Escritura autobiográfica: vivir para contarnos

«Creo que la pasión de contar es inherente a la naturaleza humana. Que contar es volver a vivir, pero poniéndose a salvo del desorden propio de la vida. Y que, en el fondo, la verdadera vida no es tanto la que únicamente se vive, sino aquella que al tiempo de vivirse se puee contar, o que se vive contándola. Como si vivir verdaderamente sólo fuera estar contándonos algo. Darnos el don de una historia.

Gustavo Martín Garzo, El hilo azul

1. El deseo de contar nuestra propia historia
2. Mi propia historia
3. ¿Para qué sirve?
4. ¿Por dónde empiezo?
5. Recomendaciones para el viaje
6. Qué ofrezco en Narrativas y otras lunas

EL DESEO DE CONTAR NUESTRA PROPIA HISTORIA

IMAGINACIÓN, MEMORIA, ORALIDAD

Todas las personas tenemos una historia que contar y los recursos básicos para hacerlo: imaginación, memoria, oralidad. Si estás leyendo este artículo es posible que sientas el deseo de ordenar o narrar tu propia historia de vida para entenderla o para dejar atrás lo que sientes que ya no eres y, a partir de ahí, seguir escribiendo nuevas páginas. Ordenar para integrar y proyectarte en el futuro.

Quizá te estés planteando compartirla con las personas a las que quieres para que comprendan un poco mejor quién eres, de dónde vienes; o para que puedan conocer y sanar una parte de la historia familiar.

Siarhei Plashchynski

LA BENDITA MANÍA DE CONTAR*

Nos contamos nuestra historia todo el tiempo a nosotras y a nosotras mismos, y compartimos una parte de esa historia con otras personas de forma más o menos consciente y elaborada en las conversaciones cotidianas, en las redes sociales, cuando comenzamos a tejer intimidad.

Somos narradoras y narradores natos; debería ser fácil escribir nuestra propia historia. Y sin embargo, cuando empezamos aparece el miedo. A que lo que quieres narrar, esa historia que late fuerte y pide ser contada, en realidad no sea tan importante, que no sea original o relevante. A que otras personas te juzguen; incluso si decides escribir solo para ti, sientes su mirada por encima de tu hombro. Te preocupa exponerte demasiado, ser transparente, que alguien utilice la información en contra tuya.

*Título de un libro de Gabriel García Márquez

EL MIEDO Y EL DESEO

Te asusta visitar lugares oscuros que han permanecido ocultos y tapados durante mucho tiempo; perderte en ellos y no encontrar nunca más el camino de vuelta a casa. O abrir la mazmorra de los monstruos que habías conseguido encerrar en el rincón más profundo de tu mente.

El deseo y el miedo son dos emociones que nos impulsan, nos movilizan y nos bloquean; la forma de relacionarnos con ellas, los recursos que tengamos para potenciar el deseo y escuchar al miedo, nos ayudarán a conseguir lo que queremos.

El miedo, a su manera, nos cuida y nos protege; enciende una alarma para que sepamos que nos aproximamos a lugares en los que nunca antes hemos estado, o a las estancias cuyas puertas sellamos hace mucho tiempo.

El deseo nos impulsa a conocer, desenredar, leer el pasado por última vez para seguir escribiendo el futuro; para no seguir escuchando los rugidos del monstruo mientras dormimos.

CONTRA EL BLOQUEO

Te propongo que reconozcas y aceptes el miedo, te apoyes en el deseo y des el primer paso. No suelo hacer afirmaciones categóricas y, sin embargo, me atrevo a decirte que merece la pena ir un poco más allá y empezar a contar tu propia historia. Mi experiencia escuchando historias de vida, acompañando a otras personas para que puedan encontrar los hilos de la memoria e hilvanar con ellos sus vivencias, me ha enseñado que todas las personas tenemos una capacidad inmensa para la resiliencia. Sabemos hasta dónde podemos y queremos llegar, y hasta dónde no.

También te animo a identificar tus ritmos, tus necesidades, tu deseo y tus temores; cambiar el miedo a lo desconocido por un mapa del castillo. Saber, conocer, siempre trae calma. De la calma pueden nacer emociones nuevas, como la ilusión de intentar construir un futuro diferente.

UNA HISTORIA UNIVERSAL

Mutiara Zoo

Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota. 

Chimamanda Adichie, El peligro de la historia única (TED)

Por último, aunque cada experiencia es única, siempre hay algo de universal en nuestras vivencias. Leer y escuchar a otras personas que han pasado por una situación similar a la nuestra, que encontraron la forma de sobrevivir al dolor y a las dificultades, puede ayudarnos a sentir que también podemos hacerlo. Incluso a nombrar y legitimar lo que nos sucede.

Así que ten en cuenta que si decides compartir una parte de tu trayectoria vital (seguramente necesites antes un largo viaje de reflexión y edición) es probable que sea importante y valiosa para otras personas.

