La voz de las mujeres (incluye artículo)

«Todas las células de nuestro cuerpo responden a nuestros sueños. Estos son necesarios para nuestra salud y para la salud de nuestro planeta. Los sueños que sueña la Tierra a través de ti son distintos de los que sueña a través de mí. Pero yo necesito oír tus sueños y tú necesitas oír los sueños de las demás mujeres; si no, no tenemos la historia completa»

Christiane Northrup: Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer

Los días 17 y 18 de noviembre compartimos en Santiago de Compostela experiencias de lucha por los derechos de las mujeres, arte y emprendimientos en el #EncuentroPeriféricas1. Aquí podéis descargar el artículo que preparé para contar nuestra experiencia con el taller La voz de las mujeres. Es un artículo que irá cambiando con cada edición y aprendizaje; con nuestras lecturas y vuestros comentarios.

En estos momentos estoy actualizándolo; pronto estará disponible de nuevo. Disculpa las molestias.

NOTA: La foto de cabecera es de Iris Serrano. Cuando publiqué el post la semana pasada el artículo no estaba disponible, perdonad las molestias. 

Cartografiar el cuerpo

Imagina tu cuerpo como si fuera un mapa.  Haz un recorrido por las diferentes partes que lo forman y escribe un pequeño texto para cada una de ellas, contando lo que vas encontrando en tu viaje: ¿Qué paisajes hay? ¿Qué huellas? ¿Qué ecos? ¿Qué maravillas naturales? No hace falta que respondas a estas cuatro preguntas como si fuera un cuestionario; úsalas como guía, en la medida en que te inspiren. Si quieres, puedes añadir dibujos a tu texto.

annie-spratt-37949

Esta propuesta forma parte del taller La voz de las mujeres. Escribe o dibuja con total libertad, llegando hasta donde sientas que puedes y quieres hacerlo. Puedes contarnos cómo te ha ido o compartir tus dudas en los comentarios. Gracias 🙂

Imagen: Annie Spratt

Escritura y narrativas

En mayo lanzamos el taller La voz de las mujeres. Me acompaña en la tutorización Leyre Gil, filóloga (y mucho más), con la que comparto, entre otras cosas, la pasión y el respeto por la literatura. Esta semana termina la segunda edición de Escribir en verano. Aquí podéis leer el ejercicio de una de las alumnas (seguiremos publicando).

Estas dos actividades están diseñadas con un único objetivo: potenciar la creatividad e identificar los bloqueos, para convertir la escritura en un hábito. Además de conseguirlo hemos disfrutado mucho a ambos lados de la pantalla, descubriendo nuevas referencias y, sobre todo, historias de vida llenas de instantes, dolor, belleza y resistencia.

Muchas personas sentimos el deseo de escribir para expresarnos, ordenarnos, entendernos. Necesitamos darnos permiso para hacerlo, detectar los bloqueos, combatir las voces críticas y legitimar nuestra voz; contar nuestra propia historia. Tendremos que dominar la técnica si queremos publicar una obra literaria; pero, si escribimos para nosotras, es suficiente encontrar la forma de llegar a los nudos, desatarlos, echarlos a volar.

Ambas experiencias me han servido para redefinir lo que hago en Narrativas y otras lunas:

Te acompaño en procesos de cambio o en proyectos narrativos, utilizando la escritura y la lectura de textos literarios como principales herramientas. Mi experiencia en psicología (y con las prácticas narrativas) me dan la perspectiva necesaria para guiar los ejercicios, encontrar las fortalezas de cada persona,  identificar y desmontar la autocensura. Puede servirte para:

  • Ordenar tus vivencias
  • Conocerte mejor
  • Recuperar el hábito de la escritura
  • Aumentar tu capacidad narrativa, creatividad, imaginación y memoria
  • Potenciar tu autocuidado

En septiembre comenzamos una nueva edición de los talleres:

Si quieres recibir todas las novedades y promociones, puedes suscribirte al boletín de noticias. Cuido tus datos y no los comparto con nadie. Si tienes cualquier duda o sugerencia, puedes escribirme a lidia@narrativasyotraslunas.com.

