Tengo una amiga que quiere escribir

Tengo una amiga que sonríe como si hacerlo fuera a cambiar el mundo; y lo hace, un poco, cada vez que defiende la alegría como una trinchera. También cuando convierte su indignación en artillería de vanguardia y nos junta para pensar cómo podemos reescribir el cuento para que en él estemos todas: las mujeres, las luchas dignas, las tribus del planeta.

Mi amiga tiene una chistera con historias, calcetines y encinas que nos hacen un poco más humanas, más libres. Yo quiero que las convierta en palabras, con su indignación y su alegría. Ella también quiere, pero no encuentra el momento o quizá, la legitimad para ocupar un espacio con su voz. A lo mejor teme que, si llegara a hacerlo, dejaría de nombrar batallas, mujeres, tribus. Yo creo que hay sitio para todo; que, por el contrario, si las alimenta aún más con su propia voz, todas esas cosas serán, cada vez, más grandes, ligeras, imparables.

Una vez le pedí que me dejara publicar sus razones para escribir, pensando que podrían animar a otras personas a encontrar las suyas, a llenarse de palabras.  Están escritas del tirón, sin pulir ni revisar, en un taller de arrativas que sucedió en Madrid. Las compartimos con el deseo de que os acompañen. También para que la voz de mi amiga en sus cuadernos sea cada vez más firme, cotidiana, libre; como su sonrisa y nuestras trincheras.

Por qué escribo

 

Escribo para contarme y encontrarme -a mí y a otras. Escribo para tirar de mis hilos y tejerme. Para regalarme el tiempo, el espacio y las palabras que merezco y que me nombran.

 

Escribo para volar, bailar… Para desenmarañar mis identidades. Para indagar en lo que me mueve, me remueve, me crea y me recrea.

 

Escribo por puro placer. Para perder el miedo al vacío de la hoja en blanco. Para perder el miedo a mis propios vacíos.

 

Escribo -quiero escribir- para mirarme al espejo, reconocerme y guiñarme un ojo mientras sonrío.

Yolanda Polo Tejedor, mayo 2017

La voz de las mujeres (incluye artículo)

“Todas las células de nuestro cuerpo responden a nuestros sueños. Estos son necesarios para nuestra salud y para la salud de nuestro planeta. Los sueños que sueña la Tierra a través de ti son distintos de los que sueña a través de mí. Pero yo necesito oír tus sueños y tú necesitas oír los sueños de las demás mujeres; si no, no tenemos la historia completa”

Christiane Northrup: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer

Los días 17 y 18 de noviembre compartimos en Santiago de Compostela experiencias de lucha por los derechos de las mujeres, arte y emprendimientos en el #EncuentroPeriféricas1. Aquí podéis descargar el artículo que preparé para contar nuestra experiencia con el taller La voz de las mujeres. Es un artículo que irá cambiando con cada edición y aprendizaje; con nuestras lecturas y vuestros comentarios.

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NOTA: La foto de cabecera es de Iris Serrano. Cuando publiqué el post la semana pasada el artículo no estaba disponible, perdonad las molestias. 

Cartografiar el cuerpo

Imagina tu cuerpo como si fuera un mapa.  Haz un recorrido por las diferentes partes que lo forman y escribe un pequeño texto para cada una de ellas, contando lo que vas encontrando en tu viaje: ¿Qué paisajes hay? ¿Qué huellas? ¿Qué ecos? ¿Qué maravillas naturales? No hace falta que respondas a estas cuatro preguntas como si fuera un cuestionario; úsalas como guía, en la medida en que te inspiren. Si quieres, puedes añadir dibujos a tu texto.

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Esta propuesta forma parte del taller La voz de las mujeres. Escribe o dibuja con total libertad, llegando hasta donde sientas que puedes y quieres hacerlo. Puedes contarnos cómo te ha ido o compartir tus dudas en los comentarios. Gracias 🙂

Imagen: Annie Spratt

Lo (poco) que sé sobre la muerte

Dicen que es bueno meditar, de vez en cuando, imaginando que la muerte está sentada a tu lado; pensando en lo que ella te diría, en cómo respondería a tus preguntas. Durante muchos, muchos años, ella ha estado ahí casi todo el tiempo sin que yo la invitara.

