Cuidado y autocuidado

Todas las personas sentimos en algún momento la necesidad de descansar, recuperar fuerzas, nutrinos. Parar, respirar, volver a casa es un curso en el que se juntan la escritura, la atención plena y el autocuidado. Lo he diseñado para acompañarte en esa tarea; para que puedas tomar consciencia de la situación en la que estás en este momento, escucharte, transformar el malestar en un espacio de calma.

Está formado por 4 audios. Cada uno de ellos tiene una duración aproximada de 20 minutos y contiene una pequeña introducción teórica, una meditación guiada y una propuesta de escritura. Puedes utilizarlos tantas veces como quieras. Estará disponible a partir del 23 de marzo de 2019.

Para presentar este curso, he grabado un audio en el que hablo sobre la relación entre el autocuidado y los cuidados, apoyándome en la maravillosa historia de Momo.

Si después de escucharlo te apetece seguir profundizando en este tema, puedes suscribirte al mini curso gratuito, que consta de otros dos audios con propuestas prácticas para:

  • Empezar a utilizar la escritura como herramienta de autocuidado
  • Reflexionar sobre la importancia que tiene en tu día a día y su relación con las tareas de cuidado
  • Definir qué es para ti la buena vida.

 
Y, como siempre, deseando leer tus comentarios sobre este tema. ¡Hasta pronto!

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Lo contrario de ser víctima

El movimiento #MeToo ha confirmado que narrar y compartir lo vivido aumenta la resilliencia; es decir, lo contrario de ser víctima. Ayuda a dar un sentido a la experiencia, a integrarla en la narrativa. Fortalece las estrategias para detectar, manejar e incluso evitar futuros avisos a nivel individual y social. Ha creado un espacio emocional, físico y colectivo en el que expresar la verdad, reconocer el daño, aliviar el sufrimiento.

En las últimas semanas he leído artículos aparentemente bien argumentados afirmando que movimientos como éste o convocatorias como la del 8M victimizan. Siempre me queda la duda de si quien así opina lo hace sólo desde el desconocimiento, si son conscientes del daño que pueden infringir a las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia o abuso. Un porcentaje altísimo de la población.

Hay temas que atañen al bienestar de quienes han luchado y luchan por integrar sucesos traumáticos, por recuperar el sentido y la autoría de sus historias de vida.  Y, con ellas, profesionales investigando durante años, recogiendo saberes, hilvanándolos para suturar sus heridas y promover su resiliencia. Nuestra resiliencia, porque casi nunca estamos  libres de daño.

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Como nos recuerda Alice Miller, a la que conocí leyendo a Erika Irusta, el cuerpo nunca miente; todo lo que vivimos se queda grabado en él. La curación nunca puede pasar por negar las heridas; siempre reconocerlas, aceptarlas, integrarlas. Por eso me produjo mucho dolor leer este artículo, que forma parte del manifiesto de algunas mujeres contra el movimiento #MeToo:

Si me hubiera visto forzada brutalmente a mantener una relación sexual con un agresor o varios agresores, no habría opuesto resistencia, pensando en que la satisfacción del impulso aplacaría el instinto violento. Por más repugnancia que sintiera, o miedo a otro tipo de violencia —la amenaza de un arma—, me atrevo a pensar que habría aceptado que mi cuerpo se sometiera, consciente de que mi espíritu seguiría siendo independiente, que mantendría su integridad y me ayudaría a relativizar la posesión de mi cuerpo. ¿Acaso no es el mismo tipo de protección mental al que recurren las prostitutas, que no escogen a sus clientes?

Siempre se puede disfrutar de una violación”. Enthoven recordó que, en efecto, “técnicamente, se puede experimentar un orgasmo durante una violación, lo cual no significa que la víctima dé su consentimiento”, y que es un error ocultar esa realidad, porque el trauma puede agravarse por el sentimiento de culpa. También dio la razón a otra frase de Lahaie: que “el cuerpo y el espíritu no siempre coinciden”. Dicen que es frecuente que las víctimas de violación tarden en denunciar la agresión por vergüenza. Esta disociación podría ayudarlas a superarla.