MI PROPIA HISTORIA

Mujer sentada sonriendo detrás del dibujo de un faro
Imagen tomada por La Platanera

Mi nombre es Lidia Luna. De profesión soy psicóloga; de vocación escuchadora y contadora de historias, dos cosas que considero imposible separar.  Me gusta tener los pies en el mar, subir y bajar montañas, caminar sin rumbo fijo y conversar con quienes saben escuchar. Me cuesta hablar de mí en público, quedarme callada cuando no entiendo algo y acatar la autoridad impuesta. 

Trabajé durante muchos años en el ámbito de la salud mental, en cooperación y en derechos humanos (lo cuento aquí). En 2014 comencé a imaginar un proyecto de autoempleo que fuera coherente con mi forma de entender el mundo, en el que pudiera sumar mi experiencia profesional y todo lo que me gusta o siento que sé hacer bien: leer, escribir, contar. Escuchar las historias de vida de otras personas y acompañarlas para que pudieran contárselas de forma que en ellas estuvieran presentes no solo sus heridas y sus daños, sino también sus fortalezas; recuperar la memoria comunitaria; reconstruir la narrativa de una persona, un lugar o un colectivo; tener en cuenta las redes de afectos que sostenemos y nos sostienen, todo aquello de lo que formamos parte y que nos ayuda a dar sentido, o aceptar que a veces no lo encontramos.

Para lograrlo, fui buscando la forma de contarme mi propia historia; recogí las herramientas que había ido encontrando en mi trayectoria personal y profesional; volví a encontrarme con la niña que fui y así, desrendendándome y reordenándome, nació Narrativas y otras lunas.

Aleen Kai

¿PARA QUÉ SIRVE?

Contar mi propia historia, recopilar las herramientas que a mí me habían servido y utilizarlas en este proyecto, me ha ayudado a escribir con libertad, disfrutándolo; a conseguir que las palabras me nombren cuando siento que lo necesito. También puede servirte para:

  • Desarrollar un proyecto autobiográfico en cualquier discplina artística: escritura, narrativa, danza, pintura, narración oral.
  • Potenciar tu creatividad.
  • Encontrar tu voz.
  • Sentir más seguridad a la hora de desarrollar y comunicar un proyecto de autoempleo.
  • Mejorar la comunicación contigo misma, contigo mismo, y con otras personas.
  • Tomar una decisión importante.
  • Acompañar un proceso de psicoterapia.
  • Conocerte más para cuidarte mejor.
  • Identificar las historias que otras personas te han contado sobre ti
  • Disfrutar escribiendo y desenredándote.

¿POR DÓNDE EMPIEZO?

Jeremy Bishop

Cuando empecé a compartir la sección de recursos de la web, me hicieron muchas veces esta pregunta: quiero contar mi propia historia, ¿por dónde empiezo? Escribí un artículo con las respuestas que conozco; puedes leerlo aquí.

ESCRIBE

Lo que siempre digo es que si quieres escribir, escribas; empieza hoy con las primeras palabras que se te ocurran. No lo dejes para mañana; no pienses que es suficiente con armar la historia en tu cabeza. Si lo haces, solo conseguirás dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo. En cambio sobre el papel las ideas, los temores, los pensamientos e incluso los deseos se transforman; puedes relacionarte con ellos de otra forma. Nombrarlos, manejarlos, invocarlos o conjurarlos.

En la sección de recursos encontrarás la hoja de ruta, que puede ayudarte con los primeros pasos: identificar las razones por las que quieres escribir y los temas que más te interesan en este momento. La escritura es una práctica y un camino largo, no hay recetas mágicas; desconfía de quien las prometa. Salvo seres privilegiados, nadie logra comunicar lo que quiere en dos días, ni en dos semanas.

Toa Heftiba

Busca una estructura para empezar a organizar el material autobiográfico, un guión, aunque después lo cambies: ¿vas a seguir un orden cronológico o temático? ¿qué marca el paso de una etapa a otra? Empieza a escribir a partir de ahí, y después ve haciendo todos los cambios que necesites.

Normalmente nos cuesta dar incluso el primer paso, que es poder hablar con nosotras y con nosotros mismos para saber qué es lo que de verdad queremos contar y la forma en la que lo estamos sintiendo; después hay que tranformarlo en palabras.

Así que para hacer este viaje necesitarás, también, paciencia; y una dosis grande de compasión contigo, en el mejor sentido de la palabra. Escucharte, permitirte, acoger lo que venga y aceptar que habrá días en los que, por más que lo desees, no escribirás.

LEE

Fotograma de El cielo sobre Berlín

Lee mucho; los libros son el mejor alimento para la escritura. La mejor manera que conozco de conectar con los libros es visitar una librería alternativa, en la que todavía haya libreras y libreros dispuestos a orientarte; o perderte entre los estantes de una biblioteca y acariciar los lomos, abrirlos, leer las contraportadas hasta encontrar aquel que se parece a lo que buscas. También hay películas maravillosas que pueden inspirarte. En el próximo artículo sobre escritura autobiográfica actualizaré mi lista de referencias; pero si quieres algún consejo para empezar, pregúntame e intentaré recomendarte alguna.

Si tienes claro que te apetece explorar la historia familiar y tu relación con los ancestros, en la web de Mireia Nieto encontrarás recursos interesantes sobre genealogía.

