«Creo que la pasión de contar es inherente a la naturaleza humana. Que contar es volver a vivir, pero poniéndose a salvo del desorden propio de la vida. Y que, en el fondo, la verdadera vida no es tanto la que únicamente se vive, sino aquella que al tiempo de vivirse se puede contar, o que se vive contándola. Como si vivir verdaderamente sólo fuera estar contándonos algo. Darnos el don de una historia.

Gustavo Martín Garzo, El hilo azul

  1. ¿Qué es la escritura autobiográfica? 
    • La historia de vida
  2. El deseo de contar tu historia de vida
  3. Contra el bloqueo
  4. ¿Por dónde empiezo a escribir mi historia de vida?
  5. El hilo de la vida
    • La memoria es un ovillo
    • Etapas cronológicas
    • Otras referencias para la escritura: lugares, personas, vivencias
    • Las rupturas en la trama narrativa
    • Encontrar el sentido
  6. Recomendaciones para escribir tu historia de vida
    • Cuídate
    • Cuida a otras personas
    • Escucha al miedo
    • Alimenta el deseo
  7. Reescribir tu propia historia
  8. Literatura y autobiografía
  9. Qué ofrezco en Narrativas y otras lunas

En este artículo comparto algunas claves para empezar a practicar la escritura autobiográfica y los motivos para hacerlo. Conocernos más nos ayuda a cuidarnos mejor; a poner luz en nuestra vulnerabilidad y, también, en nuestras fortalezas; identificar nuestros recursos, conectar con ellos. Volver a leernos hacia atrás para poder, así reescribir nuestra historia y proyectarnos en el futuro.

Si quieres encontrar el hilo de tus historias, puedes descargar la hoja de ruta:

1. ¿Qué es la escritura autobiográfica?

La escritura autobiográfica es aquella cuya finalidad es escribir a partir de los recuerdos, contar una etapa concreta de nuestra vida o revisar la historia completa. 


Puede ser un fin en sí misma, servir como base para la escritura creativa; también podemos utilizarla en conjunto con las técnicas narrativas cuando tenemos una intención más allá de lo literario; por ejemplo revisar lo vivido, darle un sentido, integrar los acontecimientos que han quedado fragmentados; leer una última vez hacia atrás para poder escribir en el futuro. Entender el presente, el origen de algunas cosas; buscar excepciones a una narrativa saturada (en la que sentimos que no hay espacio para lo nuevo) o dominante (las historias que nos han contado pero no sentimos nuestras); conectar con los recursos que, en otro momento de nuestras vidas, nos han ayudado a superar una dificultad.

Historia de vida

La escritura autobiográfica está, así, estrechamente relacionada con la historia de vida, un concepto muy utilizado en las ciencias sociales. En este ámbito, puede referirse a:

  • Una técnica de de investigación para recrear y entender un contexto socioeconómico concreto a partir de la reconstrucción de los acontecimientos vividos por las personas que pertenecen o pertenecieron a él.
  • Una metodología para la recogida de datos que explora diferentes áreas del pasado y el presente de una persona, con el fin de formar una unidad coherente que sirva para entenderla, ordenarla y, a partir de ahí, diseñar una intervención; idealmente, en diálogo con la propia persona cuya vida se reconstruye.

Como psicóloga, trabajé durante mucho tiempo en el movimiento asociativo y en recursos públicos de atención a la salud mental; la historia de vida era uno de los principales recursos para reconstruir, de la manera más fiel posible, las áreas en las que una persona necesitaba apoyos para mejorar su bienestar. Era muy importante identificar, también, sus fortalezas; en qué aspectos de su vida presente y pasada podía apoyarse para sentirse mejor. Buscábamos, además, el origen del malestar presente en acontecimientos del pasado; de esta forma, siempre que fuera posible intentábamos abordar las causas.

Una parte del trabajo era individual y otra en grupo; en estos centros diseñé durante mucho tiempo, junto con un compañero con el que compartía el interés por el enfoque narrativo de la experiencia, varios talleres en los que, mediante la intervención con la escritura, la literatura y las narrativas, creábamos espacios en los que las personas podían leer, entender y reconstruir sus propias historias de vida.