Catherine Millet https://elpais.com/elpais/2018/02/06/opinion/1517922099_385720.html

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Ninguna mujer que haya sufrido una agresión sexual diría que técnicamente se puede tener un orgasmo. También es perversa la postura que defiende la autora; que se pueden tener relaciones sexuales de las que una está totalmente ausente, y que la desconexión del cuerpo puede ser un mecanismo de protección. Claro que puede suceder la disociación, pero no puede esgrimirse nunca como algo deseable; son muchas las razones; Si disocias después de una agresión, ¿cómo puedes volver a conectar con tu cuerpo para volver a disfrutar de todo el placer que encierra?

Eve Ensler cuenta en esta charla TED el camino inverso, el que la llevó a estar en su cuerpo. Tarea dificil e imprescindible. Una vez más, en lo personal y en lo colectivo; para que no tengamos que recorrer, una y otra vez, los mismos caminos de sufrimiento. Así que me quedo con las voces que nos quieren unidas, fuertes; nunca víctimas ni sumisas.

 

¿Cuántas heridas secretas nos acompañan? Aunque no siempre son experiencias traumáticas, a veces vienen con nosotras simplemente como parte de la experiencia de ser mujer. Si conseguimos darles una dimensión social, es decir, política, si conseguimos convertirlas en experiencias que se pueden procesar juntas en espacios colectivos podemos zafarnos de tener que arrastrarlas como un peso. Para eso también sirven los colectivos feministas. Sin embargo, a veces las tonalidades de la culpa son infinitas, y encima hay que lidiar con esa culpa en soledad, porque en ocasiones también callamos para no hacer sufrir a los que queremos, por sentido de la responsabilidad hacia el entorno, porque así nos han educado. Contradicciones: a veces dolería más contarlo por las consecuencias sociales que lo que duele el hecho en sí. Y bueno, no siempre somos heroínas. Tampoco víctimas: reconocer las agresiones no nos deja impotentes. Es un acto de afirmación. En la medida que más y más mujeres nos atrevamos a explicar lo que nos ha sucedido será más difícil cuestionar la realidad. Hablar es conjurar la culpa, es estampar la violencia sufrida en la arena social.
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NOTA: Imágenes de Ana Mendieta y su obra. Si no la conoces, echa un vistazo a internet y a tu biblioteca. Merece la pena 🙂

Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

Si quieres recibir todas las novedades y promociones, puedes suscribirte al boletín de noticias. Cuido tus datos y no los comparto con nadie. Si tienes cualquier duda o sugerencia, puedes escribirme a lidia@narrativasyotraslunas.com.

¡Hasta pronto!

 

 

 

La magia de contar

Una anécdota persa muy antigua muestra al narrador como un hombre de pie en una roca cara al océano. Cuenta sin descanso una historia tras otra, deteniéndose apenas un momento para beber, de vez en cuando, un vaso de agua. El océano, fascinado, lo escucha en calma. Y el autor anónimo añade:

Si algun día el narrador callese, o si alguien lo hiciese callar, nadie puede decir lo que haría el océano

Texto: Jean-Claude Carriére, Antología de cuentos e historias mínimas

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Maratón de los cuentos de Guadalajara, 2015

Vivir es disponer de la palabra“, dijo Camen Martín Gaite. Cuantas más palabras tengamos para contarnos lo que nos sucede y para compartirlo con otras personas, cuanto más acertadas y precisas sean nuestras expresiones, más fácil será luchar contra el dolor. Cuando somos capaces de nombrar lo que nos pasa convertimos la niebla difusa que nos oprime en un dragón visible y a nosotras en guerreras o hechiceros capaces de derrotarlo con un golpe de espada o un conjuro (pido disculpas a todos los dragones por el agravio).

La psicoterapia es una relación en la que una persona acompaña a otra para que recupere su capacidad de utilizar la palabra para disipar las tinieblas, invocar a los monstruos y luchar contra ellos… O pararnos a escucharlos, como en la película Un monstruo viene a verme.

Las narradoras y narradores orales nos ayudan, igual que la psicoterapia, a disponer de la palabra: nos cuentan las historias en las que otros vencieron antes. Nos recuerdan el sonido de la risa y la nostalgia, la desesperación y la confianza. Que el mundo es mucho más grande que las calles que recorremos cada día, que nada dura para siempre, que hasta en el interior del ogro más temible puede latir un corazón de gominola.