RECOMENDACIONES PARA EL VIAJE

Jordan Madrid

CUÍDATE

Escúchate mientras escribes; decide hasta dónde quieres llegar. No tienes la obligación de ser fiel al pasado, ni a los hechos, ni a ninguna persona más que a ti misma; escribe para ti, con total libertad. Después tendrás tiempo para decidir lo que quieres compartir, cómo, con quien. Intenta que la escritura sea cada vez más un espacio para disfrutar, estar contigo, llegar a lo que de verdad sientes y necesitas contar.

Si te cuesta trabajo escribir en soledad, puedes buscar una persona de confianza con la que te apetezca compartir tus historias. También puedes acudir a una tertulia de escritura o a un espacio de formación online o presencial; siempre que nos apetezca contar con ellas, la mirada de otras personas que están en un proceso similar al nuestro es muy enriquecedora. Nos sirven de espejo cuando escriben lo que nosotras no somos capaces de nombrar; identifican nuestros puntos fuertes y aquello que puede mejorar en nuestras narraciones. Uno de los mejores recursos para encontrar el tono y la voz narradora de una historia es imaginar para quién escribimos, un lector o lectora imaginarios; de esta los tendrás de verdad y te resultará más sencillo escribir y editar.

CUIDA A OTRAS PERSONAS

Si escribes sobre tu experiencia con la intención de hacer públicos tus textos de alguna manera, ten en cuenta a las personas que aparecen en tu narración. Si no quieres que nadie las identifique, puedes cambiar sus nombres o modificar algunos datos. Si decides no hacerlo, o sientes que algunas personas pueden verse reflejadas en lo que cuentas, valora la posibilidad de hablar con ellas para avisarlas e, incluso, compartir con ellas los apartados en los que aparecen.

Si no quieres compartir los textos antes de publicarlos ni dar demasiadas explicaciones, o prefieres mantener la duda sobre la autenticidad de lo que narras, siempre puedes resguardarte en la autoficción, aclarando que lo que cuentas no es del todo verdad ni del todo mentira. O que partes de tu experiencia, pero ficcionas los hechos.

ESCUCHA AL MIEDO

Brigitta Schneiter

Identificar el miedo, las voces críticas, los bloqueos. No intentes evitarlos; es mucho más eficaz entablar un diálogo con ellos. Si lo que te impide escribir con libertad es la lealtad a una persona viva o muerta, quizá te ayude escribir primero una carta no enviada. En este artículo encontrarás otros recursos para escribir contra el bloqueo.

ALIMENTA EL DESEO

El acto de escribir es el acto de hacer el alma, la alquimia

Gloria E. Alzandúa
Daria Nepriakhina

Recuerda que, siempre que sientas el deseo de hacerlo, la escritura es un recurso de autocuidado muy eficaz; te ayudará a conocerte mejor, a saber lo que necesitas, a cuidarte y a quererte. Aunque al principio te resulte difícil, merece la pena desdicarle tiempo y espacio.

Rodeáte de todo aquello que te ayude: libros, frases inspiradoras, cuadernos. Conecta con tus razones para escribir y tenlas siempre a la vista.

Al mismo tiempo, si estás escribiendo sobre una situación difícil, valora siempre hasta dónde quieres y puedes llegar. Si sientes que cuando empiezas no eres capaz de parar a pesar de estar metiéndote en terreno pantanoso, o vives la escritura «como una vomitona», márcate un límite temporal; por ejemplo, no escribir durante más de diez minutos.

Construye tu propia brújula, sé flexible; quédate con lo que a ti te sirve. Escúchate, anota todo lo que llegue. Ten siempre presente lo que te ayuda y también lo que te obstaculiza; permítete.

Ian Dooley

QUÉ OFREZCO EN NARRATIVAS Y OTRAS LUNAS

Mi objetivo es que este artículo te sirva para comenzar a practicar la escritura autobiográfica, conectando con tus recursos para hacerlo. Si en algún momento quieres profundizar en la tarea, dedicarle un tiempo y un espacio estructurados o dar un paso más y recorrer una parte del camino acompañada, estoy aquí.

Como psicóloga, traigo las técnicas que he experimentado en carne propia y ajena para orientarte en la reconstrucción de tu historia de vida. Las técnicas de recuerdo, las prácticas narrativas y las narrativas terapéuticas.

Aporto, también, mi capacidad para ayudar a cada persona a identificar sus fortalezas; para ver lo que brilla en el fondo y devolverlo a la luz. Para reconocer e identificar las sombras, llegar hasta ellas; atravesar el miedo y el vacío cuando sientas que estás preparada o preparado para hacerlo, que es el momento, y además tienes los recursos necesarios.

Reconocer la vulnerabilidad para, cuando llegue el momento oportuno, transformarla en nuestra mayor fortaleza.

Como (aprendiz de) escritora y narradora, como lectora voraz, traigo la literatura, la pasión por las historias tradicionales y nuestra capacidad para contarnos; la libertad en la práctica de la escritura y las herramientas para consolidar el hábito.

