Repensar la muerte para celebrar la vida

Del 19 al 24 de abril tuve la suerte de acompañar a Silvia Melero, que presentó Luto en Colores en diferentes lugares de Galicia. Hace un par de años, antes de conocerla personalmente, leí por primera vez esta carta que escribió a su hermana:

Estas letras van firmadas, claro. Nacen desde una vivencia personal, única, propia del ser que somos cada cual. Al mío le tocó perder a su hermana en 2014. Mi hermana, tras luchar mucho contra un problema de salud mental, decidió irse. Decidió descansar, parar, pasar a otra cosa. Se tomó pastillas. Se ‘quitó la vida’. Se ‘suicidó’. No me gusta la palabra, quizá por todo el tabú social y mediático que la acompaña. Quizá porque simplifica, reduce injustamente la imagen de una persona a ese hecho final. Mi hermana se llamaba, se llama, Esther. Ayudó a muchos peques con dificultades porque trabajó mucho tiempo como psicóloga infantil. A ella le debo entender un poco mejor la complejidad del cerebro humano, entre otras muchas cosas.

Silvia Melero

De ella me llamaron la atención dos cosas, además de la belleza con la que está escrita: la capacidad de Silvia para respetar la decisión del Esther, y para rescatar todo los momentos vividos con su hermana; recuperar y celebrar la vida, para que la muerte no se lo llevara todo. Ella siempre dice que hay que atravesar el dolor; que es la única forma de crear belleza después de una pérdida, después de cualquier suceso que nos daña y nos tambalea. Aunque la respuesta más rápida, y la más aplaudida por la sociedad, es huir de él.

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Los encuentros de Luto en Colores están muy cerca de la muerte, y de la vida. Durante las jornadas y las charlas, muchas personas cuentan sus experiencias. Sentimos sus pérdidas, nos hablan de la culpa y de la tristeza; y recordamos, también, las nuestras, haciéndolas presentes. Poder hablar de ellas, incluso de lo inevitable de nuestra propia muerte, de la impermanencia, alivia y cura.

Luto en Colores crea un espacio, inexistente en lo cotidiano, para expresar estas emociones. Para nombrar a nuestros muertos; porque, como nos recuerda Silvia, la sociedad nos permite mencionarlos en las conversaciones durante un período de tiempo. Después nos instan a pasar página, continuar avanzando, no incomodar  a otras personas con nuestro dolor, nuestra tristeza. Y acabamos, a veces, hablando de los muertos sólo con los muertos; con sus fotografías, sus recorridos cotidianos, sus prendas de ropa, los objetos que quedaron perdidos en los bolsillos de sus abrigos.

En el tiempo que estuvimos juntas recorriendo Galicia Silvia y yo hablamos mucho; de la vida, de nuestros temores y deseos. Del deseo de las mujeres, algo que tampoco cabe en ningún sitio y sobre lo que me gustaría, también, hablar en otro artículo. Llegamos a San Andrés de Teixido, y agradecimos; fuimos hasta Herbeira, tan cerca de las nubes, y dejamos que el viento limpiara.  Intercambiamos la memoria de nuestras pérdidas y al hacerlo, convertimos las ausencias en presencias compartidas. Igual que sucede en los encuentros de Luto en Colores.

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Acercarnos a la muerte nos acerca, también, a la vida; nos recuerda qué es lo importante, que el futuro es incierto, que el amor siempre queda. Y crece. Después de cada charla, igual que me sucedió después de las jornadas, me sentí mucho más conectada con el presente, con la vida, más ligera. Pero fue una experiencia intensa y eché de menos tener unos días para descansar, colocar en el cuerpo lo vivido, escribir, tocar más a mis personas queridas.

Como dijo una mujer sabia en la charla de Pontevedra, la muerte (y la vida) necesitan tiempo; y tenemos cada vez menos. Poco tiempo para estar, para prepararnos, despedirnos, atravesar y nombrar el dolor. Me acordé, enseguida, de este fragmento de Momo. Y, a pesar de que he leído el libro muchas, muchas veces, quiero hacerlo de nuevo. Frente a los hombres grises, el tiempo de vida, consciente y compartido. Que sea, siempre, nuestro horizonte; aunque haya tantas tareas, algunas ineludibles, que nos impiden disfrutarlo.