¡Hasta pronto!

 

 

 

Las voces ocultas

Por Leyre Gil

Desde muy pequeña me imaginé que llegaría a ser una suerte de Indiana Jones mezclada con Livingston, Gerald Durrell  y otros aventureros-escritores que poblaban mi romántico imaginario.

Hija de viajeros empedernidos, pronto pude conocer otras culturas y gentes. La elección de estudiar filología árabe fue consecuencia de este romance infinito que me traigo con las letras y lo desconocido desde que tengo uso de razón.

He vivido en cuatro continentes, aprendido cinco lenguas, leído y escuchado a gentes de todos los rincones del mundo. He trabajado como profesora, cooperante, traductora, redactora.

Mi sueño de mochilera incansable parecía no tener fin.

Por el camino encontré a mi compañero, y juntos seguimos con nuestras andanzas por el planeta. Tralaralara.

Pero un buen día me convertí en mamá (mi hija mayor dio sus primeros pasos en la sabana angoleña, mi segunda entre las callejuelas de Jerusalén) y  la maternidad desbarató mi universo en todos los sentidos.

Descubrí que el mundo no era en absoluto lo que yo había visto hasta entonces, ya que a mi historia le faltaba algo esencial: La voz de las mujeres.

Mujeres que cuentan, que crían, que luchan, que cooperan, que educan, que resisten. Y cuyo relato no aparece en ningún libro de historia, en ninguna novela de aventuras, ni en los informativos, ni en los discursos de reyes y políticos.

De repente me di cuenta de que el mundo que me habían enseñado, y en el que yo había vivido, había sido el mundo de los hombres. Y que mis sueños de Indiana Jones eran prácticamente incompatibles con lo que la sociedad esperaba de mí como mujer y madre. ¿Quién se imagina a Indi terminando su aventura a las 4 porque le cierran la guarde?

El proceso de reestructuración vital sigue en curso.

Desde entonces vivo con el deseo de caminar junto a las mujeres para que recuperen, o simplemente “cuperen” (ya que nunca fue suyo) el espacio urbano, social, político, pero sobre todo, el espacio de la palabra.

Escuchar las historias de malabarismos vitales que la gran mayoría de mujeres deben hacer en su día a día, ya sea en la selva amazónica, una aldea bereber o en las calles de una gran ciudad europea se ha convertido en mi obsesión. Esos relatos de lo cotidiano, de las renuncias, de las elecciones impuestas o deseadas se merecen un espacio.

Merecen ser escritas.

Texto escrito por Leyre Gil para presentar el taller Disponer de la palabra. ¿Te animas a escribir con nosotras?

Contar tu propia historia (pájaro a pájaro)

Todas las personas tenemos una historia única que contar y los recursos para hacerlo. Ordenar y contar tu propia historia te permite conocerte mejor, encontrar las voces críticas, conocer tus fortalezas; detectar el origen de las narrativas que te gustaría cambiar. Contar tu propia historia puede ayudarte a mejorar la comunicación contigo y con otras personas; a narrar tu trayectoria personal o profesional y a desarrollar un proyecto de escritura.

Durante nuestra infancia tenemos claro que lo que sentimos y deseamos y, normalmente, somos capaces de expresarlo con sencillez. A medidas que crecemos vamos incorporando expectativas acerca de lo que las demás personas esperan de nosotras, perdemos espontaneidad e instinto.

amy-treasure-65953

Contar tu propia historia te ayuda a elegir tu camino; a dejar de navegar con mapas ajenos, perseguir sueños heredados. A identificar y neutralizar las voces críticas que te susurran los desastres que vendrán cada vez que escribes lo que de verdad sientes. Recuperar las personas y situaciones que fueron importantes para ti. Acceder a los secretos y escribirlos en un papel, aunque después los quemes; conocer y aceptar tus emociones.