La primera vez que nos vimos yo era una niña que, sentada en la parte de atrás del coche, recuerdo ese instante con claridad, tuvo la certeza de que un día iba a morir. No recuerdo un desencadenante, pero sí la clarividencia que me acompañó desde ese momento. Siendo una adolescente busqué respuestas en varios libros. El que más me calmaba era Secretum, de Antonio Prieto. Contaba la historia de un profesor que elige morir en una sociedad que ha alcanzado la inmortalidad, a cambio de que no nazcan más personas. Entre sus argumentos, el protagonista afirma que no se puede amar un instante sin saber que se escapará de nuestras vidas. No lo comparto, pero he conseguido entender que no tenemos elección; sucederá.

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Recuerdo otro fogonazo en el coche, hace unos años, en el que de repente fui consciente de que un día dejaría de tener consciencia. Me contó hace unos meses un hombre de corazón gigante que él también lo sentía a veces. Que esa certeza es una sensación casi física, dolorosa. Para mí fue como traspasarme los huesos, llenarlos de arena, clavarme en el suelo. Era una sensación que me invadía, de la que no podía escapar. Dolorosa, sí, de una forma extraña y desconocida. La dejé estar hasta que se fue diluyendo, poco a poco. Regresó a menudo. Cuatro años y muchas emociones después, ha dejado de doler; no puedo invocarla, aunque quiera. Soy consciente de mi fugacidad, transitoriedad, levedad, incertidumbre; pero no me atraviesa.

Aquellos días tuve un sueño que me ayudó mucho. Veía cómo otras personas desenterraban una cápsula del tiempo; las veía desde fuera, desde otro plano, pero yo ya no estaba allí; no existía. Al despertar sentí que esas personas eran una generación futura, muchos años después de mi muerte. Que mi tiempo era ahora, igual que hace cien años fue el de otras personas. Me sirvió para entender; una vez más, es lo que sucederá.

La muerte me ha visitado muchas veces desde que era una niña; no quiero enumerarlas. Familia, amistades, conocidos, personas queridas de personas muy queridas. Cada vez que llegaba lo inundaba todo; cada vez que se iba yo entendía un poco más pero seguía doliendo tanto, seguirá doliendo tanto. Nos hace sentir más vivas, más presentes, más cerca de las cosas y las personas importantes. Pero, a la vez, nos recuerda que todo puede romperse en cualquier momento.

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Una vez me dijo un gran psiquiatra, acostumbrado a trabajar en situaciones muy difíciles, que lo que nos cuesta es aceptar que la vida (y la muerte) tienen un componente muy grande de azar. Es posible. Cuando acumulamos pérdidas sentimos que no hay azar, sino fatalidad. Como si todo lo que amamos estuviera en el ojo de un huracán y pudiera ser arrastrado al centro en cualquier momento, incluyéndolos a nosotras mismas.

Hace un año vi una película que mostraba ese temor, esa sensación de que el suelo puede abrirse bajo tus pies en cualquier momento y arrrastrarte, arrastrar a quien amas. Nunca he visto la pérdida reflejada con tanta precisión. Fue como si alguien me regalara un lienzo, un pincel y el primer trazo; desde entonces hasta hoy la pérdida tiene forma, nombre, colores. Aún me mareo un poco y me agarro el estómago mientras escribo, pero puedo acotarla; no es una sensación difusa que lo invade todo, que no puedo identificar ni manejar, que provoca miedo al miedo. Nos conocemos, nos hablamos, nos respetamos.

Unos días después de ver aquella película me reuní por primera vez frente a Silvia Melero Abascal para que me contara Luto en Colores; para formar parte del proyecto. Repensar la muerte para celebrar la vida.