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En los encuentros nos acompañó, también, La vida de Sira. Podéis conocerla en este cuento escrito por Silvia; está disponible en las librerías por las que pasamos  y en el enlace.

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Imagen de Thais Núñez y Tamara Vázquez (¡gracias!)

Y esto es todo, por ahora. Empecé con una carta, y termino con otra: la que Begoña Caamaño escribió a Uxía, siempre presente y siempre tan generosa, cuando supo que su muerte era inminente.

Eu levo xa tanto vivido, tanto aprendido, tanto amado e tanto amor recibido que non podo dicir que a miña morte sexa inxusta. Indesexada si, como todas…que me encantaría vivir outros 47 anos, tamén. Sempre temos apego a vida, sobre todo porque sabemos que, pese aos seus mil amargores, a vida compensa.

“Ter tido unha vida tan boa, tan rica, tan chea en coñecementos, curiosidades e, sobre todo afectos, é un regalo. Ter medo á morte cando a vida foi tan rica e intensa é normal, pero morrer tras unha vida así é, en realidade, unha sorte”..

Pero Uxi, non vou mentir dicindo que por veces non teña medo e rabia, pero é máis pola incerteza que pola morte en si mesma.

Putada, o que se di unha putada grande e real sería ter vivido unha vida de merda, estar dende os 6 anos furgando na basura dos vertedoiros de Antanaribo, ou dende os 8 turrando dunha vagoneta de carbón en Bolivia, ou dende os 11 pechada nun burdel de Bankog!. Ter unha vida tan miserable que che fai desexar a morte como un alivio.

 Iso é a gran putada…e hai millóns de persoas que sofren a vida, porque realmente a sofren, cada día. Ter tido unha vida tan boa, tan rica, tan chea en coñecementos, curiosidades e,sobre todo afectos, é un regalo. Ter medo á morte cando a vida foi tan rica e intensa é normal, pero morrer tras unha vida así é, en realidade, unha sorte…cánta xente morrería só por ter a metade do que eu tiven…

Begoña Caamaño

https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fpermalink.php%3Fstory_fbid%3D1035098683313636%26id%3D542206639269512&width=500

Gracias a Silvia, que vino hasta aquí y lo llenó todo de luz. A los espacios que nos acogieron: Libraría Bahía de Foz, Livraría Suevia en Coruña, Escola de Pau (ACD Dorna) na Illa de Arousa, Espacio Arroelo en Pontevedra, Libraría Lila de Lilith en Santiago de Compostela. A las amigas y amigos que acogieron a Silvia como si fuera suya; ahora es nuestra. A quienes me acogieron a mí a mitad del camino; a todas las personas que se acercaron a los encuentros para escuchar y compartir sus experiencias.

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Artículos del blog relacionados:

 

Resistencias cotidianas

Tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía. Haz acopio de ellos: son los que mantienen limpio el río.

Clarissa Pinkola Estés

Las resistencias cotidianas son aquellas pequeñas cosas que, sin que nos demos cuenta, tejen la vida; las tareas creativas que dan sentido a la rutina diaria.  Las que nos ayudan a preservar la memoria y a potenciar la imaginación, el pensamiento crítico; a sabernos parte de algo -una comunidad, el entorno, un proyecto futuro- y a sentir que tenemos algo de control sobre nuestra existencia. Durante esos instantes, minutos u horas, el tiempo deja de escaparse entre nuestras manos como si el reloj si hubiera roto y quedara sólo la arena; se expande, nos pertenece.

Las resistencias cotidianas no nos distraen, sino que nos conectan con nuestra esencia; con lo que sentimos que somos de verdad y, por tanto, con nuestros deseos. Nos distraen, si acaso, de todos los reclamos que, a cada momento, nos instan a anhelar algo que no tenemos, a ser personas inagotablemente perfectas. Reposar en el presente para proyectarnos con más fuerza en el futuro; frente al deseo que vacía y seca, el que consuela y nutre.

Algunas de estas tareas necesitan la soledad y el silencio para recuperarnos de la velocidad de los días; el resto son espacios que compartimos física o emocionalmente con otras personas. Leemos y escribimos en soledad; pero, a menudo, nos representamos a personas queridas mientras lo hacemos; establecemos con ellas diálogos imaginarios. Escuchamos su voz y su consuelo, a veces no pueden llegarnos de ninguna otra forma.

