1. Cuando estamos en un proceso de cambio, a veces nos sentimos como malabaristas sobre una cuerda en medio de un espacio oscuro; hay instantes en los que no logramos recordar de dónde venimos, y resulta difícil visualizar el lugar al que nos dirigimos. El diario puede ser un espacio de transición, que nos recuerda nuestros objetivos y avances y, también, el lugar que estamos dejando atrás.

2. Tenemos la mala costumbre de dejar demasiado espacio a lo racional, a los pensamientos, como si dándole mil vueltas a la cabeza hasta que echara humo pudiéramos solucionarlo todo. El diario nos pone en contacto con nuestra sabiduría emocional, con nuestra esencia.

3. El diario nos permite tener una perspectiva más amplia de nuestras vidas; nos permite ver el conjunto, alejarnos y sobrevolar a vista de pájaro. Solo de esta forma conseguiremos salir de los círculos de pensamiento habituales, para movernos en espirales más amplias.

4. Cuando practicamos la escritura de forma cotidiana y estructurada el propio proceso de escribir va autorregulándose, de tal forma que nos ayuda a manejar nuestras emociones y pensamientos. Poco a poco, nos iremos dando cuenta de cuándo estamos entrando en bucles o caminando en círculos, y seremos capaces de salir de ellos por nuestro propio pie. Escucharemos una voz interior que nos dirá “ya estás otra vez con esto” con amabilidad y compasión, como lo haríamos nosotras, nosotros, con cualquier otra persona. Y nos moveremos hacia nuevos horizontes más amplios y cómodos, más nuestros.

5. El hábito de la escritura también nos ayuda a manejar la frustración y la incertidumbre, dos aspectos con los que acostumbramos a llevarnos bastante mal. Desde la seguridad de nuestros cuadernos, podemos explorar y abrazar nuestras contradicciones, inseguridades, sombras, temores. Y, al mismo tiempo, recordar que esto también pasará.

6. Nos proporciona, además, un espacio seguro en el que barajar las distintas formas de abordar una situación conflictiva: preparar una entrevista, comunicar una situación difícil en el ámbito personal o laboral; anticipar las situaciones temidas, y conectar con nuestros recursos para afrontarlas.

7. La práctica cotidiana de la escritura hará que conectemos, también, con nuestra propia voz; con nuestra forma única de ver el mundo, y la manera en que somos capaces de transmitir esa emoción a otras personas; algo que nos resultará muy útil y gratificante para cualquier proyecto creativo en el ámbito personal, como por ejemplo la escritura creativa o la comunicación de nuestros proyectos.

8. El diario es nuestro mapa y la hoja de ruta: todo lo que registremos nos servirá para visualizar y explorar los cambios, fortalezas, avances, objetivos. También nos permitirá revivir, desde la lectura, los instantes de felicidad y gozo; aquellos que construyen la vida y a menudo pasamos por alto. Esto, a su vez, nos ayudará a prestarles más atención en el día a día.

~Adaptado para el taller Escritura y autocuidado a partir de un texto de Kathleen Adams recogido en Journal to the Self  y Journal Therapy: Writing for Healing and Change (Center for Journal Therapy)~

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NOTA: Utilizo el término diario porque es el que aparece en el texto original, pero sirve cualquier otro formato que te ayude a mantener el hábito de la escritura. En los talleres de Narrativas y otras lunas siempre tiene buena acogida el cuaderno de todo.

También me resulta complicado entender la escritura como algo que tiene una utilidad, o ponerle la etiqueta “terapéutica“. Pero, al mismo tiempo, he comprobado que la práctica de la escritura personal es una gran herramienta para conocernos mejor; para poner consciencia sobre lo que nos hace bien y lo que nos daña.

A veces encontramos tareas creativas que nos producen bienestar y, al mismo tiempo, mil excusas para posponerlas. Por ese motivo, sobre todo, comparto esta entrada. Espero que te ayude a dedicarle tiempo y energía a la escritura. Ya me contarás, cuándo y como quieras, cuál es tu relación con este hábito de autoconocimiento y autocuidado que alimenta, además, la hoguera de la creatividad.

Imagen: Jordan Madrid

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