escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

Chantal Maillard

Intento, desde hace unos meses, volver a escribir como lo hacía con veinte años: sin miedo, desde la entraña; dejando que los dedos avancen por delante del pensamiento para dar después un salto e ir más allá; para llegar a un lugar en el que mi lenguaje y yo no hayamos estado antes. Un lugar en el que escribir sea como coger carrerilla, cerrar los ojos, despegar desde los acantilados con los que hablo cuando se me encogen las palabras en el estómago. Sólo desde allí arriba, frente al mar, soy capaz de ver mis palabras, recogerlas, acariciarlas hasta que se duermen y me dan una tregua de silencio,  el consuelo del vacío.

El vacío es un espacio que recomiendo explorar a quien quiera escribir, atravesando el miedo; afrontándolo como si fuera una llanura helada o desierta. No bordeándolo, negándolo ni llenándolo de colores para que nos deje dormir. No. Con noches en vela, nudos en el estómago, en el entrecejo, donde quiera que lo sientas. En los talleres de narrativas utilizo esta entrevista a Pep Durán para reflexionar sobre el vacío y el miedo como lugares desde los que puedes contar tu propia historia conectando con tus emociones, lo que de verdad te importa.

¿Sientes un bloqueo cuando intentas escribir? ¿Te gustaría expresarte con mayor libertad? Prepara tus cuadernos, un par de lecturas que te inspiren y a la vez te protegan, y emprende viaje. Puedes elaborar una lista con las 100 cosas que te dan miedo; te ayudará saber a qué te enfrentas. Conversa con tu sombra y tus demonios, permite que se sienten a tu lado; recuérdales que respeten tu espacio, tus tiempos, tus fronteras. Sé tú quien llame a su puerta para que aprendan a no entrar de puntillas mientras duermes, a emboscarte cuando escribas. Hazles saber que vas a escucharles, pero que tomarás tus propias decisiones (una idea de Elizabeth Gilbert en Libera tu magia).

Cuando regreses,  descansa. Escribe una lista de 100 cosas que deseas. Será difícil, pero merecerá la pena. Disfruta tantas como puedas, al menos una, por pequeña que parezca. La próxima vez que quieras escribir júntalo todo, úsalo como mapa, sostén el vacío. Y, si tienes un ratito, cuéntame cómo te ha ido.

 

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