Un libro-taller de verano

Escribimos porque necesitamos hacernos palabra, porque la escritura nos ayuda a conocernos, hay mucha verdad en la escritura. Estamos muy acostumbrados a desconectar de nosotros mismos y la escritura nos vuelve a conectar con las emociones, los afectos, la memoria, la imaginación y con el mundo. Para mí la escritura es como una casa muy grande, va creciendo. Al principio es un lugar pequeñito y con el paso del tiempo se van ampliando las estancias y vas teniendo un jardín. Escribimos también para comunicarnos con otras personas, para dar algo a los demás. Y escribimos para recordar a quienes no están, hacer justicia, dar vida a las historias…

He recogido mucha riqueza porque todas las voces suman, cada historia es distinta. A veces al escribir tenemos ese miedo a si lo que vamos a contar es importante, y todas las vivencias lo son cuando se cuentan desde la verdad de cada cual. Me ha servido todo el recorrido para confirmar que la escritura es una herramienta que nos ayuda mucho a reconstruir nuestra historia de vida y abrir la perspectiva ampliando los márgenes en los que nos movemos normalmente. Permite salirnos de las historias que nos han contado sobre nosotras y sobre el mundo.

En este enlace podéis leer la entrevista completa que me hizo Silvia Melero para El Asombrario, una revista que sigo desde hace tiempo. Agradecida y feliz de verme en su mirada.

Talleres de septiembre

La semana pasada presenté en la livraría Suévia de A Coruña el libro Escribir en verano. Está en Agra do Orzán; un barrio multicultural en el que, por lo general, las personas que llegaron hasta él viajando durante miles de kilómetros para construirse una vida mejor son bien recibidas; quienes acogen saben lo que es empezar de cero lejos casa. La Suévia conoce las historias del barrio, las comparte y las alimenta con su amor por los libros.

En la presentación charlamos sobre el hábito de la escritura; sobre el poder que tiene para acompañarnos en el día a día, para dar voz a la memoria y los anhelos que nos habitan.


Ya están disponibles los talleres de septiembre; inscripciones hasta completar las plazas disponibles. Nos encontramos dentro de unas semanas para seguir escribiendo en comunidad.

PARA EMPEZAR A ESCRIBIR

Palabras a volar es un curso-taller de escritura en 12 unidades, diseñado para quenes quieran iniciar o retomar el hábito de la escritura, trabajando en ellas por su cuenta durante 12 semanas.

Es un curso para precisamente ‘volar’ y escribir con libertad.
Es un curso ideal para principiantes que quieren soltarse en este universo de palabras sin miradas críticas ni censuras ni límites de ningún tipo.
Hay una parte del curso que me parece maravillosa y es la guía de lecturas con las que Lidia acompaña los talleres, una delicia ir descubriendo todos éstos autores de la mano de una profesional de los libros.
Personalmente termino el taller con muchas ganas de seguir aprendiendo y escribiendo, y aunque sé que no sé nada, cuando me pongo a escribir el mundo se para.
Rosalía, marzo 2019

PARA ESCRIBIR, TEJER HISTORIAS DE VIDA, CONOCERNOS MÁS Y CUIDARNOS MEJOR

La voz de las mujeres

Taller online de escritura y narrativas de 10 semanas de duración dirigido a mujeres que quieran contar su propia historia conociendo a diferentes autoras dentro de la literatura y el pensamiento, tejiendo la memoria de las mujeres que nos acompañaron y de las que nos habitan. Quedan 4 plazas.

Las practicas narrativas nos permiten ordenar nuestras vivencias, conectar con nuestras fortalezas, contemplar nuevas perspectivas. Gracias a la escritura puedes disponer de la palabra; recuperar el poder de nombrar, ordenar y manejar lo que te sucede.

Contar tu propia historia

¿Alguna vez has sentido el deseo de ordenar o contar tu historia de vida? Es posible que te hayas sentido abrumada por la tarea, sin saber por dónde empezar. Quizá te perdiste en la madeja de los recuerdos, o llegaras de pronto a lugares del pasado que no sabías muy si querías volver a visitar.

Contar tu propia historia es un taller con una duración de 12 semanas en el que se unen la escritura autobiográfica y las prácticas narrativas. Última edición tutorizada; a partir de enero de 2019, solo estará disponible en formato curso.

