¿Qué evoca en ti la escritura y lo invisible?

En las próximas semanas charlaré con tres mujeres que escriben y acompañan la escritura de otras personas en torno a esta pregunta. La primera entrevista con Guadalupe Wernicke ya está disponible:

    Esta conversación es el segundo episodio del podcast Al hilo de la escritura. En él exploraré el poder transformador de la escritura, el valor de las historias y la magia de las palabras cuando nombramos desde el corazón; también habrá espacio para la imaginación y la memoria. Creado para compartir pensamientos junto a personas afines como la primera invitada: Guadalupe Wernicke, poeta y partera de palabras; coordinadora del Taller del silencio y cofundadora de Arte y Ritual, un proyecto que une prácticas espirituales y artísticas. Estos son algunos tesoros de la conversación: 

Sobre la escritura y lo invisible: 

    “La poesía es ese rodeo, ese merodeo en torno a lo que no puede decirse, lo que no tiene voz, y eso que yo llamo el silencio, pero que también es lo invisible.”

 

​“Mi camino a lo invisible es a través de lo visible. En la naturaleza, en la sonrisa de mis hijos, en el amargor del mate…”

Sobre acompañar la escritura de otras personas: 

“Para mí lo que más necesitamos cuando estamos creando es que alguien nos mire, nos escuche, nos preste atención, y eso ya es transformador muchas veces más que una devolución de puntos y comas.”

 

“La poesía tiene algo de mucha soledad… hay mucho desamparo, mucha intemperie cuando uno habita la poesía porque vivimos en este mundo en el que la poesía no ocupa un lugar preponderante…”

 

«Yo creo que el vínculo con otros a través de la palabra como maestra fue una guía para ir estando cada vez más atenta a ese hilo invisible que nos teje, ese hilo invisible que me teje también y como vos decís: si yo estoy atenta a a esa red con otros puedo percibir, a mí me pasa por lo menos, que es a través de ese espejo muchas veces que me veo que me encuentro, que me descubro. Hay una imagen que me parece hermosísima que se la escuché una vez a una escritora, poeta, maga, bruja norteamericana que se llama Sophie Strand, que cuenta que la araña cuando está tejiendo su red, cuando alguien interviene en otro lugar de la red de la tela, aunque ella no esté ahí, ella lo siente.; hay como como su sensibilidad no solo está en su cuerpito, sino que se estira a toda su red…»

Y un fragmento que comparte al final del encuentro: 

“El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió.

La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo que andar en mancarrón.

Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires.

Casi a mediodía entró el guarda con paso de “aquí van a

suceder cosas”, y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo

vivo inocente de Dios se estaba alimentando.

En el ferry fue tan lindo mirar el agua.

¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.​”

Arnaldo Calveyra, “Cartas para que la alegría”, en Poesía reunida. Edición al cuidado de Pablo Gianera y Daniel Samoilovich, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires (2012) 

También puedes leerlo aquí (abre pdf)

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