La narración oral es un acto comunicativo. Quien cuenta con honestidad escucha, mira a los ojos, habla y pregunta con o sin palabras. Transmite una historia que ha preparado hasta hacerla suya, desentrañando los significados y conectando con sus emociones para que al contar podamos sentirla también sin exponernos del todo, saliendo al bosque pero con un mapa para encontrar siempre el camino de regreso a casa. Busca el momento hipnótico en el que su figura desaparece y vemos sólo la historia como si fuéramos uno con ella, como si estuviéramos dentro.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que alguien te contó un cuento mirándote a los ojos? El 20 de marzo se celebra el día internacional de la narración oral. Aquí tienes dos propuestas para disfrutarla: el Festival Atlántica en Santiago de Compostela y las jornadas de MANO, Asociación de narradoras y narradores de Madrid. La Asociación de profesionales de la narración oral en España, AEDA, publica hasta el 20 de marzo una selección de textos relacionados con la transformación https://www.facebook.com/AEDA.narracionoral/.

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Lecturas recomendadas y enlaces de interés

Los narradores orales modernos

Entrevista a Pep Durán

Diccionario de narración oral

Revista El Aedo

Maratón de los cuentos de Guadalajara

I Jornadas Internacionales tomo la palabra: Mujeres, voz y narración oral

Cuente (Graciela Montes)

Contar con los cuentos, Estrella Ortiz

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Nota: Entrada actualizada a partir de un texto publicado en marzo de 2016

Un trabajo del corazón II

Hace algo más de dos años publiqué la primera entrada de Narrativas y otras lunas; en ella hablo de Michael Mahoney. Hace poco he vuelto a leer Psicoterapia constructiva, redescubriendo en el libro tododas las técnicas que he ido incorporado al proyecto en este tiempo: la meditación, la aceptación, la autocompasión, el trabajo con el cuerpo y la fantasía. Michael Mahoney propone un modelo holístico de acompañamiento, desde un respeto inmenso a los procesos de dolor y cambio de cada persona; la vida misma es un proceso en constante dialética, impermanencia y cambio en el que las emociones tienen un papel fundamental.

En las últimas semanas también he revisado todas las experiencias del año. Me hubiera gustado contároslas según sucedían, y espero que así sea en 2017.

Actividades realizadas en 2016

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Foto de Silvia Briones

  • En agosto el coro de la Mariña, impulsado y dirigido por Ugia Pedreira y Pierrot Rougier, me invitó a contar con ellos en La Escondida, un rincón de Espasante al que espero volver a menudo y que os recomiendo visitar si tenéis ocasión. Antes sólo había contado en maratones, así que fue mi primera vez con un público no devoto.
  • El 25 de noviembre estuve narrando en la librería de mujeres de Santiago Lila de Lilith las historias que me contaron las mujeres de Anusca (a la derecha del todo); podéis ver una de ellas en el cuadro que hay detrás de mi. A la izquierda del todo Sergio Tannus, la guitarra más rápida de Galicia y el embajador de la alegría; los otros dos son Suso Sudón y Pedro Pastor, que hacen magia con las palabras. A mi lado está Uxía Senlle, la cigarra más trabajadora que conozco; hace posible casi todo lo que sucede. Aquella tarde nos faltaron, aunque estaban presentes, Fran Pérez y Begonha Caamanho.

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Lila de Lilith, libraría de mulleres en Santiago de Compostela (foto de Alba Díaz, igual que la imagen destacada)– 25 noviembre 2016

Trabajo con entidades

  • El 5 de noviembre di un taller de creatividad para COCEMFE, en el marco del curso de comunicación digital que impartía SocialCo. Hace tiempo fui alumna de Virginia Moraleda (a la derecha del todo) y tenía muchas ganas de trabajar con ella. Además me acompañó desde SocialCo los primeros meses del año para mejorar la web y el plan de comunicación. También me gustó mucho volver a disfrutar un espacio de reflexión con personas vinculadas al movimiento asociativo.

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Foto de COCEMFE Seviila

  • En noviembre di un paso grande que tenía pendiente hace tiempo: solicitar la incorporación al Mercado Social de Madrid. Ya formo parte de la red como entidad proveedora. Estoy contenta, con muchas ganas y agradecida por la rapidez en los trámites.

Talleres presenciales

Sesiones individuales de apoyo psicosocial

En los últimos meses he retomado las sesiones individuales. Me siento cómoda en los procesos breves, acompañanado a cada persona para que detecte sus fortalezas y ordene los acontecimientos vividos desde el enfoque narrativo de la experiencia desde el punto de vista holístico de Mahoney, incluyendo los aspectos sociales y comunitarios.

