Mirar fuera, ver dentro

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Vivian Mayer, self-portrait, 1954 © 2014 Maloof Collection

Vivian Maier nació en New York en 1926, trabajó toda su vida como niñera y cuidadora y nunca publicó sus fotografías. En 2007 John Maloof descubrió su trabajo en una subasta, pero cuando consiguió localizar a la autora ella acaba de morir. Puedes encontrar la historia completa de este autorretrato en el blog de Rubixephoto.

Durante unos meses, justo antes de empezar con este proyecto, fui incapaz de escribir una sola línea, de encontrar la primera palabra para ordenar lo que sentía. La cámara de fotos me permitió mirar fuera de tal forma que, al hacerlo, podía ver dentro de mi. Así, poco a poco, fui juntando todas las piezas que hacen falta para recomponer una narrativa: lo que había sido, lo que era, lo que me gustaría ser.

Si no puedes escribir, coge una cámara de fotos y sal a la calle, o persigue tu propia imagen en todos los espejos hasta que seas capaz de mirarte a los ojos. Si no tienes una cámara de fotos, consigue unos lápices de colores y empieza a llenar lo que tengas más a mano, incluso los márgenes de los periódicos. Un día te sorprenderán unas nubes o un par de trazos azules que hablan de ti, y podrás usarlos para empezar a ordenar tu propia historia…. Y después contarla. Cuando vuelvas a escribir recuerda que lo que te ha llevado hasta allí es la emoción, la vivencia de un momento único en el que todo cambió, la posibilidad de expresar cómo te sientes ahora. Algo que se parece mucho a la verdad, aunque sea una verdad que cambia y no puede atraparse.

 

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
© 2015 The M.C. Escher Company – Baarn, The Netherlands. All rights reserved

Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.

 


La niña que fuimos

LidiaLunaLisboa7

Esta entrada habla de mujeres. Mujeres que, aunque carguen con culpa y vergüenza, son portadoras de luz. Mujeres que luchan, cantan y cuentan: al mundo entero o a quien se pare a escuchar. Mujeres que abrazan y que tienen el valor de abrazarse a sí mismas.

En esta entrada habla sobre todo una mujer: Amparo Sánchez, cantante y compositora, a la que entrevistó el domingo 14 de diciembre María José Parejo en el programa de Radio 3 El Bosque Habitado. Amparo cuenta cómo el proceso de revisar y escribir su experiencia en una relación de violencia machista la liberó de la culpa y la vergüenza. Creo que merece la pena escuchar sus palabras y su música porque transmiten la fuerza inmensa de las personas que son capaces de enfrentarse a todos sus fantasmas, dormir con ellos tantas noches como sea necesario y volver para contarlo:

“Escribir este libro para mí ha sido una terapia, una sanación. He llorado mucho, me he emocionado mucho. Me he sentido muy frágil, muy vulnerable, muy desnuda; pero me ha liberado muchísimo (…). La culpa hace que pese más la mochila de los recuerdos. Libérate de la culpa. Todo aquello que te duela o te haga sentir culpable libératelo.”

El libro se llama El sol, la niña y el lobo. En este enlace puedes leer otra entrevista: http://www.feminicidio.net/articulo/amparo-s%C3%A1nchez-la-mujer-maltratada-debe-sentir-sobre-todo-el-abrazo-de-la-sociedad.

Mi fragmento favorito del programa de radio es en el que Amparo habla de su reencuentro con la niña que ella fue, una niña a la que durante mucho tiempo evita recordar para ver si así desaparece. Pero la niña reclama atención hasta que ella consigue reconocerla y honrarla:

«… y sobre todo abrazar a esa niña que se había quedado allí solita y yo ya no la quería ni quería decirle nada, de pronto tener a partir de los recuerdos y de la escritura la posibilidad de abrazarla, de decirle que no merecía lo que pasó, que ella no tenía culpa de lo que pasó y que no tenía que sentir más vergüenza; que hoy era una gran mujer y que tenía que estar muy contenta por todo lo que habíamos hecho juntas. Y esa niña ahora viaja conmigo y está conmigo todo el tiempo y no dejo de hablarle.”

Creo que todas llevamos dentro a una niña a la que antes o después tendremos que escuchar, honrar y abrazar. Pero no sólo porque quizá guarde recuerdos dolorosos que sólo pueden callarse después de escucharlos: también porque, como dice Amparo, las niñas y los niños no cargan aún con la pesada mochila de la culpa. Tienen una mirada llena de luz, intuición y sabiduría. Custodian sueños que tal vez hemos olvidado y debemos recuperar.

Sobre mí

Narrativas y otras lunas es un proyecto que surge de mi experiencia profesional y personal, así como del deseo de construir una ocupación coherente con mi forma de entender el mundo. Creo que como personas poseemos cuatro tesoros: la palabra, la imaginación, la relación con la naturaleza y la relación con otras personas. Habitar el mundo, tejer redes de afecto y cooperación, formularnos preguntas, buscar respuestas, soñar. Contar y contarnos.

