Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

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¡Hasta pronto!

 

 

 

Las voces ocultas

Por Leyre Gil

Desde muy pequeña me imaginé que llegaría a ser una suerte de Indiana Jones mezclada con Livingston, Gerald Durrell  y otros aventureros-escritores que poblaban mi romántico imaginario.

Hija de viajeros empedernidos, pronto pude conocer otras culturas y gentes. La elección de estudiar filología árabe fue consecuencia de este romance infinito que me traigo con las letras y lo desconocido desde que tengo uso de razón.

He vivido en cuatro continentes, aprendido cinco lenguas, leído y escuchado a gentes de todos los rincones del mundo. He trabajado como profesora, cooperante, traductora, redactora.

Mi sueño de mochilera incansable parecía no tener fin.

Por el camino encontré a mi compañero, y juntos seguimos con nuestras andanzas por el planeta. Tralaralara.

Pero un buen día me convertí en mamá (mi hija mayor dio sus primeros pasos en la sabana angoleña, mi segunda entre las callejuelas de Jerusalén) y  la maternidad desbarató mi universo en todos los sentidos.

Descubrí que el mundo no era en absoluto lo que yo había visto hasta entonces, ya que a mi historia le faltaba algo esencial: La voz de las mujeres.

Mujeres que cuentan, que crían, que luchan, que cooperan, que educan, que resisten. Y cuyo relato no aparece en ningún libro de historia, en ninguna novela de aventuras, ni en los informativos, ni en los discursos de reyes y políticos.

De repente me di cuenta de que el mundo que me habían enseñado, y en el que yo había vivido, había sido el mundo de los hombres. Y que mis sueños de Indiana Jones eran prácticamente incompatibles con lo que la sociedad esperaba de mí como mujer y madre. ¿Quién se imagina a Indi terminando su aventura a las 4 porque le cierran la guarde?

El proceso de reestructuración vital sigue en curso.

Desde entonces vivo con el deseo de caminar junto a las mujeres para que recuperen, o simplemente “cuperen” (ya que nunca fue suyo) el espacio urbano, social, político, pero sobre todo, el espacio de la palabra.

Escuchar las historias de malabarismos vitales que la gran mayoría de mujeres deben hacer en su día a día, ya sea en la selva amazónica, una aldea bereber o en las calles de una gran ciudad europea se ha convertido en mi obsesión. Esos relatos de lo cotidiano, de las renuncias, de las elecciones impuestas o deseadas se merecen un espacio.

Merecen ser escritas.

Texto escrito por Leyre Gil para presentar el taller Disponer de la palabra. ¿Te animas a escribir con nosotras?

Contar tu propia historia (pájaro a pájaro)

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

El desorden no es lo contrario del amor

Una de las tareas más difíciles de mi vida ha sido aprender a darme consuelo, recordar que existe un lugar dentro de mí al que puedo volver cuando quiera. A veces el camino de regreso es largo y necesito preguntar a la gente que me quiere; pero existe. Es una cabaña en la que duermo cada día, en la que puedo charlar con quien yo quiera; incluso conmigo misma. En una de las paredes está escrita esta frase:

El desorden no es lo contrario del amor

Me recuerda que soy humana, falible y, aun así, digna de recibir amor; que cuando el orden de los objetos, los espacios o las rutinas se convierten en prioridad por encima del cuidado de nuestros afectos tengo, tenemos, la necesidad y el derecho de alborotarlos, como sucede en la película Un monstruo viene a verme. El mandato de mantener el orden es una tarea inagotable que no termina nunca; siempre hay algo que se rompe o se descoloca. Ese movimiento es la vida, no existe el orden perfecto a pesar de que luchemos a cada instante por mantenerlo.

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© Tsoku Maela

A veces el desorden exterior refleja y sostiene nuestro desorden interior, el que nos habla de las historias rotas o que no podemos contar; de emociones tan dolorosas, desconocidas o contradictorias que no sabemos cómo hacernos cargo de ellas. Nos está gritando que para recomponernos tenemos que soltar primero los pedazos, verlos caer, tolerar el dolor y el vacío de las piezas rotas, recogerlas con mimo; pegarlas con confianza hasta recuperar una integridad fortalecida porque, en el proceso de reconstrucción, nos habremos apropiado de nuestras heridas.

Durante los primeros años de nuestra vida necesitamos de nuestras figuras de apego dos mensajes:

  • “Veo lo que eres, lo acepto y reconozco tu derecho a recibir amor; estoy aquí, no voy a irme” y
  • “Sea lo que sea, tienes derecho a sentirlo y expresarlo”.