Creo que también es importante trazar algunos caminos que nos permitan ir de lo particular a lo universal, y viceversa; encontrar un punto de apoyo en el imaginario y las experiencias colectivas, y a la vez transformar las nuestras en algo que, si así lo queremos, otras personas puedan aprovechar para trazar y recorrer sus propios senderos.

CURSO-TALLER CONTAR TU PROPIA HISTORIA

Mila Popovick

Lo que te ofrezco en este curso son las herramientas para que puedas dibujar tus propios mapas; los antiguos, y los nuevos. Que tengas una pequeña idea de dónde estás, del lugar al que te gustaría ir. Que puedas comenzar a ordenar el material autobiográfico, tener una hoja de ruta, y a partir de ahí seguir explorando; tanto si tu intención es desenredar la madeja, como si quieres escribir tu autobiografía. Una vía para el autoconocimiento y también para el autocuidado; conocerte mejor para quererte más, ser un poco más consciente de tu vulnerabilidad; conocer sus nombres y que eso te haga más fuerte.

Los mapas te ayudarán a diseñar la trayectoria que quieres seguir para revisar y contar tu propia historia de vida. Escribir tu propia historia es una tarea larga, que pide tiempo y paciencia. Trabajar con la memoria emocional requiere tomarnos el tiempo suficiente para que lo que vamos sintiendo se coloque en el cuerpo; para nutrirnos y descansar, algo que también está presente en este curso; tener siempre un lugar seguro al que volver.

En este curso encontrarás la vía para seguir el hilo, desbrozar el camino, retirar las capas de forma gradual; las bases para ordenar el material autobiográfico que ya tienes, o el que escribas a lo largo del taller. La revisión de la historia de vida puede resultar una tarea abrumadora al principio; tener un guión de trabajo puede ayudarte a manejar el material.

No es un curso sobre técnica literaria; hay manuales magníficos en los que puedes encontrar esa información. Tampoco puedo decirte que al terminar el taller vayas a publicar un libro; es algo que requiere mucho tiempo y el dominio de la técnica.

Durante 12 semanas harás un viaje desde tu interior a las personas y paisajes que te rodean; desde el presente y lo pasado, hasta el porvenir. Tu recorrido no será lineal; te moverás creando espirales que te permitirán salir de los círculos de pensamiento en los que nos enredamos cada día, para dibujar y habitar nuevos márgenes. Explorarás tus identidades, las historias que otras personas nos han contado sobre ellas y las que sentimos que nos pertenecen.

Porque somos en comunidad, visitarás los territorios físicos y sociales que ahora habitas, para fortalecer los espacios colectivos que sostienen tus resistencias cotidianas. Para que tus raíces sean, de verdad, propias y sólidas pero también áreas, ligeras, móviles, compartidas.

Un viaja para desconocerte, contar tu propia historia, rehabitarte y habitar el mundo.

© Todos los derechos reservados para el texto y las imágenes propias: reproducir citando la fuente y la autoría

¡Gracias por tu tiempo! Si quieres saber más sobre la escritura autobiográfica, quieres preguntarme algo, recomendar lecturas o películas, o compartir cualquier otro recurso relacionado con este tema, nos encontramos en los comentarios.

Confiar

Hace tres veranos una mujer generosa y fuerte a la que acababa de conocer me invitó a unirme a ella en el Festival Andanças. Siempre he querido volver a conectar con mi cuerpo desde la danza y el baile como hacía cuando, siendo niña, disfrutaba las horas semanales que dedicaba al patinaje artístico. Andanças es un encuentro de música folk en el que los bailes son, sobre todo, grupales. Una noche, un hombre mucho más mayor que yo, con experiencia en la danza, se ofrecío a bailar conmigo una mazurka. Los cuerpos se acercan en algo muy parecido a un abrazo, la mujer cierra los ojos y se deja llevar; por la música, no por el hombre. Él acompaña, guía, pero apenas sostiene; cuando me permití estar en ese instante con el cuerpo, sin aferrarme al control, solo existió la melodía.

Durante los primeros minutos yo estaba rígida como una tabla de planchar. El hombre se detuvo, y me dijo: «pareces un saco de patatas. Esto es como la vida, tienes que dejarte llevar». Me reí mucho, y confié en él; entonces sucedió la magia. Ese instante me guió en las próximas semanas y, unido a otras cosas, me sirvió para volver a encontrarme conmigo desde un lugar mucho más sano, más libre. Apagar la olla exprés que a veces pueden ser nuestras cabezas y escuchar el pulso del corazón, el útero, el estómago; donde quiera que estén las emociones y el instinto.

Es fácil cuando consigues la suficiente calma y seguridad para sentir el suelo bajo tus pies, la música en el cuerpo, las manos de otra persona entrelazando las tuyas. Pero hay momentos en la vida, cuando tienes que sacar algo adelante (una persona a tu cargo, un proyecto de autoempleo o un empleo precario, a ti misma de un lugar oscuros) en los que tenemos que estar alertas, sostener muchos hilos a la vez; entonces no es posible fluir, entregar el cuerpo y el alma a la magia del instante.