Contra el bloqueo

Escribe. Siempre. Si no sabes sobre qué escribir, escribe sobre tus dificultades para hacerlo. Mira alrededor; pregúntate cómo son las cosas, cómo te gustaría que fueran, qué pasaría si alguna de ellas cambiara en este momento. Cómo llegaron hasta ahí los objetos que ves; cuál es la historia de la ropa que llevas puesta: ¿Cuál es tu prenda o complemento favorito? ¿Cuánto hace que lo tienes? ¿A qué lugares lo has llevado? ¿En qué situaciones especiales te recuerdas llevándola? No hagas caso a la crítica ni a la autocensura pero, si aparecen, acéptalas. Captúralas en el papel o en la pantalla del ordenador para neutralizarlas.

En esta sección de la web encontrarás algunas propuestas para escribir.

Cuando no puedas escribir llena una cartulina de garabatos o colores, desentona una canción, cocina, baila, haz fotos; ordena las que tienes intentando contar una historia sobre algo que te preocupe. Pero no dejes de descoserle los dobladillos a la realidad. Dibújale un par de coloretes; ponle ridículos volantes de puntilla o un canesú. Recuerda siempre esta frase de Anne Lammot (Pájaro a pájaro):

Hace treinta años mi hermano mayor, que a la sazón tenía diez años de edad, estaba intentando escribir una redacción para la que nos habían dado tres meses de plazo y que había que entregar al día siguiente. Habíamos salido a nuestra cabaña de campo en Bolinas y él estaba sentado a la mesa de la cocina, al borde de las lágrimas, rodeado por papeles de cuaderno de anillas y lápices y libros sobre pájaros sin abrir, inmovilizado por la inmensidad de la empresa a acometer. Entonces mi padre se sentó a su lado, pasó el brazo por encima de su hombro y le dijo: “pájaro a pájaro, coleguita, hazlo pájaro a pájaro”.

Talleres de narrativas

Si quieres compartir este proceso, te ofrezco dos versiones del taller Contar tu propia historia:

TALLER PRESENCIAL EN MADRID: 1 de abril, Asociación el Despertador. Información completa del evento en facebook y en la web

TALLER ONLINE: Empezamos el 4 de abril.

Si te ha gustado este artículo, puedes suscribirte aquí al boletín de noticias. Cuido tus datos y no los comparto con nadie. Gracias por tu tiempo 🙂

El desorden no es lo contrario del amor

Una de las tareas más difíciles de mi vida ha sido aprender a darme consuelo, recordar que existe un lugar dentro de mí al que puedo volver cuando quiera. A veces el camino de regreso es largo y necesito preguntar a la gente que me quiere; pero existe. Es una cabaña en la que duermo cada día, en la que puedo charlar con quien yo quiera; incluso conmigo misma. En una de las paredes está escrita esta frase:

El desorden no es lo contrario del amor

Me recuerda que soy humana, falible y, aun así, digna de recibir amor; que cuando el orden de los objetos, los espacios o las rutinas se convierten en prioridad por encima del cuidado de nuestros afectos tengo, tenemos, la necesidad y el derecho de alborotarlos, como sucede en la película Un monstruo viene a verme. El mandato de mantener el orden es una tarea inagotable que no termina nunca; siempre hay algo que se rompe o se descoloca. Ese movimiento es la vida, no existe el orden perfecto a pesar de que luchemos a cada instante por mantenerlo.

a-nest-for-a-dream
© Tsoku Maela

A veces el desorden exterior refleja y sostiene nuestro desorden interior, el que nos habla de las historias rotas o que no podemos contar; de emociones tan dolorosas, desconocidas o contradictorias que no sabemos cómo hacernos cargo de ellas. Nos está gritando que para recomponernos tenemos que soltar primero los pedazos, verlos caer, tolerar el dolor y el vacío de las piezas rotas, recogerlas con mimo; pegarlas con confianza hasta recuperar una integridad fortalecida porque, en el proceso de reconstrucción, nos habremos apropiado de nuestras heridas.

Durante los primeros años de nuestra vida necesitamos de nuestras figuras de apego dos mensajes:

  • “Veo lo que eres, lo acepto y reconozco tu derecho a recibir amor; estoy aquí, no voy a irme” y
  • “Sea lo que sea, tienes derecho a sentirlo y expresarlo”.