Novedades 2017

Disponer de la palabra

Las historias tienen un papel fundamental en lo que somos como personas, nos acompañan desde que nacemos y pueden transformar nuestra forma de estar en el mundo. En este proceso incorporamos y damos por ciertas muchas narrativas que no son nuestras sino de la cultura dominante, la familia, los usos sociales. En este taller revisaremos los significados asociados a nuestras identidades en lo individual y en lo colectivo; los mandatos de género; las relaciones entre razón y emoción; las narrativas dominantes. A patir de enero estará disponible en formato online y presencial Disponer de la palabra.

Contar tu propia historia

Un taller presencial con las herramientas básicas para trabajar con los recursos que todas las personas tenemos para contar historias: imaginación, memoria, oralidad y escucha:  Contar tu propia historia.

Esto es todo de momento… Y ésta podría ser yo, recibiendo al 2017 con nuevos proyectos e ilusiones.

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Fotografía de Danka Peter.

¡Gracias por hacerlo posible!

Narrativas de autocuidado en cooperación

 

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 Esta imagen corresponde al ejercicio de una de las personas que asistió al taller narrativas de autocuidado en cooperación y acción humanitaria en Madrid los días 8 y 9 de abril. Revisamos los mapas que nos habían traído hasta aquí y trazamos las primeras líneas de los senderos que nos gustaría transitar a partir de este momento. Algunas personas pusieron los primeros troncos de la cabaña en la que descansarán antes de decidir cuál será el siguiente paso. Como en otras ocasiones, lo que más valoramos al finalizar fue el ambiente que creamos, un espacio en el que compartir experiencias y aprender de las historias ajenas. A partir de ahora cuando hagamos la maleta guardaremos también las narrativas que entre todas y todos editamos ese día. La idea de editar fue de Ana, psicóloga y escritora, con la que Jose María y yo hemos compartido alguna vez trinchera en otros espacios de participación. Nos sirve para explicar cómo la puesta en común de nuestras historias nos permite revisarlas y ampliarlas al tiempo que aprendemos unos de otros.

Cuando pensamos en este taller queríamos unir el enfoque narrativo con nuestra trayectoria en el apoyo emocional a cooperantes y personal humanitario después de una emergencia. Además de constatar que todas estas personas tienen mucho que contar nos habíamos dado cuenta de dos cosas: que la mayor parte de las veces no piden o no reciben ningún tipo de apoyo psicosocial y que desarrollan buenas habilidades de afrontamiento y resiliencia. El enfoque narrativo de la experiencia permite revisar y ordenar tanto los acontecimientos vividos como los significados asociados a ello; recuperar o renovar el sentido de nuestro trabajo o aceptar que ha dejado de tenerlo. Integrar los momentos difíciles y recordar todos los trucos que hemos puesto en marcha para superarlos. Volver a leer para darnos cuenta de que habíamos dejado algunas páginas en blanco, colorearlas y hojear de nuevo el cuaderno de nuestras experiencias para descubrirlas donde deben estar: en el futuro. Recrear lo vivido para entender, desaprender y volver a empezar apropiándonos de los significados. Como dijo otro compañero durante el taller:

“Qué bonito tener la posibilidad de destruir para volver a construir de nuevo”.

  1. Trabajar con los significados

Para comenzar el taller pedimos que cada persona escribiera y compartiera aquellas palabras que definen su trabajo. Aparecieron las organizaciones, con sus expectativas y demandas; nos adaptamos a ellas para poder realizar nuestro trabajo pero preservando nuestros significados, lo que es importante para nosotras, lo que nos hace salir a terreno y continuar allí. Unas personas se sienten más cómodas definiendo su trabajo como ayuda, otras como aprendizaje o apoyo. Nos dimos cuenta de que son muy importantes las relaciones con los demás. Los procesos, porque la mayor parte de las veces el cambio es largo y lento y no lo vemos. Permitirnos disfrutar las experiencias, el intercambio de conocimientos con las comunidades.

