Estos días ha vuelto a salir en conversaciones con amigas narradoras la dificultad que, en muchos momentos a lo largo del último año y medio, hemos tenido para mantener el hábito de la lectura y la escritura; y, al mismo tiempo, cuánto nos ayudan a integrar la experiencia y encontrar la calma. Tenía pensado compartir unas notas sobre esto en el boletín de noticias (al que puedes apuntarte aquí) pero al final ha salido esta entrada.

Espero que te ayude a bajar el ritmo estos días y volver a conectar con estas dos actividades que tanto bien nos hacen a quienes andamos por aquí. Y, si tienes otras recomendaciones, me encantará conocerlas, te leo en los comentarios.

1. Aceptar el bloqueo

Aunque suene paradójico, a mí me ayuda mucho aceptar que en algunos momentos no puedo hacer lo que me gustaría; no por falta de tiempo, sino de energía o concentración. Creo que la creatividad, la imaginación y la memoria siempre están ahí; pero no siempre podemos acudir a ellas. Escribir implica, en gran medida, transformar la experiencia interna en algo que podemos nombrar, expresar, manejar. A veces el ruido o el dolor son tan grande, que no podemos escucharnos.

2. Probar otras actividades creativas

Empecé a hacer fotografías en un momento en el que me sentía tan perdida que no podía escribir; las imágenes me ayudaron a expresar lo que sentía, a reconciliarme conmigo. Poco a poco fui acompañándolas de palabras (algo que me ayudó mucho cuando empecé con Narrativas y otras lunas, a finales de 2014).  En esa misma época retomé mi afición adolescente por el buen cine; las películas también me ayudaron a entender y nombrar lo que sentía, a estar conmigo.

3. Probar otros formatos

La lectura me acompaña desde que era una niña; hay algo en la buena literatura que me transporta a un lugar distinto en el que el tiempo se para y puedo sumergirme en las historias que estoy leyendo. Pero también hay épocas en las que, quizá porque lo cotidiano me pide estar muy pegada a la realidad, me resulta complicado transportarme a ese mundo paralelo; en esos momentos lo único que puedo leer es ensayo y literatura de viajes.  Éstas han sido algunas de mis últimas lecturas:

  • Tribu, Sebastian Junger
  • Ébola, de David Quammen
  • Una trenza de hierba sagrada, Robin Wall Kimmerer
  • Frágiles, Remedios Zafra
  • Cómo no hacer nada, Jenny Odell
  • Clases de literatura, Julio Cortázar
  • La pequeña filosofía de los pájaros,  Philippe J. Dubois
  • Los pájaros, el arte y la vida: la belleza de las cosas pequeñas y significativas, Kyo Maclear. No es ensayo, sino autobiografía (muchas gracias a quien me lo recomendó).

4. Desenredar la madeja

Si quieres escribir, escribe; esto vale para cualquier actividad. Hay que empezar aunque sea un minuto cada día, emborronando lienzos o cuadernos; aunque nos cueste dar con la primera palabra, detrás de ella siempre viene otra. Incluso las emociones más difíciles o los pensamientos más enredados se transforman poco a poco en claridad cuando les damos un espacio físico en el papel. Si esto te ayuda, puedes tener dos cuadernos: uno para los textos que quieres conservar, y otro para todo aquello que te resulta difícil nombrar o acoger, pero también necesitas expresar para después pasar a algo distinto.

5. Recibir apoyo externo

Recibir apoyo externo: apuntarme a talleres de escritura y otras propuestas creativas me ayuda a tener un lugar de partida concreto, unas pautas concretas y un punto de vista diferente. La formación en diferentes ámbitos (personal y profesional) ha sido el mejor descubrimiento de este año.

Así que mi recomendación, un verano más, es que retomes la escritura pero, sobre todo, la lectura. Sé que muchas personas lo hacéis, lo hacemos, de una forma natural; pero como este año ha sido tan raro, puede costarnos un poco más de tiempo encontrarnos con ella. Aun así, merece mucho la pena hacerlo porque, poco a poco, los libros volverán a ampliar el horizonte de nuestros sueños; a ser lugares en los que descansar y repararnos.


En Narrativas y otras lunas ofrezco formación y acompañamiento que te ayudarán a encontrar tu forma única de ver el mundo y tus palabras para nombrarlo uniendo los saberes de la psicología, la escritura y la narración.

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