Lo contrario de ser víctima

El movimiento #MeToo ha confirmado que narrar y compartir lo vivido aumenta la resilliencia; es decir, lo contrario de ser víctima. Ayuda a dar un sentido a la experiencia, a integrarla en la narrativa. Fortalece las estrategias para detectar, manejar e incluso evitar futuros avisos a nivel individual y social. Ha creado un espacio emocional, físico y colectivo en el que expresar la verdad, reconocer el daño, aliviar el sufrimiento.

En las últimas semanas he leído artículos aparentemente bien argumentados afirmando que movimientos como éste o convocatorias como la del 8M victimizan. Siempre me queda la duda de si quien así opina lo hace sólo desde el desconocimiento, si son conscientes del daño que pueden infringir a las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia o abuso. Un porcentaje altísimo de la población.

Hay temas que atañen al bienestar de quienes han luchado y luchan por integrar sucesos traumáticos, por recuperar el sentido y la autoría de sus historias de vida.  Y, con ellas, profesionales investigando durante años, recogiendo saberes, hilvanándolos para suturar sus heridas y promover su resiliencia. Nuestra resiliencia, porque casi nunca estamos  libres de daño.

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Como nos recuerda Alice Miller, a la que conocí leyendo a Erika Irusta, el cuerpo nunca miente; todo lo que vivimos se queda grabado en él. La curación nunca puede pasar por negar las heridas; siempre reconocerlas, aceptarlas, integrarlas. Por eso me produjo mucho dolor leer este artículo, que forma parte del manifiesto de algunas mujeres contra el movimiento #MeToo:

Si me hubiera visto forzada brutalmente a mantener una relación sexual con un agresor o varios agresores, no habría opuesto resistencia, pensando en que la satisfacción del impulso aplacaría el instinto violento. Por más repugnancia que sintiera, o miedo a otro tipo de violencia —la amenaza de un arma—, me atrevo a pensar que habría aceptado que mi cuerpo se sometiera, consciente de que mi espíritu seguiría siendo independiente, que mantendría su integridad y me ayudaría a relativizar la posesión de mi cuerpo. ¿Acaso no es el mismo tipo de protección mental al que recurren las prostitutas, que no escogen a sus clientes?

Siempre se puede disfrutar de una violación”. Enthoven recordó que, en efecto, “técnicamente, se puede experimentar un orgasmo durante una violación, lo cual no significa que la víctima dé su consentimiento”, y que es un error ocultar esa realidad, porque el trauma puede agravarse por el sentimiento de culpa. También dio la razón a otra frase de Lahaie: que “el cuerpo y el espíritu no siempre coinciden”. Dicen que es frecuente que las víctimas de violación tarden en denunciar la agresión por vergüenza. Esta disociación podría ayudarlas a superarla.

Catherine Millet https://elpais.com/elpais/2018/02/06/opinion/1517922099_385720.html

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Ninguna mujer que haya sufrido una agresión sexual diría que técnicamente se puede tener un orgasmo. También es perversa la postura que defiende la autora; que se pueden tener relaciones sexuales de las que una está totalmente ausente, y que la desconexión del cuerpo puede ser un mecanismo de protección. Claro que puede suceder la disociación, pero no puede esgrimirse nunca como algo deseable; son muchas las razones; Si disocias después de una agresión, ¿cómo puedes volver a conectar con tu cuerpo para volver a disfrutar de todo el placer que encierra?

Eve Ensler cuenta en esta charla TED el camino inverso, el que la llevó a estar en su cuerpo. Tarea dificil e imprescindible. Una vez más, en lo personal y en lo colectivo; para que no tengamos que recorrer, una y otra vez, los mismos caminos de sufrimiento. Así que me quedo con las voces que nos quieren unidas, fuertes; nunca víctimas ni sumisas.