Estos mensajes a menudo nos llegan de forma contradictoria o poco constante, de modo que no llegamos a interiorizarlos y no tenemos una base segura desde la que explorar las relaciones interpersonales; los vínculos de afecto con otra persona pueden resultar amenazantes o difíciles de manejar. Así, el desorden se convierte en una trinchera contra algo que nos hace sentir muy vulnerables: la posibilidad de que alguien llegue a amarnos a pesar del caos que llevamos dentro, vea más allá, encuentre la estrella danzante y quiera acompañarnos.

A pesar de todas las narrativas dominantes que nos instan a no depender de nadie, somos criaturas sociales hechas de apegos; estamos todas en la misma lucha con mayor o menor intensidad. Necesitamos honrar nuestro propio desorden interno y externo, reconocernos en el amor de otras personas, compartir nuestras historias rotas para recuperar la integridad.

Cada vez que encuentres a alguien capaz de ver la estrella danzante que habita en tu interior cierra los ojos, reconoce tu miedo, escucha la música y empieza a bailar. Merece la pena.

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Fisuras, ©Sol Salama

Gracias a Nacho Serván que me regaló el cartel de la cabaña; A Sol y Donna Salama, por la valentía y la belleza con que comparten sus fisuras; a todas las personas que abrazan mi desorden y comparten el suyo: ellas saben. Gracias.

Imagen destacada ©Jim Kay, A monster calls

Movimiento

Entre abril y junio trabajé en un par de proyectos paralelos a Narrativas y otras lunas: la evaluación de un programa de apoyo psicosocial en acción humanitaria y dos talleres de entrenamiento básico en mindfulness para el personal contratado en sede de una ONG. Tuve la suerte de compartirlos con dos grandes profesionales de las que aprendí mucho. Me sentí acompañada y cuidada, y me di cuenta de lo difícil que habían sido tantos meses previos sola frente al ordenador.

Desde que empecé a trabajar por mi cuenta he intercambiado proyectos e ideas con otras personas. He recibido aliento e ilusiones extra cuando se acabaron las mías, y he entendido lo que significan de verdad entusiasmo y compromiso. Cada vez que las cosas se ponían difíciles alguien tendía una mano o un sueño. He aprendido de otras personas y de mí que casi todo es posible pero dificilísimo; trabajar por cuenta propia nos lleva a niveles de aguante de los que nunca antes nos habríamos creído capaces. Después de una resistencia prolongada parece que sólo habrá dos posibles salidas: la resiliencia o la amargura, el crecimiento o el fracaso. Sin embargo, hace mucho tiempo que dejé de creer en los absolutos y las líneas rectas, y hace poco una mujer sabia me dijo que en la vida el cielo y el infierno están siempre a un paso umo de otro; que ninguno de los dos es definitivo ni dura mucho. Ahora estoy segura  de que todo es Uróboros, la aceptación de los ciclos y la impermanencia; nunca repetición o esfuerzo inútil.

Ha pasado un año y medio desde que me hice autónoma y me sigue fascinando el movimiento. Hubo y habrá muchos momentos difíciles, meses sin ingresos, sin saber de dónde vendrá el dinero mañana, recurriendo a los apoyos sin los que no habría sido posible continuar. Sembrando, como dice una buena amiga, sin tener ni idea de cuándo vendrá el momento de recoger; confiando más allá de los límites de la sensatez y la gravedad. Aun así merece la pena porque cada vez que pensé que había perdido todas las batallas aprendí que la vida es una, hoy, aquí, ahora; me senté en una roca frente al mar a disfrutar el silencio y la belleza del vacío, el murmullo de todo lo que cambia dentro y fuera sin que podamos controlarlo. Y entonces, sólo entonces, apareció alguien que me invitó a bailar; y me dejé llevar con los ojos cerrados hasta que fui capaz de volver a sentir el ritmo, de recuperar la confianza en mi cuerpo y mis instintos. Así ha sido, literal y metafóricamente, muchas veces.