Me dice el cuerpo desde hace semanas que es tiempo de soltar otra vez los hilos, en lo personal y en lo laboral; de aflojar la cabeza y las corazas y fluir al ritmo de la música. Rendirme a lo que venga, dejar que me atraviese. Lo escribo para que así sea, para no olvidar. También para recordarme, recordarnos, que no siempre es posible.

La voz y la memoria

Si pienso en un momento feliz de mi infancia me veo recorriendo un camino entre dos pueblos, rodeada de amapolas y cardos borriqueros; campos de trigo y cielos azules, horizontes interminables. O un bosque lleno de árboles, y una hilera de afanosas hormigas que observo desde arriba, con admiración y respeto.

El disfrute de la naturaleza representa, para mí, la libertad; aun hoy en día, es en ella donde encuentro refugio y consuelo, donde soy capaz de parar el torbellino de pensamientos que a veces se arromolinan en mi cabeza por las exigencias del día a día.

En los talleres casi siempre dedico al menos una propuesta de escritura a la conexión con los recuerdos de la niñez; un tiempo que casi nunca fue del todo placentero, un territorio al que no todo el mundo quiere o puede volver. Lo que busco en ese viaje hacia el pasado no es la felicidad perdida, sino la libertad para ver y sentir; a nosotras y a nosotros mismos, y al mundo que nos rodea. La mirada capaz de asombrarse y maravillarse, de descubrir algo por primera vez. De desear  y soñar, pero también de conectar con el miedo y la tristeza cuando aparecen; para buscar consuelo, pero sin espantarlos en cuanto asoman por la puerta.

Esa mirada y esa capacidad para sentir las emociones tal como llegan son, en mi experiencia, uno de los pilares para encontrar la propia voz; para crear y contar historias capaces de conmover, también, a quien lee o escucha.

El próximo viernes 15 de febrero comenzamos en la librería Bahía de Foz un taller presencial que se llama La voz y la memoria. En él exploraremos la creación de historias a partir de nuestros recuerdos y de otros dos aspectos muy valiosos para potenciar la imaginación y la capacidad narrativa de cada persona: nuestra experiencia cotidiana y la memoria de los lugares que habitamos.

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Me dijeron:
—O te subes al carro
o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.
Gloria Fuertes

Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

Si quieres recibir todas las novedades y promociones, puedes suscribirte al boletín de noticias. Cuido tus datos y no los comparto con nadie. Si tienes cualquier duda o sugerencia, puedes escribirme a lidia@narrativasyotraslunas.com.

¡Hasta pronto!

 

 

 

Las voces ocultas

Por Leyre Gil

Desde muy pequeña me imaginé que llegaría a ser una suerte de Indiana Jones mezclada con Livingston, Gerald Durrell  y otros aventureros-escritores que poblaban mi romántico imaginario.

Hija de viajeros empedernidos, pronto pude conocer otras culturas y gentes. La elección de estudiar filología árabe fue consecuencia de este romance infinito que me traigo con las letras y lo desconocido desde que tengo uso de razón.

He vivido en cuatro continentes, aprendido cinco lenguas, leído y escuchado a gentes de todos los rincones del mundo. He trabajado como profesora, cooperante, traductora, redactora.

Mi sueño de mochilera incansable parecía no tener fin.

Por el camino encontré a mi compañero, y juntos seguimos con nuestras andanzas por el planeta. Tralaralara.

Pero un buen día me convertí en mamá (mi hija mayor dio sus primeros pasos en la sabana angoleña, mi segunda entre las callejuelas de Jerusalén) y  la maternidad desbarató mi universo en todos los sentidos.

Descubrí que el mundo no era en absoluto lo que yo había visto hasta entonces, ya que a mi historia le faltaba algo esencial: La voz de las mujeres.

Mujeres que cuentan, que crían, que luchan, que cooperan, que educan, que resisten. Y cuyo relato no aparece en ningún libro de historia, en ninguna novela de aventuras, ni en los informativos, ni en los discursos de reyes y políticos.

De repente me di cuenta de que el mundo que me habían enseñado, y en el que yo había vivido, había sido el mundo de los hombres. Y que mis sueños de Indiana Jones eran prácticamente incompatibles con lo que la sociedad esperaba de mí como mujer y madre. ¿Quién se imagina a Indi terminando su aventura a las 4 porque le cierran la guarde?

El proceso de reestructuración vital sigue en curso.

Desde entonces vivo con el deseo de caminar junto a las mujeres para que recuperen, o simplemente “cuperen” (ya que nunca fue suyo) el espacio urbano, social, político, pero sobre todo, el espacio de la palabra.

Escuchar las historias de malabarismos vitales que la gran mayoría de mujeres deben hacer en su día a día, ya sea en la selva amazónica, una aldea bereber o en las calles de una gran ciudad europea se ha convertido en mi obsesión. Esos relatos de lo cotidiano, de las renuncias, de las elecciones impuestas o deseadas se merecen un espacio.

Merecen ser escritas.

Texto escrito por Leyre Gil para presentar el taller Disponer de la palabra. ¿Te animas a escribir con nosotras?

Contar tu propia historia (pájaro a pájaro)

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

Durante nuestra infancia tenemos claro que lo que sentimos y deseamos y, normalmente, somos capaces de expresarlo con sencillez. A medidas que crecemos vamos incorporando expectativas acerca de lo que las demás personas esperan de nosotras, perdemos espontaneidad e instinto.

