La memoria emocional

Me aterrorizan las palabras despedida, final y olvido aunque, paradójicamente, me calman cuando llegan («hay tanta paz en la derrota»). A veces escribo porque tengo la sensación de ser sólo memoria, una memoria inmensa y desbordada desde la que sueño, cuento y comparto; una memoria que sólo sé describir poniendo como ejemplo esta película que me fascina y me desasosiega: The Eternal Sunset of the Spotless Mind.

 

Joel: Tu nombre me parece mágico.

Clementine: Se acaba, pronto desaparecerá.

Joel: Lo sé.

Clementine: ¿Qué hacemos?

Joel: Disfrutarlo.

The Eternal Sunset of the Spotless Mind

Hace poco, mientras paseábamos por una lengua de tierra que se adentra en el mar en la Illa de Arousa, mi amigo Victor señaló una roca con forma de cabeza y recordó que aquella era la cueva de la bruja Amaranta, la que se comía a las niñas y niños que se acercaban demasiado.

Cuando yo era niña y «me portaba mal» me amenazaban con el hombre del saco. En mi imaginación era un ser gigante, barbudo y contrahecho, que caminaba siempre en la oscuridad de la noche cargando un saco gigante a la espalda; en él llevaba a las niñas y niños desobedientes que recogía por las casas mientras dormían. Supongo que todos los padres y madres del planeta necesitan una figura que marque los límites del mundo conocido, que mantenga a sus criaturas a raya cuando no estén cerca para velar con ellos. Me gusta más la figura de la bruja porque delimita una frontera en el exterior de las casas, donde termina el pueblo, fomentando una base sólida desde la que explorar y a la vez tener un lugar seguro al que regresar: el hogar, allí donde la bruja no puede entrar.

Aquel recuerdo le llevó a otros, y así Victor fue contándome otras historias de su infancia que había olvidado y guardaba en lo que él llamó la memoria “no práctica» porque no tiene ninguna utilidad, aunque es imprescindible para dar sentido a nuestra existencia. Después de una situación traumática que provoca una ruptura en la continuidad de nuestra narrativa, traer al presente vivencias significativas puede ayudarnos a ver de nuevo nuestra historia de vida como un continuo en el que hay momentos difíciles pero hubo, y por tanto habrá, momentos mejores; nada dura para siempre. No todo es dolor. Nuestra identidad, nuestro ser-hoy, no se reduce a este instante.

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El hombre del saco (Editorial Bromera), ilustración de Miguel Ángel Díez

La imaginación y la memoria, que se alimentan una a otra, son la base de la creatividad. La memoria autobiográfica remite al imaginario colectivo, los arquetipos, los cuentos de nuestra niñez y las leyendas de los antepasados; historias imprescindibles para encontrar el sentido (o sinsentido) de la existencia, así como el fundamento de una ética que podamos sentir nuestra: la base para que cada persona desarrolle un por qué y un para qué. Mirar al cielo formulando deseos que nos dan esperanza o llenándonos de preguntas que, mostrándonos lo pequeñas que somos, nos hacen más grandes.

Las vivencias compartidas y los recuerdos que otras personas nos cuentan son los hilos invisibles que van tejiendo los vínculos, la intimidad. Nos conectan de forma empática y compasiva a otras personas y nos demuestran que ellas también sienten, sufren, se alegran, son vulnerables; dejan un rescoldo de luz cuando muere un ser querido, son lo único que nos queda para que no se marche del todo. En el lugar donde se cruzan la memoria personal, emocional, autobiográfica y el imaginario colectivo habitan los poemas, los cuentos, las obras de arte y nuestra capacidad para vernos reflejadas en ellas. Conectar con nuestras emociones hace que nuestras historias sean genuninas y despierten interés; otros nos leerán porque ponemos palabras a algo que sienten pero hasta ese mometno no sabían cómo expresar. En algún lugar de nuestro imaginario todas las mujeres nos sabemos árbol:

Los pájaros anidan en mis brazos,
en mis hombros, detrás de mis rodillas,
entre los senos tengo codornices,
los pájaros se creen que soy un árbol.
Una fuente se creen que soy los cisnes,
bajan y beben todos cuando hablo,
las ovejas me pisan cuando pasan,
y comen en mis dedos los gorriones;
se creen que soy tierra las hormigas
y los hombres se creen que no soy nada.