PARA PROFUNDIZAR EN LA ESCRITURA

La mirada

Taller online de escritura y creación literaria de 10 semanas de duración. Su objetivo es profundizar en la relación entre el mundo exterior y el interior: como narramos lo que sucede fuera a partir de nuestra forma única de mirar, y cómo contamos la realidad a partir de nuestras vivencias. Entrenar la mirada, previa a la escritura, a través de la literatura y el arte; pero también recuperar la capacidad de asombrarnos con lo cotidiano.

PARA COMUNICAR DE UNA FORMA MÁS EFICAZ

Escribir desde terreno

Taller online con una duración de 8 semanas que ofrece herramientas para escribir tus experiencias en terreno o transmitir la realidad social del día a día, compartirlas  con tus redes familiares o sociales y tener en cuenta los principios básicos de la comunicación para el cambio social.

Si trabajas en cooperación o acción humanitaria, seguramente tengas poco tiempo y muchas cosas que contar. Es posible que dediques muchas horas a escribir informes, y muy poca energía a escribir lo que te sucede cada día, aunque muchas veces piensas en hacerlo; en escribir sobre las personas con las que te relacionas, lo que aprendes, lo que te cuestionas. Este taller también puede ayudarte si trabajas en una entidad social y quieres mejorar tu escritura para comunicar mejor las actividades de la organización, escribir artículos, publicar en redes sociales, aumentar el impacto de tus narraciones.

PARA CONOCER EN PROFUNDIDAD LAS TÉCNICAS NARRATIVAS, LA ESCRITURA PERSONAL Y LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA

Técnicas narrativas para la intervención individual y comunitaria

Taller online con una duración de 16 semanas lectivas dirigido a profesionales del ámbito psicosocial que quieran conocer las técnicas narrativas y la escritura personal y autobiográfica para aplicarlas en la práctica individual o colectiva.

La palabra “narrativa” se refiere a que ponemos el énfasis en nuestras historias de vida y a cómo la forma en nos contamos esas historias, las reconstruimos o reescribimos, puede marcar una diferencia en nuestras vidas.

Las prácticas narrativas consideran a las personas como expertas en sus propias vidas. Abarcan diferentes maneras de entender nuestras historias de vida y devolvernos la autoría de las mismas, la capacidad de reescribir nuestra propia historia en colaboración con nuestras comunidades, de las que son inseparables. El enfoque narrativo tiene en cuenta los acontecimientos vividos, el contexto, las creencias de cada persona. Asume que las personas tenemos habilidades, capacidades y creencias que nos ayudan a reducir la influencia de las dificultades a las que, inevitablemente, nos enfrentamos a lo largo de nuestras vidas.

La escritura personal y la escritura autobiográfica pueden acompañar a las prácticas narrativas, o utilizarse de forma independiente como dos recursos sencillos, económicos y eficaces para el autoconocimiento y el autocuidado.

OTRAS PROPUESTAS

¿Dudas? Pregúntame lo que quieras

¡Hasta pronto!

Confiar

Hace tres veranos una mujer generosa y fuerte a la que acababa de conocer me invitó a unirme a ella en el Festival Andanças. Siempre he querido volver a conectar con mi cuerpo desde la danza y el baile como hacía cuando, siendo niña, disfrutaba las horas semanales que dedicaba al patinaje artístico. Andanças es un encuentro de música folk en el que los bailes son, sobre todo, grupales. Una noche, un hombre mucho más mayor que yo, con experiencia en la danza, se ofrecío a bailar conmigo una mazurka. Los cuerpos se acercan en algo muy parecido a un abrazo, la mujer cierra los ojos y se deja llevar; por la música, no por el hombre. Él acompaña, guía, pero apenas sostiene; cuando me permití estar en ese instante con el cuerpo, sin aferrarme al control, solo existió la melodía.

Durante los primeros minutos yo estaba rígida como una tabla de planchar. El hombre se detuvo, y me dijo: «pareces un saco de patatas. Esto es como la vida, tienes que dejarte llevar». Me reí mucho, y confié en él; entonces sucedió la magia. Ese instante me guió en las próximas semanas y, unido a otras cosas, me sirvió para volver a encontrarme conmigo desde un lugar mucho más sano, más libre. Apagar la olla exprés que a veces pueden ser nuestras cabezas y escuchar el pulso del corazón, el útero, el estómago; donde quiera que estén las emociones y el instinto.