Paseos, charlas, bailes, llamadas de teléfono, mensajes de aliento mutuo. Cuentos, poemas, libros, un Cuaderno de todo y las fases de la luna; anochecer con Orión en el cielo, despertar con Escorpio y esperar al sol. El recuerdo de mi bisabuela tejiendo ganchillo, mi abuela cepillándome el pelo. Su mano, ahora. Las orillas, los cuidados, quienes me hacen reír y soñar. Acariciar un cuerpo con las manos; hacerlo, también, con mi deseo, mientras afilo los versos que serán capaces de nombrarlo. Invocarlo. Danzar para escuchar, en el mío, los ecos y las huellas del juego y el placer compartidos.

Todo lo que me pertenece sin que pueda ni quiera retenerlo, aquello a lo que pertenezco; tierra, mar, hogueras, horizonte.

¿Cuáles son las tuyas?

Fotografía: Mi muy querida amiga Cata cazando olas. IMG-20180201-WA0012Resistencias cotidianas, hogares nómadas. Gracias 🙂

¿Un taller para mujeres?

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Rupi Kaur, Otras maneras de ussar la boca

Hace unos meses descubrí este artículo de Silvia López, y con él a Rupi Kaur. Leer sus poemas fue una revolución, porque me di cuenta de que muchas de las experiencias que yo había vivido eran universales. Son cosas que sabes, pero que no confirmas hasta que no las ves escritas: todas las mujeres hemos sufrido algún tipo de abuso verbal y/o físico; todas hemos sentido alguna vez que para ser escuchadas teníamos que alzar la voz, porque nos mandaron callar.

La magia de contar

Una anécdota persa muy antigua muestra al narrador como un hombre de pie en una roca cara al océano. Cuenta sin descanso una historia tras otra, deteniéndose apenas un momento para beber, de vez en cuando, un vaso de agua. El océano, fascinado, lo escucha en calma. Y el autor anónimo añade:

Si algun día el narrador callese, o si alguien lo hiciese callar, nadie puede decir lo que haría el océano

Texto: Jean-Claude Carriére, Antología de cuentos e historias mínimas

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Maratón de los cuentos de Guadalajara, 2015

Vivir es disponer de la palabra“, dijo Camen Martín Gaite. Cuantas más palabras tengamos para contarnos lo que nos sucede y para compartirlo con otras personas, cuanto más acertadas y precisas sean nuestras expresiones, más fácil será luchar contra el dolor. Cuando somos capaces de nombrar lo que nos pasa convertimos la niebla difusa que nos oprime en un dragón visible y a nosotras en guerreras o hechiceros capaces de derrotarlo con un golpe de espada o un conjuro (pido disculpas a todos los dragones por el agravio).

La psicoterapia es una relación en la que una persona acompaña a otra para que recupere su capacidad de utilizar la palabra para disipar las tinieblas, invocar a los monstruos y luchar contra ellos… O pararnos a escucharlos, como en la película Un monstruo viene a verme.

Las narradoras y narradores orales nos ayudan, igual que la psicoterapia, a disponer de la palabra: nos cuentan las historias en las que otros vencieron antes. Nos recuerdan el sonido de la risa y la nostalgia, la desesperación y la confianza. Que el mundo es mucho más grande que las calles que recorremos cada día, que nada dura para siempre, que hasta en el interior del ogro más temible puede latir un corazón de gominola.

La narración oral es un acto comunicativo. Quien cuenta con honestidad escucha, mira a los ojos, habla y pregunta con o sin palabras. Transmite una historia que ha preparado hasta hacerla suya, desentrañando los significados y conectando con sus emociones para que al contar podamos sentirla también sin exponernos del todo, saliendo al bosque pero con un mapa para encontrar siempre el camino de regreso a casa. Busca el momento hipnótico en el que su figura desaparece y vemos sólo la historia como si fuéramos uno con ella, como si estuviéramos dentro.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que alguien te contó un cuento mirándote a los ojos? El 20 de marzo se celebra el día internacional de la narración oral. Aquí tienes dos propuestas para disfrutarla: el Festival Atlántica en Santiago de Compostela y las jornadas de MANO, Asociación de narradoras y narradores de Madrid. La Asociación de profesionales de la narración oral en España, AEDA, publica hasta el 20 de marzo una selección de textos relacionados con la transformación https://www.facebook.com/AEDA.narracionoral/.