Gloria Fuertes

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Recordar es un proceso tan importante que todos los regímenes totalitarios intentan reducir y manipular la memoria de los pueblos, empezando por el control de la educación y las tradiciones; si, como en Matrix, olvidamos quiénes somos, perdemos la capacidad de proyectar en el futuro quienes podemos o queremos ser. Después de un conflicto armado la memoria histórica abre un proceso de reparación y resistencia imprescindible para fortalecer el tejido social y reconstruir una sociedad justa, equitativa, con sitio para los vivos y tumbas para los muertos. Nos recuerda que en la historia lejana y reciente han sido y serán muchos los pueblos obligados a huir de las guerras; nos ayudará a entender el proceso por el que están pasando las personas que solicitan asilo y nos transformará en ciudadanía activa defendiendo los derechos humanos básicos. Por eso quienes nos quieren dóciles y silentes ponen tanto empeño en hacer que sirias y sirios, afganos, iraquíes… sean diferentes, ajenos, otros. La memoria colectiva nos une y nos hace resistentes, el olvido nos separa. Imprescindible este artículo de Esma Kucukalik:

Hasta que no pierdes tu casa no entiendes que el hogar lo es todo. Es tu familia, tus recuerdos, tu presente, tu referente, y en definitiva, tu realidad. Cuando eso se desvanece, y de una manera tan repentina y brutal como ocurre en las guerras, a uno no le queda más que su alma, y en el mejor de los casos, los que le acompañan en la huida, que de alguna manera son el motor para intentar recomponer los pedazos que han quedado.

Esma Kucukalik

 

Narrativas de autocuidado en cooperación

Narrativas_autocuidado_cooperación_Madrid

 Esta imagen corresponde al ejercicio de una de las personas que asistió al taller narrativas de autocuidado en cooperación y acción humanitaria en Madrid los días 8 y 9 de abril. Revisamos los mapas que nos habían traído hasta aquí y trazamos las primeras líneas de los senderos que nos gustaría transitar a partir de este momento. Algunas personas pusieron los primeros troncos de la cabaña en la que descansarán antes de decidir cuál será el siguiente paso. Como en otras ocasiones, lo que más valoramos al finalizar fue el ambiente que creamos, un espacio en el que compartir experiencias y aprender de las historias ajenas. A partir de ahora cuando hagamos la maleta guardaremos también las narrativas que entre todas y todos editamos ese día. La idea de editar fue de Ana, psicóloga y escritora, con la que Jose María y yo hemos compartido alguna vez trinchera en otros espacios de participación. Nos sirve para explicar cómo la puesta en común de nuestras historias nos permite revisarlas y ampliarlas al tiempo que aprendemos unos de otros.

Cuando pensamos en este taller queríamos unir el enfoque narrativo con nuestra trayectoria en el apoyo emocional a cooperantes y personal humanitario después de una emergencia. Además de constatar que todas estas personas tienen mucho que contar nos habíamos dado cuenta de dos cosas: que la mayor parte de las veces no piden o no reciben ningún tipo de apoyo psicosocial y que desarrollan buenas habilidades de afrontamiento y resiliencia. El enfoque narrativo de la experiencia permite revisar y ordenar tanto los acontecimientos vividos como los significados asociados a ello; recuperar o renovar el sentido de nuestro trabajo o aceptar que ha dejado de tenerlo. Integrar los momentos difíciles y recordar todos los trucos que hemos puesto en marcha para superarlos. Volver a leer para darnos cuenta de que habíamos dejado algunas páginas en blanco, colorearlas y hojear de nuevo el cuaderno de nuestras experiencias para descubrirlas donde deben estar: en el futuro. Recrear lo vivido para entender, desaprender y volver a empezar apropiándonos de los significados. Como dijo otro compañero durante el taller:

“Qué bonito tener la posibilidad de destruir para volver a construir de nuevo”.

  1. Trabajar con los significados

Para comenzar el taller pedimos que cada persona escribiera y compartiera aquellas palabras que definen su trabajo. Aparecieron las organizaciones, con sus expectativas y demandas; nos adaptamos a ellas para poder realizar nuestro trabajo pero preservando nuestros significados, lo que es importante para nosotras, lo que nos hace salir a terreno y continuar allí. Unas personas se sienten más cómodas definiendo su trabajo como ayuda, otras como aprendizaje o apoyo. Nos dimos cuenta de que son muy importantes las relaciones con los demás. Los procesos, porque la mayor parte de las veces el cambio es largo y lento y no lo vemos. Permitirnos disfrutar las experiencias, el intercambio de conocimientos con las comunidades.

  1. Autocuidado

Cuando empecé a revisar bibliografía sobre autocuidado para los talleres encontré que casi siempre se trataba el componente físico y que hacerse cargo de la propia salud se convertía en un mandato, una responsabilidad de quienes se dedican al cuidado personal o profesional de otras personas. Desde este enfoque el autocuidado puede llegar a ser una carga más, otra tarea en nuestra lista de responsabilidades. Tanto desde mi propia experiencia como desde un punto de vista formativo me resulta mucho más sencillo y humano el abordaje de la compasión: cuando seamos compasivas y compasivos con nosotros mismos lograremos serlo con otras personas de forma natural. Así cuidarnos es, de forma automática, una forma de cuidar a los demás: a quienes están cerca y a quienes aún no han llegado a nuestras vidas.