  1. Autocuidado

Cuando empecé a revisar bibliografía sobre autocuidado para los talleres encontré que casi siempre se trataba el componente físico y que hacerse cargo de la propia salud se convertía en un mandato, una responsabilidad de quienes se dedican al cuidado personal o profesional de otras personas. Desde este enfoque el autocuidado puede llegar a ser una carga más, otra tarea en nuestra lista de responsabilidades. Tanto desde mi propia experiencia como desde un punto de vista formativo me resulta mucho más sencillo y humano el abordaje de la compasión: cuando seamos compasivas y compasivos con nosotros mismos lograremos serlo con otras personas de forma natural. Así cuidarnos es, de forma automática, una forma de cuidar a los demás: a quienes están cerca y a quienes aún no han llegado a nuestras vidas.

La autocompasión, que suena tan mal en nuestro idioma, tiene tres componentes que tienen mucho que ver con el autocuidado(1):

  • Ser consciente de y estar abierto al propio sufrimiento individual
  • Ser amable y no condenarse a sí mismo
  • La consciencia de compartir las vivencias con los demás en vez de sentirse solo y avergonzado

Una vez que nos permitimos la difícil tarea de reconocernos como personas; una vez que aceptamos tratarnos con mimo, cariño y respeto, escuchando y atendiendo nuestras necesidades, merece la pena preguntarnos cuáles son éstas: ¿qué es, para mí la buena vida? Dedicar un tiempo y un espacio a cultivarla, explorar las prácticas que nos hacen sentir bien y apropiarnos de ellas.

  1. El pensamiento narrativo

Hablamos del pensamiento narrativo para explicar cómo la forma en que nos contamos las cosas a nosotras y nosotros mismos y a los demás influye en cómo nos sentimos, cómo nos vivimos y entendemos o dejamos de hacerlo. Conocer sus bases nos permite buscar alternativas a las narrativas dominantes, aquellas que queremos ampliar o cambiar. Nos sirve para generar narrativas flexibles teniendo en cuenta que:

  • Todas las personas necesitamos tener un mínimo de control sobre nuestras experiencias
  • La narrativa alternativa ha de ser coherente con nuestros significados, pero a la vez lo suficientemente flexible para poder adaptarse a los nuevos conceptos, a diversas situaciones.

 4. “Botiquín” para el autocuidado

Empezamos el sábado por la mañana identificando 5 acciones de cuidado y 5 de autocuidado que hayamos realizado en la última semana. Nos sirvió para ver el equilibrio entre ambas, para pensar sobre cómo atendemos a las demandas de otras personas y para darnos cuenta de cosas pequeñas que nos hacen sentir mejor; identificarlas nos permitirá consolidarlas. Proponemos llevar un diario de acciones de autocuidado para darles un espacio en el día a día. A veces la mejor estrategia es no hacer nada, permitirse espacios. Espacios necesarios para estar con nosotras y nosotros mismos porque, como dijo alguien:

“Me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”.

Aunque en el programa estaba previsto dedicar un espacio a mindfulness y autocompasión no nos dio tiempo a detenernos. Una de las personas que ya lo practicaba nos contó que le servía para “desconectar del mal rollo y conectar con cosas que habitualmente no veo”.  Recomendamos la lectura de este texto de Alesandra Pigni en el que explica cómo mindfulness puede ser un recurso para aceptar, conectar, darnos cuenta; poder parar y saber qué sentimos, qué queremos. También mencionamos este artículo que nos recuerda que mindfulness no puede ser el parche mantener un ritmo de vida demasiado acelerado.

  1. La vuelta a casa

Cuando las personas presentes en el taller preparan su maleta para un nuevo destino hay dos cosas simbólicas que no faltan nunca: la ilusión y el deseo, a veces incluso el propósito, de mantenerse en contacto con las personas que se quedan aquí. Esto nos recordó que la vuelta a casa puede ser la parte más difícil del proceso por diversas razones:

  • La dificultad para expresar nuestras vivencias y, a veces, la aparente falta de interés de los demás por escucharlas
  • El choque cultural: volvemos a  nuestro lugar de residencia y nos eonctramos que con muchos más recursos se hace mucho menos, nos quejamos por cosas nimias, estamos muy poco centrados en las relaciones y las personas, la comunicación es menos auténtica y la queja vacía una práctica frecuente
  • La extrañeza de saber que volvemos a casa y la vez sentir que hemos sido felices tan lejos de ella.
  1. El cuidado desde las organizaciones

Nos preguntamos en qué medida las organizaciones para las que trabajamos se preocupan del cuidado del personal humanitario y resaltamos la importancia de hacerlo “desde fuera”, sin evaluar el rendimiento de la persona y validando sus emociones siempre que sea posible. Cuando el apoyo no está disponible, no es de calidad o no nos genera confianza, recomendamos utilizar el apoyo entre pares: poder contar con otra persona que no esté en terreno en ese momento pero haya tenido la experiencia, o tenga la suficiente apertura como para comprender por lo que estamos pasando; alguien con quien nos sintamos escuchados sin ser juzgados.