Es fácil cuando consigues la suficiente calma y seguridad para sentir el suelo bajo tus pies, la música en el cuerpo, las manos de otra persona entrelazando las tuyas. Pero hay momentos en la vida, cuando tienes que sacar algo adelante (una persona a tu cargo, un proyecto de autoempleo o un empleo precario, a ti misma de un lugar oscuros) en los que tenemos que estar alertas, sostener muchos hilos a la vez; entonces no es posible fluir, entregar el cuerpo y el alma a la magia del instante.

Me dice el cuerpo desde hace semanas que es tiempo de soltar otra vez los hilos, en lo personal y en lo laboral; de aflojar la cabeza y las corazas y fluir al ritmo de la música. Rendirme a lo que venga, dejar que me atraviese. Lo escribo para que así sea, para no olvidar. También para recordarme, recordarnos, que no siempre es posible.

Dibujar mis mapas

La lectura y la escritura me han acompañado a lo largo de toda mi vida. En ellas he encontrado consuelo, refugio, posibilidades y, sobre todo, preguntas nuevas. Ya lo he escrito antes; no sabría vivir sin ellas. Algunas semanas todo va tan deprisa que no encuentro la forma de parar. Me convierto en abeja, zumbido, panal alborotado. Si consigo alcanzar el papel y hacerme palabra, estoy salvo.  Y solo entonces puedo volver a mi forma humana; ser, de nuevo, parte de la tribu. Hacerme amiga, hermana, tía, hija, compañera. Mujer salvaje, mujer que teje memoria y sueños. 

En este manual me gustaría compartir contigo algunos de los recursos que, a lo largo de mi vida personal y profesional, me han ayudado a conseguir que la escritura sea, para mí, una herramienta de autoconocimiento y autocuidado. Para que tú también puedas hacerte palabra, construirte un refugio o llenarte de sueños siempre que lo necesites.

Has llegado hasta aquí después de un largo camino, haciendo lo mejor que podías y sabías hacer. Te has dado cuenta de que los mapas que traías ya no te sirven, y quieres dibujar otros nuevos. Dibujar mis mapas está diseñado para que puedas comenzar a explorarlos utilizando la escritura como herramienta de autoconocimiento y autocuidado. Puedes hacerlo en cualquier momento, pero creo que puede resultarte muy útil si estás atravesando un proceso de cambio, tienes que tomar decisiones importantes, o sientes el deseo y la necesidad de parar para conocerte mejor y cuidarte más. También puede servirte como punto de partida para volver a conectar con tu esencia, la creatividad y el disfrute; ampliar los márgenes desde los que habitualmente te ves a ti misma o a ti misma, así como al mundo y a las personas que te rodean.

Es un recorrido en varias etapas quién soy, dónde estoy, de dónde vengo, a qué temo, dónde me gustaría ir — tejido con preguntas que son disparaderos, pequeñas pistas para que puedas encontrar los hilos de tu escritura. Tómate un tiempo para sentirlas y acogerlas; si es posible, dedícales un espacio de calma y autocuidado. Un paseo, una meditación, una visita a tu cafetería favorita. No tienes por qué responder al pie de la letra, ni contestar a todo, ni hacerlo de la mejor manera posible como si ésta fuera una tarea escolar.

En el manual te pido que olvides todo lo que aprendiste en el colegio o en otros espacios sobre la escritura. No hay normas, no hay límites. Escribe con total libertad, como si lo hicieras solo para ti. Date permiso para narrar lo que hay fuera y lo que hay dentro, lo que sucede en el mundo y en tu interior; llegará un momento en el que una cosa refleje la otra, y te sirvan para enriquecer tus textos. Y, lo más importante, tus vivencias.

Ten paciencia contigo, con los procesos; son lentos y sinuosos. No tengas prisa, no fuerces las respuestas pero tampoco te duermas en los laureles de la comodidad. Honra tu camino y, también, a los ladrones que intentarán asaltarte mientras lo recorres: el de tiempo, energía, confianza, creatividad. Cada uno de ellos está ahí por un motivo, y es posible que te hayan ayudado en otro momento de tu vida. Reconoce su presencia, pero no permitas que te embosquen. A mí me ayuda escribir con los ojos cerrados; es la mejor forma de despistarlos.