 

¿Cuántas heridas secretas nos acompañan? Aunque no siempre son experiencias traumáticas, a veces vienen con nosotras simplemente como parte de la experiencia de ser mujer. Si conseguimos darles una dimensión social, es decir, política, si conseguimos convertirlas en experiencias que se pueden procesar juntas en espacios colectivos podemos zafarnos de tener que arrastrarlas como un peso. Para eso también sirven los colectivos feministas. Sin embargo, a veces las tonalidades de la culpa son infinitas, y encima hay que lidiar con esa culpa en soledad, porque en ocasiones también callamos para no hacer sufrir a los que queremos, por sentido de la responsabilidad hacia el entorno, porque así nos han educado. Contradicciones: a veces dolería más contarlo por las consecuencias sociales que lo que duele el hecho en sí. Y bueno, no siempre somos heroínas. Tampoco víctimas: reconocer las agresiones no nos deja impotentes. Es un acto de afirmación. En la medida que más y más mujeres nos atrevamos a explicar lo que nos ha sucedido será más difícil cuestionar la realidad. Hablar es conjurar la culpa, es estampar la violencia sufrida en la arena social.
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NOTA: Imágenes de Ana Mendieta y su obra. Si no la conoces, echa un vistazo a internet y a tu biblioteca. Merece la pena 🙂

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
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Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.

 


Conclusiones del taller presencial de narrativas

El sábado 7 de marzo nos reunimos en la Asociación Cultural El Despertador para celebrar el taller de narrativas Herramientas básicas para contar tu propia historia. Éstos fueron los contenidos:

  • El pensamiento narrativo. La importancia de contar.
  • Narrativas dominantes. ¿Normalidad? Recuperar nuestras historias
  • Narración fotográfica
  • El arte y las narrativas
  • Técnicas de recuerdo y de revisión de vida. La escritura
  • – Técnicas de creatividad y de desbloqueo.
  • Contar con todos los sentidos
  • Mi proyecto: ¿qué quiero contar? Recopilar caja de herramientas: qué me llevo
  • Identidad. Conclusiones y cierre.

El espacio donde nos juntamos recibió una valoración muy positiva. Era cómodo, acogedor, y estaba rodeado de objetos creativos que nos inspiraron para inventar historias completas en pocos minutos.

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Los motivos para hacer el taller eran variados. Algunas personas querían desbloquearse, aumentar el autoconocimiento, conocer una técnica de autocuidado; contar una historia ya diseñada o aprender herramientas narrativas para la intervención psicosocial. Mi objetivo era crear un espacio en el que tejer saberes en torno a las narrativas y lo doy por cumplido: tanto por el intercambio de experiencias y opiniones durante el taller, como por la puesta en común de contenidos durante la fase de preparación. Respecto a las expectativas del resto, según la valoración final su grado de cumplimiento fue de 8’5 sobre 10. Precisamente se valoró como muy positivo el ambiente de confianza, respeto e intercambio que se generó. Al finalizar coincidimos también en el propósito de conocernos y cuidarnos más, aunque hubo un debate interesante en torno a la identidad. Quizá, como dice Oscar Gonçalves, la tarea de los próximos 2000 años sea un saludable “auto-desconocimiento”.

En el apartado sobre narración y fotografía, Sol Salama compartió su visión de la fotografía como una herramienta participativa, capaz de reflejar y recrear el funcionamiento de la memoria. También nos invitó a reflexionar sobre cómo la sobresaturación de imágenes hace que pierdan su sentido, su potencial comunicador. Sol tiene una gran sensibilidad para expresar sus vivencias con fotografías, así como para captar lo que narran otras personas. Nos dio algunas claves para leer la fotografía y pensar nuestros propios proyectos, a través de varios ejemplos y del proceso de construcción de su trabajo Fisuras. Por ejemplo estas dos ideas:

  •  La mejor técnica para hablar de lo universal es hacerlo desde las propias experiencias y emociones
  • La fotografía puede ayudarnos a mirar nuestro mundo, nuestras rutinas, nuestro presente desde la extrañeza y el asombro, como si los viéramos por primera vez.