La autocompasión, que suena tan mal en nuestro idioma, tiene tres componentes que tienen mucho que ver con el autocuidado(1):

  • Ser consciente de y estar abierto al propio sufrimiento individual
  • Ser amable y no condenarse a sí mismo
  • La consciencia de compartir las vivencias con los demás en vez de sentirse solo y avergonzado

Una vez que nos permitimos la difícil tarea de reconocernos como personas; una vez que aceptamos tratarnos con mimo, cariño y respeto, escuchando y atendiendo nuestras necesidades, merece la pena preguntarnos cuáles son éstas: ¿qué es, para mí la buena vida? Dedicar un tiempo y un espacio a cultivarla, explorar las prácticas que nos hacen sentir bien y apropiarnos de ellas.

  1. El pensamiento narrativo

Hablamos del pensamiento narrativo para explicar cómo la forma en que nos contamos las cosas a nosotras y nosotros mismos y a los demás influye en cómo nos sentimos, cómo nos vivimos y entendemos o dejamos de hacerlo. Conocer sus bases nos permite buscar alternativas a las narrativas dominantes, aquellas que queremos ampliar o cambiar. Nos sirve para generar narrativas flexibles teniendo en cuenta que:

  • Todas las personas necesitamos tener un mínimo de control sobre nuestras experiencias
  • La narrativa alternativa ha de ser coherente con nuestros significados, pero a la vez lo suficientemente flexible para poder adaptarse a los nuevos conceptos, a diversas situaciones.

 4. “Botiquín” para el autocuidado

Empezamos el sábado por la mañana identificando 5 acciones de cuidado y 5 de autocuidado que hayamos realizado en la última semana. Nos sirvió para ver el equilibrio entre ambas, para pensar sobre cómo atendemos a las demandas de otras personas y para darnos cuenta de cosas pequeñas que nos hacen sentir mejor; identificarlas nos permitirá consolidarlas. Proponemos llevar un diario de acciones de autocuidado para darles un espacio en el día a día. A veces la mejor estrategia es no hacer nada, permitirse espacios. Espacios necesarios para estar con nosotras y nosotros mismos porque, como dijo alguien:

“Me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”.

Aunque en el programa estaba previsto dedicar un espacio a mindfulness y autocompasión no nos dio tiempo a detenernos. Una de las personas que ya lo practicaba nos contó que le servía para “desconectar del mal rollo y conectar con cosas que habitualmente no veo”.  Recomendamos la lectura de este texto de Alesandra Pigni en el que explica cómo mindfulness puede ser un recurso para aceptar, conectar, darnos cuenta; poder parar y saber qué sentimos, qué queremos. También mencionamos este artículo que nos recuerda que mindfulness no puede ser el parche mantener un ritmo de vida demasiado acelerado.

  1. La vuelta a casa

Cuando las personas presentes en el taller preparan su maleta para un nuevo destino hay dos cosas simbólicas que no faltan nunca: la ilusión y el deseo, a veces incluso el propósito, de mantenerse en contacto con las personas que se quedan aquí. Esto nos recordó que la vuelta a casa puede ser la parte más difícil del proceso por diversas razones:

  • La dificultad para expresar nuestras vivencias y, a veces, la aparente falta de interés de los demás por escucharlas
  • El choque cultural: volvemos a  nuestro lugar de residencia y nos eonctramos que con muchos más recursos se hace mucho menos, nos quejamos por cosas nimias, estamos muy poco centrados en las relaciones y las personas, la comunicación es menos auténtica y la queja vacía una práctica frecuente
  • La extrañeza de saber que volvemos a casa y la vez sentir que hemos sido felices tan lejos de ella.
  1. El cuidado desde las organizaciones

Nos preguntamos en qué medida las organizaciones para las que trabajamos se preocupan del cuidado del personal humanitario y resaltamos la importancia de hacerlo “desde fuera”, sin evaluar el rendimiento de la persona y validando sus emociones siempre que sea posible. Cuando el apoyo no está disponible, no es de calidad o no nos genera confianza, recomendamos utilizar el apoyo entre pares: poder contar con otra persona que no esté en terreno en ese momento pero haya tenido la experiencia, o tenga la suficiente apertura como para comprender por lo que estamos pasando; alguien con quien nos sintamos escuchados sin ser juzgados.

  1. Dibujar los mapas

En una cartulina dibujamos una línea de vida que recoja aquello que queríamos ordenar o entender cuando decidimos apuntarnos al taller: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda o el cuidado…Señalamos los acontecimientos y personas más importantes y vamos comentando las reflexiones que surgen. Este ejercicio nos sirve para tomar perspectiva, darnos cuenta de la importancia de algunas cosas e integrar experiencias. Después observamos como un todo lo que hemos recogido en el dibujo: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda y el activismo… Para pensar qué nombre le daríamos si fuera una película. Algunos ejemplos fueron Memorias de África, En busca del arca perdida, El viaje a ninguna parte, la gran evasión.