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Contar tu propia historia te ayuda a elegir tu camino; a dejar de navegar con mapas ajenos, perseguir sueños heredados. A identificar y neutralizar las voces críticas que te susurran los desastres que vendrán cada vez que escribes lo que de verdad sientes. Recuperar las personas y situaciones que fueron importantes para ti. Acceder a los secretos y escribirlos en un papel, aunque después los quemes; conocer y aceptar tus emociones.

Contra el bloqueo

Escribe. Siempre. Si no sabes sobre qué escribir, escribe sobre tus dificultades para hacerlo. Mira alrededor; pregúntate cómo son las cosas, cómo te gustaría que fueran, qué pasaría si alguna de ellas cambiara en este momento. Cómo llegaron hasta ahí los objetos que ves; cuál es la historia de la ropa que llevas puesta: ¿Cuál es tu prenda o complemento favorito? ¿Cuánto hace que lo tienes? ¿A qué lugares lo has llevado? ¿En qué situaciones especiales te recuerdas llevándola? No hagas caso a la crítica ni a la autocensura pero, si aparecen, acéptalas. Captúralas en el papel o en la pantalla del ordenador para neutralizarlas.

En esta sección de la web encontrarás algunas propuestas para escribir.

Cuando no puedas escribir llena una cartulina de garabatos o colores, desentona una canción, cocina, baila, haz fotos; ordena las que tienes intentando contar una historia sobre algo que te preocupe. Pero no dejes de descoserle los dobladillos a la realidad. Dibújale un par de coloretes; ponle ridículos volantes de puntilla o un canesú. Recuerda siempre esta frase de Anne Lammot (Pájaro a pájaro):

Hace treinta años mi hermano mayor, que a la sazón tenía diez años de edad, estaba intentando escribir una redacción para la que nos habían dado tres meses de plazo y que había que entregar al día siguiente. Habíamos salido a nuestra cabaña de campo en Bolinas y él estaba sentado a la mesa de la cocina, al borde de las lágrimas, rodeado por papeles de cuaderno de anillas y lápices y libros sobre pájaros sin abrir, inmovilizado por la inmensidad de la empresa a acometer. Entonces mi padre se sentó a su lado, pasó el brazo por encima de su hombro y le dijo: “pájaro a pájaro, coleguita, hazlo pájaro a pájaro”.

Talleres de narrativas

Si quieres compartir este proceso, te ofrezco dos versiones del taller Contar tu propia historia:

TALLER PRESENCIAL EN MADRID: 1 de abril, Asociación el Despertador. Información completa del evento en facebook y en la web

TALLER ONLINE: Empezamos el 4 de abril.

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Escribir un diario

Cuando era pequeña tuve un diario con candado, cuadernos, servilletas de papel y agendas en las que iba escribiendo con minuciosidad científica lo que pasaba a lo largo del día. Siendo más mayor, si no llevaba una libreta, escribía en los tickets de la compra. Durante muchos años busqué, sin éxito, talleres y manuales que dieran pautas sobre cómo escribir un diario, hasta que llegué a este artículo sobre el método de Carmen Martín Gaite, que utilizo en los talleres de narrativas: El cuaderno de todo [abre pdf]. Según María Victoria Calvi, autora del artículo,  Carmen Martín Gaite explica cómo el afortunado sintagma fue creado por su hija de cinco años quien, al regalarle un cuaderno para su cumpleaños, se lo dedicó con esas palabras, dándole así permiso para «meterlo todo desordenado y revuelto». En el mismo ensayo, la escritora aclara la naturaleza de estos cuadernos, que constituyen la trastienda de su obra narrativa y ensayística, y se relacionan con su concepción de la literatura:

A partir de entonces, todos mis cuadernos posteriores los fui bautizando con ese mismo título, que me acogía y resultaba de fiar por no obligar a nada, a ninguna estructura preconcebida. De hecho, venciendo una tendencia al ostracismo que por entonces me apuntaba, empecé a escribir más y se configuró en gran medida el tono nuevo de mis escritos, que derivaron a reflexionar no sólo sobre la relación que tienen entre sí todos los
asuntos, sino también sobre el carácter relativo y provisionalde aquello mismo que iba dejando anotado.
Carmen Martín Gaite
Hasta ese momento una de las cosas que más me preocupaba era seleccionar los contenidos para el diaro: ¿Debía repasar todo lo que había hecho o dicho durante el día para decidir qué anotar? ¿Registrar mis actividades? A partir de entonces mi relación con los diarios cambió; dejaron de ser una hoja en blanco, una exigencia más que cumplir, para convertirse en un refugio. Cuando alguien me dice que quiere instaurar o recuperar la rutina de escribir, recomiendo el método de Carmen Martín Gaite o, más bien, de su hija: tener un cuaderno en el que «meterlo todo desordenado y revuelto». Reflexiones sobre lo que ha sucedido, sobre el libro que estamos leyendo, los recuerdos que nos asaltan, lo que nos da miedo y lo que deseamos (en el caso improbable de que estas dos cosas puedan separarse). Las dificultades que tenemos para escribir, los bloqueos, dudas, voces críticas. Borradores de cuentos o poemas, frases sueltas, espirales y números de teléfono; la única norma es intentar reservar al menos diez minutos diarios para la escritura y tener a la vista estas palabras de Hélène Cixous (u otras que te sirvan de inspiración):
Escribir: para no dejarle el lugar al muerto, para hacer retroceder al olvido, para no dejarse sorprender jamás por el abismo. Para no resignarse ni consolarse nunca, para no volverse nunca hacia la pared en la cama y dormirse como si nada hubiera pasado; nada podía pasar.
¿Cuándo vas a empezar tu cuaderno de todo?