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Lecturas recomendadas y enlaces de interés

Los narradores orales modernos

Entrevista a Pep Durán

Diccionario de narración oral

Revista El Aedo

Maratón de los cuentos de Guadalajara

I Jornadas Internacionales tomo la palabra: Mujeres, voz y narración oral

Cuente (Graciela Montes)

Contar con los cuentos, Estrella Ortiz

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Nota: Entrada actualizada a partir de un texto publicado en marzo de 2016

Antes de ser mujer – Anamaría Mayol

Árbol_LidiaLunaTal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
y mis ramas crecían hacia el cielo
siempre intentando ver
el horizonte

y estuve allí por siglos
enraizada
aferrada a la tierra
bebiendo el cielo
habitada de pájaros y estrellas.

Tal vez antes de ser mujer
diseminé retoños
dejé semillas
y el viento fue mi amante
en los silencios
mi piel era corteza
mis colores símbolos
del transcurso del tiempo
en crecimiento.

A veces pienso en ello
y el bosque
no es un lugar extraño.

Tal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
aún siento el latido de la tierra
en mis venas
y hay días que regresan los pájaros
y anidan.

Anamaría Mayol

Descubierto gracias a Estrella Ortiz

 

Nadie quiere la noche

https://unsplash.com/photos/47af9f2kJ08

AVISO: Este artículo contiene información sobre el contenido de la película Nadie quiere la noche, aunque no desvela el final.

https://unsplash.com/photos/47af9f2kJ08
Imagen de Paul Itkin

Nadie quiere la noche, mucho menos una noche de 6 meses. Pero la noche siempre llega. Sobre todo cuando nos arriesgamos a salir ahí fuera, a perseguir lo que soñamos, a buscar aquello en lo que creemos. Ésa es la razón por la que el personaje de Juliette Binoche en Nadie quiere la noche, la última película de Isabel Coixet, no me resulta antipático en ningún momento, como señalan algunas reseñas de la película. Representa a una mujer que persigue firmemente aquello en lo que cree y logra alcanzarlo, aunque no de la forma que había soñado. Porque el amor que perseguía era una quimera, y lo que encuentra el amor verdadero: el vínculo que construyen dos personas cuando a medida que se conocen son capaces de verse como son y no como esperan o creen que deberían ser, se reconocen como iguales y cuidan la una de la otra.

Desde mi punto de vista a la película le falta unidad narrativa porque intenta contar demasiadas historias a la vez. Coixet, la directora, cuenta una que tiene que ver con la búsqueda del amor; Matt Salinger habla de la soberbia de la especie humana al sentirse superior y de sus opuestos, la sobriedad y la conexión con la naturaleza. Binoche cuenta esas historias e incluye otra que tiene que ver con la justicia social. Me resultan mucho más verosímiles y atractivas las escenas en las que coinciden estos dos actores (me recuerdan algunos momentos de  Memorias de África) que la mayoría de las que comparte Binoche con la japonesa Rinko Kikuchi, al menos en los dos primeros tercios de la película. Mi impresión es que el personaje inuit recrea demasiados tópicos y los diálogos entre ambas no son creíbles.

 

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Josephine Peary
Y aun así estoy deseando volver a verla para saborear algunas escenas. Sin haberlos pisado nunca entiendo y comparto esa pasión por los paisajes polares. Como dicen en algún diálogo esas llanuras heladas donde el horizonte es a menudo una línea imaginaria representan lo inconmesurable, la auténtica nada. El guía que lleva a Josephine Peary hacia el reencuentro con su marido Robert Peary está muy cerca de su núcleo y de la naturaleza; es consciente de su levedad y fugacidad. Josephine está enamorada del amor, de la ilusión de amar a un marido con el que apenas ha compartido unos meses de su vida; tanto que se aferra a un vestido vacío, hueco, reconoce haberse olvidado incluso de su propia hija. Aun así la película habla de la lucha, la tenacidad  y la fortaleza de dos mujeres. Como dijo en unas jornadas sobre Mujer y narración oral la narradora Magda Labarga: nosotras también necesitamos historias épicas que nos alienten y nos recuerden que somos capaces de llegar a los mismos lugares que los hombres.
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Roby Davidson
Siendo una adolescente me habría gustado que alguien me contara la historia real de Roby Davidson, la mujer que atravesó sola el desierto de Australia con su perro y unos camellos, llevada al cine en El viaje de tu vida. Hoy me siento reflejada en las mujeres de Coixet, me acompañan desde que las descubrí en Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. Me recuerdan que aunque nadie quiere la noche, la noche siempre llega y cuando tenemos la fea costumbre de salir a perseguir aquello en lo que creemos es posible que nos pille en el bosque; pero si conseguimos conservar un rescoldo de calor en nuestros corazones alcanzaremos a ver de nuevo el sol.

