerlas a voluntad salvo una de ellas, que no debe abrir bajo ningún concepto. Ella, movida por la curiosidad, abre la puerta prohibida y descubre los restos de las anteriores mujeres. Cuando cierra la puerta descubre que la llave tiene una mancha de sangre que no consigue borrar; así, Barba Azul a su regreso sabe lo que ha pasado. Intenta matarla como castigo, pero ella gana tiempo y consigue escapar con la ayuda de sus hermanas y hermanos.

© http://1205.deviantart.com/art/Bluebeard-Barba-Azul-131307752
© http://1205.deviantart.com/art/Bluebeard-Barba-Azul-131307752

La versión del relato que yo recordaba transmitía una severa advertencia hacia la curiosidad de las mujeres, como si hubieran sido culpables de su muerte por abrir la estancia prohibida; eran, incluso, desagradecidas, porque desconfiaban de un hombre que hasta ese momento se había portado bien con ellas. “La curiosidad mató al gato”, me recordaba el refrán.

Clarissa Pinkola Estés ofrece una lectura distinta en su libro Mujeres que corren con lobos: la curiosidad es lo que salva a la mujer que al ser la más pequeña de las hermanas es también la más inocente. Gracias a su deseo de saber abre la habitación prohibida, conociendo así la verdadera naturaleza del hombre con el que comparte su vida.

La desobediencia de la mujer de Barba Azul, igual que sucede en el mito de Eva, desafía una norma impuesta desde fuera que delimita lo que puede hacerse y lo que no, lo que es bueno y lo que es malo. Eva también se rebela, comiendo el fruto del árbol de la sabiduría. Desea conocer, experimentar por sí misma. Es el mismo deseo que hace que Alicia escape de una aburrida tarde sentada bajo un árbol para correr detrás del Conejo Blanco y llegar al País de las Maravillas.

La lectura tradicional de todos estos relatos, además de ser injusta con las mujeres, implica también un cierto grado de control social: “cuestionar la autoridad, las normas establecidas, es peligroso. Síguelas aunque no estés de acuerdo con ellas, aunque te oculten una parte de la realidad: están ahí para protegerte”.

En el blog Coaching y desarrollo del talento, lleno de tesoros, encontré un artículo que explica de forma sencilla cómo el hecho de experimentar con las costumbres y normas ajenas nos ayuda a seleccionar las que sentimos como propias: http://crecercoaching.blogspot.com.es/2012/10/quiero-sopa-para-cenar.html.

Propuesta: el rincón secreto

En la casa en la que viviste durante tu infancia, ¿había un rincón secreto? Una habitación que no se usaba, un desván, un sótano, un armario o un cajón. Un espacio que no explorabas todos los días y que implicara una transgresión o un salto a otro mundo.

La casa de mis abuelos paternos tenía una habitación al final de la escalera que me fascinaba y asustaba a la vez. Lo recuerdo como un lugar en el que se amontonaban objetos que habían decorado antes la casa, que habían dejado de usarse o que pertenecían a personas fallecidas. En cualquier caso, aquellos objetos habían tenido vida antes de que yo llegara a este mundo, eran restos de otras existencias. Estos objetos despiertan nuestra imaginación: ¿cómo fue aquella época anterior? Creo que también rebuscamos en las entretelas de las casas familiares para conocer más sobre nuestra identidad a través de la de los antepasados.

LidiaLuna_Lisboa3

Para realizar este ejercicio es mejor que estés en un lugar tranquilo y cómodo, en el que puedas dedicarte unos veinte minutos sin interrupciones. Es mejor que al principio utilices sólo la imaginación; una vez que hayas conseguido recrear el espacio y las sensaciones puedes escribirlo.

  • ¿Recuerdas algún rincón secreto durante tu infancia? Puede ser una estancia de la casa familiar o de alguna otra que visitabas con frecuencia, quizá una casa vecina o abandonada. Dedica unos minutos a tratar de recordarlo, e imagina que regresas a ese lugar. Intenta describirlo utilizando todos los sentidos. Intenta también recordar la sensación que te produce volver a estar allí.
  • Piensa en las personas relevantes para ti en esa época de tu vida: ¿quién te animaría a seguir explorando? ¿Quién te habría prohibido estar ahí?
  • Ahora, siéntete libre, siente que la situación es completamente segura y explora el lugar. Mientras lo haces encuentras un objeto. ¿Qué es? ¿A quién perteneció? ¿Cómo te sientes?
  • ¿Cuál es en el presente tu relación con la curiosidad?