“Toda mi vida (…) puede parecer un jirón desgarrado e incompleto del telar, una maraña informe de hebras que no significan nada, pero no es así, porque mi mente, al igual que la lanzadera, siempre regresa al lugar inicial para buscar el patrón y continuar con él. Yo era hilandera, no tejedora, pero he aprendido a tejer”.

Cuando un libro me gusta mucho salto alguna frase; quiero avanzar, saber más.

Lavinia, de Ursula K Le Guin, es uno de los que más he disfrutado en toda mi vida, y me ha pasado lo contrario: volvía atrás, una y otra vez, para saborear las palabras. No me importa que se acabe porque forma parte de mí.

Volveré a leer la última frase una, y otra, y otra vez; y regresarán, con ella, las imágenes de la historia; también de todas las historias sobre la Antigüedad que habité siendo niña.

Gracias, Ursula.

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