Lo contrario de ser víctima

El movimiento #MeToo ha confirmado que narrar y compartir lo vivido aumenta la resilliencia; es decir, lo contrario de ser víctima. Ayuda a dar un sentido a la experiencia, a integrarla en la narrativa. Fortalece las estrategias para detectar, manejar e incluso evitar futuros avisos a nivel individual y social. Ha creado un espacio emocional, físico y colectivo en el que expresar la verdad, reconocer el daño, aliviar el sufrimiento.

En las últimas semanas he leído artículos aparentemente bien argumentados afirmando que movimientos como éste o convocatorias como la del 8M victimizan. Siempre me queda la duda de si quien así opina lo hace sólo desde el desconocimiento, si son conscientes del daño que pueden infringir a las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia o abuso. Un porcentaje altísimo de la población.

Hay temas que atañen al bienestar de quienes han luchado y luchan por integrar sucesos traumáticos, por recuperar el sentido y la autoría de sus historias de vida.  Y, con ellas, profesionales investigando durante años, recogiendo saberes, hilvanándolos para suturar sus heridas y promover su resiliencia. Nuestra resiliencia, porque casi nunca estamos  libres de daño.

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Como nos recuerda Alice Miller, a la que conocí leyendo a Erika Irusta, el cuerpo nunca miente; todo lo que vivimos se queda grabado en él. La curación nunca puede pasar por negar las heridas; siempre reconocerlas, aceptarlas, integrarlas. Por eso me produjo mucho dolor leer este artículo, que forma parte del manifiesto de algunas mujeres contra el movimiento #MeToo:

Si me hubiera visto forzada brutalmente a mantener una relación sexual con un agresor o varios agresores, no habría opuesto resistencia, pensando en que la satisfacción del impulso aplacaría el instinto violento. Por más repugnancia que sintiera, o miedo a otro tipo de violencia —la amenaza de un arma—, me atrevo a pensar que habría aceptado que mi cuerpo se sometiera, consciente de que mi espíritu seguiría siendo independiente, que mantendría su integridad y me ayudaría a relativizar la posesión de mi cuerpo. ¿Acaso no es el mismo tipo de protección mental al que recurren las prostitutas, que no escogen a sus clientes?

Siempre se puede disfrutar de una violación”. Enthoven recordó que, en efecto, “técnicamente, se puede experimentar un orgasmo durante una violación, lo cual no significa que la víctima dé su consentimiento”, y que es un error ocultar esa realidad, porque el trauma puede agravarse por el sentimiento de culpa. También dio la razón a otra frase de Lahaie: que “el cuerpo y el espíritu no siempre coinciden”. Dicen que es frecuente que las víctimas de violación tarden en denunciar la agresión por vergüenza. Esta disociación podría ayudarlas a superarla.

Catherine Millet https://elpais.com/elpais/2018/02/06/opinion/1517922099_385720.html

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Ninguna mujer que haya sufrido una agresión sexual diría que técnicamente se puede tener un orgasmo. También es perversa la postura que defiende la autora; que se pueden tener relaciones sexuales de las que una está totalmente ausente, y que la desconexión del cuerpo puede ser un mecanismo de protección. Claro que puede suceder la disociación, pero no puede esgrimirse nunca como algo deseable; son muchas las razones; Si disocias después de una agresión, ¿cómo puedes volver a conectar con tu cuerpo para volver a disfrutar de todo el placer que encierra?

Eve Ensler cuenta en esta charla TED el camino inverso, el que la llevó a estar en su cuerpo. Tarea dificil e imprescindible. Una vez más, en lo personal y en lo colectivo; para que no tengamos que recorrer, una y otra vez, los mismos caminos de sufrimiento. Así que me quedo con las voces que nos quieren unidas, fuertes; nunca víctimas ni sumisas.

