Cuando atravesamos un proceso de cambio hay un momento en el que estamos en el medio;  hemos avanzado lo suficiente como para perder de vista el lugar del que venimos, aquel del que queríamos salir, pero todavía no hemos llegado a un espacio nuevo en el que podamos descansar y, sobre todo, reconocernos. Sabemos dónde no queremos estar, pero tenemos la sensación de estar en ningún sitio.

Para mí es como avanzar sobre un cable de funambulista, sosteniéndome con un ligero balanceo, sin ver lo que hay delante ni lo que hay detrás. Es difícil permanecer en el punto medio, cuando no te reconoces en tu piel antigua y aún no has conseguido habitar la nueva. En esos momentos, lo único que se puede hacer es confiar en lo que vendrá después y, sobre todo, en tu capacidad para continuar recorriendo el camino.

El hábito de la escritura personal puede ser un espacio de transición que te recuerda tus objetivos y avances y, también, el lugar que estás dejando atrás. De esta forma, puedes orientarte mejor cuando sientas que has perdido pie; cuando no encuentres las referencias de dónde estás o quién eres en este momento.

También te ayudará a recordar cuáles son tus propósitos e intenciones, las razones por las que son importantes para ti y la forma en que vas a intentar conseguirlos. Eso te ayudará a materializarlos; no por arte de magia, sino porque tendrás una guía y pondrás el foco en ellos.

Dice Humberto Maturana que somos seres racionales y emocionales; estos dos aspectos han de dialogar y estar en equilibrio. Sin embargo, normalmente dejamos demasiado espacio a lo racional, a los pensamientos, como si dándole mil vueltas a la cabeza hasta que echara humo pudiéramos solucionarlo todo.

La práctica de la escritura en el diario te pone de forma progresiva en contacto con tu esencia, con lo que ya sabes. Por ejemplo, ayudándote a ver que no siempre es importante encontrar las respuestas, sino formular las preguntas adecuadas y sostenerlas el tiempo suficiente. O darte cuenta de que muchas veces sabes las respuestas, pero no confías en ellas o evitas verlas porque son dolorosas.

Una de las premisas fundamentales de la escritura personal es la honestidad contigo misma, contigo mismo; “di tu verdad”, como nos recuerda la cita de Clarissa Pinkola Estés; como pedía, también, el narrador en Un monstruo viene a verme.

El diario te permite tener una panorámica de tu vida; ver el conjunto, alejarte y sobrevolarlo, observarlo a vista de pájaro. Solo de esta forma conseguirás salir de los círculos de pensamiento habituales y comenzar a abrir espirales.

Plasmar en el papel lo que te preocupa aligera tu carga mental, y eso te permitirá tener una visión más amplia que, en este caso, puede facilitarte la toma de decisiones y la resolución de problemas, al permitirte tener en cuenta todas las alternativas y valorarlas con más calma. Te darás cuenta de que hay otras posibilidades, más allá de la interpretación que estás dando a los hechos y, también, de que hay otras miradas; otras personas implicadas en los acontecimientos.

Descubrirás parcelas de ti, de tu memoria y de tus afectos, de tus temores y tus deseos, que hasta este momento estaban ocultas; esto te permitirá integrarlas y, ¿recuerdas? alumbrar nuevas historias, deseos, senderos, fortalezas.

El diario personal puede ser un buen complemento en un proceso de psicoterapia muy recomendable tanto para quien lo iniciam como para psicoterapeutas y otros perfiles profesionales que trabajen acompañando a personas: unida a las prácticas narrativas, la escritura puede ser una herramienta muy poderosa para la intervención comunitaria.

Al escribir de forma cotidiana y estructurada el propio proceso va regulándonos y autorregulándose, de manera que nos ayuda a manejar emociones y pensamientos. Poco a poco te irás dando cuenta de cuándo estás entrando en bucles, y serás capaz de salir de ellos por tu propio pie. Escucharás una voz interior que te preguntará con amabilidad: “¿ya estás otra vez con esto?” como lo harías tú con cualquier otra persona. Y te moverás hacia nuevos horizontes más amplios y cómodos, más tuyos.