Estos mensajes a menudo nos llegan de forma contradictoria o poco constante, de modo que no llegamos a interiorizarlos y no tenemos una base segura desde la que explorar las relaciones interpersonales; los vínculos de afecto con otra persona pueden resultar amenazantes o difíciles de manejar. Así, el desorden se convierte en una trinchera contra algo que nos hace sentir muy vulnerables: la posibilidad de que alguien llegue a amarnos a pesar del caos que llevamos dentro, vea más allá, encuentre la estrella danzante y quiera acompañarnos.

A pesar de todas las narrativas dominantes que nos instan a no depender de nadie, somos criaturas sociales hechas de apegos; estamos todas en la misma lucha con mayor o menor intensidad. Necesitamos honrar nuestro propio desorden interno y externo, reconocernos en el amor de otras personas, compartir nuestras historias rotas para recuperar la integridad.

Cada vez que encuentres a alguien capaz de ver la estrella danzante que habita en tu interior cierra los ojos, reconoce tu miedo, escucha la música y empieza a bailar. Merece la pena.

solsalama-3
Fisuras, ©Sol Salama

Gracias a Nacho Serván que me regaló el cartel de la cabaña; A Sol y Donna Salama, por la valentía y la belleza con que comparten sus fisuras; a todas las personas que abrazan mi desorden y comparten el suyo: ellas saben. Gracias.

Imagen destacada ©Jim Kay, A monster calls

Movimiento

Entre abril y junio trabajé en un par de proyectos paralelos a Narrativas y otras lunas: la evaluación de un programa de apoyo psicosocial en acción humanitaria y dos talleres de entrenamiento básico en mindfulness para el personal contratado en sede de una ONG. Tuve la suerte de compartirlos con dos grandes profesionales de las que aprendí mucho. Me sentí acompañada y cuidada, y me di cuenta de lo difícil que habían sido tantos meses previos sola frente al ordenador.

Desde que empecé a trabajar por mi cuenta he intercambiado proyectos e ideas con otras personas. He recibido aliento e ilusiones extra cuando se acabaron las mías, y he entendido lo que significan de verdad entusiasmo y compromiso. Cada vez que las cosas se ponían difíciles alguien tendía una mano o un sueño. He aprendido de otras personas y de mí que casi todo es posible pero dificilísimo; trabajar por cuenta propia nos lleva a niveles de aguante de los que nunca antes nos habríamos creído capaces. Después de una resistencia prolongada parece que sólo habrá dos posibles salidas: la resiliencia o la amargura, el crecimiento o el fracaso. Sin embargo, hace mucho tiempo que dejé de creer en los absolutos y las líneas rectas, y hace poco una mujer sabia me dijo que en la vida el cielo y el infierno están siempre a un paso umo de otro; que ninguno de los dos es definitivo ni dura mucho. Ahora estoy segura  de que todo es Uróboros, la aceptación de los ciclos y la impermanencia; nunca repetición o esfuerzo inútil.

Ha pasado un año y medio desde que me hice autónoma y me sigue fascinando el movimiento. Hubo y habrá muchos momentos difíciles, meses sin ingresos, sin saber de dónde vendrá el dinero mañana, recurriendo a los apoyos sin los que no habría sido posible continuar. Sembrando, como dice una buena amiga, sin tener ni idea de cuándo vendrá el momento de recoger; confiando más allá de los límites de la sensatez y la gravedad. Aun así merece la pena porque cada vez que pensé que había perdido todas las batallas aprendí que la vida es una, hoy, aquí, ahora; me senté en una roca frente al mar a disfrutar el silencio y la belleza del vacío, el murmullo de todo lo que cambia dentro y fuera sin que podamos controlarlo. Y entonces, sólo entonces, apareció alguien que me invitó a bailar; y me dejé llevar con los ojos cerrados hasta que fui capaz de volver a sentir el ritmo, de recuperar la confianza en mi cuerpo y mis instintos. Así ha sido, literal y metafóricamente, muchas veces.