  1. Conclusiones

El taller nos sirvió para entender el autocuidado como un espacio que nos damos a nosotros mismos y que podemos compartir para editar nuestras narrativas, lo que nos permite «destruir para construir» nuevos mapas.

Bibliografía utilizada

Además de los artículos enlazados, para preparar este taller hemos utilizado los siguientes textos:

  • (1) Terapia centrada en la compasión, Paul Gilbert
  • Vivir con plenitud las crisis, John Kabat-Zinn
  • Taller de autocompasión, por Marta Alonso y Vicente Simón
  • Mamá, quiero ser cooperante
  • Escribir desde terreno
  • Ponencia sobe apoyo emocional en el curso Formación en intervención psicosocial en emergencias en el contexto de las organizaciones humanitarias (Lidia Luna y Jose María Rodríguez).

Para mí fueron de mucha ayuda la web, reflexiones y mimos virtuales de Airam Vadillo. ¡Gracias por estar cerquita!

Escritura autobiográfica

https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ANoel_Olivier%3B_Maitland_Radford%3B_Virginia_Woolf_(n%C3%A9e_Stephen)%3B_Rupert_Brooke_from_NPG.jpg
https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ANoel_Olivier%3B_Maitland_Radford%3B_Virginia_Woolf_(n%C3%A9e_Stephen)%3B_Rupert_Brooke_from_NPG.jpg
Virginia Woolf, Noel Olivier, Maitland Radford, Rupert Brooke

Sólo la autobiografía es literatura, las novelas son su cáscara y, al final, se llega al meollo: o tú o yo

Virginia Woolf

ENCONTRARÁS UNA REVISIÓN ACTUALIZADA SOBRE LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA AQUÍ: ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA: VIVIR PARA CONTARNOS

Este artículo es la continuación de ¿Es terapéutica la escritura? Lo he terminado gracias a un amigo que tiene una chistera mágica: cada vez que susurra tu nombre cerca de ella aparece dentro un papel doblado en cuatro y cuando lo abres lees en él justo lo que necesitas, incluso cuando no sabías que lo estabas buscando. Lo que yo necesitaba para completar estas líneas era el libro Poseo mi alma, al que llegué gracias a que la chistera me regaló este texto de Maite Larrauri: Virginia Woolf no era una persona.

Poseo mi alma es un recorrido por la vida de Virginia a través de sus escritos —»cuadernos, diarios, novelas, cartas, artículos» estructurado a partir de su biografía y de sus obras. Refleja la lucha de Virgnia por continuar escribiendo y creyendo en sus libros a partir de los acontecimientos y vivencias de cada etapa. Durante los últimos meses de su vida se suman a las consecuencias de dos años de guerra otros acontecimientos, «hasta llegar al punto en el que Virginia deja de escribir porque ya no sabe lo que tiene que escribir».

La escritura no hace que desaparezcan los delirios ni la depresión pero es uno de los motores que mantiene con vida a Virginia; que le da un sentido, una razón, una alternativa a la realidad cuando ésta es demasiado áspera. Al escribir novelas o relatos Virginia puede utilizar sus recuerdos para recrear a las personas queridas que han muerto, así como trasladar a los personajes sus heridas y preguntas. No para que desaparezcan, sino para poder leerlas ella también, saber que existen, que tienen una razón de ser.

Lo mismo les sucede a Unica Zürn, Helène Cixous, Marguerite Duras… Autoras con las que he podido conversar gracias a las recomendaciones de Apiario. Su vulnerabilidad y su honestidad nos ayudan a conectar con nuestras emociones. El mayor sufrimiento lo provoca negar, no saber, tal como defiendo en este artículo sobre la tristeza.  Saber sigue siendo doloroso pero trae serenidad; escribir a partir de lo que nos ha sucedido no cura pero calma, ordena, permite entender.

Recursos para practicar la escritura autobiográfica

[ACTUALIZACIÓN SEPTIEMBRE 2019]

(Algunas) lecturas

  • Visión desde el fondo del mar, Rafael Argullol
  • Bélgica, Chantal Maillard
  • Primavera sombría, Unica Zürn
  • La llegada a la escritura, Hélène Cixous
  • El amante, Marguerite Duras
  • La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

(Algunas) películas

  • Stories we tell
  • Mapa, de León Siminiani: documental que tiene como valor su vocación autobiográfica
  • The eternal sunshine of the spotless mind

Textos prácticos

  • El gozo de escribir, Natalie Goldberg
  • Pájaro a pájaro, Anne Lamot
  • La escritura autobiográfica, Silvia Adela Kohan

¿Utilizas otras referencias para la escritura autobiográfica? ¿Te animas a compartirlas en los comentarios? Me encantaría conocerlas.

Para terminar: si quieres escribir, escribe.

Los que esperan ayuda para escribir: una casa, tranquilidad, tener tiempo… Es mentira. Son excusas.