Escribir en verano (2019)

Siempre he sentido un amor inmenso por la literatura, y un deseo enorme de escribir. Aquella niña que se perdía en los cuadernos de verano y en los campos de trigo tenía todo el tiempo una o varias historias a la cabeza. Ella no las buscaba; aparecían. Se mezclaban con los poemas y las canciones que aprendía de memoria con facilidad. Pero nunca sintió que aquello fuera importante y valioso. De hecho, aquella niña tenía muy presente la historia de un hidalgo que se volvió loco por leer y soñar demasiado. Nunca pensó que aquello fuera un don; que fuera útil o importante.

Y, aun así, leía sin descanso; sigue leyendo y perdiéndose en esos otros mundos que son, a menudo, más reales que los que habitamos. Es cada personaje y, a la vez, la voz que cuenta la historia. Ama los cuentos, la poesía, el teatro, la palabra escrita y hablada, la fotografía, el cine y todas las formas en las que puede contarse una historia real o inventada, pero cargada de verdad.

Aquella niña que siempre quiso escribir hace solo unos pocos años que se siente capaz de hacerlo con total libertad. Para lograrlo ha necesitado acompañarse a sí misma, enfrentar todos sus monstruos, invitarlos a tomar café. Acallar las voces que hablaban de problemas, vergüenza, fantasmas, heridas. La niña, ahora, escribe. Y por eso yo, que la conozco bien, quiero empezar a contarte cómo lo ha conseguido; para que tú también puedas recorrer ese sendero tantas veces como quieras.

La escritura es un camino largo, que no termina nunca; quizá como la vida. Cada vez que aprendemos algo, nos damos cuenta de cuánto ignoramos; ahora, y en el pasado. Y sin embargo, porque somos criaturas increíblemente resilientes, seguimos adelante.

Si solo pudiera darte un consejo, sería este: si quieres escribir, escribe. No esperes a mañana; empieza hoy, ahora. Coge lo que tengas más a mano: el móvil, tu cuaderno, un ordenador, el ticket de la compra, y escribe. Sin pensar en el resultado, pero sin perder de vista qué es lo que quieres contar; cuál es tu historia. Y si quieres un poco de ayuda, quizá esta sea una buena ocasión para empezar:

Escribir a la Mujer Salvaje (abrazar las preguntas)

Mujeres que corren con lobos, de Clarissa Pinkola Estés, es un libro sobre la psique femenina pero, sobre todo, sobre las enseñanzas que recogen los cuentos tradicionales y el estudio de los arquetipos junguianos. Su principal objetivo es ayudar a las mujeres a conectar de nuevo con su sabiduría instintiva; pero cualquier persona a la que le resuene el enfoque de la autora puede disfrutarlo.

Hace muchos años que deseo de hacer algo más con el libro, por el que siento un gran respeto. Precisamente por eso, me gustaría aporta algo; en este caso, crear el espacio para que otras mujeres puedan aproximarse a él por primera vez. También para que podamos compartir nuestros saberes, dudas, hallazgos, fortalezas, sueños… Independientemente del tiempo que llevemos habitándolo.  

Siempre he creído profundamente en las preguntas; si alguna vez las pierdo de vista, me angustio y pienso que, ahora sí, soy yo la que estoy perdida. Hay preguntas que clarifican y preguntas que nos acercan a algo que sabemos que sabemos o que aún no sabemos que sabemos, pero intuimos. Cuando aparezcan las conocerás, porque sentirás la tentación de escapar de ellas; voy a pedirte que no lo hagas. Permite que tomen forma, que vayan encontrando su lugar en tu cuerpo. Invítalas a desayunar contigo; busca un lugar para que duerman mientras tú lo haces también. Lejos de ti, para que puedas descansar y reponerte. Sácalas a pasear; deja que se bañen en algún mar de tu infancia. Cuando sientas que es el momento, solo entonces, escribe sobre ellas.

Hay un tiempo para cada cosa: un tiempo para crecer, otro para descansar, otro para restaurarse. Hay un tiempo para sembrar, y otro para recoger; ninguno de los dos durará para siempre. Escucha los ciclos; los de tu cuerpo, los de la luna, los de las estaciones. Fuimos nómadas y agricultoras antes que sedentarias; hay mucho empeño en decirnos que la respuesta de estrés está grabada en nuestro cuerpo, pero no que lo está también el contacto con la naturaleza y la conexión con sus enseñanzas.