No puedo mencionar a todas las personas que me han dado su apoyo material o emocional, pero ellas saben. Si alguna vez caminaste a mi lado, compartiste con alguien mis proyectos, me preguntaste aunque fuera una sola vez cómo iba el trabajo mirándome a los ojos; si me ofreciste ideas o crudas realidades; si confiaste en mí para que trabajáramos juntas: GRACIAS. Gracias por recordarme cuál es mi canción y bailar conmigo.
Imagen tomada de http://www.ellalabella.cl/margaret-morris-y-sus-espectaculos-de-danza-al-aire-libre

Narrativas de autocuidado en cooperación

Narrativas_autocuidado_cooperación_Madrid

 Esta imagen corresponde al ejercicio de una de las personas que asistió al taller narrativas de autocuidado en cooperación y acción humanitaria en Madrid los días 8 y 9 de abril. Revisamos los mapas que nos habían traído hasta aquí y trazamos las primeras líneas de los senderos que nos gustaría transitar a partir de este momento. Algunas personas pusieron los primeros troncos de la cabaña en la que descansarán antes de decidir cuál será el siguiente paso. Como en otras ocasiones, lo que más valoramos al finalizar fue el ambiente que creamos, un espacio en el que compartir experiencias y aprender de las historias ajenas. A partir de ahora cuando hagamos la maleta guardaremos también las narrativas que entre todas y todos editamos ese día. La idea de editar fue de Ana, psicóloga y escritora, con la que Jose María y yo hemos compartido alguna vez trinchera en otros espacios de participación. Nos sirve para explicar cómo la puesta en común de nuestras historias nos permite revisarlas y ampliarlas al tiempo que aprendemos unos de otros.

Cuando pensamos en este taller queríamos unir el enfoque narrativo con nuestra trayectoria en el apoyo emocional a cooperantes y personal humanitario después de una emergencia. Además de constatar que todas estas personas tienen mucho que contar nos habíamos dado cuenta de dos cosas: que la mayor parte de las veces no piden o no reciben ningún tipo de apoyo psicosocial y que desarrollan buenas habilidades de afrontamiento y resiliencia. El enfoque narrativo de la experiencia permite revisar y ordenar tanto los acontecimientos vividos como los significados asociados a ello; recuperar o renovar el sentido de nuestro trabajo o aceptar que ha dejado de tenerlo. Integrar los momentos difíciles y recordar todos los trucos que hemos puesto en marcha para superarlos. Volver a leer para darnos cuenta de que habíamos dejado algunas páginas en blanco, colorearlas y hojear de nuevo el cuaderno de nuestras experiencias para descubrirlas donde deben estar: en el futuro. Recrear lo vivido para entender, desaprender y volver a empezar apropiándonos de los significados. Como dijo otro compañero durante el taller:

“Qué bonito tener la posibilidad de destruir para volver a construir de nuevo”.

  1. Trabajar con los significados

Para comenzar el taller pedimos que cada persona escribiera y compartiera aquellas palabras que definen su trabajo. Aparecieron las organizaciones, con sus expectativas y demandas; nos adaptamos a ellas para poder realizar nuestro trabajo pero preservando nuestros significados, lo que es importante para nosotras, lo que nos hace salir a terreno y continuar allí. Unas personas se sienten más cómodas definiendo su trabajo como ayuda, otras como aprendizaje o apoyo. Nos dimos cuenta de que son muy importantes las relaciones con los demás. Los procesos, porque la mayor parte de las veces el cambio es largo y lento y no lo vemos. Permitirnos disfrutar las experiencias, el intercambio de conocimientos con las comunidades.