 

¿Cuántas heridas secretas nos acompañan? Aunque no siempre son experiencias traumáticas, a veces vienen con nosotras simplemente como parte de la experiencia de ser mujer. Si conseguimos darles una dimensión social, es decir, política, si conseguimos convertirlas en experiencias que se pueden procesar juntas en espacios colectivos podemos zafarnos de tener que arrastrarlas como un peso. Para eso también sirven los colectivos feministas. Sin embargo, a veces las tonalidades de la culpa son infinitas, y encima hay que lidiar con esa culpa en soledad, porque en ocasiones también callamos para no hacer sufrir a los que queremos, por sentido de la responsabilidad hacia el entorno, porque así nos han educado. Contradicciones: a veces dolería más contarlo por las consecuencias sociales que lo que duele el hecho en sí. Y bueno, no siempre somos heroínas. Tampoco víctimas: reconocer las agresiones no nos deja impotentes. Es un acto de afirmación. En la medida que más y más mujeres nos atrevamos a explicar lo que nos ha sucedido será más difícil cuestionar la realidad. Hablar es conjurar la culpa, es estampar la violencia sufrida en la arena social.
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NOTA: Imágenes de Ana Mendieta y su obra. Si no la conoces, echa un vistazo a internet y a tu biblioteca. Merece la pena 🙂

Movimiento

Entre abril y junio trabajé en un par de proyectos paralelos a Narrativas y otras lunas: la evaluación de un programa de apoyo psicosocial en acción humanitaria y dos talleres de entrenamiento básico en mindfulness para el personal contratado en sede de una ONG. Tuve la suerte de compartirlos con dos grandes profesionales de las que aprendí mucho. Me sentí acompañada y cuidada, y me di cuenta de lo difícil que habían sido tantos meses previos sola frente al ordenador.

Desde que empecé a trabajar por mi cuenta he intercambiado proyectos e ideas con otras personas. He recibido aliento e ilusiones extra cuando se acabaron las mías, y he entendido lo que significan de verdad entusiasmo y compromiso. Cada vez que las cosas se ponían difíciles alguien tendía una mano o un sueño. He aprendido de otras personas y de mí que casi todo es posible pero dificilísimo; trabajar por cuenta propia nos lleva a niveles de aguante de los que nunca antes nos habríamos creído capaces. Después de una resistencia prolongada parece que sólo habrá dos posibles salidas: la resiliencia o la amargura, el crecimiento o el fracaso. Sin embargo, hace mucho tiempo que dejé de creer en los absolutos y las líneas rectas, y hace poco una mujer sabia me dijo que en la vida el cielo y el infierno están siempre a un paso umo de otro; que ninguno de los dos es definitivo ni dura mucho. Ahora estoy segura  de que todo es Uróboros, la aceptación de los ciclos y la impermanencia; nunca repetición o esfuerzo inútil.

Ha pasado un año y medio desde que me hice autónoma y me sigue fascinando el movimiento. Hubo y habrá muchos momentos difíciles, meses sin ingresos, sin saber de dónde vendrá el dinero mañana, recurriendo a los apoyos sin los que no habría sido posible continuar. Sembrando, como dice una buena amiga, sin tener ni idea de cuándo vendrá el momento de recoger; confiando más allá de los límites de la sensatez y la gravedad. Aun así merece la pena porque cada vez que pensé que había perdido todas las batallas aprendí que la vida es una, hoy, aquí, ahora; me senté en una roca frente al mar a disfrutar el silencio y la belleza del vacío, el murmullo de todo lo que cambia dentro y fuera sin que podamos controlarlo. Y entonces, sólo entonces, apareció alguien que me invitó a bailar; y me dejé llevar con los ojos cerrados hasta que fui capaz de volver a sentir el ritmo, de recuperar la confianza en mi cuerpo y mis instintos. Así ha sido, literal y metafóricamente, muchas veces.

No puedo mencionar a todas las personas que me han dado su apoyo material o emocional, pero ellas saben. Si alguna vez caminaste a mi lado, compartiste con alguien mis proyectos, me preguntaste aunque fuera una sola vez cómo iba el trabajo mirándome a los ojos; si me ofreciste ideas o crudas realidades; si confiaste en mí para que trabajáramos juntas: GRACIAS. Gracias por recordarme cuál es mi canción y bailar conmigo.
Imagen tomada de http://www.ellalabella.cl/margaret-morris-y-sus-espectaculos-de-danza-al-aire-libre

El tiempo en espiral

¡Feliz no cumpleaños! Pide un deseo. Si por ventura no tienes prisa, acompáñanos. El Col.lectiu Öbertament nos propone un viaje. Prepara una maleta pequeña con un cuaderno, lápices de colores y tijeras. Con ellas recortarás los trazos, trozos y trizas que compondrán tu silueta. Puedes llevar una tienda de campaña en la que, algunos días, dormirán sólo tus sueños. Otros deberás correr más rápido que tu sombra. Si te cruzas con la Saltamorts, dale una pequeña ventaja. Vuelve unos pasos atrás y después coge carrerilla hasta alcanzar al Truequemans; te dará lo que pidas. O no.