Cuando era pequeña andaba siempre con un libro en las manos y la cabeza llena de historias propias o ajenas. Jamás me pregunté qué quería ser de mayor: si acaso, marisabidilla, como aquellos barbudos de la antigua Grecia que conocían el cielo, los eclipses y el origen de casi todo. Después quise ser un montón de cosas, pero estudié psicología y he ejercido mi profesión desde el año 2001. Aunque se quedaron en el camino los eclipses y algunos cuentos, he aprendido mucho sobre las emociones, sobre cómo funcionamos las personas, sobre mis propios procesos. También he tenido la suerte de conocer gente maravillosa y entusiasta capaz de compartirse y crecer, de poner su granito de arena con el convencimiento de que, como escribió Galeano, «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo».

Un día me di cuenta de que, de los diferentes espacios en los que he trabajado, lo que más me gusta, además de leerlas y escucharlas, es contar historias y ayudar a otras personas a contarlas. Empecé a formarme en comunicación para el cambio social, crónica periodística y otras técnicas de narración.

Como psicóloga he utilizado las técnicas del constructivismo, he impartido formación sobre técnicas narrativas a profesionales, y las he usado en el ámbito de la intervención psicosocial grupal e individual.

Como lectora, preguntona y aprendiz de narradora, durante los últimos diez años he participado en talleres de creación literaria  —como alumna y, en dos ocasiones, como coordinadora— . He estudiado asignaturas de arte y filosofía y he leído toneladas de libros.  He llenado varios cuadernos. He viajado, me he perdido, he tratado de explorar siempre nuevos lugares dentro y fuera de mí. Por suerte, sigo convencida de que no hay respuestas definitivas, ni creencias inmutables, ni verdades absolutas.

Un trabajo del corazón

“Como sujeto no me queda más remedio que ser subjetivo, si yo fuera un objeto podría ser objetivo”.

Rolando Menéndez, Escritura creativa: Cuaderno de ideas

 

A menudo me encuentro con gente que expresa su interés por la psicología. Intuyo que, cuando lo hacen, se refieren a una psicología antigua, sin pretensión de objetividad, enredada con la filosofía y otras materias.

Supongo que se refieren a lo que yo también esperaba encontrar: una disciplina modesta que, si pudiera verse a sí misma hoy en día, se espantaría al encontrarse tan estirada y, a menudo, ajena a todo lo humano.

Diógenes buscando un hombre (honesto)
Diogenes looking for a man. Attributed to Johann Heinrich Wilhelm Tischbein [Public domain], via Wikimedia Commons
Lo que yo esperaba de la psicología se parece mucho a Psicoterapia constructiva. En este libro, Michael Mahoney  cuenta cómo llegó hasta los estudios de psicología gracias a su encuentro, casi casual, con Milton Erickson. Habla de espiritualidad, de las dificultades del cambio, de meditar y encontrar el centro; de la fantasía, del trabajo con los sueños. Cuenta cómo hacer un esfuerzo consciente para ponerse en la piel de la persona que se sienta enfrente, honrarla y respetarla.

Explica lo doloroso que puede llegar a ser escuchar relatos de sufrimiento, en los que se muestra lo peor que las personas podemos llegar a ser, para devolver esperanza.  Cuenta cómo un terapeuta con más de cuarenta años de experiencia le pide que le acepte como cliente. Este hombre era, a su vez, terapeuta de terapeutas:

«Dijo que no tenía a nadie con quien hablar. Cargaba, en su amplia espalda y en su gran corazón, con los secretos de muchos años de servicio a terapeutas, que, a su vez, cargaban sobre sus propias espaldas y corazones las luchas y las tragedias de cientos de personas, familias y grupos de su comunidad».

Mahoney le atendió durante diez años y, cuando estaba comenzando este libro, el otro terapeuta enfermó. En sus últimos meses de vida instó a Mahoney a continuar el libro:

“Me animó a que hiciera un trabajo del corazón. Cuéntales, cuéntales cómo puede ser. Cuéntales lo duro que es ayudar […] y también lo agradable que es. Dales una idea.”

Para mí, Psicoterapia Constructiva es un libro de imperfecciones. No en la forma, si no en el fondo. Un libro escrito con pasión y compasión hacia lo que significa ser persona. Recoge una frase hermosa, impropia de un libro científico:

«Cada individuo está conectado a todos los demás individuos, presentes pasados y futuros, a través del tiempo y del espacio, y a través de muchos puentes simbólicos».

No hay en él nada simple, y sin embargo está lleno de sencillez. He escuchado varias veces que es un libro «un poco hippie». A lo largo de mi carrera, también he escuchado alguna vez esa afirmación referida a determinadas prácticas que he utilizado. Supongo que las psicólogas «hippies» nos sentimos más cómodas buceando entre las palabras de psicólogos «hippies» que osan salpicar con poesía los libros de psicoterapia; quizá porque podemos alborotar con poemas los márgenes de esos libros sin mancharnos de culpa.

Mi intención, con este blog y con este proyecto, es hacer un trabajo del corazón. Como Michael Mahoney

“ruego perdonen mis excesos […]. Espero que su crecimiento sea tan fértil como deseen y que la danza que bailen les llene el corazón”.