 

 

El hacedor de marionetas

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El hacedor de marionetas

¿Alguna vez has deseado tocar tus sueños? Yo sí. Cuando era pequeña imaginaba una máquina capaz de recoger las escenas soñadas y proyectarlas durante el día; imaginaba, incluso, que las recreaba en tres dimensiones. Si tenía pesadillas me alegraba despertar; pero cuando las sensaciones eran agradables, nada más abrirlos volvía a cerrar fuerte los ojos y trataba, sin éxito, de volver a saltar dentro de mi sueño. Si pudiera pedir tres deseos este sería uno: tener un artilugio capaz de almacenar sueños y proyectarlos después, como si fuera una filmoteca.

Hace poco un amigo me llevó a ver El hacedor de marionetas, una instalación que estará en el Palacio de Cristal de Madrid hasta el 16 de marzo. Pensó, con razón, que podría gustarme y que me interesaría desde el punto de vista de las narrativas. En la web del museo Reina Sofía hay información sobre la obra y, como no soy la única persona fascinada por ella, también es fácil encontrar artículos en internet.

El Palacio de Cristal es un pabellón de 1887 situado en el Parque del Retiro, frente a un estanque con árboles de raíces sumergidas. Janet Cardiff y George Bures Miller han instalado en él caravana antigua estilo norteamericano. Nada más entrar encontramos en ella la figura de un hombre-marioneta que trabaja compulsivamente para crear objetos, marionetas y pequeñas figuras a las que, en palabras de los artistas, trata de insuflar vida. Este empeño, junto con la figura de una mujer a tamaño real que parece dormir y los artilugios del exterior de la caravana, recuerdan a los experimentos del doctor Frankenstein. La mujer parece soñar con las figuras que danzan a su alrededor; el hombre parece soñar sus criaturas con tanta fuerza que logra materializarlas.

Para ambos artistas el sonido es un medio muy físico, que les permite transmitir al espectador la sensación de que está en una obra de teatro. Pero a la vez la caravana nos obliga a mirar dentro asomándonos a través de las ventanas; nos convierte, así, en testigos de los sueños y el proceso creativo del hacedor:

Nos gusta crear piezas en las que el público pueda sumergirse. Nos parece que mantener a las personas fuera de la obra provoca de alguna manera que se sientan inmersos en ella porque imaginan y, al imaginar, se adentran en la obra de un modo diferente”.

Propuesta: recordar los sueños

Para trabajar con el material que nos proporcionan nuestros sueños el primer paso es recordarlos al despertar. Lo más importante no son los detalles y el contenido, sino su tono emocional. Una forma de atraparlo es transcribirlo nada más despertarnos, antes de hacer ninguna otra actividad. Lo más difícil de este ejercicio es mantener la rutina de lanzarse sobre la libreta antes que sobre el café. Intenta hacer este ejercicio todos los días durante un mínimo de siete. Si te resulta muy complicado, intenta incorporarlo en tu rutina de fin de semana. Después de un tiempo es probable que los sueños sean más intensos y resulte más sencillo recordarlos. Además el ejercicio de escritura puede darnos información valiosa sobre los acontecimientos y emociones diarios, y el mero acto de dedicarnos los primeros minutos del día es un valioso regalo que nos hacemos.

