Esta es la tercera entrega de El hilo de la escritura, un podcast de andar por casa literal y metafóricamente.

Hoy voy a hablar de la escritura como recurso para el autocuidado. El autocuidado es una práctica que a veces es como una pesadilla que nos persigue: sabemos que es importante, pero al miso tiempo nos cuesta mucho ponera en práctica y mantener el hábito; lo mismo pasa con la escritura.

Es un fenómeno curioso, porque he visto en mí y lo veo a veces en las personas que se apuntan a los talleres de escritura; esa pelea constante entre tener muchas ganas de hacer algo, y las dificultades para darle un espacio en nuestra vida; por esa razón el propio hábito de la escritura es algo que está muy presente en todas las propuestas y al comienzo de los talleres.

Una de las herramientas más importantes para instaurar y matener la práctica del autocuidado o de la escritura, es el compromiso. Pero nos cuesta mucho comprometernos porque, salvo para quien se dedica a ella de forma profesional, la escritura es una tarea improductiva; y tenemos muy interiorizada la idea de que lo improductivo queda siempre para el final, cuando lo que pasa es que al final (del día, del trabajo, de las tareas de cuidado) no tenemos energía para casi nada.

Luego está la crítica interna que nos dice que es una pérdida de tiempo; si queremos escribir para publicar, que ya está todo escrito y que lo nuestro no merece la pena.

Algo que puede ayudar, además de tener muy claros y a la vista los motivos por los que queremos escribir y escuchar la crítica para después dejarla a un lado, es la estructura. Después de mucho tiempo yo he aprendido a trabajar con mi propia estructura interna; pero para iniciar o recuperar un hábito, siempre ayuda al principio un apoyo externo: cursos, talleres, una comunidad de escritura, alguien que nos acompañe en el proceso.

Tambien decir que sí a lo que nos gusta lo que nos hace sentir bien a lo que nos mueve a lo que nos motiva y por otro lado saber decir que no a otro tipo de actividades cuando podemos elegir;
Hay veces que no podemos elegir pero pero muchas otras nos embarcamos en actividades que realmente no queremos hacer.

Entonces, como como conclusión: como digo siempre si quieres escribir, escribe. Tengo presente que a veces faltan los recursos; cuando tenemos que trabajar mil horas o en malas condiciones y después no nos queda tiempo oninergía para escribir. O cuando no tenemos un espacio propio; o tenemos que hacermos cargo de los cuidados. De todo eso hablo en el mino curso gratuito sobre escritura y autocuidado, que empieza aquí.

Creo que, aún así, si queremos escribir tenemos que hacerlo; un poco contra todo eso que en lo cotidiano nos lo pone difícil, como hacía Gloria Alzandúa. Otro recurso concreto que puede ayudarte este artículo con orinetaciones para empezar a escribir una historia.


En estos días en los que además aún nos atraviesan la incertidumbre y el desanimo (escribía sobre esto José Ovejero para La Marea en El desánimo) creo que sigue mereciendo la pena, o quizá más que nunca, dedicar aunque sea diez minutos diarios a la escritura; tenerla presente todos los días, aunque no todos pueda ser. Porque al final eres tú la persona responsable de que escribas o no; es algo con lo que tienes que comprometerte, a pesar de todas las dificultades.


Hoy me despido con un fragmento del libro Una guía sobre el arte de perderse, de Rebecca Solnit, que he recomendado mucho estos días. Sobre su pertinencia en este momento, sobte la necesidad de perdernos para dejar espacio a la creatividad y colocar las emociones y vivencias del día a día, ha publicado un artículo precioso para el Asombtario Laura Ruíz; tambien encontrarás el enlace en el blog.


«Si realmente prestara atención a mi vida, quizá me daría cuenta de que no sé lo que va a ocurrir esta tarde y no puedo tener la absoluta seguridad de que vaya a ser capaz de manejar aquello que ocurra. Quizá estamos dispuestos a contemplar esa idea. Hay un componente racional: no tengo la certeza, pero lo más probable, lo más seguro, es que lo que ocurra no sea muy diferente de otras cosas que he experimentado regularmente y que sabré manejarlo sin problemas, de manera que suprimimos esa incómoda posibilidad con una respuesta racional. La práctica de la conciencia nos sitúa por debajo de esa racionalidad con la que querríamos pensar que vivimos nuestras vidas, y y entonces empezamos a ver algo absolutamente fascinante, que es el drama de nuestro diálogo interno, de las historias que nos pasan por la mente y los sentimientos que nos pasan por el corazón y empezamos a ver que se territorio no está tan limpio y ordenado, y por qué no decirlo, no es un lugar tan seguro ni tan racional. De modo que, al practicar la conciencia, algo que se lleva haciendo siglos milenios, los seres humanos han preguntado: «Huuuuum, ¿ cómo llevo a cabo este proceso sin pasar demasiado miedo por lo que pueda desencadenar y sin acomodarme demasiado evitando enfretarme a ello? Esa es la delicada tarea de la conciencia.

Una guía sobre el arte de perderse, Rebecca Solnit

Creo que eso es ese es también el motivo por el que a veces nos cuesra trabajo escribir de forma regular; porque sabemos que seguramente vamos a ir descubriendo cosas que por una parte queremos saber pero por otra parte nos asustan. Pero siempre, siempre, merece la pena hacerlo.

En principio no haya más audios hasta septiembre; así que te invito a perderte en los paisajes internos y externos, a abrazar la incertidumbre y dejar que te lleve a lugares desconocidos


Que puedas disfrutar, leer y escribir mucho estos días. Si quieres conocer las novedades de Narrativas y otras lunas, a partir de ahora iré compartiéndolas aquí.


¡Hasta pronto!

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