  1. Dibujar los mapas

En una cartulina dibujamos una línea de vida que recoja aquello que queríamos ordenar o entender cuando decidimos apuntarnos al taller: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda o el cuidado…Señalamos los acontecimientos y personas más importantes y vamos comentando las reflexiones que surgen. Este ejercicio nos sirve para tomar perspectiva, darnos cuenta de la importancia de algunas cosas e integrar experiencias. Después observamos como un todo lo que hemos recogido en el dibujo: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda y el activismo… Para pensar qué nombre le daríamos si fuera una película. Algunos ejemplos fueron Memorias de África, En busca del arca perdida, El viaje a ninguna parte, la gran evasión.

  1. Conclusiones

El taller nos sirvió para entender el autocuidado como un espacio que nos damos a nosotros mismos y que podemos compartir para editar nuestras narrativas, lo que nos permite “destruir para construir” nuevos mapas.

Bibliografía utilizada

Además de los artículos enlazados, para preparar este taller hemos utilizado los siguientes textos:

  • (1) Terapia centrada en la compasión, Paul Gilbert
  • Vivir con plenitud las crisis, John Kabat-Zinn
  • Taller de autocompasión, por Marta Alonso y Vicente Simón
  • Mamá, quiero ser cooperante
  • Escribir desde terreno
  • Ponencia sobe apoyo emocional en el curso Formación en intervención psicosocial en emergencias en el contexto de las organizaciones humanitarias (Lidia Luna y Jose María Rodríguez).

Para mí fueron de mucha ayuda la web, reflexiones y mimos virtuales de Airam Vadillo. ¡Gracias por estar cerquita!

 

 

 

 

 

 

 

 

Un mapa de las emociones: la tristeza

A veces me siento transparente, y las cosas suceden a través de mí. Cuando salgo a pasear el viento me atraviesa, limpiando cada uno de mis huesos sin que duela. Me contagian sonrisas y canciones ajenas, soy una partícula más de lo que existe. Conecto, comparto, me reparto.

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Otras veces despierto con el cuerpo pesado, como si atrajera la gravedad de todo planeta. Me cuesta invocar la intención de moverme y, aunque lo logre, soy una masa densa, pastosa, opaca. Camino atrapada entre las paredes negras de mis temores. Si pudiera elegir sólo entre dos opciones, no dudaría: prefiero la tristeza a este pesar sin forma.

La tristeza como emoción primaria —igual que la alegría, el miedo, el enfado o la vergüenza— nos da información valiosa sobre lo que es bueno o no para nosotros, sobre qué relaciones suman y cuáles restan, sobre los objetivos hacia los que deberíamos dirigir nuestra energía. Las emociones primarias también proporcionan a los demás información acerca de lo que necesitamos. Si conseguimos conocerlas, limpiarlas de miedos y ansiedades, son nuestra mejor brújula. El mapa de nuestras emociones es un boceto vivo, dinámico y cambiante, que no evitará el dolor; pero sí puede ayudarnos cuando volvamos a perdernos a recordar que, aunque no sepamos bien cómo llegar, existe un lugar en el que nos gustaría estar.

Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)
Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)

 Los cambios inesperados y no deseados vienen acompañados de pérdidas: perdemos personas, esperanzas, anhelos, horizontes o capacidades. Y con ellas la visión que teníamos del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Estas situaciones nos obligan a aguantar la tristeza durante un tiempo que no sabemos cuánto durará. Aguantar la tristeza implica conectar con ella como emoción primaria, limpia de culpa y ansiedad. Sabemos que hemos conectado porque la sensación es, de algún modo, agradable: allí ya no hay angustia, no hay que luchar, nada más que  averiguar: sólo estar. Lo explica Leslie Greenberg:

Los sentimientos primarios son agradables. Uno siente que son correctos, aun cuando sean doloroso. Incluso cuando no son saludables te ayudan a sentirte más sólido. Son, con claridad, lo que tú sientes. Puedes decir “siento que he fallado o “me siento destrozado o asustado de estar solo”. Esto se dice sin pánico. En vez de dejarte confundido o ansioso, te proporciona una base sólida. Serás capaz de admitir: “sí, esto es lo que siento”.