 

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“El hacedor de marionetas” Palacio de Cristal (2015)

Lo que Hollywood se llevó

La historia del cine: una odisea* (2011) es, en palabras de su autor, “una road movie global para encontrar a los innovadores, las personas y las películas que dan vida a esta sublime e inefable forma de hacer arte que es el cine”. A lo largo de 15 capítulos Mark Cousins, que ha publicado un libro con el mismo tema, hace un recorrido internacional por las películas que, al innovar, influyeron o tuvieron la capacidad de influir en el cine posterior. Hace esta aclaración porque “algunos de los films más interesantes y originales que se han realizado no ejercieron impacto alguno en otros cineastas posteriores debido a que se realizaron en países africanos, contaron con una distribución muy escasa, fracasaron en taquilla, fueron dirigidos por una mujer o bien fueron infravalorados o prohibidos en su momento”. Merece la pena verlo en versión original, su voz es parte de la magia.

*The story of film: an odissey

Le Sang d'un Poète (1930)
Le Sang d’un Poète (1930)

Me gusta mucho el cine y creo que en los últimos 80 años se han rodado películas maravillosas, complejas y sorprendentes. Pero después de ver los primeros capítulos sentí que hablaban de un cine que se ha perdido y que, de alguna forma, nos habría hecho mejores. Mi sensación es que este cine previo a la censura, a la tiranía de la taquilla y a la caza de brujas buscaba la expresión de emociones, temores, fantasías. Materializaba sueños y fantasmas con apenas recursos. Hablaba de las cosas en estado puro. Un cine surrealista que, como L’Atalante (1934), no tiene una trama estructurada sino la pretensión de enseñar “la manera fascinante y libre de censura en que una mujer descubre la vida”.

L’Atalante (1934)

 

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L’Atalante (1934)

Hasta que llegó Hollywood:

“Para pintar nubes que parecieran nubes reales, para crear personas que parecieran personas reales. Un lugar donde se llevan joyas como si fuera un disfraz. Un lugar que inventó la juventud y el glamour (…). Aquí nadie era sencillo, ni triste, ni viejo, ni igual en materia de raza o distinto en materia sexual. Pura negación, pura eugenesia.“

Mark Cousins habla a menudo de lenguaje poético, y es cierto que estas películas transmiten algo que no consigo atrapar con palabras. Así que he elegido Falling leaves (1912) para tratar de reflejarlo. En él una niña, después de escuchar al doctor que su hermana morirá antes de que caigan las hojas de los árboles, sale al jardín a recogerlas y colocarlas otra vez en las ramas. Lo dirigió Alice Guy-Blaché,  quien creó uno de los primeros estudios cinematógraficos, Solax y dirigió alrededor de setecientos cortometrajes, entre ellos el que se considera el primer film con guión: La fée aux choux (1896). En la historia del cine, como en todas las demás, hay muchas más mujeres de las que conocemos.

 

 

 

La curiosidad hizo al gato más sabio

Barba Azul es un relato tradicional adaptado por Charles Perrault. El añil de su barba y el hecho de que sus esposas desaparezcan sin dejar rastro despierta temor en las mujeres; pero él se muestra amable y detallista con tres hermanas, hasta que la menor accede a casarse con él. Viven en un castillo inmenso, en el que él sigue mostrándose atento. Un día anuncia a su mujer que va a salir de viaje, entregándola un manojo de llaves que abren todas las estancias: podrá recorrerlas a voluntad salvo una de ellas, que no debe abrir bajo ningún concepto. Ella, movida por la curiosidad, abre la puerta prohibida y descubre los restos de las anteriores mujeres. Cuando cierra la puerta descubre que la llave tiene una mancha de sangre que no consigue borrar; así, Barba Azul a su regreso sabe lo que ha pasado. Intenta matarla como castigo, pero ella gana tiempo y consigue escapar con la ayuda de sus hermanas y hermanos.

© http://1205.deviantart.com/art/Bluebeard-Barba-Azul-131307752
© http://1205.deviantart.com/art/Bluebeard-Barba-Azul-131307752

La versión del relato que yo recordaba transmitía una severa advertencia hacia la curiosidad de las mujeres, como si hubieran sido culpables de su muerte por abrir la estancia prohibida; eran, incluso, desagradecidas, porque desconfiaban de un hombre que hasta ese momento se había portado bien con ellas. “La curiosidad mató al gato”, me recordaba el refrán.