  1. Autocuidado

Cuando empecé a revisar bibliografía sobre autocuidado para los talleres encontré que casi siempre se trataba el componente físico y que hacerse cargo de la propia salud se convertía en un mandato, una responsabilidad de quienes se dedican al cuidado personal o profesional de otras personas. Desde este enfoque el autocuidado puede llegar a ser una carga más, otra tarea en nuestra lista de responsabilidades. Tanto desde mi propia experiencia como desde un punto de vista formativo me resulta mucho más sencillo y humano el abordaje de la compasión: cuando seamos compasivas y compasivos con nosotros mismos lograremos serlo con otras personas de forma natural. Así cuidarnos es, de forma automática, una forma de cuidar a los demás: a quienes están cerca y a quienes aún no han llegado a nuestras vidas.

La autocompasión, que suena tan mal en nuestro idioma, tiene tres componentes que tienen mucho que ver con el autocuidado(1):

  • Ser consciente de y estar abierto al propio sufrimiento individual
  • Ser amable y no condenarse a sí mismo
  • La consciencia de compartir las vivencias con los demás en vez de sentirse solo y avergonzado

Una vez que nos permitimos la difícil tarea de reconocernos como personas; una vez que aceptamos tratarnos con mimo, cariño y respeto, escuchando y atendiendo nuestras necesidades, merece la pena preguntarnos cuáles son éstas: ¿qué es, para mí la buena vida? Dedicar un tiempo y un espacio a cultivarla, explorar las prácticas que nos hacen sentir bien y apropiarnos de ellas.

  1. El pensamiento narrativo

Hablamos del pensamiento narrativo para explicar cómo la forma en que nos contamos las cosas a nosotras y nosotros mismos y a los demás influye en cómo nos sentimos, cómo nos vivimos y entendemos o dejamos de hacerlo. Conocer sus bases nos permite buscar alternativas a las narrativas dominantes, aquellas que queremos ampliar o cambiar. Nos sirve para generar narrativas flexibles teniendo en cuenta que:

  • Todas las personas necesitamos tener un mínimo de control sobre nuestras experiencias
  • La narrativa alternativa ha de ser coherente con nuestros significados, pero a la vez lo suficientemente flexible para poder adaptarse a los nuevos conceptos, a diversas situaciones.

 4. “Botiquín” para el autocuidado

Empezamos el sábado por la mañana identificando 5 acciones de cuidado y 5 de autocuidado que hayamos realizado en la última semana. Nos sirvió para ver el equilibrio entre ambas, para pensar sobre cómo atendemos a las demandas de otras personas y para darnos cuenta de cosas pequeñas que nos hacen sentir mejor; identificarlas nos permitirá consolidarlas. Proponemos llevar un diario de acciones de autocuidado para darles un espacio en el día a día. A veces la mejor estrategia es no hacer nada, permitirse espacios. Espacios necesarios para estar con nosotras y nosotros mismos porque, como dijo alguien:

“Me cuida saber quién soy, quién no soy, qué me preocupa”.

Aunque en el programa estaba previsto dedicar un espacio a mindfulness y autocompasión no nos dio tiempo a detenernos. Una de las personas que ya lo practicaba nos contó que le servía para “desconectar del mal rollo y conectar con cosas que habitualmente no veo”.  Recomendamos la lectura de este texto de Alesandra Pigni en el que explica cómo mindfulness puede ser un recurso para aceptar, conectar, darnos cuenta; poder parar y saber qué sentimos, qué queremos. También mencionamos este artículo que nos recuerda que mindfulness no puede ser el parche mantener un ritmo de vida demasiado acelerado.

  1. La vuelta a casa

Cuando las personas presentes en el taller preparan su maleta para un nuevo destino hay dos cosas simbólicas que no faltan nunca: la ilusión y el deseo, a veces incluso el propósito, de mantenerse en contacto con las personas que se quedan aquí. Esto nos recordó que la vuelta a casa puede ser la parte más difícil del proceso por diversas razones:

  • La dificultad para expresar nuestras vivencias y, a veces, la aparente falta de interés de los demás por escucharlas
  • El choque cultural: volvemos a  nuestro lugar de residencia y nos eonctramos que con muchos más recursos se hace mucho menos, nos quejamos por cosas nimias, estamos muy poco centrados en las relaciones y las personas, la comunicación es menos auténtica y la queja vacía una práctica frecuente
  • La extrañeza de saber que volvemos a casa y la vez sentir que hemos sido felices tan lejos de ella.
  1. El cuidado desde las organizaciones