De esos años de experiencia escuchando y reconstruyendo historias de vida; de los esfuerzos por devolver a cada persona la autoría de la suya; de la búsqueda de los recursos teóricos y prácticos que ofrecían para ayudarnos en esta tarea otras disciplinas afines como la literatura, el cine, el arte y la filosofía, nació, en gran parte, Narrativas y otras lunas.

2. La bendita manía de contar*

Cuando estaba diseñando este proyecto, a finales de 2014, pensé en ofrecer un servicio de escritura y narración para quien quisiera que yo contara su propia historia o la de alguien cercano; pero me di cuenta de que lo que de verdad quería era ofrecer a cada persona la posibilidad de contar su propia historia. Que todas las personas tenemos una historia que contar y los recursos básicos para hacerlo: imaginación, memoria, oralidad; y así llegamos hasta el momento presente.

Si estás leyendo este artículo, es posible que sientas o hayas sentido alguna vez el deseo de revisar o narrar tu propia historia de vida para entenderla; integrar las experiencias pasadas, dejar atrás lo que sientes que ya no eres y, desde una mirada más libre y ligera, escribir nuevas páginas.

También para recordar de dónde vienes, transmitir esa historia a otras personas conocidas o desconocidas; para preservar el recuerdo y la memoria e intentar, por unos instantes, la tarea imposible de detener el tiempo.

Somos narradoras y narradores natos; nos contamos nuestra historia todo el tiempo a nosotras y a nosotras mismos, y compartimos una parte de esa historia con otras personas de forma más o menos consciente y elaborada en las conversaciones cotidianas, en las redes sociales, cuando comenzamos a tejer intimidad.

Siendo así, debería resultarnos sencillo escribir nuestra propia historia; y sin embargo, cuando empezamos aparece el miedo. A que lo que quieres narrar, esa historia que late fuerte y pide ser contada, en realidad no sea tan importante, que no sea original o relevante. A que otras personas te juzguen; incluso si decides escribir solo para ti, sientes su mirada por encima de tu hombro. Te preocupa exponerte demasiado, ser transparente, que alguien utilice la información en contra tuya.

Te asusta visitar lugares oscuros que han permanecido ocultos y tapados durante mucho tiempo; perderte en ellos y no encontrar nunca más el camino de vuelta a casa. O abrir la mazmorra de los monstruos que habías conseguido encerrar en el rincón más profundo de tu mente.

El deseo y el miedo son dos emociones que nos impulsan, nos movilizan y nos bloquean; la forma de relacionarnos con ellas, los recursos que tengamos para potenciar el deseo y escuchar al miedo, nos ayudarán a conseguir lo que queremos.

El miedo, a su manera, nos cuida y nos protege; enciende una alarma para que sepamos que nos aproximamos a lugares en los que nunca antes hemos estado, o a las estancias cuyas puertas sellamos hace mucho tiempo.

Mi experiencia escuchando historias de vida, acompañando a otras personas para que puedan encontrar los hilos de la memoria e hilvanar con ellos sus vivencias, me ha enseñado que todas las personas tenemos una capacidad inmensa para la resiliencia. Sabemos hasta dónde podemos y queremos llegar, y hasta dónde no.

El deseo nos impulsa a conocer, desenredar, leer el pasado por última vez para seguir escribiendo el futuro; para no seguir escuchando los rugidos del monstruo mientras dormimos. Así que si sientes un deseo muy grande de contar tu propia historia, si te acompaña hace tiempo o ha llegado para quedarse, te animo a que lo hagas despacio, paso a paso, escuchándote. A que identifiques tus ritmos, tus necesidades, tu deseo y tus temores; para que vayas cambiando, el miedo a lo desconocido por un mapa del castillo, del bosque o del lugar simbólico en el que sientes que estás al comienzo de este viaje.

La experiencia propia y ajena también me dice que saber, conocer, siempre trae calma; que solo desde esa calma podemos pasar página y sentir cómo empìezan a habitarnos emociones nuevas; entre ellas, la ilusión de intentar construir un futuro diferente.