No puedo mencionar a todas las personas que me han dado su apoyo material o emocional, pero ellas saben. Si alguna vez caminaste a mi lado, compartiste con alguien mis proyectos, me preguntaste aunque fuera una sola vez cómo iba el trabajo mirándome a los ojos; si me ofreciste ideas o crudas realidades; si confiaste en mí para que trabajáramos juntas: GRACIAS. Gracias por recordarme cuál es mi canción y bailar conmigo.
Imagen tomada de http://www.ellalabella.cl/margaret-morris-y-sus-espectaculos-de-danza-al-aire-libre

Narrativas de autocuidado en cooperación

 

Narrativas_autocuidado_cooperación_Madrid

 Esta imagen corresponde al ejercicio de una de las personas que asistió al taller narrativas de autocuidado en cooperación y acción humanitaria en Madrid los días 8 y 9 de abril. Revisamos los mapas que nos habían traído hasta aquí y trazamos las primeras líneas de los senderos que nos gustaría transitar a partir de este momento. Algunas personas pusieron los primeros troncos de la cabaña en la que descansarán antes de decidir cuál será el siguiente paso. Como en otras ocasiones, lo que más valoramos al finalizar fue el ambiente que creamos, un espacio en el que compartir experiencias y aprender de las historias ajenas. A partir de ahora cuando hagamos la maleta guardaremos también las narrativas que entre todas y todos editamos ese día. La idea de editar fue de Ana, psicóloga y escritora, con la que Jose María y yo hemos compartido alguna vez trinchera en otros espacios de participación. Nos sirve para explicar cómo la puesta en común de nuestras historias nos permite revisarlas y ampliarlas al tiempo que aprendemos unos de otros.

Cuando pensamos en este taller queríamos unir el enfoque narrativo con nuestra trayectoria en el apoyo emocional a cooperantes y personal humanitario después de una emergencia. Además de constatar que todas estas personas tienen mucho que contar nos habíamos dado cuenta de dos cosas: que la mayor parte de las veces no piden o no reciben ningún tipo de apoyo psicosocial y que desarrollan buenas habilidades de afrontamiento y resiliencia. El enfoque narrativo de la experiencia permite revisar y ordenar tanto los acontecimientos vividos como los significados asociados a ello; recuperar o renovar el sentido de nuestro trabajo o aceptar que ha dejado de tenerlo. Integrar los momentos difíciles y recordar todos los trucos que hemos puesto en marcha para superarlos. Volver a leer para darnos cuenta de que habíamos dejado algunas páginas en blanco, colorearlas y hojear de nuevo el cuaderno de nuestras experiencias para descubrirlas donde deben estar: en el futuro. Recrear lo vivido para entender, desaprender y volver a empezar apropiándonos de los significados. Como dijo otro compañero durante el taller:

“Qué bonito tener la posibilidad de destruir para volver a construir de nuevo”.

  1. Trabajar con los significados

Para comenzar el taller pedimos que cada persona escribiera y compartiera aquellas palabras que definen su trabajo. Aparecieron las organizaciones, con sus expectativas y demandas; nos adaptamos a ellas para poder realizar nuestro trabajo pero preservando nuestros significados, lo que es importante para nosotras, lo que nos hace salir a terreno y continuar allí. Unas personas se sienten más cómodas definiendo su trabajo como ayuda, otras como aprendizaje o apoyo. Nos dimos cuenta de que son muy importantes las relaciones con los demás. Los procesos, porque la mayor parte de las veces el cambio es largo y lento y no lo vemos. Permitirnos disfrutar las experiencias, el intercambio de conocimientos con las comunidades.

  1. Autocuidado

Cuando empecé a revisar bibliografía sobre autocuidado para los talleres encontré que casi siempre se trataba el componente físico y que hacerse cargo de la propia salud se convertía en un mandato, una responsabilidad de quienes se dedican al cuidado personal o profesional de otras personas. Desde este enfoque el autocuidado puede llegar a ser una carga más, otra tarea en nuestra lista de responsabilidades. Tanto desde mi propia experiencia como desde un punto de vista formativo me resulta mucho más sencillo y humano el abordaje de la compasión: cuando seamos compasivas y compasivos con nosotros mismos lograremos serlo con otras personas de forma natural. Así cuidarnos es, de forma automática, una forma de cuidar a los demás: a quienes están cerca y a quienes aún no han llegado a nuestras vidas.

La autocompasión, que suena tan mal en nuestro idioma, tiene tres componentes que tienen mucho que ver con el autocuidado(1):

  • Ser consciente de y estar abierto al propio sufrimiento individual
  • Ser amable y no condenarse a sí mismo
  • La consciencia de compartir las vivencias con los demás en vez de sentirse solo y avergonzado

Una vez que nos permitimos la difícil tarea de reconocernos como personas; una vez que aceptamos tratarnos con mimo, cariño y respeto, escuchando y atendiendo nuestras necesidades, merece la pena preguntarnos cuáles son éstas: ¿qué es, para mí la buena vida? Dedicar un tiempo y un espacio a cultivarla, explorar las prácticas que nos hacen sentir bien y apropiarnos de ellas.