Escribir a la Mujer Salvaje es un curso online con 12 preguntas cada semana para que puedas explorar el libro a partir de ellas, conocerte mejor para cuidarte más, alimentar tu naturaleza instintiva.

Si decides unirte, aún estás a tiempo. Si prefieres esperar, es probable que haya otra oportunidad. Mientras tanto abraza tus dudas, tu alegría, tu malestar y tu vulnerabilidad. Siente la tierra bajo tus pies, maravíllate con el vuelo de los pájaros. Mira cómo la vida sale adelante en cada lugar, cada día, a pesar de todo. Escucha, siente, ama, respétate, lee, escribe.

«Ten paciencia con todo lo que aún no se ha resuelto en tu corazón e intenta amar las preguntas por sí mismas, como si fueran habitaciones cerradas o libros que, en este momento, están escritos en una lengua extraña. No persigas las respuestas, que no puedes recibir porque no podrías vivirlas ahora. Es importante vivirlo todo. Vive ahora las preguntas. Quizá de forma gradual, sin ser apenas consciente, un día lejano llegarás a vivir la respuesta.»

Rainer María Rilke

El corazón del ovillo

«Repasar los recuerdos es como tirar del hilo de un ovillo. La vida es como un ovillo de lana bien enrollado, apretado, redondo. Buscas la pista del hilo escondido, la que está al fondo. La que has dejado suelta para que asome al final. Coges ese extremo y tiras, y suavemente van desenroscándose las primeras vueltas, las que un día formaron el corazón del ovillo. Tiras y tiras. El hilo se desliza por tus dedos, se desliza áspero o sedoso, depende de su calidad. Así la propia vida. Me gusta tirar del hilo, y cuántas veces me canso, me agoto y abandono. Otras, no sé dejarlo. Me produce una exaltación especial sentir el roce de lo vivido entre los dedos. Esas variantes en el efecto de los recuerdos dependen de muchas cosas, hasta del día que hace. Con sol, todo parece diferente. Brilla el sol y el hilo corre sin sentir, allá van los momentos alegres, saltan juguetones, ríen entre tus dedos. Pero luego están los días nublados, los cielos amenazadores, la lluvia persistente y monótona, que aísla al mundo de ti y te empuja al último rincón, el más protegido de la casa. Esos días el hilo se desprende de los dedos y ahí se queda, abandonado, responsable de sombras pasadas. Detenido en un hilo de la lana o trabado en un punto difícil del recuento.»


Josefina Aldecoa, La fuerza del destino

PROPUESTA DE ESCRITURA

Mientras leías el texto, ¿ha llegado algún recuerdo? Cierra los ojos durante unos instantes. Intenta detenerte en él; visualiza la escena que aparece en la memoria. ¿Dónde estabas? ¿con quién? ¿qué hacías en ese momento? Abre los ojos, escribe todo lo que venga. Después, intenta recuperar al menos otros 5 recuerdos; haz lo mismo para cada uno de ellos. Si no tienes mucho tiempo para escribir, anota una frase para cada uno, y continúa desenredando más adelante.


Cuando sientas que has terminado con esta lista, vuelve a leerlos. ¿Cuál es el tono emocional de tus recuerdos? ? ¿por qué crees que sucede así, en este momento? Escribe tu reflexión dejándote llevar, con total libertad. A continuación, intenta escribir una lista con otros 6 recuerdos que tengan un tono emocional distinto, complementario si es posible.


Los recuerdos pueden ser de la infancia, de hace 20 años o de hace 10 días. Acoge lo primero que venga, y escribe a partir de ahí; no intentes cambiarlo.  Y, si te apetece, comparte en los comentarios.

Imagen: Jason Leung

Los libros

Hay dos lugares en los que puedo parar el tiempo: frenta al mar, y en una buena librería. Los libros aparecen en mi cabeza cuando alguien me pregunta por aquello de lo que no podría prescindir. Puedo pasar horas recorriendo los pasillos de una biblioteca, imaginando las historias que esconde cada título. Sin embargo, me resulta díficil decidirme por uno; leo la sinopsis por curiosidad, pero la clave está en los primeros párrafos. Solo llevo conmigo aquellos que, libres de artificio, hablan de algo que es verdad. Es lo que busco y valoro también en las personas; sencillez, transparencia, honestidad.