Marguerite Duras

Marguerite Duras
Marguerite Duras au bord de la Seine au Poudreux, Honfleur. 1990 (c) Hélène Bamberger

NOTA: Esta fotografía es de Hélène Bamberger y esta es la fuente: http://www.loeildelaphotographie.com/2014/03/21/article/24461/helene-bamberger-25-years-with-marguerite-duras/.  Soy muy cuidadosa con las imágenes, respeto siempre los derechos de autor y no las reproduzco si no son de acceso libre. Hago una excepción con esta imagen de Marguerite Duras porque es bellísima y porque está llena de luz.

Mirar fuera, ver dentro

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Vivian Mayer, self-portrait, 1954 © 2014 Maloof Collection

Vivian Maier nació en New York en 1926, trabajó toda su vida como niñera y cuidadora y nunca publicó sus fotografías. En 2007 John Maloof descubrió su trabajo en una subasta, pero cuando consiguió localizar a la autora ella acaba de morir. Puedes encontrar la historia completa de este autorretrato en el blog de Rubixephoto.

Durante unos meses, justo antes de empezar con este proyecto, fui incapaz de escribir una sola línea, de encontrar la primera palabra para ordenar lo que sentía. La cámara de fotos me permitió mirar fuera de tal forma que, al hacerlo, podía ver dentro de mi. Así, poco a poco, fui juntando todas las piezas que hacen falta para recomponer una narrativa: lo que había sido, lo que era, lo que me gustaría ser.

Si no puedes escribir, coge una cámara de fotos y sal a la calle, o persigue tu propia imagen en todos los espejos hasta que seas capaz de mirarte a los ojos. Si no tienes una cámara de fotos, consigue unos lápices de colores y empieza a llenar lo que tengas más a mano, incluso los márgenes de los periódicos. Un día te sorprenderán unas nubes o un par de trazos azules que hablan de ti, y podrás usarlos para empezar a ordenar tu propia historia…. Y después contarla. Cuando vuelvas a escribir recuerda que lo que te ha llevado hasta allí es la emoción, la vivencia de un momento único en el que todo cambió, la posibilidad de expresar cómo te sientes ahora. Algo que se parece mucho a la verdad, aunque sea una verdad que cambia y no puede atraparse.

 

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
© 2015 The M.C. Escher Company – Baarn, The Netherlands. All rights reserved

Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.

 


Cuéntame un cuento

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“Vendrá el invierno”, dicen. “Deberías tener miedo”, afirman, aunque no lo digan. Lo leo en sus manos, en sus ojos que miran hacia el cielo y dicen: lluvia. Frío. Oscuridad. Y sí, me asustan un poco. Busco el sol, que aún brilla, en el horizonte. Ya no se pone como antes, llenándolo todo; empieza a desvanecerse. Podría, sí, tener miedo. Sería sensato, e incluso comprensible. “Pero el miedo no abriga”. Me digo. El invierno siempre es duro, ¿Cuándo no lo es? ¿Dónde no lo es?

Sin embargo… Sin embargo miro atrás y veo inviernos felices, corriendo sobre la nieve. Inviernos bajo las mantas, cargados de caricias y palabras. Conversaciones volando sobre tazas de té, guisos improvisados, largas sobremesas y cuentos con lobos. Palabras que sólo sirven en invierno: braseros, sabañones, chuzos de punta. Recuerdo sobrevivir a enero y empezar a adivinar, en los caminos, los pespuntes de la primavera.

“Pues claro. Necesitamos el invierno”. Para entender, de verdad, el significado de la palabra tiempo en todas sus dimensiones: cronológico, meteorológico, interno y ajeno. Tiempo para ovillarme, para conocer y respetar mis ciclos. Tiempo para que la tierra descanse y dé nuevos frutos, para convertir lo extraño en cotidiano. El tiempo que tardas en acariciarme con los ojos, sin tocarme, unos instantes antes de tocarme.

“Me dejaré llevar”, pienso. Y ya es de noche. Abro un libro, pero enseguida aparece alguien (algún día, con el tiempo, será mi amiga) y me invita a pasear. Tropezamos y nos reímos entre las rocas de la playa, ¿Pero dónde está la luna? La buscamos, mirando al cielo. “Este verano no he visto ninguna estrella fugaz…”, digo. Y en ese instante el cielo lo atraviesa, despacio, un punto de luz. Se desvanece.

Vuelvo a casa y me digo en voz alta que no, que no tendré miedo. Abro un cuaderno. Por fin me atrevo a escribirlo: Merecerá la pena el invierno si algún día te pasas por aquí y antes de dormir me cuentas un cuento, me enseñas tus mundos, me prestas tus manos.