  1. El pensamiento narrativo

Hablamos del pensamiento narrativo para explicar cómo la forma en que nos contamos las cosas a nosotras y nosotros mismos y a los demás influye en cómo nos sentimos, cómo nos vivimos y entendemos o dejamos de hacerlo. Conocer sus bases nos permite buscar alternativas a las narrativas dominantes, aquellas que queremos ampliar o cambiar. Nos sirve para generar narrativas flexibles teniendo en cuenta que:

  • Todas las personas necesitamos tener un mínimo de control sobre nuestras experiencias
  • La narrativa alternativa ha de ser coherente con nuestros significados, pero a la vez lo suficientemente flexible para poder adaptarse a los nuevos conceptos, a diversas situaciones.

 4. “Botiquín” para el autocuidado

Empezamos el sábado por la mañana identificando 5 acciones de cuidado y 5 de autocuidado que hayamos realizado en la última semana. Nos sirvió para ver el equilibrio entre ambas, para pensar sobre cómo atendemos a las demandas de otras personas y para darnos cuenta de cosas pequeñas que nos hacen sentir mejor; identificarlas nos permitirá consolidarlas. Proponemos llevar un diario de acciones de autocuidado para darles un espacio en el día a día. A veces la mejor estrategia es no hacer nada, permitirse espacios. Espacios necesarios para estar con nosotras y nosotros mismos porque, como dijo alguien:

“Me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”.

Aunque en el programa estaba previsto dedicar un espacio a mindfulness y autocompasión no nos dio tiempo a detenernos. Una de las personas que ya lo practicaba nos contó que le servía para “desconectar del mal rollo y conectar con cosas que habitualmente no veo”.  Recomendamos la lectura de este texto de Alesandra Pigni en el que explica cómo mindfulness puede ser un recurso para aceptar, conectar, darnos cuenta; poder parar y saber qué sentimos, qué queremos. También mencionamos este artículo que nos recuerda que mindfulness no puede ser el parche mantener un ritmo de vida demasiado acelerado.

  1. La vuelta a casa

Cuando las personas presentes en el taller preparan su maleta para un nuevo destino hay dos cosas simbólicas que no faltan nunca: la ilusión y el deseo, a veces incluso el propósito, de mantenerse en contacto con las personas que se quedan aquí. Esto nos recordó que la vuelta a casa puede ser la parte más difícil del proceso por diversas razones:

  • La dificultad para expresar nuestras vivencias y, a veces, la aparente falta de interés de los demás por escucharlas
  • El choque cultural: volvemos a  nuestro lugar de residencia y nos eonctramos que con muchos más recursos se hace mucho menos, nos quejamos por cosas nimias, estamos muy poco centrados en las relaciones y las personas, la comunicación es menos auténtica y la queja vacía una práctica frecuente
  • La extrañeza de saber que volvemos a casa y la vez sentir que hemos sido felices tan lejos de ella.
  1. El cuidado desde las organizaciones

Nos preguntamos en qué medida las organizaciones para las que trabajamos se preocupan del cuidado del personal humanitario y resaltamos la importancia de hacerlo “desde fuera”, sin evaluar el rendimiento de la persona y validando sus emociones siempre que sea posible. Cuando el apoyo no está disponible, no es de calidad o no nos genera confianza, recomendamos utilizar el apoyo entre pares: poder contar con otra persona que no esté en terreno en ese momento pero haya tenido la experiencia, o tenga la suficiente apertura como para comprender por lo que estamos pasando; alguien con quien nos sintamos escuchados sin ser juzgados.

  1. Dibujar los mapas

En una cartulina dibujamos una línea de vida que recoja aquello que queríamos ordenar o entender cuando decidimos apuntarnos al taller: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda o el cuidado…Señalamos los acontecimientos y personas más importantes y vamos comentando las reflexiones que surgen. Este ejercicio nos sirve para tomar perspectiva, darnos cuenta de la importancia de algunas cosas e integrar experiencias. Después observamos como un todo lo que hemos recogido en el dibujo: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda y el activismo… Para pensar qué nombre le daríamos si fuera una película. Algunos ejemplos fueron Memorias de África, En busca del arca perdida, El viaje a ninguna parte, la gran evasión.