Estos son algunos de los que me atraparon así. Y a ti, ¿cómo te eligen las historias? ¡Feliz día del libro!


Fotograma de El cielo sobre Berlín, 1987

Maggie O’Farrel

Más adelante, en el camino, un hombre sale de detrás de una piedra grande.

Estamos los dos en la orilla de un lago oscuro oculto en la artesa que forma la cumbre de esta montaña. El cielo es de un azul lechoso; aquí, tan arriba, no hay vegetación, y solo estamos él y yo, las piedras y el agua quieta y negra. Se planta en medio del camino con sus botas, las piernas separadas, y sonríe.

Me doy cuenta de varias cosas: que lo he adelantado hace un rato abajo, en la cañada, donde nos hemos saludado amable y brevemente, como se suele hacer en los paseos por el campo. Que en este remoto tramo de senda no puede oírme nadie. Que me estaba esperando: lo ha planetado todo al detalle, meticulosamente, y he caído en la trampa.

Todo esto lo veo en un instante.

Maggie O’Farrell, Sigo aquí

Chimamanda Ngozie Adichie

El señor estaba un poco loco; se había pasado un montón de años leyendo libros en el extranjero, hablaba solo en su despacho, no siempre devolvía el saludo y llevaba el pelo demasiado largo. La tía de Ugwu se lo confesó en voz baja mientras avanzaban por el camino.

— Pero es buena persona — añadió — . Si trabajas bien, comerás bien; incluso comerás carne a diario.

Se detuvo para escupir. Arrojó el salivazo haciendo ruido y este fue a parar sobre la hierba.

Ugwu no podía creer que alguien, ni siquiera aquel señor con quien iba a vivir, comiera carne a diario. No obstante, no le llevó la contraria a su tía porque se encontraba demasiado concentrado en su expectación, demasiado ocupado imaginando su nueva vida lejos de la ciudad.

Chimamanda Ngozi Adichie, Medio sol amarillo


Carson McCullers


El pueblo de por sí ya es melancólico. No tiene gran cosa, aparte de la fábrica de hilaturas de algodón, las casas de dos habitaciones donde viven los obreros, varios melocotoneros, una iglesia con dos vidrieras de colores, y una miserable calle mayor que no medirá más de cien metros. Los sábados llegan los granjeros de los alrededores para hacer sus compras y charlar un rato. Fuera de eso, el pueblo es solitario, triste; está como perdido y olvidado del resto del mundo. La estación de ferrocarril más próxima es Society City, y las líneas de autobuses Greyhoundo y White Bus pasan por la carretera de Forks Falls, a tres millas de distancia. Los inviernos son cortos y crudos y los veranos blancos de luz y de un calor rabioso.


Si se pasa por la calle mayor en una tarde de agosto, no encuentra uno nada que hacer. El edificio más grande, en el centro mismo del pueblo, está cerrado con tablones clavados y se inclina tanto a la derecha que parece que va a derrumbarse de un momento a otro. Es una casa muy vieja: tiene un aspecto extraño, ruinoso, que en el primer momento no se sabe en qué consiste; de pronto cae uno en la cuenta de que alguna vez, hace mucho tiempo, se pintó el porche delantero y parte de la fachada; pero lo dejaron a medio pintar y un lado de la casa está más oscuro y más sucio que el otro. La casa parece abandonada. Sin embargo, en el segundo piso hay una ventana que no está atrancada; a veces, a última hora de la tarde, cuando el calor es más sofocante, aparece una mano que va abriendo despacio los postigos, y asoma una cara que mira a la calle. Es una de esas caras borrosas que se ven en sueños: asexuada1, pálida, con unos ojos grises que bizquean hacia dentro tan violentamente que parece que están lanzándose el uno al otro una larga mirada de congoja. La cara permanece en la ventana durante una hora, aproximadamente; luego se vuelven a cerrar los postigos, y ya no se ve alma viviente en toda la calle.»