Pase lo que pase, nunca bajes los brazos. Ni siquiera cuando creas que te has cansado de luchar. Porque justo en ese instante el viento los convertirá en aspas de molino con las que combatirás casi todas las injusticias. Si aun así llegara la tristeza no desperdicies ni una sola de tus lágrimas: recógelas y, a la luz de la luna, siembra tus últimos anhelos y riégalos con ellas; crecerán mientras duermes y despertarás al alba con el canto alegre del Boinavida.

Cuando tengas dudas, olvida todo lo que sabes. Vuelve a cerrar los ojos, escucha y espera. Vuelve a buscar en el fondo de tu equipaje y encontrarás este mapa, esbozado por el Col.lectiu Öbetament. Ellas y ellos han recorrido bosque y orillas para recoger los múltiples yoes que componen su bestiario, con la esperanza de que nos anime a describir y descubrir el nuestro.

Antes de partir: regala tu reloj. Sus esferas redondas de agujaas cautivas nos dan la falsa ilusión de que las horas se repiten una y otra vez; ninguna es, sin embargo, igual a la anterior ni a la que vendrá después. Nada permanece ni es inmutable. Si los relojes fueran exactos sus agujas dibujarían espirales, y nos daría una idea miucho más cercana a lo que es, en realidad, el tiempo de vida humana. Porque no siempre crecemos, ni evolucionamos, ni somos personas mejores o más sabias. A menudo tropezamos, nos equivocamos, retrocedemos. Pero jamás abandonamos la lucha. Bienvenidas y bienvenidos a nuestras multipolaridades y a nuestro tiempo en espiral.

Texto publicado en la Agenda-Cuaderno 2016 del Col.lectiu Öbertament en septiembre de 2015, donde podrás conocer  la Saltamorts, el Truequemans, el Boinavida y otros personajes creados para la agenda gracias a la suma de muchas locuras. Siempre agradecida por la oportunidad de trabajar y aprender con este maravillos equipo. ¡Gracias!

Narrativas de autocuidado en cooperación

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 Esta imagen corresponde al ejercicio de una de las personas que asistió al taller narrativas de autocuidado en cooperación y acción humanitaria en Madrid los días 8 y 9 de abril. Revisamos los mapas que nos habían traído hasta aquí y trazamos las primeras líneas de los senderos que nos gustaría transitar a partir de este momento. Algunas personas pusieron los primeros troncos de la cabaña en la que descansarán antes de decidir cuál será el siguiente paso. Como en otras ocasiones, lo que más valoramos al finalizar fue el ambiente que creamos, un espacio en el que compartir experiencias y aprender de las historias ajenas. A partir de ahora cuando hagamos la maleta guardaremos también las narrativas que entre todas y todos editamos ese día. La idea de editar fue de Ana, psicóloga y escritora, con la que Jose María y yo hemos compartido alguna vez trinchera en otros espacios de participación. Nos sirve para explicar cómo la puesta en común de nuestras historias nos permite revisarlas y ampliarlas al tiempo que aprendemos unos de otros.

Cuando pensamos en este taller queríamos unir el enfoque narrativo con nuestra trayectoria en el apoyo emocional a cooperantes y personal humanitario después de una emergencia. Además de constatar que todas estas personas tienen mucho que contar nos habíamos dado cuenta de dos cosas: que la mayor parte de las veces no piden o no reciben ningún tipo de apoyo psicosocial y que desarrollan buenas habilidades de afrontamiento y resiliencia. El enfoque narrativo de la experiencia permite revisar y ordenar tanto los acontecimientos vividos como los significados asociados a ello; recuperar o renovar el sentido de nuestro trabajo o aceptar que ha dejado de tenerlo. Integrar los momentos difíciles y recordar todos los trucos que hemos puesto en marcha para superarlos. Volver a leer para darnos cuenta de que habíamos dejado algunas páginas en blanco, colorearlas y hojear de nuevo el cuaderno de nuestras experiencias para descubrirlas donde deben estar: en el futuro. Recrear lo vivido para entender, desaprender y volver a empezar apropiándonos de los significados. Como dijo otro compañero durante el taller:

“Qué bonito tener la posibilidad de destruir para volver a construir de nuevo”.