  1. Conclusiones

El taller nos sirvió para entender el autocuidado como un espacio que nos damos a nosotros mismos y que podemos compartir para editar nuestras narrativas, lo que nos permite «destruir para construir» nuevos mapas.

Bibliografía utilizada

Además de los artículos enlazados, para preparar este taller hemos utilizado los siguientes textos:

  • (1) Terapia centrada en la compasión, Paul Gilbert
  • Vivir con plenitud las crisis, John Kabat-Zinn
  • Taller de autocompasión, por Marta Alonso y Vicente Simón
  • Mamá, quiero ser cooperante
  • Escribir desde terreno
  • Ponencia sobe apoyo emocional en el curso Formación en intervención psicosocial en emergencias en el contexto de las organizaciones humanitarias (Lidia Luna y Jose María Rodríguez).

Para mí fueron de mucha ayuda la web, reflexiones y mimos virtuales de Airam Vadillo. ¡Gracias por estar cerquita!

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
© 2015 The M.C. Escher Company – Baarn, The Netherlands. All rights reserved

Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.

 


Sacudir el polvo de mis alas

LidiaLuna_Pirineo2015

Cuando empecé a pensar en este proyecto surgió una idea que he repetido muchas veces: de los diferentes ámbitos en los que he trabajado lo que más me gusta es contar y ayudar a otras personas a contar. En mi cabeza, a esta frase siempre le sigue otra: soñar… y ayudar a otras personas a soñar. Hasta ahora no había llegado a escribirla porque me resulta pretenciosa. Porque vuelve acompañada de una pregunta antigua: ¿Soñar? ¿Te parece justo pedirle a la gente que sueñe? Antes de hacerlo hay que tener cubiertas las necesidades básicas. Así que, cuando hay tanta gente que no las tiene, ¿para qué sirve todo esto? ¿Para qué crear?

Sé la respuesta. Sé que el mundo necesita el arte, las ilusiones y los sueños siempre que no sean ajenos, estandarizados, productos de consumo. Necesitamos las centellas de Batania, la música de las orquestas, la sangre con tierra de Ana Mendieta. Los alalás y las Begonhas. Las fotografías, la improvisación y los cuentos de hadas. Los carteles de colores que nos devolvieron, el 15 de mayo de 2011, la voluntad y la posibilidad de transformar el mundo.

LidiaLuna_15M_2015
Madrid, Puerta del Sol, #15M 2015

Sé, por experiencia propia, que seremos personas más felices y ligeras cuando consigamos contarnos nuestra propia historia a nosotras mismas, sin miedos ni defensas. Sé que todos los mensajes que nos paralizan vienen de un sistema articulado en torno a lo productivo y la insatisfacción permanente; un sistema que nos quiere alejadas y alejados de nuestro núcleo, de las cosas que de verdad nos importan. No hay que negar estos mensajes, porque siempre aparecen, sino neutralizarlos. Revinidicar la vida, hoy. Aun cuando duela. Porque es lo único que tenemos, lo mejor que tenemos, y no es poco. Como dice Irving Yalom (gracias, compañero, por la cita):

Somos criaturas de un día, tanto el que recuerda como el recordado. Todo es efímero, tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado.

Empecé este proyecto con la voluntad de desarrollar un trabajo del corazón; convencida de que crear, soñar, imaginar (cuando podamos) nos ayuda a transformar la realidad, a ser mejores personas, a cuidar(nos) más y mejor.

Han pasado ya siete meses y, lo que más agradezco, lo que más me ha soprendido, es la posibilidad de tejer cada día nuevas redes y complicidades. Porque arriesgué, y fui capaz de mostrarme, mi mundo es cada vez más grande, lleno de personas que también se comparten aunque dé, a veces, tanto susto. Formo parte de una  colmena de laboriosas abejas, vivo en una casa habitada por incansables y hermosas arañas (ellas saben).

Y aun así, tan cuidada, tan cuidando, a veces tengo miedo. A veces, aún, me paralizo buscando el difícil equilibrio entre la sensatez y la necesidad de perder un poco el norte para llegar a nuevos territorios fuera de la ruta.  Cuando esto sucede me paro un instante, abro los ojos, miro alrededor. Vuelvo a cerrarlos. Dejo que entren el aire y las punzadas de incertidumbre; que vuelvan las preguntas, los nudos de la culpa en el centro del estómago. Vuelvo a leer esta frase de Rosa Montero (La ridícula idea de no volver a verte):

Cuando era más joven, de hecho hasta hace poco, aspiraba como novelista a la grandeza; a elevarme como un águila y escribir el gran libro sobre la condición humana. Ahora, en cambio, aspiro simple y modestamente a la libertad; si consiguiera ser verdaderamente libre escribiendo, libre del yo consciente, de los mandatos heredados, de la supeditación a la mirada de los otros, de la propia ambición, del deseo de elevarme como un águila, de mis miedos y mis dudas y mis deudas y mis mezquindades, entonces quizá lograría descender hasta el fondo de mi inconsciente y quizá pudiera escuchar por un instante la canción colectiva. Porque muy dentro de mí estamos todos. Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien. Actividades todas ellas importantísimas.

