Este artículo es la continuación de ¿narrativas terapéuticas o terapia narrativa? En él presentaba el marco teórico en el que integro la escritura y las narrativas como recurso en el acompañamiento psicosocial. En este segundo texto ofrezco orientaciones concretas para la práctica individual, grupal y comunitaria.

Escritura personal

La escritura es una disciplina artística que, como tal tiene valor por sí misma y puede ser un fin: podemos escribir para crear un texto armónico, que transmita belleza; por ejemplo, cuando escribimos poesía. O para armar una historia ficticia, autobiográfica o que mezcle ambos registros; un relato que se entienda y que permita a quien lo lea sumergirse dentro de él, olvidar que está leyendo y transportarse durante unos instantes a ese espacio liminal que es el imaginario colectivo.

La escritura es, además, un recurso expresivo nos permite nombrar la experiencia para, de esta forma, poder organizarla y regular las emociones asociadas a ella. Es en este caso cuando hablamos de escritura personal, expresiva o terapéutica y deja de ser un fin para convertirse en un medio, un recurso. Hay muchos estudios que recogen los beneficios de la escritura expresiva; puedes leerlos en este artículo. Pero, para que sea eficaz y provoque cambios duraderos, cuando la utilicemos en un acompañamiento o intervención tiene que tener detrás una lógica, un propósito o un marco teórico que la sustente.

El enfoque narrativo de la experiencia

De todos los conceptos que menciono en el artículo anterior, creo que el enfoque narrativo de la experiencia es el punto de partida que mejor puede ayudarnos a aplicar la escritura como recurso en la psicoterapia individual y grupal. Se trata de un enfoque que, tomando como referencia el constructivismo u otras aportaciones postracionalistas, engloba perspectivas y técnicas de diferentes disciplinas coherentes con una determinada visión del ser humano como constructor de historias y significados. Pone en el centro la subjetividad y el proceso de cambio como una experiencia co-construida, en la que la persona del terapeuta es experta en las técnicas y procesos y la persona a la que acompaña es experta en su propia vida. Uno de los objetivos de la psicoterapia es integrar la experiencia fragmentada por el trauma o el dolor; devolver a la persona la percepción de sentido y continuidad. Leer hacia atrás cuando es necesario para seguir, así, escribiendo hacia adelante; proyectándonos en el futuro y lo porvenir.

En este marco teórico la escritura es un recurso económico y sencillo de usar que permite acceder a la experiencia, ordenarla e integrarla; así como mejorar la percepción corporal y la consciencia de las diferentes emociones, lo que facilita su expresión y regulación.

Retos de la escritura personal

Cuando queremos lograr estos beneficios a partir de la escritura personal, ya sea usándola en nuestra propia práctica o acompañando a otras personas, encontramos algunas dificultades:

La escritura es un hábito, una práctica y, como tal, consolidarla requiere un compromiso y un esfuerzo. A muchas personas les gustaría escribir de forma regular pero no lo hacen porque no saben cómo empezar a escribir cada día, o esperan a que llegue la inspiración para hacerlo, o creen que escribir requiere mucho tiempo y ni siquiera se sientan a intentarlo. En el artículo Cómo empezar a escribir un diario encontrarás orientaciones y ejercicios concretos para iniciar y mantener el hábito de la escritura.

Quienes sí escriben o utilizan la escritura en sus acompañamientos, a veces lo hacen siguiendo pautas muy específicas que no se adaptan a sus necesidades. Por ejemplo, muchas personas encuentran útil el ejercicio de las páginas matutinas; sin embargo, a otras les resulta difícil escribir por la mañana porque no tienen tiempo, sienten que su estado de ánimo no favorece la práctica, o se agotan intentando dedicar 40 minutos diarios a la tarea que, de este modo, acaba convirtiéndose en una obligación más y pierde su sentido.

Lo mismo sucede cuando alguien en psicoterapia, con la mejor intención, propone ejercicios de escritura muy estructurados para explorar o resignificar la pérdida; o cuando sugiere escribir un diario sin ofrecer recursos para solventar las dificultades que van apareciendo como, por ejemplo, la preocupación por la privacidad.

Por eso me parece fundamental tener siempre presente cuál es el marco teórico que sustenta la intervención o la práctica; qué es lo que queremos conseguir. Y, a partir de ahí, adaptar las propuestas a las necesidades de cada persona y también a los recursos con los que ya cuenta para fortalecerla como la conexión con la experiencia cotidiana, con la imaginación o la memoria; la delimitación de un lugar y un momento del día para escribir acorde a su disponibilidad y preferencias. En ese sentido, me parece fundamental que la persona que acompaña o propone haya experimentado primero con las técnicas. De esta forma será consciente de las dificultades y le será más difícil proponer alternativas para adaptar las herramientas a la persona, y no al revés.

Intervenciones grupales y comunitarias

Escribir en comunidad ayuda a mantener el hábito, a combatir las voces críticas y a tener un espejo en el que nos vemos reflejadas: cuando otra persona deshilvana su experiencia o sus recuerdos, ofrece a quien lo recibe un mapa para seguir el hilo de sus propias palabras. Escucharnos y leernos nos ayuda a nombrar la experiencia; también nos permite conocer los recursos que otras personas han puesto en marcha para manejarla. En el caso de los grupos o comunidades naturales puede haber otros beneficios, como recuperar el sentido de identidad o la memoria comunitaria. De esta forma, será más sencillo deconstruir las narrativas dominantes y evocar alternativas, o construir narrativas de reparación y resistencia.

En estos casos es especialmente importante tener en cuenta que la escritura es un recurso, pero hay otros que se sustentan en el enfoque narrativo de la experiencia y pueden ser incluso más útiles si las comunidades están familiarizados con ellos y los usan de forma natural: por ejemplo la oralidad, el tejido, otras prácticas comunitarias.

A continuación encontrarás una guía para conocer tu punto de partida y, desde él, empezar a utilizar la escritura y las narrativas en tus intervenciones. Si quieres profundizar en este tema, puedes unirte al programa Acompañar con la escritura y las narrativas, una certificación propia en la que te cuento lo que hago y cómo lo hago para que puedas incorporarlo a tus propias prácticas y saberes.

¡Gracias por leerme! ¿Te apetece compartir tu experiencia o preguntarme algo? Te leo en los comentarios.

Guía La escritura y las narrativas como recurso en el acompañamiento psicosocial

En esta guía comparto algunas orientaciones para que tú también puedas empezar a utilizar la magia de las historias, del deseo de hacernos palabra, en tus intervenciones grupales e individuales.

Programa Acompañar con la escritura y las narrativas

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