Clarissa Pinkola Estés ofrece una lectura distinta en su libro Mujeres que corren con lobos: la curiosidad es lo que salva a la mujer que al ser la más pequeña de las hermanas es también la más inocente. Gracias a su deseo de saber abre la habitación prohibida, conociendo así la verdadera naturaleza del hombre con el que comparte su vida.

La desobediencia de la mujer de Barba Azul, igual que sucede en el mito de Eva, desafía una norma impuesta desde fuera que delimita lo que puede hacerse y lo que no, lo que es bueno y lo que es malo. Eva también se rebela, comiendo el fruto del árbol de la sabiduría. Desea conocer, experimentar por sí misma. Es el mismo deseo que hace que Alicia escape de una aburrida tarde sentada bajo un árbol para correr detrás del Conejo Blanco y llegar al País de las Maravillas.

La lectura tradicional de todos estos relatos, además de ser injusta con las mujeres, implica también un cierto grado de control social: “cuestionar la autoridad, las normas establecidas, es peligroso. Síguelas aunque no estés de acuerdo con ellas, aunque te oculten una parte de la realidad: están ahí para protegerte”.

En el blog Coaching y desarrollo del talento, lleno de tesoros, encontré un artículo que explica de forma sencilla cómo el hecho de experimentar con las costumbres y normas ajenas nos ayuda a seleccionar las que sentimos como propias: http://crecercoaching.blogspot.com.es/2012/10/quiero-sopa-para-cenar.html.

Propuesta: el rincón secreto

En la casa en la que viviste durante tu infancia, ¿había un rincón secreto? Una habitación que no se usaba, un desván, un sótano, un armario o un cajón. Un espacio que no explorabas todos los días y que implicara una transgresión o un salto a otro mundo.

La casa de mis abuelos paternos tenía una habitación al final de la escalera que me fascinaba y asustaba a la vez. Lo recuerdo como un lugar en el que se amontonaban objetos que habían decorado antes la casa, que habían dejado de usarse o que pertenecían a personas fallecidas. En cualquier caso, aquellos objetos habían tenido vida antes de que yo llegara a este mundo, eran restos de otras existencias. Estos objetos despiertan nuestra imaginación: ¿cómo fue aquella época anterior? Creo que también rebuscamos en las entretelas de las casas familiares para conocer más sobre nuestra identidad a través de la de los antepasados.

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Para realizar este ejercicio es mejor que estés en un lugar tranquilo y cómodo, en el que puedas dedicarte unos veinte minutos sin interrupciones. Es mejor que al principio utilices sólo la imaginación; una vez que hayas conseguido recrear el espacio y las sensaciones puedes escribirlo.

  • ¿Recuerdas algún rincón secreto durante tu infancia? Puede ser una estancia de la casa familiar o de alguna otra que visitabas con frecuencia, quizá una casa vecina o abandonada. Dedica unos minutos a tratar de recordarlo, e imagina que regresas a ese lugar. Intenta describirlo utilizando todos los sentidos. Intenta también recordar la sensación que te produce volver a estar allí.
  • Piensa en las personas relevantes para ti en esa época de tu vida: ¿quién te animaría a seguir explorando? ¿Quién te habría prohibido estar ahí?
  • Ahora, siéntete libre, siente que la situación es completamente segura y explora el lugar. Mientras lo haces encuentras un objeto. ¿Qué es? ¿A quién perteneció? ¿Cómo te sientes?
  • ¿Cuál es en el presente tu relación con la curiosidad?

 

Soy la que soy – Wislawa Szymborska

Soy la que soy.

Casualidad inconcebible

como todas las casualidades.

Otros antepasados

podrían haber sido los míos

y yo habría abandonado

otro nido,

o me habría arrastrado cubierta de escamas

de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza

hay muchos trajes.

Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.

Cada uno, como hecho a la medida,

se lleva dócilmente

hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,

pero no me quejo.

Pude haber sido alguien

mucho menos individuo.

Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,

partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,

criado para un abrigo de pieles

o para una mesa navideña,

algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.

Árbol clavado en la tierra,

al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada

por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella

que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,

o sólo asco,

o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido

no en la tribu debida

y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,

ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado

recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado

de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,

lo que habría significado

ser alguien completamente diferente.

Wislawa Szymborska