Nadie quiere la noche

https://unsplash.com/photos/47af9f2kJ08

AVISO: Este artículo contiene información sobre el contenido de la película Nadie quiere la noche, aunque no desvela el final.

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Imagen de Paul Itkin

Nadie quiere la noche, mucho menos una noche de 6 meses. Pero la noche siempre llega. Sobre todo cuando nos arriesgamos a salir ahí fuera, a perseguir lo que soñamos, a buscar aquello en lo que creemos. Ésa es la razón por la que el personaje de Juliette Binoche en Nadie quiere la noche, la última película de Isabel Coixet, no me resulta antipático en ningún momento, como señalan algunas reseñas de la película. Representa a una mujer que persigue firmemente aquello en lo que cree y logra alcanzarlo, aunque no de la forma que había soñado. Porque el amor que perseguía era una quimera, y lo que encuentra el amor verdadero: el vínculo que construyen dos personas cuando a medida que se conocen son capaces de verse como son y no como esperan o creen que deberían ser, se reconocen como iguales y cuidan la una de la otra.

Desde mi punto de vista a la película le falta unidad narrativa porque intenta contar demasiadas historias a la vez. Coixet, la directora, cuenta una que tiene que ver con la búsqueda del amor; Matt Salinger habla de la soberbia de la especie humana al sentirse superior y de sus opuestos, la sobriedad y la conexión con la naturaleza. Binoche cuenta esas historias e incluye otra que tiene que ver con la justicia social. Me resultan mucho más verosímiles y atractivas las escenas en las que coinciden estos dos actores (me recuerdan algunos momentos de  Memorias de África) que la mayoría de las que comparte Binoche con la japonesa Rinko Kikuchi, al menos en los dos primeros tercios de la película. Mi impresión es que el personaje inuit recrea demasiados tópicos y los diálogos entre ambas no son creíbles.

 

Josphine Peary
Josephine Peary
Y aun así estoy deseando volver a verla para saborear algunas escenas. Sin haberlos pisado nunca entiendo y comparto esa pasión por los paisajes polares. Como dicen en algún diálogo esas llanuras heladas donde el horizonte es a menudo una línea imaginaria representan lo inconmesurable, la auténtica nada. El guía que lleva a Josephine Peary hacia el reencuentro con su marido Robert Peary está muy cerca de su núcleo y de la naturaleza; es consciente de su levedad y fugacidad. Josephine está enamorada del amor, de la ilusión de amar a un marido con el que apenas ha compartido unos meses de su vida; tanto que se aferra a un vestido vacío, hueco, reconoce haberse olvidado incluso de su propia hija. Aun así la película habla de la lucha, la tenacidad  y la fortaleza de dos mujeres. Como dijo en unas jornadas sobre Mujer y narración oral la narradora Magda Labarga: nosotras también necesitamos historias épicas que nos alienten y nos recuerden que somos capaces de llegar a los mismos lugares que los hombres.
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Roby Davidson
Siendo una adolescente me habría gustado que alguien me contara la historia real de Roby Davidson, la mujer que atravesó sola el desierto de Australia con su perro y unos camellos, llevada al cine en El viaje de tu vida. Hoy me siento reflejada en las mujeres de Coixet, me acompañan desde que las descubrí en Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. Me recuerdan que aunque nadie quiere la noche, la noche siempre llega y cuando tenemos la fea costumbre de salir a perseguir aquello en lo que creemos es posible que nos pille en el bosque; pero si conseguimos conservar un rescoldo de calor en nuestros corazones alcanzaremos a ver de nuevo el sol.

 

 

Lo que Hollywood se llevó

La historia del cine: una odisea* (2011) es, en palabras de su autor, “una road movie global para encontrar a los innovadores, las personas y las películas que dan vida a esta sublime e inefable forma de hacer arte que es el cine”. A lo largo de 15 capítulos Mark Cousins, que ha publicado un libro con el mismo tema, hace un recorrido internacional por las películas que, al innovar, influyeron o tuvieron la capacidad de influir en el cine posterior. Hace esta aclaración porque “algunos de los films más interesantes y originales que se han realizado no ejercieron impacto alguno en otros cineastas posteriores debido a que se realizaron en países africanos, contaron con una distribución muy escasa, fracasaron en taquilla, fueron dirigidos por una mujer o bien fueron infravalorados o prohibidos en su momento”. Merece la pena verlo en versión original, su voz es parte de la magia.

*The story of film: an odissey

Le Sang d'un Poète (1930)
Le Sang d’un Poète (1930)

Me gusta mucho el cine y creo que en los últimos 80 años se han rodado películas maravillosas, complejas y sorprendentes. Pero después de ver los primeros capítulos sentí que hablaban de un cine que se ha perdido y que, de alguna forma, nos habría hecho mejores. Mi sensación es que este cine previo a la censura, a la tiranía de la taquilla y a la caza de brujas buscaba la expresión de emociones, temores, fantasías. Materializaba sueños y fantasmas con apenas recursos. Hablaba de las cosas en estado puro. Un cine surrealista que, como L’Atalante (1934), no tiene una trama estructurada sino la pretensión de enseñar “la manera fascinante y libre de censura en que una mujer descubre la vida”.

L’Atalante (1934)

 

L'Atalante (1934)
L’Atalante (1934)

Hasta que llegó Hollywood:

“Para pintar nubes que parecieran nubes reales, para crear personas que parecieran personas reales. Un lugar donde se llevan joyas como si fuera un disfraz. Un lugar que inventó la juventud y el glamour (…). Aquí nadie era sencillo, ni triste, ni viejo, ni igual en materia de raza o distinto en materia sexual. Pura negación, pura eugenesia.“

Mark Cousins habla a menudo de lenguaje poético, y es cierto que estas películas transmiten algo que no consigo atrapar con palabras. Así que he elegido Falling leaves (1912) para tratar de reflejarlo. En él una niña, después de escuchar al doctor que su hermana morirá antes de que caigan las hojas de los árboles, sale al jardín a recogerlas y colocarlas otra vez en las ramas. Lo dirigió Alice Guy-Blaché,  quien creó uno de los primeros estudios cinematógraficos, Solax y dirigió alrededor de setecientos cortometrajes, entre ellos el que se considera el primer film con guión: La fée aux choux (1896). En la historia del cine, como en todas las demás, hay muchas más mujeres de las que conocemos.