Aguantamos la tristeza como se aguanta un muro que está a punto de derrumbarse, sin saber si podremos apartarnos a tiempo. Reunimos el coraje necesario para darle los buenos días y las buenas noches; bajamos con ella a un lugar oscuro y sin luz cada vez que nos reclama. Deshacemos con nuestras manos cada una de las ilusiones que teníamos antes. Nos agotamos tratando de continuar por el camino antiguo hasta aceptar, por fin, que es imposible seguirlo. Y entonces, cuando empezábamos a sentirnos cómodas en compañía de la tristeza, hay que dar un paso más para no recrearnos en ella, para no dejarnos arrastrar.

Mientras estamos inmersas en el dolor no concebimos un nuevo cambio; sin embargo conectar con la tristeza es un proceso que nos obliga a pararnos y soltar lastre. Las pérdidas se han llevado una parte de nosotras mismas: de nuestras rutinas, nuestro sentimiento de amor, nuestros apoyos. Tenemos que raspar los huecos vacíos para empezar a llenar de nuevo nuestra vida con actividades que nos ayuden a construir nuevos significados, con personas que también tengan la valentía de conectar con sus emociones. No vale cualquier cosa, no queda mucho espacio para lo irrelevante. Hasta que un día, sin que nos demos cuenta, comenzamos a transitar nuevos lugares que reflejan lo que de verdad somos, lo que queremos, lo que sentimos.

LidiaLunaPirineo

Estas palabras están dedicadas a todas las personas que aguantan o aguantaron su tristeza; con el deseo de que los próximos meses estén llenos de consuelo, esperanza y nuevos afectos. 

El mito de la llegada

Santiago Matás - Calua Navegación (mayo 2006)
Santiago Matás – Calua Navegación (mayo 2006)

<< El mito de la llegada es un tema básico en las leyendas y cuentos de muchas culturas y en diferentes épocas. Son historias que fomentan la esperanza y la perseverancia frente a la adversidad y la maldad. Han tenido un papel importante en nuestra supervivencia. En el corazón del mito de la llegada hay un punto de inflexión o momento de llegada después del cual ya pasó lo peor, el sufrimiento ha terminado y la dicha nos recompensa. En el formato más frecuente de la historia, el personaje principal —gracias a la bondad, al valor, a la inteligencia, a la fortuna, a la intervención de lo sobrenatural, o de alguna otra forma— alcanza finalmente la felicidad eterna. Ha superado la principal dificultad que había en su vida y puede permanecer triunfante en la cima de ese éxito. Sin duda, enraizado en el corazón del mito de la llegada hay un mensaje para cada uno de nosotros. En concreto, que para nosotros también llegará un día en el que nuestros esfuerzos y nuestro sufrimiento terminarán. La depresión, la ansiedad, la ira y todas las formas de mal-estar (de des-contento) finalmente acabarán. Nos levantaremos una mañana y veremos claramente que hemos llegado: hemos puesto orden en nosotros mismos y en nuestra vida de forma que nunca pueda ser alterada. Estamos sanos y felices. Tendremos el trabajo, la casa y la relación que siempre habíamos querido, holgados económicamente y, sobre todo, en paz con nosotros mismos. A partir de entonces, disfrutaremos de un mar en calma y de una navegación tranquila. Las pruebas más arriesgadas y dolorosas serán superadas y podremos, desde entonces, navegar tranquilamente durante el resto de nuestra vida feliz.

Es un mito atractivo y no necesariamente malintencionado. Proporciona esperanza, que es esencial en la vida. El mito de la llegada puede resultar más tentador en los momentos en que soportamos las situaciones vitales más difíciles. Sin embargo, este mito también tiene consecuencias negativas, porque promueve que la persona se aferre de una forma impaciente y poco práctica a una meta que resulta inalcanzable. Fomenta la esperanza de una llegada, por lo que hay un sentimiento de frustración y fracaso hasta que se alcanza ese destino mítico. En parte por la fe en su mensaje, podemos esforzarnos para llegar a ser impecables: perfectos, instruidos y, de otra forma, viviendo por conseguirlo.