José María Rodríguez fue desvelando pautas para la intervención con narrativas mediante el análisis de diversos cuadros. Transmitió su pasión por el arte y una gran capacidad para abordar las emociones y temas como la soledad, el amor o la muerte con sencillez y aplomo. Parte de la expresividad de su ponencia se basa en la técnica que utiliza, así que no contaré mucho más para conservar el misterio.

 En ambos casos faltó tiempo para formular preguntas y profundizar en sus sugerencias. Lo mismo sucedió con Eva Leoz, que diseñó un recorrido entre las narrativas públicas o privadas, la “patología” de la normalidad, los aspectos que negamos y el diálogo con nuestras sombras. Finalizó con la propuesta del amor y la aceptación de las diferencias. Así, terminamos con una frase que sintetiza muy bien el desarrollo del taller: “qué potencial tendríamos si no tuviéramos miedo”. Afirmación compartida por todas y todos, que sirve a la vez como síntesis y propósito.

 Por último, entre las sugerencias están:

  • La propuesta de crear un espacio aún más participativo
  • Mejorar la estructura de los contenidos para cubrir todo el programa

Así, la principal lección aprendida es ampliar la duración del taller para realizar más dinámicas participativas y dedicar a todos los contenidos el tiempo que requieren.

Gracias a cada una de las personas que detuvisteis vuestros relojes durante unas horas para compartir vuestras experiencias y, sobre todo, de vuestros corazones: gracias por estar, de verdad, presentes. Tenéis este espacio a vuestra disposición para ampliar e incluso rebatir las conclusiones.

A quienes mostrasteis interés pero no pudisteis venir, os esperamos en la próxima.

El mito de la llegada

Santiago Matás - Calua Navegación (mayo 2006)
Santiago Matás – Calua Navegación (mayo 2006)

<< El mito de la llegada es un tema básico en las leyendas y cuentos de muchas culturas y en diferentes épocas. Son historias que fomentan la esperanza y la perseverancia frente a la adversidad y la maldad. Han tenido un papel importante en nuestra supervivencia. En el corazón del mito de la llegada hay un punto de inflexión o momento de llegada después del cual ya pasó lo peor, el sufrimiento ha terminado y la dicha nos recompensa. En el formato más frecuente de la historia, el personaje principal —gracias a la bondad, al valor, a la inteligencia, a la fortuna, a la intervención de lo sobrenatural, o de alguna otra forma— alcanza finalmente la felicidad eterna. Ha superado la principal dificultad que había en su vida y puede permanecer triunfante en la cima de ese éxito. Sin duda, enraizado en el corazón del mito de la llegada hay un mensaje para cada uno de nosotros. En concreto, que para nosotros también llegará un día en el que nuestros esfuerzos y nuestro sufrimiento terminarán. La depresión, la ansiedad, la ira y todas las formas de mal-estar (de des-contento) finalmente acabarán. Nos levantaremos una mañana y veremos claramente que hemos llegado: hemos puesto orden en nosotros mismos y en nuestra vida de forma que nunca pueda ser alterada. Estamos sanos y felices. Tendremos el trabajo, la casa y la relación que siempre habíamos querido, holgados económicamente y, sobre todo, en paz con nosotros mismos. A partir de entonces, disfrutaremos de un mar en calma y de una navegación tranquila. Las pruebas más arriesgadas y dolorosas serán superadas y podremos, desde entonces, navegar tranquilamente durante el resto de nuestra vida feliz.

Es un mito atractivo y no necesariamente malintencionado. Proporciona esperanza, que es esencial en la vida. El mito de la llegada puede resultar más tentador en los momentos en que soportamos las situaciones vitales más difíciles. Sin embargo, este mito también tiene consecuencias negativas, porque promueve que la persona se aferre de una forma impaciente y poco práctica a una meta que resulta inalcanzable. Fomenta la esperanza de una llegada, por lo que hay un sentimiento de frustración y fracaso hasta que se alcanza ese destino mítico. En parte por la fe en su mensaje, podemos esforzarnos para llegar a ser impecables: perfectos, instruidos y, de otra forma, viviendo por conseguirlo.