*Título de un libro de Gabriel García Márquez

3. Contra el bloqueo

Te propongo, entonces, que reconozcas y aceptes el miedo, te apoyes en el deseo y des el primer paso; merece la pena ir un poco más allá y empezar a contar tu propia historia. Contar mi propia historia me ha ayudado a escribir con libertad, disfrutándolo; a conseguir que las palabras me nombren cuando siento que lo necesito. También puede servirte para:

  • Desarrollar un proyecto autobiográfico en cualquier disciplina artística: escritura, narrativa, danza, pintura, narración oral
  • Potenciar tu creatividad
  • Encontrar tu voz
  • Sentir más seguridad a la hora de desarrollar y comunicar un proyecto de autoempleo.
  • Mejorar la comunicación contigo misma, contigo mismo, y con otras personas
  • Tomar una decisión importante
  • Acompañar un proceso de psicoterapia
  • Identificar las historias que otras personas te han contado sobre ti
  • Disfrutar escribiendo y desenredándote.

Además, aunque cada experiencia es única, siempre hay algo de universal en nuestras vivencias. Leer y escuchar a otras personas que han pasado por una situación similar a la nuestra, que encontraron la forma de sobrevivir al dolor y a las dificultades, puede ayudarnos a sentir que también podemos hacerlo. Incluso a nombrar y legitimar lo que nos sucede.

Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota

Chimamanda Adichie, El peligro de la historia única (TED)

¿Has leído alguna vez una historia contada por otra persona en la que te hayas sentido reflejada? Hay poemas, novelas, relatos, obras de teatro en las que alguien hizo un viaje similar al nuestro; encontró las palabras para nombrar una experiencia que llevamos dentro pero aún no sabemos narrar; y, al hacerlo, nos permitió entender lo que nos había sucedido. Vimos que todas las vidas humanas están llenas de vulnerabilidad y, también, de una fortaleza inmensa; que el dolor puede rompernos y que el amor, incluso de quienes ya no están pero nos dejaron tanto, nos devuleve poco a poco a la vida.

Siempre puedes decidir escribir solo para ti; pero si en algún momento eliges compartir una parte de tu trayectoria vital , es probable que sea importante y valiosa para otras personas.

4. ¿Por dónde empiezo a escribir mi historia de vida?

Si quieres escribir, escribe; empieza hoy con las primeras palabras que se te ocurran. No lo dejes para mañana; no pienses que es suficiente con tener la historia en tu cabeza. Si lo haces, solo conseguirás dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo. En cambio sobre el papel las ideas, los temores, los pensamientos e incluso los deseos se transforman; puedes relacionarte con ellos de otra forma. Nombrarlos, manejarlos, invocarlos o conjurarlos.

Consolidar la práctica de la escritura, nombrarte a partir de ella, es un camino largo, no hay recetas mágicas. Pero merece mucho la pena recorrerlo y disfrutar la belleza que hay en cada recodo del camino.

Si necesitas apoyarte en una estructura, crea un guión para empezar a organizar el material autobiográfico, aunque después lo cambies. Piensa qué puede ayudarte a empezar; emborrona tantos papeles como necesites, hasta dar con un esquema inicial que te resulte cómodo, atractivo y amigable.

¿Vas a seguir un orden cronológico o temático? ¿qué marca el paso de una etapa a otra? Empieza a escribir a partir de ahí, y después ve haciendo todos los cambios que necesites.

A veces nos cuesta dar incluso el primer paso, que es poder hablar con nosotras y con nosotros mismos para saber qué es lo que de verdad queremos contar y la forma en la que lo estamos sintiendo; después hay que tranformarlo en palabras.

Así que para hacer este viaje necesitarás, también, paciencia; y una dosis grande de compasión contigo, en el mejor sentido de la palabra. Escucharte, permitirte, acoger lo que venga y aceptar que habrá días en los que, por más que lo desees, no escribirás.