El mito de la llegada promueve la negación de que “el siguiente problema está siempre en el correo”. Tanto si es una rueda pinchada, como si son los impuestos, un bulto en el pecho o en la próstata, o la enfermedad o la muerte de un ser querido, siempre habrá un nuevo desafío. La vida nos asalta continuamente. No hay camino sin dolor, No hay vida sin sufrimiento. Este mensaje es un aspecto central en las enseñanzas de las principales religiones. La senda de la iluminación espiritual no evita ni niega ese dolor. De hecho, suelen aceptarlo como un instrumento muy potente para el desarrollo personal. Parafraseando a Thomas Merton, una persona no se hace monje para sufrir más o menos que las otras personas, sino para sufrir de una forma más eficiente.

La llamada buena vida no es lo mismo que sentirse bien todo el tiempo, como algunos libros de autoayuda pueden insinuar. La buena vida es aquella que reconoce el dolor de forma que lo hace más significativo. El objetivo de esta vida es mantenerse abierta, comprometida y en desarrollo en todo lo que supone la vida. Al menos en este sentido, una persona ya está ahí cuando está comprometida al máximo. Hasta que una se para a apreciarlo, este compromiso se puede vivir como un intento desesperado por alcanzar otro lugar. El destino se trasforma en un trayecto. Estar presente se transforma en un logro muy valioso.>>

Michael J. Mahoney

Gran Canaria (mayo 2007)

Cuídate mucho, amigo, y escucha los susurros de tu corazón

mientras late con su valioso ritmo a lo largo de tus días;

mis cálidos pensamientos y mis esperanzas están contigo en tus viajes a través de todo…

Y las sendas de la vida, siempre en proceso, encuentran sus caminos.

Ten una existencia amable, peregrino en proceso; aprende a confiar en que la confianza es valiosa,

lo mismo ocurre con la risa y el descanso;

recuerda que vivir es un acto de amor en sí mismo,

y el secreto es permanecer siempre a la búsqueda…

Fragmento del poema Pilgrim in process de Michael J. Mahoney. Adaptado de la traducción publicada en Psicoterapia constructiva, editorial Paidos (2005) al que pertenece también el primer texto.

Otra referencia al autor en este blog: Un trabajo del corazón.

Sobre mí

Narrativas y otras lunas es un proyecto que surge de mi experiencia profesional y personal, así como del deseo de construir una ocupación coherente con mi forma de entender el mundo. Creo que como personas poseemos cuatro tesoros: la palabra, la imaginación, la relación con la naturaleza y la relación con otras personas. Habitar el mundo, tejer redes de afecto y cooperación, formularnos preguntas, buscar respuestas, soñar. Contar y contarnos.

Cuando era pequeña andaba siempre con un libro en las manos y la cabeza llena de historias propias o ajenas. Jamás me pregunté qué quería ser de mayor: si acaso, marisabidilla, como aquellos barbudos de la antigua Grecia que conocían el cielo, los eclipses y el origen de casi todo. Después quise ser un montón de cosas, pero estudié psicología y he ejercido mi profesión desde el año 2001. Aunque se quedaron en el camino los eclipses y algunos cuentos, he aprendido mucho sobre las emociones, sobre cómo funcionamos las personas, sobre mis propios procesos. También he tenido la suerte de conocer gente maravillosa y entusiasta capaz de compartirse y crecer, de poner su granito de arena con el convencimiento de que, como escribió Galeano, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Un día me di cuenta de que, de los diferentes espacios en los que he trabajado, lo que más me gusta, además de leerlas y escucharlas, es contar historias y ayudar a otras personas a contarlas. Empecé a formarme en comunicación para el cambio social, crónica periodística y otras técnicas de narración.

Como psicóloga he utilizado las técnicas del constructivismo, he impartido formación sobre técnicas narrativas a profesionales, y las he usado en el ámbito de la intervención psicosocial grupal e individual.

Como lectora, preguntona y aprendiz de narradora, durante los últimos diez años he participado en talleres de creación literaria  —como alumna y, en dos ocasiones, como coordinadora— . He estudiado asignaturas de arte y filosofía y he leído toneladas de libros.  He llenado varios cuadernos. He viajado, me he perdido, he tratado de explorar siempre nuevos lugares dentro y fuera de mí. Por suerte, sigo convencida de que no hay respuestas definitivas, ni creencias inmutables, ni verdades absolutas.