  1. Trabajar con los significados

Para comenzar el taller pedimos que cada persona escribiera y compartiera aquellas palabras que definen su trabajo. Aparecieron las organizaciones, con sus expectativas y demandas; nos adaptamos a ellas para poder realizar nuestro trabajo pero preservando nuestros significados, lo que es importante para nosotras, lo que nos hace salir a terreno y continuar allí. Unas personas se sienten más cómodas definiendo su trabajo como ayuda, otras como aprendizaje o apoyo. Nos dimos cuenta de que son muy importantes las relaciones con los demás. Los procesos, porque la mayor parte de las veces el cambio es largo y lento y no lo vemos. Permitirnos disfrutar las experiencias, el intercambio de conocimientos con las comunidades.

  1. Autocuidado

Cuando empecé a revisar bibliografía sobre autocuidado para los talleres encontré que casi siempre se trataba el componente físico y que hacerse cargo de la propia salud se convertía en un mandato, una responsabilidad de quienes se dedican al cuidado personal o profesional de otras personas. Desde este enfoque el autocuidado puede llegar a ser una carga más, otra tarea en nuestra lista de responsabilidades. Tanto desde mi propia experiencia como desde un punto de vista formativo me resulta mucho más sencillo y humano el abordaje de la compasión: cuando seamos compasivas y compasivos con nosotros mismos lograremos serlo con otras personas de forma natural. Así cuidarnos es, de forma automática, una forma de cuidar a los demás: a quienes están cerca y a quienes aún no han llegado a nuestras vidas.

La autocompasión, que suena tan mal en nuestro idioma, tiene tres componentes que tienen mucho que ver con el autocuidado(1):

  • Ser consciente de y estar abierto al propio sufrimiento individual
  • Ser amable y no condenarse a sí mismo
  • La consciencia de compartir las vivencias con los demás en vez de sentirse solo y avergonzado

Una vez que nos permitimos la difícil tarea de reconocernos como personas; una vez que aceptamos tratarnos con mimo, cariño y respeto, escuchando y atendiendo nuestras necesidades, merece la pena preguntarnos cuáles son éstas: ¿qué es, para mí la buena vida? Dedicar un tiempo y un espacio a cultivarla, explorar las prácticas que nos hacen sentir bien y apropiarnos de ellas.

  1. El pensamiento narrativo

Hablamos del pensamiento narrativo para explicar cómo la forma en que nos contamos las cosas a nosotras y nosotros mismos y a los demás influye en cómo nos sentimos, cómo nos vivimos y entendemos o dejamos de hacerlo. Conocer sus bases nos permite buscar alternativas a las narrativas dominantes, aquellas que queremos ampliar o cambiar. Nos sirve para generar narrativas flexibles teniendo en cuenta que:

  • Todas las personas necesitamos tener un mínimo de control sobre nuestras experiencias
  • La narrativa alternativa ha de ser coherente con nuestros significados, pero a la vez lo suficientemente flexible para poder adaptarse a los nuevos conceptos, a diversas situaciones.

 4. “Botiquín” para el autocuidado

Empezamos el sábado por la mañana identificando 5 acciones de cuidado y 5 de autocuidado que hayamos realizado en la última semana. Nos sirvió para ver el equilibrio entre ambas, para pensar sobre cómo atendemos a las demandas de otras personas y para darnos cuenta de cosas pequeñas que nos hacen sentir mejor; identificarlas nos permitirá consolidarlas. Proponemos llevar un diario de acciones de autocuidado para darles un espacio en el día a día. A veces la mejor estrategia es no hacer nada, permitirse espacios. Espacios necesarios para estar con nosotras y nosotros mismos porque, como dijo alguien:

“Me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”.

Aunque en el programa estaba previsto dedicar un espacio a mindfulness y autocompasión no nos dio tiempo a detenernos. Una de las personas que ya lo practicaba nos contó que le servía para “desconectar del mal rollo y conectar con cosas que habitualmente no veo”.  Recomendamos la lectura de este texto de Alesandra Pigni en el que explica cómo mindfulness puede ser un recurso para aceptar, conectar, darnos cuenta; poder parar y saber qué sentimos, qué queremos. También mencionamos este artículo que nos recuerda que mindfulness no puede ser el parche mantener un ritmo de vida demasiado acelerado.