Lee mucho; los libros son el mejor alimento para la escritura. La mejor manera que conozco de conectar con los libros es visitar una librería alternativa, en la que todavía haya libreras y libreros dispuestos a orientarte; o perderte entre los estantes de una biblioteca y acariciar los lomos, abrirlos, leer las contraportadas hasta encontrar aquel que se parece a lo que buscas.

También hay películas maravillosas que pueden inspirarte. En el próximo artículo sobre escritura autobiográfica actualizaré mi lista de referencias; pero si quieres algún consejo para empezar, pregúntame e intentaré recomendarte alguna.

Fotograma de El cielo sobre Berlín

Si tienes claro que te apetece explorar la historia familiar y tu relación con los ancestros, en la web de Mireia Nieto encontrarás recursos interesantes sobre genealogía viva.

5.El hilo de la vida

5.1. La memoria es un ovillo

Repasar los recuerdos es como tirar del hilo de un ovillo. La vida es como un ovillo de lana bien enrollado, apretado, redondo. Buscas la pista del hilo escondido, la que está al fondo. La que has dejado suelta para que asome al final. Coges ese extremo y tiras, y suavemente van desenroscándose las primeras vueltas, las que un día formaron el corazón del ovillo. Tiras y tiras. El hilo se desliza por tus dedos, se desliza áspero o sedoso, depende de su calidad. Así la propia vida.

Josefina Aldecoa, El corazón del ovillo

Muchas veces revisamos nuestra historia de vida porque sentimos que hemos perdido el rumbo; o queremos virarlo, pero tenemos tanta información que no sabemos por dónde empezar. Los recuerdos, las vivencias, se amontonan en nuestra cabeza. Una vez que empezamos a explorar las diferentes etapas, los recuerdos llegan en cascada; aparecen en forma de imágenes atraídos por un olor, una fotografía de la infancia; un paisaje o una palabra.

Hace poco (reviso y amplío este artículo en febrero de 2020) leí Almáciga, de María Sánchez; un libro imprescindible sobre la memoria y el recuerdo de las mujeres de nuestros campos y nuestra infancia. En él recoge palabras valiosas que están a punto de perderse por la falta de uso; y mientras cuenta su historia, habla de un regato; una palabra que mi abuela usaba mucho, pero que yo no escuchaba desde la infancia. Leerla me llevó a gurriato; a un tiempo que se me escapa entre los dedos y que, invocado por la magia de una palabra, se despliega frente a mí; casi puedo escucharlos de nuevo, sentir la brisa que entra por la ventana; ponerme en cuclillas frente a mi abuelo, mientras él sonríe y alimento a un gurriato que ha encontrado, hambriento, en alguna esquina.

Leer y escribir son la mejor manera de alimentar tu propósito; si estás queriendo hacerlo, escribe hoy las primeras líneas y deja que, poco a poco, la historia de tu vida tome forma entre tus manos. Cuanto más escribas, cuanto más la sientas, más profunda será. Ten paciencia; el resto irá llegando.

5.2. Etapas cronológicas

Tanto si tu intención es hacer un proceso personal como escribir un libro, ten siempre en cuenta que siempre hay una tarea inicial de revisión de la historia de vida de la que, después, seleccionarás la información con la que vas a quedarte. Muchas personas se quedan para siempre en el limbo de las primeras líneas, el primer capítulo; sin embargo, pocas veces es el definitivo.

Para ordenar o revisar tu biografía, lo primero que necesitarás es una guía, una estructura. Retomando la pregunta del apartado anterior, ¿ya sabes si vas a empezar desde la infancia, o te centrarás en un período concreto? Si te resulta difícil tomar esta decisión, haz una línea de vida: escribe al principio la fecha de tu nacimiento y, al final, el momento actual. A continuación, puedes dividir esa línea en etapas facilmente identificables: infancia, adolescencia, edad adulta. Y después señalar, en cada una de ellas, los acontecimientos y personas que han sido más relevantes para ti en cada etapa.

Al hacer esto, algunas personas no recuerdan la infancia; a otras, les resulta difícil marcar el paso de una etapa a otra. Lo más importante, como siempre, es tener un punto de partida. A partir de ahí puedes anotar todas las preguntas y dificultades que surjan, y buscar el apoyo de alguien que te ayude a seguir desenreando la madeja.