Sacudir el polvo de mis alas

LidiaLuna_Pirineo2015

Cuando empecé a pensar en este proyecto surgió una idea que he repetido muchas veces: de los diferentes ámbitos en los que he trabajado lo que más me gusta es contar y ayudar a otras personas a contar. En mi cabeza, a esta frase siempre le sigue otra: soñar… y ayudar a otras personas a soñar. Hasta ahora no había llegado a escribirla porque me resulta pretenciosa. Porque vuelve acompañada de una pregunta antigua: ¿Soñar? ¿Te parece justo pedirle a la gente que sueñe? Antes de hacerlo hay que tener cubiertas las necesidades básicas. Así que, cuando hay tanta gente que no las tiene, ¿para qué sirve todo esto? ¿Para qué crear?

Sé la respuesta. Sé que el mundo necesita el arte, las ilusiones y los sueños siempre que no sean ajenos, estandarizados, productos de consumo. Necesitamos las centellas de Batania, la música de las orquestas, la sangre con tierra de Ana Mendieta. Los alalás y las Begonhas. Las fotografías, la improvisación y los cuentos de hadas. Los carteles de colores que nos devolvieron, el 15 de mayo de 2011, la voluntad y la posibilidad de transformar el mundo.

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Madrid, Puerta del Sol, #15M 2015

Sé, por experiencia propia, que seremos personas más felices y ligeras cuando consigamos contarnos nuestra propia historia a nosotras mismas, sin miedos ni defensas. Sé que todos los mensajes que nos paralizan vienen de un sistema articulado en torno a lo productivo y la insatisfacción permanente; un sistema que nos quiere alejadas y alejados de nuestro núcleo, de las cosas que de verdad nos importan. No hay que negar estos mensajes, porque siempre aparecen, sino neutralizarlos. Revinidicar la vida, hoy. Aun cuando duela. Porque es lo único que tenemos, lo mejor que tenemos, y no es poco. Como dice Irving Yalom (gracias, compañero, por la cita):

Somos criaturas de un día, tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero, tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado.

Empecé este proyecto con la voluntad de desarrollar un trabajo del corazón; convencida de que crear, soñar, imaginar (cuando podamos) nos ayuda a transformar la realidad, a ser mejores personas, a cuidar(nos) más y mejor.

Han pasado ya siete meses y, lo que más agradezco, lo que más me ha soprendido, es la posibilidad de tejer cada día nuevas redes y complicidades. Porque arriesgué, y fui capaz de mostrarme, mi mundo es cada vez más grande, lleno de personas que también se comparten aunque dé, a veces, tanto susto. Formo parte de una  colmena de laboriosas abejas, vivo en una casa habitada por incansables y hermosas arañas (ellas saben).

Y aun así, tan cuidada, tan cuidando, a veces tengo miedo. A veces, aún, me paralizo buscando el difícil equilibrio entre la sensatez y la necesidad de perder un poco el norte para llegar a nuevos territorios fuera de la ruta.  Cuando esto sucede me paro un instante, abro los ojos, miro alrededor. Vuelvo a cerrarlos. Dejo que entren el aire y las punzadas de incertidumbre; que vuelvan las preguntas, los nudos de la culpa en el centro del estómago. Vuelvo a leer esta frase de Rosa Montero (La ridícula idea de no volver a verte):

Cuando era más joven, de hecho hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza; a elevarme como un águila y escribir el gran libro sobre la condición humana. Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad; si consiguiera ser verdaderamente libre escribiendo, libre del yo consciente, de los mandatos heredados, de la supeditación a la mirada de los otros, de la propia ambición, del deseo de elevarme como un águila, de mis miedos y mis dudas y mis deudas y mis mezquindades, entonces quizá lograría descender hasta el fondo de mi inconsciente y quizá pudiera escuchar por un instante la canción colectiva. Porque muy dentro de mí estamos todos. Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien. Actividades todas ellas importantísimas.

Después sacudo el polvo de mis alas y vuelvo a reir o llorar, escribir, bailar, luchar… como la criatura efímera y afortunada que soy.

Un mapa de las emociones: la tristeza

A veces me siento transparente, y las cosas suceden a través de mí. Cuando salgo a pasear el viento me atraviesa, limpiando cada uno de mis huesos sin que duela. Me contagian sonrisas y canciones ajenas, soy una partícula más de lo que existe. Conecto, comparto, me reparto.

LidiaLunacorazones

Otras veces despierto con el cuerpo pesado, como si atrajera la gravedad de todo planeta. Me cuesta invocar la intención de moverme y, aunque lo logre, soy una masa densa, pastosa, opaca. Camino atrapada entre las paredes negras de mis temores. Si pudiera elegir sólo entre dos opciones, no dudaría: prefiero la tristeza a este pesar sin forma.