  1. La vuelta a casa

Cuando las personas presentes en el taller preparan su maleta para un nuevo destino hay dos cosas simbólicas que no faltan nunca: la ilusión y el deseo, a veces incluso el propósito, de mantenerse en contacto con las personas que se quedan aquí. Esto nos recordó que la vuelta a casa puede ser la parte más difícil del proceso por diversas razones:

  • La dificultad para expresar nuestras vivencias y, a veces, la aparente falta de interés de los demás por escucharlas
  • El choque cultural: volvemos a  nuestro lugar de residencia y nos eonctramos que con muchos más recursos se hace mucho menos, nos quejamos por cosas nimias, estamos muy poco centrados en las relaciones y las personas, la comunicación es menos auténtica y la queja vacía una práctica frecuente
  • La extrañeza de saber que volvemos a casa y la vez sentir que hemos sido felices tan lejos de ella.
  1. El cuidado desde las organizaciones

Nos preguntamos en qué medida las organizaciones para las que trabajamos se preocupan del cuidado del personal humanitario y resaltamos la importancia de hacerlo “desde fuera”, sin evaluar el rendimiento de la persona y validando sus emociones siempre que sea posible. Cuando el apoyo no está disponible, no es de calidad o no nos genera confianza, recomendamos utilizar el apoyo entre pares: poder contar con otra persona que no esté en terreno en ese momento pero haya tenido la experiencia, o tenga la suficiente apertura como para comprender por lo que estamos pasando; alguien con quien nos sintamos escuchados sin ser juzgados.

  1. Dibujar los mapas

En una cartulina dibujamos una línea de vida que recoja aquello que queríamos ordenar o entender cuando decidimos apuntarnos al taller: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda o el cuidado…Señalamos los acontecimientos y personas más importantes y vamos comentando las reflexiones que surgen. Este ejercicio nos sirve para tomar perspectiva, darnos cuenta de la importancia de algunas cosas e integrar experiencias. Después observamos como un todo lo que hemos recogido en el dibujo: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda y el activismo… Para pensar qué nombre le daríamos si fuera una película. Algunos ejemplos fueron Memorias de África, En busca del arca perdida, El viaje a ninguna parte, la gran evasión.

  1. Conclusiones

El taller nos sirvió para entender el autocuidado como un espacio que nos damos a nosotros mismos y que podemos compartir para editar nuestras narrativas, lo que nos permite «destruir para construir» nuevos mapas.

Bibliografía utilizada

Además de los artículos enlazados, para preparar este taller hemos utilizado los siguientes textos:

  • (1) Terapia centrada en la compasión, Paul Gilbert
  • Vivir con plenitud las crisis, John Kabat-Zinn
  • Taller de autocompasión, por Marta Alonso y Vicente Simón
  • Mamá, quiero ser cooperante
  • Escribir desde terreno
  • Ponencia sobe apoyo emocional en el curso Formación en intervención psicosocial en emergencias en el contexto de las organizaciones humanitarias (Lidia Luna y Jose María Rodríguez).

Para mí fueron de mucha ayuda la web, reflexiones y mimos virtuales de Airam Vadillo. ¡Gracias por estar cerquita!

Sacudir el polvo de mis alas

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Cuando empecé a pensar en este proyecto surgió una idea que he repetido muchas veces: de los diferentes ámbitos en los que he trabajado lo que más me gusta es contar y ayudar a otras personas a contar. En mi cabeza, a esta frase siempre le sigue otra: soñar… y ayudar a otras personas a soñar. Hasta ahora no había llegado a escribirla porque me resulta pretenciosa. Porque vuelve acompañada de una pregunta antigua: ¿Soñar? ¿Te parece justo pedirle a la gente que sueñe? Antes de hacerlo hay que tener cubiertas las necesidades básicas. Así que, cuando hay tanta gente que no las tiene, ¿para qué sirve todo esto? ¿Para qué crear?