Nos preguntamos en qué medida las organizaciones para las que trabajamos se preocupan del cuidado del personal humanitario y resaltamos la importancia de hacerlo “desde fuera”, sin evaluar el rendimiento de la persona y validando sus emociones siempre que sea posible. Cuando el apoyo no está disponible, no es de calidad o no nos genera confianza, recomendamos utilizar el apoyo entre pares: poder contar con otra persona que no esté en terreno en ese momento pero haya tenido la experiencia, o tenga la suficiente apertura como para comprender por lo que estamos pasando; alguien con quien nos sintamos escuchados sin ser juzgados.

  1. Dibujar los mapas

En una cartulina dibujamos una línea de vida que recoja aquello que queríamos ordenar o entender cuando decidimos apuntarnos al taller: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda o el cuidado…Señalamos los acontecimientos y personas más importantes y vamos comentando las reflexiones que surgen. Este ejercicio nos sirve para tomar perspectiva, darnos cuenta de la importancia de algunas cosas e integrar experiencias. Después observamos como un todo lo que hemos recogido en el dibujo: nuestra trayectoria profesional, nuestra relación con la ayuda y el activismo… Para pensar qué nombre le daríamos si fuera una película. Algunos ejemplos fueron Memorias de África, En busca del arca perdida, El viaje a ninguna parte, la gran evasión.

  1. Conclusiones

El taller nos sirvió para entender el autocuidado como un espacio que nos damos a nosotros mismos y que podemos compartir para editar nuestras narrativas, lo que nos permite «destruir para construir» nuevos mapas.

Bibliografía utilizada

Además de los artículos enlazados, para preparar este taller hemos utilizado los siguientes textos:

  • (1) Terapia centrada en la compasión, Paul Gilbert
  • Vivir con plenitud las crisis, John Kabat-Zinn
  • Taller de autocompasión, por Marta Alonso y Vicente Simón
  • Mamá, quiero ser cooperante
  • Escribir desde terreno
  • Ponencia sobe apoyo emocional en el curso Formación en intervención psicosocial en emergencias en el contexto de las organizaciones humanitarias (Lidia Luna y Jose María Rodríguez).

Para mí fueron de mucha ayuda la web, reflexiones y mimos virtuales de Airam Vadillo. ¡Gracias por estar cerquita!

¿Es terapéutica la escritura?

Tres esferas de Escher
Tres esferas de Escher
© 2015 The M.C. Escher Company – Baarn, The Netherlands. All rights reserved

Uno de los mayores regalos de la escritura autobiográfica es que aporta un método para dar forma al caos, para ver cada una de las piezas desde todos los ángulos, de forma que adquieren más sentido. Es un acto supremo de control entender la vida como una historia que resuena con otras historias de vida. No es un diario, es abordar el caos y sacar de él una historia intentando convertirla en arte (…). Es como coser un tejido creando un orden que no es el cronológico sino el emocional.

Dani Shapiro

Escribir lo que nos ha sucedido a lo largo de nuestra vida, contar nuestra experiencia personal sobre un tema en concreto o anotar aquello que no hemos podido contar a nadie puede aliviarnos, ayudarnos a ver nuevos puntos de vista, darnos cuenta de que no lo hemos hecho tan mal y poner en orden nuestros sentimientos. Nos saca de la espiral de nuestros pensamientos, nos conecta con nuestras emociones y nos permite, a la vez, poner distancia. Incluso la escritura creativa, que en teoría es algo distinto de todo lo anterior, puede ser reparadora. Sin embargo muchos de los beneficios no son exclusivos de la escritura; sucede con cualquier otra actividad gratificante en la que pongamos atención, intención y energía. Escribir es lo único que algunas personas podemos hacer con el dolor. Otras corren maratones, bailan hasta el amanecer, pintan cuadros o cocinan un plato diferente cada día.