La tristeza como emoción primaria —igual que la alegría, el miedo, el enfado o la vergüenza— nos da información valiosa sobre lo que es bueno o no para nosotros, sobre qué relaciones suman y cuáles restan, sobre los objetivos hacia los que deberíamos dirigir nuestra energía. Las emociones primarias también proporcionan a los demás información acerca de lo que necesitamos. Si conseguimos conocerlas, limpiarlas de miedos y ansiedades, son nuestra mejor brújula. El mapa de nuestras emociones es un boceto vivo, dinámico y cambiante, que no evitará el dolor; pero sí puede ayudarnos cuando volvamos a perdernos a recordar que, aunque no sepamos bien cómo llegar, existe un lugar en el que nos gustaría estar.

Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)
Cinco máns que apoian a muraia, por Álvaro de la Vega (Lugo, 2014)

 Los cambios inesperados y no deseados vienen acompañados de pérdidas: perdemos personas, esperanzas, anhelos, horizontes o capacidades. Y con ellas la visión que teníamos del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Estas situaciones nos obligan a aguantar la tristeza durante un tiempo que no sabemos cuánto durará. Aguantar la tristeza implica conectar con ella como emoción primaria, limpia de culpa y ansiedad. Sabemos que hemos conectado porque la sensación es, de algún modo, agradable: allí ya no hay angustia, no hay que luchar, nada más que  averiguar: sólo estar. Lo explica Leslie Greenberg:

Los sentimientos primarios son agradables. Uno siente que son correctos, aun cuando sean doloroso. Incluso cuando no son saludables te ayudan a sentirte más sólido. Son, con claridad, lo que tú sientes. Puedes decir “siento que he fallado o “me siento destrozado o asustado de estar solo”. Esto se dice sin pánico. En vez de dejarte confundido o ansioso, te proporciona una base sólida. Serás capaz de admitir: “sí, esto es lo que siento”.

Aguantamos la tristeza como se aguanta un muro que está a punto de derrumbarse, sin saber si podremos apartarnos a tiempo. Reunimos el coraje necesario para darle los buenos días y las buenas noches; bajamos con ella a un lugar oscuro y sin luz cada vez que nos reclama. Deshacemos con nuestras manos cada una de las ilusiones que teníamos antes. Nos agotamos tratando de continuar por el camino antiguo hasta aceptar, por fin, que es imposible seguirlo. Y entonces, cuando empezábamos a sentirnos cómodas en compañía de la tristeza, hay que dar un paso más para no recrearnos en ella, para no dejarnos arrastrar.

Mientras estamos inmersas en el dolor no concebimos un nuevo cambio; sin embargo conectar con la tristeza es un proceso que nos obliga a pararnos y soltar lastre. Las pérdidas se han llevado una parte de nosotras mismas: de nuestras rutinas, nuestro sentimiento de amor, nuestros apoyos. Tenemos que raspar los huecos vacíos para empezar a llenar de nuevo nuestra vida con actividades que nos ayuden a construir nuevos significados, con personas que también tengan la valentía de conectar con sus emociones. No vale cualquier cosa, no queda mucho espacio para lo irrelevante. Hasta que un día, sin que nos demos cuenta, comenzamos a transitar nuevos lugares que reflejan lo que de verdad somos, lo que queremos, lo que sentimos.

LidiaLunaPirineo

Estas palabras están dedicadas a todas las personas que aguantan o aguantaron su tristeza; con el deseo de que los próximos meses estén llenos de consuelo, esperanza y nuevos afectos. 

Conclusiones del taller presencial de narrativas

El sábado 7 de marzo nos reunimos en la Asociación Cultural El Despertador para celebrar el taller de narrativas Herramientas básicas para contar tu propia historia. Éstos fueron los contenidos:

  • El pensamiento narrativo. La importancia de contar.
  • Narrativas dominantes. ¿Normalidad? Recuperar nuestras historias
  • Narración fotográfica
  • El arte y las narrativas
  • Técnicas de recuerdo y de revisión de vida. La escritura
  • – Técnicas de creatividad y de desbloqueo.
  • Contar con todos los sentidos
  • Mi proyecto: ¿qué quiero contar? Recopilar caja de herramientas: qué me llevo
  • Identidad. Conclusiones y cierre.

El espacio donde nos juntamos recibió una valoración muy positiva. Era cómodo, acogedor, y estaba rodeado de objetos creativos que nos inspiraron para inventar historias completas en pocos minutos.

TallerNarrativasMadrid2

Los motivos para hacer el taller eran variados. Algunas personas querían desbloquearse, aumentar el autoconocimiento, conocer una técnica de autocuidado; contar una historia ya diseñada o aprender herramientas narrativas para la intervención psicosocial. Mi objetivo era crear un espacio en el que tejer saberes en torno a las narrativas y lo doy por cumplido: tanto por el intercambio de experiencias y opiniones durante el taller, como por la puesta en común de contenidos durante la fase de preparación. Respecto a las expectativas del resto, según la valoración final su grado de cumplimiento fue de 8’5 sobre 10. Precisamente se valoró como muy positivo el ambiente de confianza, respeto e intercambio que se generó. Al finalizar coincidimos también en el propósito de conocernos y cuidarnos más, aunque hubo un debate interesante en torno a la identidad. Quizá, como dice Oscar Gonçalves, la tarea de los próximos 2000 años sea un saludable “auto-desconocimiento”.

