Cuando era pequeña tuve un diario con candado, cuadernos, servilletas de papel y agendas en las que iba escribiendo con minuciosidad científica lo que pasaba a lo largo del día. Siendo más mayor, si no llevaba una libreta, escribía en los tickets de la compra. Durante muchos años busqué, sin éxito, talleres y manuales que dieran pautas sobre cómo escribir un diario, hasta que llegué a este artículo sobre el método de Carmen Martín Gaite, que utilizo en los talleres de narrativas: El cuaderno de todo [abre pdf]. Según María Victoria Calvi, autora del artículo,  Carmen Martín Gaite explica cómo el afortunado sintagma fue creado por su hija de cinco años quien, al regalarle un cuaderno para su cumpleaños, se lo dedicó con esas palabras, dándole así permiso para “meterlo todo desordenado y revuelto”. En el mismo ensayo, la escritora aclara la naturaleza de estos cuadernos, que constituyen la trastienda de su obra narrativa y ensayística, y se relacionan con su concepción de la literatura:

A partir de entonces, todos mis cuadernos posteriores los fui bautizando con ese mismo título, que me acogía y resultaba de fiar por no obligar a nada, a ninguna estructura preconcebida. De hecho, venciendo una tendencia al ostracismo que por entonces me apuntaba, empecé a escribir más y se configuró en gran medida el tono nuevo de mis escritos, que derivaron a reflexionar no sólo sobre la relación que tienen entre sí todos los
asuntos, sino también sobre el carácter relativo y provisionalde aquello mismo que iba dejando anotado.
Carmen Martín Gaite
Hasta ese momento una de las cosas que más me preocupaba era seleccionar los contenidos para el diaro: ¿Debía repasar todo lo que había hecho o dicho durante el día para decidir qué anotar? ¿Registrar mis actividades? A partir de entonces mi relación con los diarios cambió; dejaron de ser una hoja en blanco, una exigencia más que cumplir, para convertirse en un refugio. Cuando alguien me dice que quiere instaurar o recuperar la rutina de escribir, recomiendo el método de Carmen Martín Gaite o, más bien, de su hija: tener un cuaderno en el que “meterlo todo desordenado y revuelto”. Reflexiones sobre lo que ha sucedido, sobre el libro que estamos leyendo, los recuerdos que nos asaltan, lo que nos da miedo y lo que deseamos (en el caso improbable de que estas dos cosas puedan separarse). Las dificultades que tenemos para escribir, los bloqueos, dudas, voces críticas. Borradores de cuentos o poemas, frases sueltas, espirales y números de teléfono; la única norma es intentar reservar al menos diez minutos diarios para la escritura y tener a la vista estas palabras de Hélène Cixous (u otras que te sirvan de inspiración):
Escribir: para no dejarle el lugar al muerto, para hacer retroceder al olvido, para no dejarse sorprender jamás por el abismo. Para no resignarse ni consolarse nunca, para no volverse nunca hacia la pared en la cama y dormirse como si nada hubiera pasado; nada podía pasar.
¿Cuándo vas a empezar tu cuaderno de todo?

4 comments

  1. “Para Rafael que me enseñó a habitar la soledad y a no ser una señora”
    Dedicatoria de Carmen Martín Gaite en su tesis doctoral para su ex marido Rafael Sánchez Ferlosio.
    ¿También en uno de sus cuadernos de todo?

    Me gusta

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