Desde entonces, poco a poco, ella se ha ido. Sé que volverá, pero ya no está sentada a mi lado. En estos últimos meses soy tan consciente de lo que soy y siento que, a menudo, deseo que algunas sensaciones, algunos momentos, no se acaben nunca. Me gustaría estar siempre paseando esta orilla, escuchando a, abrazando, bailando, mirándome en los ojos de, contando cuentos, escribiendo, luchando… Muchas veces muchos puntos suspensivos. Saber que no puedo, tener un lienzo y recibir colores de la gente que quiero y me quiere, ha hecho que sea capaz de disfrutar esos instantes; no porque vayan a escaparse de mis manos, sino porque son eternos mientras los sostengo entre ellas (como la criatura efímera y afortunada que soy).

Para Mila, Bego, Fran; para Ester, que nos ha juntado. Para todos los corazones que se fueron antes de tiempo; para los que se quedaron, rotos y remendados. No enumero; ellas y ellos saben.

Nos vemos los días 25 y 26 de octubre en las I Jornadas de Luto en Colores, en Madrid.

CartelJornadas

Soy la Muerte.

(..)

La vida y yo

habitamos juntas

en todos los cuerpos.

(…)

El amor no muere,

aunque se encuentre conmigo.

Soy la Muerte, Elisabeth Helland Larsen & Marine Schneider

 

 

 

Una ocupación de cuerpo entero

Durante las vacaciones

recogemos las piedras

que el mar nos regala.

 

Son las piedras con las que luego,

en el invierno, reconstruimos

las ruinas de nuestras guerras.

 

No sólo les pedimos

que resistan.

También que nos recuerden

que el mar existe.

Silvia Rodríguez*

En agosto el reloj se detiene en este rincón del hemisferio norte, aunque de vez en cuando el viento y las tormentas remueven todo; nos recuerdan que vendrá el otoño, que la luz será cada vez más suave, que nos regalarán menos caricias las orillas.

He tenido tiempo para saber y sentir dónde está Narrativas y otras lunas, hacer balance de los rumbos que he ido experimentando, dibujar el lugar hacia el que dirigirlo a partir de ahora.  Cualquiera que haya puesto en marcha un proyecto sabe lo fácil que es equivocarse; una y mil veces. Una ventaja es que, como de todo se aprende, las herramientas son cada vez más precisas, hechas a mano y a medida, pulidas con la práctica. Otra, que es cada vez más sencillo poner el foco.

Hace algunos años un amigo que cambió sus estudios de geología por la música me dijo que lo que él hacía no era un trabajo, sino una ocupación. Es un músico de cuerpo entero, capaz de oír el canto de los pájaros por encima del jaleo de los coches y de transformar en ritmo cada objeto que toca. La música es su forma de relacionarse el mundo y de atravesarlo para hacer de él un lugar un poco mejor, más habitable. Desde entonces, es justo eso lo que quiero:  una ocupación de cuerpo entero que haga de este planeta un lugar un poco más humano. Si me has leído antes, ya sabes cuál es mi mantra:

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo

Eduardo Galeano

A mí me gustaría ser una especie de espejo con altavoces, en el que las personas pequeñas pudieran mirarse para volver a escuchar su voz, la voz de la infancia y la ilusión, la que sueña y tiene memoria de la belleza; pero también del dolor y la resiliencia. La que guarda y reproduce los ecos del imaginario colectivo. Que cada persona sea lo que de verdad es, que llegue a su esencia y sus heridas a través de la escritura o de la narración, que encuentre sus dragones y sus griales y se sienta legitimada para transformarlos en su voz, sus palabras, su pensamiento.

Excelsa tarea. Ése es, claro, el punto de llegada; el lugar en el que quiero estar. Mientras tanto seguiré haciendo camino contigo, pequeña personita capaz de transformar el mundo; acompañándote y aprendiendo en un proceso en constante revisión en el que formularemos nuestras propias preguntas y rogaremos que las respuestas no sean nunca cerradas, últimas, definitivas.

*Muchas gracias, Eva, por el poema y las charlas. Que el invierno convierta tus ruinas antiguas en brillantes salas de baile.


El 21 de septiembre comienza una nueva edición de los talleres de escritura y narrativas 🙂 ¿Cuento contigo?