Después sacudo el polvo de mis alas y vuelvo a reir o llorar, escribir, bailar, luchar… como la criatura efímera y afortunada que soy.

¿Cuánto hace que no escribes una carta?

LidiaLunaLisboa2013
Lisboa, 2013

Uno de los manuales que utilizo en los talleres y en la vida es el libro de Gabriel Roth Mapas para el éxtasis. He seleccionado este fragmento que habla de la importancia de escribir nuestra historia y de algunas herramientas para hacerlo:

Es bueno y agradable llevar un diario y llenarlo con tus cosas, con tu ser: poemas, sueños, diálogos, retratos, cartas, recuerdos, observaciones, reflexiones, percepciones, intuiciones, confesiones, dibujos, citas. Significa que te tomas en serio tu vida y te importa lo bastante para verla sinceramente, verla y decir la verdad.

Debería ser un ejercicio esencia y continuado de autodescubrimiento: encontrar gradualmente tu voz, tus verdades, tu historia. Un par de maneras fáciles de comenzar es con cartas y recuerdos. La escritura epistolar es un arte que se está perdiendo en esta era de teléfonos y aviones, así que las cartas son cada vez más apreciadas y constituyen formas potentes de comunicarse. Y en un tiempo en que la verdadera intimidad es cada vez más difícil, las cartas nos ofrecen una manera fácil de superar el miedo a expresar nuestros sentimientos y la verdad de nuestra vida, y por lo tanto son una ruta hacia comunicaciones verdaderamente íntimas. Así pues escribe cartas, no sólo a las personas que están lejos sino a aquellas que viven contigo, hablándoles de tus sentimientos, experiencias, recuerdos e ideas.

Leyendo este fragmento me he acordado de aquellos intercambios epistolares que promovían en el colegio con personas de otros países a las que no conociamos. Escribíamos hablando de nuestras costumbres, familias, aficciones… Y esperábamos, durante días, a que llegaran las respuestas; sobre todo si traían la promesa de una fotografía.

He recordado también este libro bellísimo de Begonha Caamanho, Circe ou o prazer do azul, que teje la amistad de Penélope y Circe a través de su correspondencia.

Y, por último, he anotado que tengo una carta pendiente de enviar.  Por suerte todavía quedan personas en este mundo en el que predomina lo virtual dispuestas a intercambiar correspondencia escrita. Las cartas enviadas son hojas de nuestro diario que echamos a volar con la esperanza de que alguien recibirá nuestros sueños, dudas, temores o ilusiones y se tomará el tiempo para alimentarlos o consolarlos, según el caso, escribiéndonos de nuevo.

No todas las cartas que escribimos acaban en el buzón; podemos elegir como interlocutoras a personas con las que, por cualquier motivo, no podemos comunicarnos de una forma tan íntima. Porque se fueron para siempre, porque no sabemos dónde encontrarlas o, simplemente, porque no nos parece oportuno. En cualquiera de estos casos puede ser beneficioso y clarificador ordenar y expresar nuestros sentimientos como si nos dirigiéramos a ellas. Michael Mahoney propone este ejercicio en tres pasos:

  • Fase 1: escribe a mano una carta para esa persona, expresando tus sentimientos en torno a ella, a la relación y a los episodios importantes para ti, de una forma auténtica y sin censuras. Recuerda que nunca enviarás la carta, por lo que no dudes en ser tan sincero como puedas.
  •  Fase 2: cambia ahora de perspectiva e imagina que eres, por un momento, la persona a la que has escrito la carta no enviada. Escribe la carta que esa persona te escribiría a ti; deja fluir la carta como si realmente la estuviera escribiendo esa persona.
  •  Fase 3: Escribe una carta dirigida a ti por esa persona, pero teniendo en cuenta cualidades más humanas de esta persona. Es la carta que tú desearías recibir.

¿Cuánto hace que no escribís una carta? ¿Os animáis a probar de nuevo?