El mito de la llegada promueve la negación de que “el siguiente problema está siempre en el correo”. Tanto si es una rueda pinchada, como si son los impuestos, un bulto en el pecho o en la próstata, o la enfermedad o la muerte de un ser querido, siempre habrá un nuevo desafío. La vida nos asalta continuamente. No hay camino sin dolor, No hay vida sin sufrimiento. Este mensaje es un aspecto central en las enseñanzas de las principales religiones. La senda de la iluminación espiritual no evita ni niega ese dolor. De hecho, suelen aceptarlo como un instrumento muy potente para el desarrollo personal. Parafraseando a Thomas Merton, una persona no se hace monje para sufrir más o menos que las otras personas, sino para sufrir de una forma más eficiente.

La llamada buena vida no es lo mismo que sentirse bien todo el tiempo, como algunos libros de autoayuda pueden insinuar. La buena vida es aquella que reconoce el dolor de forma que lo hace más significativo. El objetivo de esta vida es mantenerse abierta, comprometida y en desarrollo en todo lo que supone la vida. Al menos en este sentido, una persona ya está ahí cuando está comprometida al máximo. Hasta que una se para a apreciarlo, este compromiso se puede vivir como un intento desesperado por alcanzar otro lugar. El destino se trasforma en un trayecto. Estar presente se transforma en un logro muy valioso.>>

Michael J. Mahoney

Gran Canaria (mayo 2007)

Cuídate mucho, amigo, y escucha los susurros de tu corazón

mientras late con su valioso ritmo a lo largo de tus días;

mis cálidos pensamientos y mis esperanzas están contigo en tus viajes a través de todo…

Y las sendas de la vida, siempre en proceso, encuentran sus caminos.

Ten una existencia amable, peregrino en proceso; aprende a confiar en que la confianza es valiosa,

lo mismo ocurre con la risa y el descanso;

recuerda que vivir es un acto de amor en sí mismo,

y el secreto es permanecer siempre a la búsqueda…

Fragmento del poema Pilgrim in process de Michael J. Mahoney. Adaptado de la traducción publicada en Psicoterapia constructiva, editorial Paidos (2005) al que pertenece también el primer texto.

Otra referencia al autor en este blog: Un trabajo del corazón.

El hacedor de marionetas

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El hacedor de marionetas

¿Alguna vez has deseado tocar tus sueños? Yo sí. Cuando era pequeña imaginaba una máquina capaz de recoger las escenas soñadas y proyectarlas durante el día; imaginaba, incluso, que las recreaba en tres dimensiones. Si tenía pesadillas me alegraba despertar; pero cuando las sensaciones eran agradables, nada más abrirlos volvía a cerrar fuerte los ojos y trataba, sin éxito, de volver a saltar dentro de mi sueño. Si pudiera pedir tres deseos este sería uno: tener un artilugio capaz de almacenar sueños y proyectarlos después, como si fuera una filmoteca.

Hace poco un amigo me llevó a ver El hacedor de marionetas, una instalación que estará en el Palacio de Cristal de Madrid hasta el 16 de marzo. Pensó, con razón, que podría gustarme y que me interesaría desde el punto de vista de las narrativas. En la web del museo Reina Sofía hay información sobre la obra y, como no soy la única persona fascinada por ella, también es fácil encontrar artículos en internet.

El Palacio de Cristal es un pabellón de 1887 situado en el Parque del Retiro, frente a un estanque con árboles de raíces sumergidas. Janet Cardiff y George Bures Miller han instalado en él caravana antigua estilo norteamericano. Nada más entrar encontramos en ella la figura de un hombre-marioneta que trabaja compulsivamente para crear objetos, marionetas y pequeñas figuras a las que, en palabras de los artistas, trata de insuflar vida. Este empeño, junto con la figura de una mujer a tamaño real que parece dormir y los artilugios del exterior de la caravana, recuerdan a los experimentos del doctor Frankenstein. La mujer parece soñar con las figuras que danzan a su alrededor; el hombre parece soñar sus criaturas con tanta fuerza que logra materializarlas.