ME GUSTARÍA… ACTIVIDAD
Empezar a escribir o recuperar el hábito Escribir (taller)
Escribir textos literarios a partir de mis vivencias Contar tu propia historia (taller)
Trabajar en un proyecton narrativo La voz y la mirada (tutorial)
Utilizar la escritura para el autocuidado Narrativas de autocuidado (taller)
Contar mi propia historia, recuperar la autoría de mi vida La voz de las mujeres (taller)
Conocer las técnicas de storytelling Storytelling (curso)
Conocer las prácticas narrativas Prácticas narrativas en la intervención psicosocial (curso)

Imagen: Karen Cantú Q en Unsplash

Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

Si quieres recibir todas las novedades y promociones, puedes suscribirte al boletín de noticias. Cuido tus datos y no los comparto con nadie. Si tienes cualquier duda o sugerencia, puedes escribirme a lidia@narrativasyotraslunas.com.

¡Hasta pronto!

 

 

 

¿Un taller para mujeres?

RupiKaur
Rupi Kaur, Otras maneras de ussar la boca

Hace unos meses descubrí este artículo de Silvia López, y con él a Rupi Kaur. Leer sus poemas fue una revolución, porque me di cuenta de que muchas de las experiencias que yo había vivido eran universales. Son cosas que sabes, pero que no confirmas hasta que no las ves escritas: todas las mujeres hemos sufrido algún tipo de abuso verbal y/o físico; todas hemos sentido alguna vez que para ser escuchadas teníamos que alzar la voz, porque nos mandaron callar.

Las voces ocultas

Por Leyre Gil

Desde muy pequeña me imaginé que llegaría a ser una suerte de Indiana Jones mezclada con Livingston, Gerald Durrell  y otros aventureros-escritores que poblaban mi romántico imaginario.

Hija de viajeros empedernidos, pronto pude conocer otras culturas y gentes. La elección de estudiar filología árabe fue consecuencia de este romance infinito que me traigo con las letras y lo desconocido desde que tengo uso de razón.

He vivido en cuatro continentes, aprendido cinco lenguas, leído y escuchado a gentes de todos los rincones del mundo. He trabajado como profesora, cooperante, traductora, redactora.

Mi sueño de mochilera incansable parecía no tener fin.

Por el camino encontré a mi compañero, y juntos seguimos con nuestras andanzas por el planeta. Tralaralara.

Pero un buen día me convertí en mamá (mi hija mayor dio sus primeros pasos en la sabana angoleña, mi segunda entre las callejuelas de Jerusalén) y  la maternidad desbarató mi universo en todos los sentidos.

Descubrí que el mundo no era en absoluto lo que yo había visto hasta entonces, ya que a mi historia le faltaba algo esencial: La voz de las mujeres.

Mujeres que cuentan, que crían, que luchan, que cooperan, que educan, que resisten. Y cuyo relato no aparece en ningún libro de historia, en ninguna novela de aventuras, ni en los informativos, ni en los discursos de reyes y políticos.

De repente me di cuenta de que el mundo que me habían enseñado, y en el que yo había vivido, había sido el mundo de los hombres. Y que mis sueños de Indiana Jones eran prácticamente incompatibles con lo que la sociedad esperaba de mí como mujer y madre. ¿Quién se imagina a Indi terminando su aventura a las 4 porque le cierran la guarde?

El proceso de reestructuración vital sigue en curso.

Desde entonces vivo con el deseo de caminar junto a las mujeres para que recuperen, o simplemente “cuperen” (ya que nunca fue suyo) el espacio urbano, social, político, pero sobre todo, el espacio de la palabra.

Escuchar las historias de malabarismos vitales que la gran mayoría de mujeres deben hacer en su día a día, ya sea en la selva amazónica, una aldea bereber o en las calles de una gran ciudad europea se ha convertido en mi obsesión. Esos relatos de lo cotidiano, de las renuncias, de las elecciones impuestas o deseadas se merecen un espacio.

Merecen ser escritas.

Texto escrito por Leyre Gil para presentar el taller Disponer de la palabra. ¿Te animas a escribir con nosotras?