Sé la respuesta. Sé que el mundo necesita el arte, las ilusiones y los sueños siempre que no sean ajenos, estandarizados, productos de consumo. Necesitamos las centellas de Batania, la música de las orquestas, la sangre con tierra de Ana Mendieta. Los alalás y las Begonhas. Las fotografías, la improvisación y los cuentos de hadas. Los carteles de colores que nos devolvieron, el 15 de mayo de 2011, la voluntad y la posibilidad de transformar el mundo.

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Madrid, Puerta del Sol, #15M 2015

Sé, por experiencia propia, que seremos personas más felices y ligeras cuando consigamos contarnos nuestra propia historia a nosotras mismas, sin miedos ni defensas. Sé que todos los mensajes que nos paralizan vienen de un sistema articulado en torno a lo productivo y la insatisfacción permanente; un sistema que nos quiere alejadas y alejados de nuestro núcleo, de las cosas que de verdad nos importan. No hay que negar estos mensajes, porque siempre aparecen, sino neutralizarlos. Revinidicar la vida, hoy. Aun cuando duela. Porque es lo único que tenemos, lo mejor que tenemos, y no es poco. Como dice Irving Yalom (gracias, compañero, por la cita):

Somos criaturas de un día, tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero, tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado.

Empecé este proyecto con la voluntad de desarrollar un trabajo del corazón; convencida de que crear, soñar, imaginar (cuando podamos) nos ayuda a transformar la realidad, a ser mejores personas, a cuidar(nos) más y mejor.

Han pasado ya siete meses y, lo que más agradezco, lo que más me ha soprendido, es la posibilidad de tejer cada día nuevas redes y complicidades. Porque arriesgué, y fui capaz de mostrarme, mi mundo es cada vez más grande, lleno de personas que también se comparten aunque dé, a veces, tanto susto. Formo parte de una  colmena de laboriosas abejas, vivo en una casa habitada por incansables y hermosas arañas (ellas saben).

Y aun así, tan cuidada, tan cuidando, a veces tengo miedo. A veces, aún, me paralizo buscando el difícil equilibrio entre la sensatez y la necesidad de perder un poco el norte para llegar a nuevos territorios fuera de la ruta.  Cuando esto sucede me paro un instante, abro los ojos, miro alrededor. Vuelvo a cerrarlos. Dejo que entren el aire y las punzadas de incertidumbre; que vuelvan las preguntas, los nudos de la culpa en el centro del estómago. Vuelvo a leer esta frase de Rosa Montero (La ridícula idea de no volver a verte):

Cuando era más joven, de hecho hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza; a elevarme como un águila y escribir el gran libro sobre la condición humana. Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad; si consiguiera ser verdaderamente libre escribiendo, libre del yo consciente, de los mandatos heredados, de la supeditación a la mirada de los otros, de la propia ambición, del deseo de elevarme como un águila, de mis miedos y mis dudas y mis deudas y mis mezquindades, entonces quizá lograría descender hasta el fondo de mi inconsciente y quizá pudiera escuchar por un instante la canción colectiva. Porque muy dentro de mí estamos todos. Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien. Actividades todas ellas importantísimas.

Después sacudo el polvo de mis alas y vuelvo a reir o llorar, escribir, bailar, luchar… como la criatura efímera y afortunada que soy.

Locuras saludables II: historia (incompleta) de un sueño

Hay que enloquecer ya, que luego será tarde3
Fuente: http://neorrabioso.blogspot.com.es/2014/01/blog-post_27.html

A Salva Muñoz le diagnosticaron un trastorno bipolar, pero él se consideraba multipolar: una persona con múltiples yoes, inquietudes, deseos. Como tú o como yo. Allá por 2005, Salva soñaba que el agua recorría las estancias del hospital de Gandía, como si fuera un elemento más de su arquitectura. Quizá para seguir escuchando el mar desde las habitaciones; quizá sólo para olvidar que los pasillos de los hospitales tienen demasiadas esquinas.

Salva también soñó un espacio por y para las personas diagnosticadas de una enfermedad mental: “nada de nosotros sin nosotros”. Diez años después ese espacio es la Casa de la Natura, habitado durante el día por las locuras creativas y saludables del Col.lectiu Öbertament, que nació gracias a las utopías de Salva y crece cada día con el entusiasmo de muchas personas.