5.3. Otras referencias para la escritura: lugares, personas, vivencias

También puedes anotar en un folio o en una cartulina todo lo que sientas que es relevante para ti en este momento; las personas, lugares y experiencias que te impulsan a querer escribir tu historia de vida, o todo aquello que sientes que no está resuelto. Puedes hacer este ejercicio tantas veces como lo necesites, hasta que sientas que empieza a tener sentido para ti y está más o menos completo.

Cuando hayas terminado, escribe cada uno de esos nombres en una ficha, o en una hoja nueva de tu cuaderno; escribe todo lo que vaya llegando para cada una de ellas. Hazlo con total libertad, sin detenerte a pensar y sin releer lo que has escrito; quizá te resulten útiles algunos de los ejercicios que propongo para escribir un diario.

Mi recomendación para esta tarea es que tengas abiertas varias hojas a la vez, para que vayas completando cada una de ellas a medida que llega la información; es posible que mientras estás escribiendo de un lugar te venga un recuerdo de otro; puedes cambiar de hoja, o dejar escrita una anotación para profundizar después en ese otro rincón de la memoria.

5.4. Las rupturas en la trama narrativa

Mientras escribes y recuerdas, pueden aparecer acontecimientos dolorosos; espacios en blanco de los que no recuerdas nada, o lugares a los que sientes que no quieres volver; ni siquiera en el recuerdo. Otras veces, es esta ruptura en la trama narrativa, esta sensación de que hemos perdido la capacidad de narrarnos nuestra propia historia, la que nos impulsa a escribir. Es una sensación desagradable y extraña, pero natural en estos casos. No hay recetas para esto; elaborar el trauma puede ser una tarea larga y costosa en tiempo y energía que, sin embargo, merece mucho la pena. Anota todo lo que aparezca en el camino, y cuando sientas que no puedes continuar por tu cuenta, busca apoyo.

5.5. Encontrar el sentido

Cuando hayas escrito el libro con la historia total o parcial de tu libro (aunque sea solo para ti); cuando tengas, al menos, la visión completa de los acontecimientos y etapas de tal forma que puedas leerla y contártela a ti misma, a ti mismo, aparecerá su sentido. No de una forma mística, ni única; pero lo verás. Y, sobre esto, no voy a desvelarte nada hasta que no lo hayas experimentado para no romper la magia.

6. Recomendaciones para escribir tu historia de vida

6.1. Cuídate

Escúchate mientras escribes; decide hasta dónde quieres llegar. No tienes la obligación de ser fiel al pasado, ni a los hechos, ni a ninguna persona más que a ti misma; escribe para ti, con total libertad. Después tendrás tiempo para decidir lo que quieres compartir, cómo, con quien. Intenta que la escritura sea cada vez más un espacio para disfrutar, estar contigo, llegar a lo que de verdad sientes y necesitas contar.

Si te cuesta trabajo escribir por tu cuenta, puedes buscar una persona de confianza con la que te apetezca compartir tus historias. También puedes acudir a una tertulia de escritura o a un espacio de formación online o presencial; siempre que te apetezca contar con ellas, la mirada de otras personas que están en un proceso similar al nuestro es muy enriquecedora.

Nos sirven de espejo cuando escriben lo que nosotras no somos capaces de nombrar; identifican nuestros puntos fuertes y aquello que puede mejorar en nuestras narraciones. Uno de los mejores recursos para encontrar el tono y la voz narradora de una historia es imaginar para quién escribimos, un lector o lectora imaginarios; de esta los tendrás de verdad y te resultará más sencillo escribir y editar.

6.2. Cuida a otras personas

Si escribes sobre tu experiencia con la intención de hacer públicos tus textos de alguna manera, ten en cuenta a las personas que aparecen en tu narración. Si no quieres que nadie las identifique, puedes cambiar sus nombres o modificar algunos datos. Si decides no hacerlo, o sientes que algunas personas pueden verse reflejadas en lo que cuentas, valora la posibilidad de hablar con ellas para avisarlas e, incluso, compartir con ellas los apartados en los que aparecen.