La memoria emocional

Me aterrorizan las palabras despedida, final y olvido aunque, paradójicamente, me calman cuando llegan («hay tanta paz en la derrota»). A veces escribo porque tengo la sensación de ser sólo memoria, una memoria inmensa y desbordada desde la que sueño, cuento y comparto; una memoria que sólo sé describir poniendo como ejemplo esta película que me fascina y me desasosiega: The Eternal Sunset of the Spotless Mind.

 

Joel: Tu nombre me parece mágico.

Clementine: Se acaba, pronto desaparecerá.

Joel: Lo sé.

Clementine: ¿Qué hacemos?

Joel: Disfrutarlo.

The Eternal Sunset of the Spotless Mind

Hace poco, mientras paseábamos por una lengua de tierra que se adentra en el mar en la Illa de Arousa, mi amigo Victor señaló una roca con forma de cabeza y recordó que aquella era la cueva de la bruja Amaranta, la que se comía a las niñas y niños que se acercaban demasiado.

Cuando yo era niña y «me portaba mal» me amenazaban con el hombre del saco. En mi imaginación era un ser gigante, barbudo y contrahecho, que caminaba siempre en la oscuridad de la noche cargando un saco gigante a la espalda; en él llevaba a las niñas y niños desobedientes que recogía por las casas mientras dormían. Supongo que todos los padres y madres del planeta necesitan una figura que marque los límites del mundo conocido, que mantenga a sus criaturas a raya cuando no estén cerca para velar con ellos. Me gusta más la figura de la bruja porque delimita una frontera en el exterior de las casas, donde termina el pueblo, fomentando una base sólida desde la que explorar y a la vez tener un lugar seguro al que regresar: el hogar, allí donde la bruja no puede entrar.

Aquel recuerdo le llevó a otros, y así Victor fue contándome otras historias de su infancia que había olvidado y guardaba en lo que él llamó la memoria “no práctica» porque no tiene ninguna utilidad, aunque es imprescindible para dar sentido a nuestra existencia. Después de una situación traumática que provoca una ruptura en la continuidad de nuestra narrativa, traer al presente vivencias significativas puede ayudarnos a ver de nuevo nuestra historia de vida como un continuo en el que hay momentos difíciles pero hubo, y por tanto habrá, momentos mejores; nada dura para siempre. No todo es dolor. Nuestra identidad, nuestro ser-hoy, no se reduce a este instante.

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El hombre del saco (Editorial Bromera), ilustración de Miguel Ángel Díez

La imaginación y la memoria, que se alimentan una a otra, son la base de la creatividad. La memoria autobiográfica remite al imaginario colectivo, los arquetipos, los cuentos de nuestra niñez y las leyendas de los antepasados; historias imprescindibles para encontrar el sentido (o sinsentido) de la existencia, así como el fundamento de una ética que podamos sentir nuestra: la base para que cada persona desarrolle un por qué y un para qué. Mirar al cielo formulando deseos que nos dan esperanza o llenándonos de preguntas que, mostrándonos lo pequeñas que somos, nos hacen más grandes.

Las vivencias compartidas y los recuerdos que otras personas nos cuentan son los hilos invisibles que van tejiendo los vínculos, la intimidad. Nos conectan de forma empática y compasiva a otras personas y nos demuestran que ellas también sienten, sufren, se alegran, son vulnerables; dejan un rescoldo de luz cuando muere un ser querido, son lo único que nos queda para que no se marche del todo. En el lugar donde se cruzan la memoria personal, emocional, autobiográfica y el imaginario colectivo habitan los poemas, los cuentos, las obras de arte y nuestra capacidad para vernos reflejadas en ellas. Conectar con nuestras emociones hace que nuestras historias sean genuninas y despierten interés; otros nos leerán porque ponemos palabras a algo que sienten pero hasta ese mometno no sabían cómo expresar. En algún lugar de nuestro imaginario todas las mujeres nos sabemos árbol:

Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
Una fuente se creen que soy los cisnes,
bajan y beben todos cuando hablo,
las ovejas me pisan cuando pasan,
y comen en mis dedos los gorriones;
se creen que soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.