Las preocupaciones se transforman cuando las reflejas en el papel; se convierten en algo que puedes nombrar, empezar a comprender y manejar. Si quieres desentrañar el mapa de tus emociones, puedes añadir a la práctica de la escritura un registro de las que son más importantes para ti cada día: las que disfrutas y las que intentas evitar, las que te sorprenden.

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Jordan Madrid

El hábito de la escritura también te ayuda a manejar la frustración y la incertidumbre, dos aspectos con los que acostumbramos a llevarnos bastante mal en las sociedades occidentales. Desde la seguridad de tu cuaderno puedes explorar y abrazar tus contradicciones, dudas, sombras, temores… dejando que pasen de la mente al papel. Y, al mismo tiempo, recordar que esto también pasará.

El diario te ofrece, además, un espacio seguro en el que barajar las distintas formas de abordar una situación conflictiva: preparar una entrevista, comunicar una situación difícil en el ámbito personal o laboral; anticipar las situaciones temidas y conectar con tus recursos para afrontarlas.

Te ayudará a mejorar tu forma de expresarte: primero te lo dices a ti, te tomas un tiempo para ordenar tus ideas y para dejar que salgan todas las emociones; luego decides qué y de qué manera se lo dices a otras personas.

Escribir con regularidad hará que conectes con tu propia voz; con tu forma única de ver el mundo, y con la manera en que eres capaz de transmitir esa emoción a otras personas; algo que te resultará muy útil y gratificante para cualquier proyecto creativo.

Si estás escribiendo ficción puedes añadir ejercicios de escritura creativa a tu práctica diaria. El diario no solo te ayudará a conectar con tu imaginación y tu memoria, sino también a juzgarte cada vez menos. Probablemente seguirás escuchando las voces críticas, pero dejarás de hacerles tanto caso.

Todo lo que conserves en tus cuadernos te servirá para visualizar y explorar los cambios, fortalezas, avances, objetivos.

También te permitirá recrear, desde la lectura, los instantes de felicidad y gozo; aquellos que construyen la vida y a menudo pasamos por alto. Esto, a su vez, hará que vayas prestándoles más atención en el día a día. Tendrás un registro de lo cotidiano, un álbum de instantes y recuerdos al que puedes volver siempre que quieras.

Pasarás más tiempo contigo, te conocerás mejor y esto te ayudará a cuidarte más. A ser más consciente de lo que te pasa y los motivos por los que te pasa, ampliar la perspectiva y diferenciar entre lo que puedes y quieres cambiar y lo que no.

De hecho, puede servirte para reconocer aquellos avances valiosos que sí dependen de ti y no estás valorando. También para darte cuenta de que en el pasado has vivido situaciones difíciles y has salido adelante. Que, incluso en los momentos más duros, hay instantes de luz.

También puede resultarte útil para ejercitar la memoria, integrar lo vivido y fomentar el pensamiento crítico; dedicar más tiempo a la reflexión, ralentizar el ritmo de tu actividad mental. 


~Adaptado para el taller Escritura y autocuidado a partir de un texto de Kathleen Adams recogido en Journal to the Self  y Journal Therapy: Writing for Healing and Change (Center for Journal Therapy)~

NOTA: Aunque en ocasiones utilizo el término diario, pero sirve cualquier otro formato que te ayude a mantener el hábito de la escritura. Si quieres saber más sobre este tema, puedes leer el artículo

También me resulta complicado entender la escritura como algo que tiene una utilidad, o ponerle la etiqueta «terapéutica«. Pero, al mismo tiempo, he comprobado que la práctica de la escritura personal es una gran herramienta para conocernos mejor; para poner consciencia sobre lo que nos hace bien y lo que nos daña.

A veces encontramos tareas creativas que nos producen bienestar y, al mismo tiempo, mil excusas para posponerlas. Por ese motivo, sobre todo, comparto esta entrada. Espero que te ayude a dedicarle tiempo y energía a la escritura. Ya me contarás, cuándo y como quieras, cuál es tu relación con este hábito de autoconocimiento y autocuidado que alimenta, además, la hoguera de la creatividad.


En Narrativas y otras lunas te acompaño para que puedas contar tu propia historia uniendo los saberes de la psicología, la escritura y la narración. Si quieres conocerme un poco mejor y empezar a escribir, echa un vistazo a los recursos gratuitos que ofrezco:

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