Cuando prefieras no compartir los textos antes de publicarlos ni dar demasiadas explicaciones, o decidas mantener la duda sobre la autenticidad de lo que narras, siempre puedes resguardarte en la autoficción, aclarando que lo que cuentas no es del todo verdad ni del todo mentira. O que partes de tu experiencia, pero ficcionas los hechos.

6.3. Escucha al miedo

Identificar el miedo, las voces críticas, los bloqueos. No intentes evitarlos; es mucho más eficaz entablar un diálogo con ellos. Si lo que te impide escribir con libertad es la lealtad a una persona viva o muerta, quizá te ayude escribir primero una carta no enviada. En este artículo encontrarás otros recursos para escribir contra el bloqueo.

6.4. Alimenta el deseo

El acto de escribir es el acto de hacer el alma, la alquimia

Gloria E. Alzandúa

Recuerda que, siempre que sientas el deseo de hacerlo, la escritura es un recurso de autocuidado muy eficaz; te ayudará a conocerte mejor, a saber lo que necesitas, a cuidarte y a quererte. Aunque al principio te parezca que es difícil empezar, merece la pena desdicarle tiempo y espacio.

Rodeáte de todo aquello que te ayude: libros, frases inspiradoras, cuadernos. Conecta con tus razones para escribir y tenlas siempre a la vista.

Al mismo tiempo, si estás escribiendo sobre una situación difícil, valora siempre hasta dónde quieres y puedes llegar. Si sientes que cuando empiezas no eres capaz de parar a pesar de estar metiéndote en terreno pantanoso, o vives la escritura «como una vomitona», márcate un límite temporal; por ejemplo, no escribir durante más de diez minutos.

Construye tu propia brújula, sé flexible; quédate con lo que a ti te sirve. Escúchate, anota todo lo que llegue. Ten siempre presente lo que te ayuda y también lo que te obstaculiza; permítete.

7. Reescribir tu propia historia

Cuando termines de revisar y ordenar tu historia de vida, habrás identificado y deshecho muchos nudos; tendrás una idea de:

  • Cuáles son las narrativas saturadas, es decir: aquellas historias que te estabas contando siempre de la misma forma, sin dejar espacio a nada más. Podrás ampliar la perspectiva y enriquecerlas.
  • Cuáles son las narrativas dominantes: las historias que la sociedad u otras personas te han contando acerca de ti, de tus capacidades; las expectativas sobre lo que podemos o no hacer en función, por ejemplo, a nuestro género, etnia o posición socioeconómica. Podrás identificarlas y desprenderte de ellas, sustituyéndolas por nuevas narrativas de poder y resiliencia.
  • Te darás cuenta de que has hecho lo mejor que podías hacer en cada momento; que cada paso te ha traído al presente. El aquí y el ahora es el lugar desde el que puedes continuar escribiendo tu historia de vida, perdonándote y perdonando, cuando así lo sientas, a otras personas.

8. Literatura y autobiografía

Cualquier obra literaria (novela, conjunto de relatos, poemario) puede estar basada en la experiencia autobiográfica. De hecho, escribó Virgina Wolf que «solo la autobiografía es literatura«. Personalmente, creo que lo que vivimos siempre alimenta, en mayor o menor medida, la escritura; aunque no es lo mismo crear un poema tratando de expresar lo vivido, que inventar un relato en el que damos alas a la imaginación.

Además hay algunos géneros o recursos literarios que son, por definición, autobiográficos:

Diario personal: podemos editar y publicar nuestros propios diarios, o utilizar este formato para contar la historia de otra persona. En ambos casos no es necesario contar todo con exactitud tal como sucedió; siempre podemos acogernos a la autoficción.

Autoficción: cualquier obra en la que estamos contando nuestra historia o una parte de ella, pero nos damos permiso para no ser fieles a la realidad e inventar una parte. Pienso que, más que un género, es un recurso al que siempre podemos acogernos en mayor o menor medida; siempre que lo mencionemos de forma explícita en nuestro texto.