Gloria Fuertes

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Recordar es un proceso tan importante que todos los regímenes totalitarios intentan reducir y manipular la memoria de los pueblos, empezando por el control de la educación y las tradiciones; si, como en Matrix, olvidamos quiénes somos, perdemos la capacidad de proyectar en el futuro quienes podemos o queremos ser. Después de un conflicto armado la memoria histórica abre un proceso de reparación y resistencia imprescindible para fortalecer el tejido social y reconstruir una sociedad justa, equitativa, con sitio para los vivos y tumbas para los muertos. Nos recuerda que en la historia lejana y reciente han sido y serán muchos los pueblos obligados a huir de las guerras; nos ayudará a entender el proceso por el que están pasando las personas que solicitan asilo y nos transformará en ciudadanía activa defendiendo los derechos humanos básicos. Por eso quienes nos quieren dóciles y silentes ponen tanto empeño en hacer que sirias y sirios, afganos, iraquíes… sean diferentes, ajenos, otros. La memoria colectiva nos une y nos hace resistentes, el olvido nos separa. Imprescindible este artículo de Esma Kucukalik:

Hasta que no pierdes tu casa no entiendes que el hogar lo es todo. Es tu familia, tus recuerdos, tu presente, tu referente, y en definitiva, tu realidad. Cuando eso se desvanece, y de una manera tan repentina y brutal como ocurre en las guerras, a uno no le queda más que su alma, y en el mejor de los casos, los que le acompañan en la huida, que de alguna manera son el motor para intentar recomponer los pedazos que han quedado.

Esma Kucukalik

 

11 propuestas para escribir en verano

Verano es agosto con grillos, ventanas rebosando luz y mar mientras despiertas. Amanecer subiendo una montaña. Reir en el jardín. Que nada importe. Dormir sobre la vía láctea, buscar pueblos perdidos en el mapa, desayunar sin ropa y sin relojes. Pisar la arena, el mar, la luna, la prisa y la rutina. Una poza en un río helado. El roce de… Un pueblo de Castilla con soportales de piedra y trigo en los caminos. Bicicletas, verbenas, caminos, besos nuevos.

Hoy te propongo que a lo largo del verano dediques un rato cada día a leer, escribir, contar y escuchar historias. Aquí tienes mis sugerencias para empezar:

  1. Responde a la pregunta ¿Qué es, para mí, el verano?
  2. Escribe una lista con los mejores veranos de tu vida. Puedes seguir un orden cronológico o anotar las ideas a medida que surjan.
  3. Intenta recordar un momento significativo de cada uno de los veranos de tu vida.
  4. Si tuvieras que contar todos tus veranos con una lista de 12 canciones, ¿cuáles elegirías? Primero elabora la lista. Después, si es posible, escucha cada una de las canciones y escribe a partir de las imágenes y emociones que te evoca.
  5. Imagina un verano en un lugar en el que nunca hayas estado.
  6.  Escribe a partir de los siguientes disparaderos, pero teniendo en cuenta sólo el verano: besos, despedidas, trenes, playas, amistades, hospitales, carreteras, hogueras, deseos, bailes.
  7. Intenta recordar un cuento que alguien te contara en verano, el momento y las sensaciones. Por cierto, ¿sabes que hay un montón de gente contando cuentos por ahí? Si tienes ocasión, ve a escucharlos. Ellas y ellos, mientras cuentan, también estarán escuchándote a ti.
  8. Busca un cuento  te gustaría contar en verano de viva voz, e imagina el lugar. Haz todo lo posible por contarlo.
  9. Elige una persona a la que te gustaría escribir una carta como las de antes, con sello y postal. Empieza contando desde dónde escribes, cómo es ese lugar, con qué personas te encuentras… Como si fuera una crónica. Puedes escribir una sola carta o una cada día. Escribe con total libertad, después decide si las enviarás o no.
  10. Piensa, literalmente, en un verano de película. Imagina que eres el o la protagonista  y reescribe tu escena favorita.

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11. Lee mucho. Lee libros que te inspiren a imaginar finales, a volar libre, a robar una alfombra mágica que te lleve a lugares perdidos o imposibles, a correr en busca de alguien para decirle aquello que te muerdes debajo de la lengua. Mi libro favorito para el verano es Memorias de África, ¿cuál es el tuyo?

Por úlitmo, te propongo tres condiciones para escribir. Úsalas sólo como una ayuda, nunca como un estorbo para la creatividad:

a) En un primer momento escribe todo lo que se te ocurra, sin pensar demasiado y sin censura.

b) Después revisa el texto intentando que, si otra persona lo lee, pueda llegar a sentir lo que estás contando. Para lograrlo rescata emociones, escenas que sean significativas para ti. A continuación intenta capturar los aspectos sensoriales imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olores y transmitir, con ellos, esas emociones.

c) Escribe siempre desde la honestidad, expresando lo que de verdad sientes. Esto no implica que escribas todo lo que piensas, ni que tengas que contarlo todo; ni siquiera que no puedas inventar historias. Significa que no mientes ni ocultas nada. La principal condición para escribir no es la veracidad, sino la verosimilitud: que lo cuentas sea creíble. La verosimilitud no aparece si tú no estás convencida o convencido de lo que escribes, si no lo defenderías incluso ante la amenaza de arder en una pira. Ray Bradbury, Natalie Goldberg y Anne Lammot saben mucho de esto.

Estaré por aquí si quieres contarme algo…

¡Feliz verano!

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