Carson McCullers, La balada del café triste

Yo fui el primero de la reserva en conducir un descapotable. Y, por supuesto, era rojo, un Oldsmobile rojo. Era dueño de ese coche junto con mi hermano Stephan. Ambos éramos los dueños hasta que sus botas se llenaron de agua en una noche ventosa y él me compró mi parte. Ahora Stephan es el propietario de todo el coche, y su hermano pequeño Marti (es decir, yo) va caminando a todas partes.

Louise Erdrich, El descapotable rojo


Carolina

Hoy cumpliría años mi abuela materna, Carolina. Hace tiempo que no podía ya contarnos las historias de su infancia como cuando yo era pequeña, adolescente, mujer empezando a ser adulta. Aun así, si cierro los ojos la veo hablar y sonreir. La guerra en el pueblo, la maestra que la pegaba con una regla, el bar del cine. Siempre decía que no había podido estudiar y sin embargo, yo la veía más lista que el hambre.

Tengo la certeza de que, sin su amor y su aceptación siempre presentes, constantes, alumbrando todo hasta el final, no sería quien soy. En su recuerdo, y en el de todas las mujeres que nos cuidaron y nos dieron luz: gracias.

(La de la foto soy yo, en la puerta de su casa leyendo un periódico al revés y en un viaje de los muchos que hice con mis abuelos).


Empezar a escribir

Estos días, al compartir la nueva sección de recursos de la web, he leído muchas veces esta pregunta: «Quiero contar mi propia historia, ¿por dónde empiezo?»

Pasé mi infancia entre carretes de hilo y madejas de lana; supongo que, por ese motivo, recurro siempre a imágenes que tienen que ver con la costura para explicar cómo entiendo la escritura. Seguir el hilo hasta encontrar el comienzo de la bovina para que mi abuela pudiera remendarme los agujeros de los pantalones a la altura de las rodillas, después de una caída; acompañar a mi bisabuela a la tienda de lanas (me hipnotizaban los colores) y comprar lana al peso. Al llegar a casa, sostener la madeja entre los brazos para transformarla en un ovillo.

Esa pregunta inicial contiene un deseo, que es el motor para escribir. Necesitamos, entonces, seguir el hilo para ver dónde empieza . A veces es muy evidente; otras, nos llevará un poco más de tiempo. No importa porque, en ese camino, también aprenderemos. Se abrirán nuevos senderos. No tengas miedo a comenzar tantas veces como sea necesario; a medida que vayas avanzando, podrás volver atrás y decidir cuáles serán las primeras líneas de tu narración.

Así que, si quieres contar tu propia historia, empieza ahora:

  • Formula tu deseo en un cuaderno, tal como te venga a la cabeza. Escribe, por ejemplo: «quiero contar mi propia historia»; «me gustaría escribir mi historia de vida».
  • Si aparece algún miedo, algún temor, alguna objeción, escríbela a continuación: «me gustaría contar mi propia historia, pero siento que…»
  • Continúa escribiendo sin pensar demasiado. Si aparecen recuerdos, escríbelos. Haz este ejercicio tantas veces como sea necesario, hasta que sientas que has encontrado el comienzo del hilo.
  • Una vez que lo tengas, intenta escribir siempre que tengas ocasión. No es necesario que lo hagas a diario, pero sí que lo tengas presente; lleva siempre contigo el deseo de hacerte palabra, deja que te susurre al oído. Que sea él, y no tú, quien negocie y pacte con el miedo.
  • Lee todo lo que puedas, y más. Vuelve a los libros que fueron alimento en el pasado; llénate de versos. Busca historias que se parezca a la tuya en el fondo o en la forma. Investiga la técnica que hace del relato una obra de ingeniería literaria, donde todo está en el lugar que le corresponde.

Lo más importante de este ejercicio es que no te quedes en la idea; que plasmes tus palabras en un cuaderno. A diferencia del pensamiento, que tiende a dar vueltas sobre sí mismo y volver a los lugares que conoce, la escritura siempre nos descubre nuevos senderos. Pero hay que alimentarla con paciencia, con calma y con mucho mimo.

En la sección de recursos de la web encontrarás la hoja de ruta para empezar a escribir. También puedes buscar otras propuestas de escritura en el blog. Y, si quieres algo más estructurado, echa un vistazo a los cursos y talleres; Palabras a volar es un buen lugar para empezar.