Para ambos artistas el sonido es un medio muy físico, que les permite transmitir al espectador la sensación de que está en una obra de teatro. Pero a la vez la caravana nos obliga a mirar dentro asomándonos a través de las ventanas; nos convierte, así, en testigos de los sueños y el proceso creativo del hacedor:

Nos gusta crear piezas en las que el público pueda sumergirse. Nos parece que mantener a las personas fuera de la obra provoca de alguna manera que se sientan inmersos en ella porque imaginan y, al imaginar, se adentran en la obra de un modo diferente”.

Propuesta: recordar los sueños

Para trabajar con el material que nos proporcionan nuestros sueños el primer paso es recordarlos al despertar. Lo más importante no son los detalles y el contenido, sino su tono emocional. Una forma de atraparlo es transcribirlo nada más despertarnos, antes de hacer ninguna otra actividad. Lo más difícil de este ejercicio es mantener la rutina de lanzarse sobre la libreta antes que sobre el café. Intenta hacer este ejercicio todos los días durante un mínimo de siete. Si te resulta muy complicado, intenta incorporarlo en tu rutina de fin de semana. Después de un tiempo es probable que los sueños sean más intensos y resulte más sencillo recordarlos. Además el ejercicio de escritura puede darnos información valiosa sobre los acontecimientos y emociones diarios, y el mero acto de dedicarnos los primeros minutos del día es un valioso regalo que nos hacemos.

 

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“El hacedor de marionetas” Palacio de Cristal (2015)

La niña que fuimos

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Esta entrada habla de mujeres. Mujeres que, aunque carguen con culpa y vergüenza, son portadoras de luz. Mujeres que luchan, cantan y cuentan: al mundo entero o a quien se pare a escuchar. Mujeres que abrazan y que tienen el valor de abrazarse a sí mismas.

En esta entrada habla sobre todo una mujer: Amparo Sánchez, cantante y compositora, a la que entrevistó el domingo 14 de diciembre María José Parejo en el programa de Radio 3 El Bosque Habitado. Amparo cuenta cómo el proceso de revisar y escribir su experiencia en una relación de violencia machista la liberó de la culpa y la vergüenza. Creo que merece la pena escuchar sus palabras y su música porque transmiten la fuerza inmensa de las personas que son capaces de enfrentarse a todos sus fantasmas, dormir con ellos tantas noches como sea necesario y volver para contarlo:

“Escribir este libro para mí ha sido una terapia, una sanación. He llorado mucho, me he emocionado mucho. Me he sentido muy frágil, muy vulnerable, muy desnuda; pero me ha liberado muchísimo (…). La culpa hace que pese más la mochila de los recuerdos. Libérate de la culpa. Todo aquello que te duela o te haga sentir culpable libératelo.”

El libro se llama El sol, la niña y el lobo. En este enlace puedes leer otra entrevista: http://www.feminicidio.net/articulo/amparo-s%C3%A1nchez-la-mujer-maltratada-debe-sentir-sobre-todo-el-abrazo-de-la-sociedad.

Mi fragmento favorito del programa de radio es en el que Amparo habla de su reencuentro con la niña que ella fue, una niña a la que durante mucho tiempo evita recordar para ver si así desaparece. Pero la niña reclama atención hasta que ella consigue reconocerla y honrarla:

“… y sobre todo abrazar a esa niña que se había quedado allí solita y yo ya no la quería ni quería decirle nada, de pronto tener a partir de los recuerdos y de la escritura la posibilidad de abrazarla, de decirle que no merecía lo que pasó, que ella no tenía culpa de lo que pasó y que no tenía que sentir más vergüenza; que hoy era una gran mujer y que tenía que estar muy contenta por todo lo que habíamos hecho juntas. Y esa niña ahora viaja conmigo y está conmigo todo el tiempo y no dejo de hablarle.”

