Dedicar tiempo y energía a escribir, cuidarte, atender aquello que es importante y valioso para ti (más allá de las labores productivos, de los cuidados ineludibles) es un acto de amor profundo: hacia ti en primer lugar, pero también hacia las personas que te rodean.
¿Estás de acuerdo, o te cuesta verlo así?
La razón más obvia es que cuanto mejor estés para ti mejor lo estarás, también, para compartir ese tiempo y esa energía con otras personas; si estás renunciando a algo que cuida tu bienestar, tu salud física y tu estado de ánimo acabarán notándolo. Pero hay otra que a menudo olvidamos y también es importante: ¿qué te gustaría transmitir a quienes te rodean, sobre todo a la gente pequeña?
La reflexión nace del cuaderno que descansa a mi lado; cuando termine de escribir este correo me sumergiré en él durante dos días. En ese tiempo también voy a pasear, compartir, disfrutar el aire libre. Tengo mil cosas que atender aquí; en otro momento de mi vida quizá las habría puesto por delante. El verano pasado, sin ir más lejos, renuncié al tiempo de escritura para sacar adelante el proyecto; también para redactar el trabajo de trauma transgeneracional. Antes de eso, Pájaro raíz se llevó muchas, muchas horas de trabajo.

Presentación Pájaro raíz – Casa das Crechas, Diciembre 2025. Producción Sonorámica
En todos esos casos sentí comprometerme y lo hice; ahora disfruto la alegría de compartir todos esos frutos, que nacen del corazón: me volqué en lo que sentía, por eso mereció la pena. Lo que siento ahora, con la misma fuerza, es que en los próximos meses el principal compromiso es conmigo: con mi escritura y mi cuidado. El cuerpo sabe lo que necesita en cada momento, ya lo he contado más veces aquí y seguramente lo habrás experimentado: primero susurra, después grita, después te para en seco. Mejor escucharlo, nutrirlo, darle mimos y no solo exigirle siempre un poco más de lo que puede darnos.
En resumen, por si haces una lectura transversal: cuídate mucho, cuida aquello que es valioso para ti. Si tú no abres el cuaderno y lo llenas de palabras, de alboroto y de deseo, o lo que sea que llame a al puerta mientras sostienes el bolígrafo en la mano, nadie lo hará por ti. Allí donde pones amor (a ti, a la tarea, a tu voz y tus historias) lo multiplicas, lo expandes.
NOTA: Este es un fragmento de las cartas semanales Al hilo de la escritura; si todavía no las recibes puedes suscribirte aquí.