Este artículo habla de cómo podemos empezar escribir sobre experiencias dolorosas. Es el primero de una serie sobre las distintas formas en que la escritura puede (o no) ser terapéutica.

Escritura expresiva

La escritura expresiva o emocional mejora nuestra salud física y mental y nos ayuda a dormir mejor. Los resultados de la primera investigación, publicados por James W. Pennebaker en 1969, coinciden con posteriores estudios en que es muy beneficioso transformar nuestras experiencias emocionales en palabras, sobre todo si no hemos tenido ocasión de contárselas a otras personas. Pennebaker propone un método para la escritura expresiva, pero señala que

 Seguramente habrá cientos de formas de escribir que puedan resultar beneficiosas. Piensa en estas propuestas como pautas generales y no como la verdad absoluta. De hecho, cuando escribas, experimenta para ver qué funciona mejor.

Antes de empezar, hay dos premisas importantes:

  1. No compartir los textos con nadie para escribir con total honestidad, teniendo incluso un plan para deshacernos de nuestros escritos cuando los terminemos. Es posible que cuando hayamos terminado deseemos guardarlos, pero tener en mente que no tiene por qué ser así nos ayuda a escribir con mayor libertad.
  2. No releer lo escrito cuando se trate de experiencias traumáticas. Mi recomendación en este caso es buscar algún tipo de apoyo, alguien que pueda revisar los textos desde el punto de vista de la terapia narrativa.

Éstas son las instrucciones originales de Pennebaker:

1. Prepárate para escribir

  • Encuentra un momento y un lugar en el que nadie te moleste. Lo ideal sería encontrar un hueco al finalizar la jornada laboral o justo antes de ir a dormir.
  • Prométete que escribirás un mínimo de 15 minutos diarios durante, al menos, 3 o 4 días consecutivos.
  • Una vez que comiences escribir, continúa haciéndolo. No te preocupes por la ortografía ni la gramática. Si te quedas sin cosas que escribir, repite lo último que has escrito.
  • Puedes escribir a mano o en un ordenador. Si eres incapaz de escribir puedes utilizar una grabadora.
  • Puedes elegir si quieres escribir sobre el mismo tema durante 3 o 4 días o escribir sobre algo diferente cada día.

2. Elige sobre qué escribir

  • Algo que te preocupa mucho o en lo que piensas demasiado
  • Algo con lo que estás soñando
  • Algo que crees que está afectando a tu vida de forma poco saludable
  • Algo que has estado evitando durante días, semanas o años

3. Instrucciones detalladas

Durante los próximos cuatro días, me gustaría que escribieras tus emociones más profundas y tus sentimientos sobre la experiencia más perturbadora que hayas tenido en tu vida. Déjate llevar y explora tus sentimientos y pensamientos sobre ella. Es posible que, mientras escribes, esa experiencia te lleva a tu infancia, la relación con tus progenitores, personas a las que quieres o quisiste, o incluso a tu carrera profesional. ¿Qué relación tiene esa experiencia con lo que te gustaría llegar a ser, lo que has sido en el pasado o lo que eres en este momento?

Muchas personas no han tenido una única experiencia traumática, pero todas tenemos conflictos o situaciones estresantes en nuestra vida; también puedes escribir sobre esto temas. Puedes escdribir sobre el mismo tema cada día, o sobre temas diferentes. Independientemente de lo que elijas, es muy importante que te dejes llevar y explores tus emociones y pensamientos más profundos.

Aviso: Muchas personas comentan que después de escribir se sienten tristes o deprimidas. Igual que sucede cuando vemos una película triste, esta sensación suele desaparecer en unas horas. Pero si sientes que te perturba mucho escribir sobre un tema concreto, cambia de tema o deja de escribir.

4. ¿Qué hacer con lo que has escrito?

Algunas personas deciden conservar sus textos para editarlos después o para ver cómo van cambiando a lo largo del tiempo. Si decidimos destruirlos, éstas son algunas de las propuestas de Pennabaker:

Quémalos. Borrarlos. Córtalos. Rómpelos en pequeños pedazos y lánzalos al océano o deja que el viento te los quite.