El Col.lectiu es una asociación sin ánimo de lucro integrada por personas creativas afectadas por una enfermedad mental que utilizan el arte y la creatividad como una forma de expresión, comunicación y acción social. Cuentan con el soporte de una red de profesionales que acompañan, pero no interfieren. Entre todas y todos han creado una red de apoyo mutuo que acoge, potencia capacidades y deconstruye los discursos dominantes en torno a la enfermedad mental. No conozco todos los detalles del camino, pero lo imagino largo y arduo.

El pasado 17 de abril dinamicé  el taller de creatividad y narrativas Contar con el Col.lectiuy así conocí la historia de Salva. A él, como a todas las personas que estábamos allí, le espantaba la facilidad con que este mundo nos clasifica y nos reduce a etiquetas.

Al empezar la sesión de la tarde me preguntaron por las herramientas básicas para contar tu propia historia. Contesté que la idea central de este proyecto es que cada persona tiene una forma única, y muy valiosa, de ver el mundo. Así, lo más importante para escribir, o para cualquier otra tarea creativa, es ser capaz de expresarse con libertad. Para hacerlo hay que aprender a quererse y aceptarse, encontrar y valorar aquello que nos hace personas únicas. Por eso para escribir un poema, un relato o el laberinto de nuestras emociones, la mejor receta es escribir lo que de verdad sentimos o percibimos, sin pensar demasiado. Después habrá tiempo para la técnica y las correcciones.

A continuación alguien habló de la tiranía de la normalidad, con ejemplos sobre cómo tenemos recursos para expresar y desarrollar nuestra singularidad y, sin embargo, las personas tendemos a ser cada vez más homogéneas. Así, reinvindicamos sociedades multipolares, donde la diferencia dé paso a la diversidad; donde cada persona pueda ser y expresar lo que es, lo mejor que puede llegar a ser, sin barreras físicas ni mentales.

El resumen de (casi) todas las dinámicas que hicimos durante el taller estará disponible muy pronto en este enlace: http://narrativasyotraslunas.com/portfolio/taller-de-creatividad-y-narrativas-col-lectiu-obertament/.

Öbertament

En memoria de Salva Muñoz, con todo mi cariño y agradecimiento hacia el Col.lectiu por contagiarme sus locuras saludables. Si pasáis por Gandía y no tenéis prisa, quizá tengáis la suerte de conocerlos.

Locuras saludables

Col.lectiu abril 2015

Hoy empiezo a redactar las conclusiones del taller de creatividad y narrativas Contar con el Col.lectiu Öbertament que tuvo lugar el pasado 17 de abril en Gandía. Aprendí, entre otras cosas, que no importa el idioma que hablemos o lo diferentes que seamos: nos entendemos a través del respeto y la verdadera escucha.

Durante la mañana hablamos de lo importantes que las historias son en nuestras vidas. Tratamos de imaginarnos cómo fue la primera vez que una persona sintió la necesidad de contarle algo a otra, allá por los tiempos de las cavernas. Después reconstruimos la historia del Col.lectiu Öbertament, que nació de un sueño y una esperanza. Creatividad, entusiasmo, apoyo mutuo y, como en todo lo humano, momentos difíciles. Como anticipo de la crónica comparto sus palabras:

“Es la sociedad la que está enferma por no valorar la diversidad

de nuestras capacidades”.

Y las primeras líneas de la agenda creativa que editan cada año, Bogeries saludables (locuras saludables) :

La bogeria és una atrevida forma de reivindicar la utopia. És un hàbit saludable, que malauradament no ens prescriurà cap metge excepte algun professional atípic que se n’ix de la cistella. I és que no és cert, posem per cas, que lámor mateix no és més que una bogeria saludable, meravellosa? No tenim tots alguna bogeria pendent que no vam cometre quan van tindre lóportunitat? És que la freda ráo, l’avinagrada seriositat i la rígida planificació de les nostres vides les fan més felices?

 La locura es una forma atrevida de reivindicar la utopía. Es un hábito saludable, que desgraciadamente no nos prescribirá ningún médico salvo algún profesional atípico que se sale de la cesta. ¿Y es que no es cierto, por ejemplo, que el amor mismo no es más que una locura saludable, maravillosa? ¿No tenemos todos alguna locura pendiente que no cometimos cuando tuvimos la oportunidad? ¿Es que la fría razón, la avinagrada seriedad y la rígida planificación de nuestras vidas las hacen más felices?

CometaLidiaLuna

Próximamente más locuras saludables en sus pantallas.