Autobiografía: la historia de una persona narrada por ella misma. En este caso sí debe respetarse el principio de veracidad: todo lo que narremos debe ser cierto, al menos en el recuerdo. Pero como la memoria no es un registro objetivo al que podamos acceder, podemos encontrarnos con lagunas; hay diversos recursos para abordar esto.

Memorias: un fragmento de la historia de una persona en torno a un tema determinado. Por ejemplo, Pájaro a pájaro; la autora utiliza diferentes pasajes de su vida para reflexionar sobre la escritura.

9. Qué ofrezco en Narrativas y otras lunas

Mujer sentada sonriendo detrás del dibujo de un faro

Trabajé durante muchos años en el ámbito de la salud mental, en cooperación y en derechos humanos (lo cuento aquí). En 2014 comencé a imaginar un proyecto de autoempleo que fuera coherente con mi forma de entender el mundo, en el que pudiera sumar mi experiencia profesional y todo lo que me gusta o siento que sé hacer bien: leer, escribir, contar.

Escuchar las historias de vida de otras personas y acompañarlas para que pudieran contárselas de forma que en ellas estuvieran presentes no solo sus heridas, sino también sus fortalezas; recuperar la memoria comunitaria; reconstruir la narrativa de una persona, un lugar o un colectivo; tener en cuenta las redes de afectos que sostenemos y nos sostienen, todo aquello de lo que formamos parte y que nos ayuda a dar sentido, o aceptar que a veces no lo encontramos.

Como psicóloga, traigo las técnicas que he integrado en mi experiencia y en el acompañamiento a otras personas: las técnicas de recuerdo, las prácticas narrativas y las narrativas terapéuticas.

Aporto, también, mi capacidad para ayudar a cada persona a identificar sus fortalezas; para ver lo que brilla en el fondo y devolverlo a la luz. Para reconocer e identificar las sombras, llegar hasta ellas; atravesar el miedo y el vacío cuando sientas que estás preparada o preparado para hacerlo, que es el momento, y además tienes los recursos necesarios. Reconocer la vulnerabilidad para, cuando llegue el momento oportuno, transformarla en nuestra mayor fortaleza.

Como escritora y narradora, como lectora voraz, traigo en mi equipaje la literatura, la pasión por las historias tradicionales y nuestra capacidad para contarnos; la libertad en la práctica de la escritura y los recursos para transformarla en un hábito.

Creo que también es importante trazar algunos caminos que nos permitan ir de lo particular a lo universal, y viceversa; encontrar un punto de apoyo en el imaginario y las experiencias colectivas, y a la vez transformar las nuestras en algo que, si así lo queremos, otras personas puedan aprovechar para trazar y recorrer sus propios senderos.

Si quieres encontrar el hilo de tus historias, puedes descargar la hoja de ruta:


Si quieres profundizar en la escritura autobiográfica y contar tu propia historia, puedes empezar hoy mismo:


Enlaces recomendados:


Aquí encontrarás otros recursos gratuitos para seguir escribiendo:

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2 comentarios

  1. Wooooow, Lidia… Gracias infinitas por contar con tanto lujo de sentires.

    Es un auténtico placer leerte. No logro saber qué tecla interna has dejado pendiente de percutir.
    Tus palabras han sido certeras.

    Aún tiemblo porque me mueven a lanzarme al vacío.
    A saltar sin respirar.
    A abandonarme a la página en blanco y dejar que sea.

    También a aventurarme a lo desconocido.
    A lo que me da terror.
    A lo que me corta el aliento.

    Deseo no recuperarme nunca y que esta sensación mantenga encendida la llama de querer materializar atravesando todo lo que se ponga por el camino para tornarlo en una lluvia de confeti.

    Un abrazo gigante 🙂

    1. Muchas gracias, María, por tus palabras y por compartir. Siempre es una alegría grande que de estas palabras nazcan otras, que vayamos alternándonos el aliento unas a otas 🙂 Que siga viva y crezca esa sensación; que percutan las preguntas, que sean puerta y páginas en blanco.

      ¡Un abrazo grande para ti también!

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