En el apartado sobre narración y fotografía, Sol Salama compartió su visión de la fotografía como una herramienta participativa, capaz de reflejar y recrear el funcionamiento de la memoria. También nos invitó a reflexionar sobre cómo la sobresaturación de imágenes hace que pierdan su sentido, su potencial comunicador. Sol tiene una gran sensibilidad para expresar sus vivencias con fotografías, así como para captar lo que narran otras personas. Nos dio algunas claves para leer la fotografía y pensar nuestros propios proyectos, a través de varios ejemplos y del proceso de construcción de su trabajo Fisuras. Por ejemplo estas dos ideas:

  •  La mejor técnica para hablar de lo universal es hacerlo desde las propias experiencias y emociones
  • La fotografía puede ayudarnos a mirar nuestro mundo, nuestras rutinas, nuestro presente desde la extrañeza y el asombro, como si los viéramos por primera vez.

José María Rodríguez fue desvelando pautas para la intervención con narrativas mediante el análisis de diversos cuadros. Transmitió su pasión por el arte y una gran capacidad para abordar las emociones y temas como la soledad, el amor o la muerte con sencillez y aplomo. Parte de la expresividad de su ponencia se basa en la técnica que utiliza, así que no contaré mucho más para conservar el misterio.

 En ambos casos faltó tiempo para formular preguntas y profundizar en sus sugerencias. Lo mismo sucedió con Eva Leoz, que diseñó un recorrido entre las narrativas públicas o privadas, la «patología» de la normalidad, los aspectos que negamos y el diálogo con nuestras sombras. Finalizó con la propuesta del amor y la aceptación de las diferencias. Así, terminamos con una frase que sintetiza muy bien el desarrollo del taller: “qué potencial tendríamos si no tuviéramos miedo”. Afirmación compartida por todas y todos, que sirve a la vez como síntesis y propósito.

 Por último, entre las sugerencias están:

  • La propuesta de crear un espacio aún más participativo
  • Mejorar la estructura de los contenidos para cubrir todo el programa

Así, la principal lección aprendida es ampliar la duración del taller para realizar más dinámicas participativas y dedicar a todos los contenidos el tiempo que requieren.

Gracias a cada una de las personas que detuvisteis vuestros relojes durante unas horas para compartir vuestras experiencias y, sobre todo, de vuestros corazones: gracias por estar, de verdad, presentes. Tenéis este espacio a vuestra disposición para ampliar e incluso rebatir las conclusiones.

A quienes mostrasteis interés pero no pudisteis venir, os esperamos en la próxima.

Sobre mí

Narrativas y otras lunas es un proyecto que surge de mi experiencia profesional y personal, así como del deseo de construir una ocupación coherente con mi forma de entender el mundo. Creo que como personas poseemos cuatro tesoros: la palabra, la imaginación, la relación con la naturaleza y la relación con otras personas. Habitar el mundo, tejer redes de afecto y cooperación, formularnos preguntas, buscar respuestas, soñar. Contar y contarnos.

Cuando era pequeña andaba siempre con un libro en las manos y la cabeza llena de historias propias o ajenas. Jamás me pregunté qué quería ser de mayor: si acaso, marisabidilla, como aquellos barbudos de la antigua Grecia que conocían el cielo, los eclipses y el origen de casi todo. Después quise ser un montón de cosas, pero estudié psicología y he ejercido mi profesión desde el año 2001. Aunque se quedaron en el camino los eclipses y algunos cuentos, he aprendido mucho sobre las emociones, sobre cómo funcionamos las personas, sobre mis propios procesos. También he tenido la suerte de conocer gente maravillosa y entusiasta capaz de compartirse y crecer, de poner su granito de arena con el convencimiento de que, como escribió Galeano, «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo».

Un día me di cuenta de que, de los diferentes espacios en los que he trabajado, lo que más me gusta, además de leerlas y escucharlas, es contar historias y ayudar a otras personas a contarlas. Empecé a formarme en comunicación para el cambio social, crónica periodística y otras técnicas de narración.

Como psicóloga he utilizado las técnicas del constructivismo, he impartido formación sobre técnicas narrativas a profesionales, y las he usado en el ámbito de la intervención psicosocial grupal e individual.

Como lectora, preguntona y aprendiz de narradora, durante los últimos diez años he participado en talleres de creación literaria  —como alumna y, en dos ocasiones, como coordinadora— . He estudiado asignaturas de arte y filosofía y he leído toneladas de libros.  He llenado varios cuadernos. He viajado, me he perdido, he tratado de explorar siempre nuevos lugares dentro y fuera de mí. Por suerte, sigo convencida de que no hay respuestas definitivas, ni creencias inmutables, ni verdades absolutas.