Creo que todas llevamos dentro a una niña a la que antes o después tendremos que escuchar, honrar y abrazar. Pero no sólo porque quizá guarde recuerdos dolorosos que sólo pueden callarse después de escucharlos: también porque, como dice Amparo, las niñas y los niños no cargan aún con la pesada mochila de la culpa. Tienen una mirada llena de luz, intuición y sabiduría. Custodian sueños que tal vez hemos olvidado y debemos recuperar.

Un trabajo del corazón

“Como sujeto no me queda más remedio que ser subjetivo, si yo fuera un objeto podría ser objetivo”.

Rolando Menéndez, Escritura creativa: Cuaderno de ideas

 

A menudo me encuentro con gente que expresa su interés por la psicología. Intuyo que, cuando lo hacen, se refieren a una psicología antigua, sin pretensión de objetividad, enredada con la filosofía y otras materias.

Supongo que se refieren a lo que yo también esperaba encontrar: una disciplina modesta que, si pudiera verse a sí misma hoy en día, se espantaría al encontrarse tan estirada y, a menudo, ajena a todo lo humano.

Diógenes buscando un hombre (honesto)
Diogenes looking for a man. Attributed to Johann Heinrich Wilhelm Tischbein [Public domain], via Wikimedia Commons
Lo que yo esperaba de la psicología se parece mucho a Psicoterapia constructiva. En este libro, Michael Mahoney  cuenta cómo llegó hasta los estudios de psicología gracias a su encuentro, casi casual, con Milton Erickson. Habla de espiritualidad, de las dificultades del cambio, de meditar y encontrar el centro; de la fantasía, del trabajo con los sueños. Cuenta cómo hacer un esfuerzo consciente para ponerse en la piel de la persona que se sienta enfrente, honrarla y respetarla.

Explica lo doloroso que puede llegar a ser escuchar relatos de sufrimiento, en los que se muestra lo peor que las personas podemos llegar a ser, para devolver esperanza.  Cuenta cómo un terapeuta con más de cuarenta años de experiencia le pide que le acepte como cliente. Este hombre era, a su vez, terapeuta de terapeutas:

“Dijo que no tenía a nadie con quien hablar. Cargaba, en su amplia espalda y en su gran corazón, con los secretos de muchos años de servicio a terapeutas, que, a su vez, cargaban sobre sus propias espaldas y corazones las luchas y las tragedias de cientos de personas, familias y grupos de su comunidad”.

Mahoney le atendió durante diez años y, cuando estaba comenzando este libro, el otro terapeuta enfermó. En sus últimos meses de vida instó a Mahoney a continuar el libro:

“Me animó a que hiciera un trabajo del corazón. Cuéntales, cuéntales cómo puede ser. Cuéntales lo duro que es ayudar […] y también lo agradable que es. Dales una idea.”

Para mí, Psicoterapia Constructiva es un libro de imperfecciones. No en la forma, si no en el fondo. Un libro escrito con pasión y compasión hacia lo que significa ser persona. Recoge una frase hermosa, impropia de un libro científico:

“Cada individuo está conectado a todos los demás individuos, presentes pasados y futuros, a través del tiempo y del espacio, y a través de muchos puentes simbólicos”.

No hay en él nada simple, y sin embargo está lleno de sencillez. He escuchado varias veces que es un libro “un poco hippie”. A lo largo de mi carrera, también he escuchado alguna vez esa afirmación referida a determinadas prácticas que he utilizado. Supongo que las psicólogas “hippies” nos sentimos más cómodas buceando entre las palabras de psicólogos “hippies” que osan salpicar con poesía los libros de psicoterapia; quizá porque podemos alborotar con poemas los márgenes de esos libros sin mancharnos de culpa.

Mi intención, con este blog y con este proyecto, es hacer un trabajo del corazón. Como Michael Mahoney

“ruego perdonen mis excesos […]. Espero que su crecimiento sea tan fértil como deseen y que la danza que bailen les llene el corazón”.