Sobre el libro Escribir en verano

Cuando era una niña, me encantaban los cuadernos de vacaciones. Recuerdo ir al colegio cuando ya habían terminado las clases para recogerlos. Me costaba mucho hojear solo la primera unidad, pero quería descubrirlos poco a poco, cada semana. La oportunidad para aprender e investigar a mi ritmo, con ejercicios mucho más lúdicos y experimentales que los que teníamos en las clases.

En verano, normalmente, tenemos más tiempo para conectar con nuestros deseos, compartir con otras personas, experimentar cosas nuevas. Viajar, volver a los lugares de la infancia, tejer nuevas historias, sentir que el tiempo pasa más despacio, alimentar los sentidos, volver a creer que casi todo es posible mientras llueven estrellas… Por eso hace cuatro años lancé por primera vez el taller online Escribir en verano; tuvo buena acogida, y fue una experiencia muy enriquecedora para mí.

En junio de 2018 escribí un libro a partir de los materiales del taller, y el año pasado lo autoedité. ese libro es el resultado de mi amor por los cuadernos de vacaciones; de lo que he aprendido en este tiempo con Narrativas y otras lunas, preparando y tutorizando talleres pero, sobre todo, hablando con la gente que los ha hecho.

La edición de 2020 se agotó y tenía pensado publicar una nueva tirada. Seguramente este año no sea posible; pero sigo pensando que merece la pena Escribir en verano. Que, incluso en estas circunstancias, o quizá más aún después del período que dejamos atrás y la incertidumbre del camino que tenemos  por delante, la escritura y la lectura son dos de los recursos más económicos, sencillos y gratificantes que pueden acompañarnos para encontrar los hilos de nuestras historias, desenredar lo vivido, ordenarlo, proyectarnos en el futuro; desbrozar los sueños, cultivar otros nuevos; honrar nuestra vulnerabilidad y alumbrar nuestras fortalezas. Conectar con nuestra creatividad e imaginación; seguir las huellas del recuerdo y recuperar la memoria de los paisajes, hogares y personas que habitamos y nos habitan.

En este libro hay un viaje a la infancia, pero también otras propuestas que alimentan la escritura: los recuerdos, las experiencias cotidianas, la memoria comunitaria y de los lugares que habitamos. Nuestra capacidad para contar; la libertad de pensamiento y la capacidad de visualizar aquello que no existe; la de encontrarnos en el imaginario colectivo.

Si solo pudiera darte un consejo, sería este: si quieres escribir, escribe. No esperes a mañana; empieza hoy, ahora. Coge lo que tengas más a mano: el móvil, tu cuaderno, un ordenador, el ticket de la compra, y escribe. Sin pensar en el resultado, pero sin perder de vista qué es lo que quieres contar; cuál es tu historia.


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Extracto ENTREVISTA publicada en El Asombrario (agosto 2019)

Para mí es muy importante que sea una aproximación a la escritura de forma muy libre. No es para ser escritor o escritora, sino para disfrutar escribiendo. Tenemos muy asociada la escritura al colegio desde la exigencia, los deberes; intentamos hacerlo todo bien al pie de la letra y al mismo tiempo nos rebelamos contra la tarea. Por eso es tan importante hacerlo desde el disfrute, que cada persona escriba lo que realmente quiere contar y sin pretensiones. Explorar la escritura; quien quiera llegar a la escritura creativa pero partiendo de la escritura personal, de la propia experiencia, la memoria, la imaginación. Sólo es necesario potenciar lo que ya tenemos y volver a conectar con ello.

Si no hay nada que demostrar a nadie, ¿ahí se conquista un espacio más relajado y se liberan temores?

Sí, tenemos mucho miedo a que lo que tenemos que decir no sea original, que ya lo hayan dicho otras personas antes, y esos temores aparecen incluso cuando escribimos para nosotras mismas, sin compartirlo con nadie. A veces no nos atrevemos a poner algo en el papel porque tememos darle más fuerza. Hay muchos bloqueos con el deseo, se nos olvida desear y creo que el deseo está muy ligado a la escritura y la creatividad. De hecho uno de los capítulos es sobre el deseo, porque se trata de ser capaces de desear algo que en este momento no tenemos, que puede estar en otro lugar distinto (tener cerca a una persona, volver a un instante de la infancia). Bloqueamos la capacidad de desear y de soñar con el paso del tiempo y eso es muy importante en la escritura. Tenemos miedo a la frustración, a la incertidumbre, a desear cosas que no se cumplan. El miedo es el gran tema.

Puedes leer la entrevista completa aquí: